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MOVIMIENTOS REBELDES MICHOACANOS

DURANTE LA REVOLUCION (1915-1919): LOS CASOS

DE JESUS SINTORA, JOSE ALTAMIRANO E

INES CHAVEZ GARCIA

 

Rita María Hernández Hernández

Archivo Histórico del Poder Ejecutivo

 

Introducción

 

El presente estudio aborda a los grupos rebeldes que actuaron en Michoacán durante el periodo de 1915 a 1919. Hacemos una separación entre los movimientos que se sublevaron con alguna proclama político-social de aquellos grupos de salteadores que aprovechando la insurrección llegaron a confundirse en la revuelta armada, particularmente procuramos un seguimiento de los grupos encabezados por José Altamirano, Jesús Síntora e Inés Chávez García. Así también, damos a conocer los intentos para combatirlos, llevados a cabo por la población civil, ejército federal y estatal, hacendados y las principales acciones implementadas por gobernantes constitucionalistas como Alfredo Elizondo y Pascual Ortíz Rubio.

Privilegiamos los problemas político-militares suscitados entre las autoridades estatales y federales y que conllevaron a una etapa de “esplendor” de los grupos rebeldes, hasta llegar a formar el Ejército Reorganizador Felicista en Michoacán; además de los factores sorpresivos que marcaron su declive.

El rebelde de una época pudo haber sido bandolero en otra y viceversa; esto lógicamente desde la óptica que se vea. A lo largo del movimiento revolucionario, éste tomó matices bastante diferentes que nos ayudan a separar al individuo con alguna demanda política y al que llamaremos rebelde, del simple salteador que solo aprovechó la revuelta para cometer sus fechorías, éste será para nosotros el bandolero. Sin embargo, reconocemos que en algunos casos la línea divisoria, entre uno y otro se hace tan borrosa que podemos considerar como válido el concepto de rebelde- bandolero.

Para la presente investigación, el prototipo del bandolero social, no encaja del todo en los movimientos estudiados. Al tener cada uno de ellos características tan propias, sin embargo, tienen el común denominador de haber sido considerados principalmente por los instrumentos del Estado, como “rebeldes-bandoleros”.

 

I.- Algunos conceptos acerca de bandolerismo

 

Es conveniente acercarse a una definición de bandolerismo, antes de estudiar a los movimientos dirigidos por Síntora, Chávez y Altamirano, quienes a través de sus ataques llegaron no sólo a aterrorizar a La población michoacana, sino a convertirse en un serio problema para los gobiernos que lo vieron crecer sorprendentemente.

El bandolerismo será sinónimo de rebelde, gavillero, salteador, vándalo, alzado, etc. Además, presenta características nacionales y locales sui generis.[1] Esto hace que la mayoría de las veces no pueda definirse totalmente el término de bandolero, pero sí el de hacer una diferenciación.

No nos extrañe que muchos de los hombres que se unieron a los movimientos armados, más que por convicción, hayan visto en éstos la única forma de sobrevivir. Tal y como se observa en la siguiente nota periodística: “Braulio Arias [perteneciente] a la gavilla de León Mans, fue capturado [se le preguntó] sobre los motivos que tuvo para unirse [a dicha gavilla, contestando que] el cabecilla prometió pagarle un peso veinticinco centavos a los que se agregasen y que estando escaso el trabajo esto lo decidió a seguir al cabecilla”.[2]

 

De revolucionarios a bandoleros

 

El triunfo constitucionalista no significó necesariamente la paz y concordia nacional, ni mucho menos estatal. Por el contrario, el surgimiento de varios grupos rebeldes mostró también el significado que tuvo el constitucionalismo en muchos hombres. A partir de 1915 y hasta 1918, en el territorio michoacano la proliferación y auge de grupos rebeldes se desató con mayor fuerza, por varias razones: la terrible situación económica por la que atravesaba la entidad y el resultado de la derrota de las huestes villistas que al desmembrarse los colocó al margen de la ley situándolos como simples bandoleros. Hayan sido rebeldes o bandoleros durante el periodo comprendido de 1915 a 1918, la formación de estos grupos tuvieron el común denominador de ser adversarios del constitucionalismo.

Los gobernantes constitucionalistas, Alfredo Elizondo y Pascual Ortiz Rubio, se enfrentaron principalmente a los grupos dirigidos por tres personajes que dejaron huella en la historia de la revolución en Michoacán: Jesús Síntora, José Altamirano y José Inés Chávez García. Pero veamos la dinámica y características de los movimientos encabezados por estos hombres que llegaron a desquiciar a los gobiernos y población michoacana.

 

El bandolerismo y José Inés Chávez García

 

Hablar del bandolerismo en Michoacán durante la revuelta armada iniciada durante la segunda década de este siglo, necesariamente nos remite a la figura de José Inés Chávez.[3] Este hombre que nació el 19 de abril de 1899 en el rancho de Godino, de la región de Puruándiro, bajo el contexto del sistema porfirista, se convirtió con el tiempo en el líder de un movimiento que, si bien no tuvo algún plan político claramente definido, si fue para sus seguidores la alternativa de sobrevivencia en aquellos tiempos tan críticos.

Los antecedentes de Chávez como revolucionario se encuentran en el año de 1911, militando en las fuerzas maderistas de la región de Zamora.[4] Entre 1912 y 1913, se unió al grupo de los hermanos Pantoja, quienes “se habían adherido al movimiento constitucionalista, dirigido en Michoacán por el general Gertrudis G. Sánchez”.[5] A partir de ese momento, las correrías de Inés Chávez García se convirtieron en parte diaria del reporte de las autoridades municipales, de los hacendados temerosos, de la prensa michoacana y de las partes militares que daban a conocer la serie de destrozos cometidos por las huestes chavistas. Así, un semanario informaba a mediados de 1914, “la gavilla de J. Inés Chávez García. se dividió en dos partes [una dirigida por él] en la sierra del distrito de Uruapan y otra al mando de José Sosa”.[6]

Con el triunfo de la revolución constitucionalista en 1914 y la supresión del régimen huertista en el estado, para el mes de agosto, el oficial mayor de gobierno informaba que las órdenes del ya gobernador para ese momento Gertrudis Sánchez, eran de que Chávez e Ignacio Valdovinos se incorporaran a la columna del general Amaro en Zacapu.[7] Obteniendo el grado de capitán primero, siguió fiel a Pantoja, quien a su vez fue ascendido a general.[8]

Ante la ruptura de las facciones de Villa, Zapata y Carranza, el gobierno de Gertrudis G. Sánchez fue vacilante, demostrando así una actitud neutral poco favorable. Situación que arrastró a Anastacio Pantoja y a su subalterno Chávez García en la caída de las huestes villistas ante las fuerzas de Obregón durante las batallas desarrolladas en el bajío. Por el contrario, la situación de hombres como Alfredo Elizondo y Joaquín Amaro que apoyaron a Alvaro Obregón en los enfrentamientos de Celaya.

A raíz de la muerte del general Pantoja,[9] acaecida a mediados de 1915, la figura de Inés Chávez tomó mayores dimensiones al convertirse en el líder de un grupo de dispersos villistas. Para 1916, de manera conjunta a Jesús Síntora y José Altamirano, formó parte del grupo anti-carrancista en el estado, adherido al movimiento de Félix Díaz, denominado corno “Cuerpo del Ejército del Norte del Ejército Reorganizador Felicista”, en Michoacán. Esto es importante resaltar, pues al apoyar a este movimiento, los grupos rebeldes adquirieron en cierta forma un carácter político-social, pero no completamente definido.

La violencia mostrada por los rebeldes felicistas, y en mayor medida la de Inés Chávez García, se vio incrementada ante la grave situación del costo de la vida, aumento exagerado de los artículos de primera necesidad y la voracidad de los comerciantes;[10] esto, sumado a los excesos autoritarios de los representantes del régimen carrancista, trajo como resultado el descontento general de la población michoacana.

Entre los años de 1917 y 1918, las huestes chavistas vivieron su fulgor, caracterizándose por la terrible huella de violencia dejada tras sus ataques; lugares como Cuitzeo, Puruándiro, San José de Gracia, Taretan, Sahuayo, Tacámbaro, Santa Ana Maya, Zamora, fueron de los muchos lugares embestidos por los chavistas, extendiéndose su movimiento en algunos poblados de Jalisco y Guanajuato.[11] Incluso intentó tomar la capital michoacana, sin embargo jamás ocupo una población por mucho tiempo.

A mediados de 1918, comienza a marcarse el declive del poderío de Inés Chávez, posiblemente por los ajustes habidos en las fuerzas militares que, hasta ese momento se habían debatido en problemas con los jefes estatales y federales por el poder político- militar del estado, descuidando así la pacificación en Michoacán. A finales de agosto, en Peribán sufre Chávez su más importante derrota. En ella resultó herido el propio Chávez, además perecieron algunos de sus hombres que formaban parte de su Estado Mayor.[12] Los siguientes enfrentamientos suscitados entre chavistas y federales marcaron el fin de Inés Chávez.

Finalmente, el “Terror de Michoacán”, “Gengis Khan”, muere en noviembre de 1918, no precisamente a manos del ejército, sino atacado por la terrible epidemia de influenza española que afectó seriamente al estado.

 

Jesús Cíntora, Jefe de/Ejército Reorganizador Felicista

 

Es importante señalar que pocos han sido los estudios realizados en torno a este rebelde que tuvo su campo de acción en la costa y tierra caliente de Michoacán.[13] Su primer antecedente como rebelde lo tenemos en el año de 1911, formando parte del levantamiento en el Distrito de Salazar, con hombres entre los que destacan Benigno Serrato, Rafael Sánchez Tapia y José María Tafolla, entre otros, quienes a principios del mes de mayo, contribuyeron a derrocar a las fuerzas porfiristas en el estado.[14] Durante 1912 se dedicó a reclutar gente para que se uniera a la lucha revolucionaria.[15]

Durante el gobierno del Dr. Miguel Silva se rebeló, así lo hacía saber el galeno al Secretario de Gobernación, comunicándole que “Gordiano Guzmán tomó Arteaga, poniendo como Presidente Municipal a Lucas Pulido, siendo éste pariente del cabecilla Cíntora, por lo que [opino que] autoridades estatales apoyan la revolución”[16] Para ese momento, militaba en las filas huertistas con el grado de Coronel. Así, durante los últimos meses de 1913 y gran parte de 1914, tuvo varios enfrentamientos con importantes rebeldes (en ese momento): Alfredo Elizondo, Martín Castrejón[17] y Trinidad Raya, en las zonas de Tzitzio, Otzumatlán y Chapatuato.[18] Los hermanos Pantoja también se vieron perseguidos por él, cosa que en la capital mexicana veían con beneplácito: “los éxitos obtenidos por el teniente coronel Síntora contra los bandidos capitaneados por el cabecilla Pantoja”.[19]

En sus acciones, no solo combatió a rebeldes michoacanos, también tuvo enfrentamientos con algunos provenientes de otros estados que intentaron infiltrarse en la entidad por la zona de Jiquilpan; grupos encabezados por los jaliscienses Morales Ibarra y Eugenio Zuñiga, “dispersándolos posteriormente en combate”.[20]

En la entrada triunfal del constitucionalismo a Michoacán, aparece ya como militante: “en la Hacienda de La Huerta los revolucionarios organizaron su entrada, iba el Gral. Sánchez; Cecilio García y el Coronel Síntora [ex-federal que se había rendido con sus tropas en Santiago Undameo]”.[21] Esto sucedió a finales de julio de 1914; tres meses después lo encontramos persiguiendo a huertistas y haciendo equipo con uno de los rebeldes a los que persiguió tenazmente con anterioridad, el Coronel Pantoja:

“...gavilla de 15 hombres del huertista M. Velázquez [al] mando [de] Francisco Ortiz y Adrián Maldonado, en la misma noche de ayer salió fuerza Mayor Cíntora y Coronel Pantoja en número de 32 a perseguirJa, orden no regresar hasta batirla”.[22] Sin embargo, su estancia en el régimen del usurpador Huerta pesó sobre él durante algún tiempo; para el mes de noviembre de 1914 se le acusaba por “los delitos cometidos [en] el Gobierno pasado.- Inocencio Delgado [...] denuncia los asesinatos que se cometieron durante la administración del Ex-gobernador y Ex. jefe de las Armas Garza González [y que llevó a cabo Jesús Cíntora] ... suplico ... se esclarezcan los hechos que denuncio y se imponga a los culpables el castigo que merezcan, en el concepto que de una manera vaga sé que esas ejecuciones las ordenaba el Ex-gobernador Jesús Garza González”.[23]

Durante la lucha entre revolucionarios, Jesús Cíntora se inclinó por la facción villista. No obstante, tras la derrota en el Bajío de las huestes dirigidas por Francisco Villa, Cíntora se vio perseguido por las fuerzas carrancistas en su afán de acabar con los ya dispersos grupos villistas.[24] Para el mes de junio se informaba “que la partida villista [que se encontraba] en Tingambato comandada por Manuel Roa de la fuerza de Síntora [fue dispersada]”.[25] Al mes siguiente, las fuerzas villistas michoacanas arribaron a Zamora: “quinientos villistas al mando de Luis González Gutiérrez alias ‘El Chivo Encantado’, poniéndose luego a las órdenes de Síntora. Además entre Síntora y Gral. zapatista Figueroa hubo cierta conciliación [se sabe] marchan sobre Uruapan”.[26] Para el mes siguiente se informaba que “las partidas rebeldes unidas forman un núcleo como de 250 hombres al mando de Chávez y Gutiérrez esperan unirse con la gente de Síntora”.[27] Hasta ese momento, la situación le era favorable. Sin embargo, los meses siguientes fueron catastróficos para el cabecilla, pues Amaro recuperó los distritos de Jiquilpan, Zamora y La Piedad, sitios que habían sido resguardados por Síntora.[28]

Tal parecía que el movimiento sintorista había llegado a su fin, era ya el año de 1916; sin embargo, tras el repliegue de las fuerzas convencionistas y ante el triunfo de los constitucionalistas en el norte del país, en Michoacán, Jesús Síntora decidió unirse al movimiento de Félix Díaz, contando con la participación activa de José Inés Chávez García y José Altamirano, entre otros. Así, a partir de ese año las correrías de los grupos “felicistas” michoacanos arreciaron enormemente; por ejemplo el distrito de Uruapan fue varias veces atacado por Gordiano Guzmán, Luis Gutiérrez “El Chivo”, Síntora, Chávez García, Eutirnio Figueroa y Juan Olivares, siendo los militares encargados de combatirlos el Coronel B. Moreno y Ladislao Rivera.[29]

Entre persecuciones, enfrentamientos de fuerzas felicistas y carrancistas, y la desastrosa situación económica y social que se dejó sentir en la entidad, durante los años de 1916 a 1918, el incremento de las fuerzas rebeldes fue tal que se formaron las brigadas dirigidas por José Altamirano y Chávez García; y por supuesto, la del Jefe del Cuerpo del Ejército del Norte del Ejército Reorganizador Felicista en Michoacán, Jesús Síntora.

Es importante señalar el hecho de haber tenido como campo de acción la costa y tierra caliente, tan lejos de la capital michoacana; la marginación y las características geográficas particulares hicieron que estos se convirtieran en los lugares propicios para sus correrías y proveerse fácilmente de armamento. Son aspectos que no podemos dejar de valorar, pues Jesús Síntora no sólo contó con lo que recababa en sus desmanes, sino que, desde 1912 -fecha en la que con anterioridad se inició en el movimiento rebelde- recibió la ayuda de personas que apoyaban al movimiento revolucionario desde el país vecino del norte.[30] De esa forma encontramos que durante la etapa constitucionalista, cuando arrecian los ataques de los grupos anticarrancistas, en “1917 se descubrió que algunos emigrados en Texas intentaban mandar a Michoacán parque y aparatos telegráficos de campaña”.[31] Con esto se pone en evidencia el patrocinio de gente pudiente y que veían, tal vez en Síntora, Altamirano y Chávez García, a quienes pudieran terminar con el constitucionalismo en Michoacán.[32] Sin embargo, es bastante claro que nunca llegó a ser un grave problema para Carranza, pero sí fue un constante dolor de cabeza para los gobernantes estatales.

A fines de 1918, el jefe del felicismo michoacano fue uno de los rebeldes que habían sobrevivido a la terrible epidemia de influenza española que atacó a la entidad y a la tenaz persecución de las fuerzas carrancistas. Sin embargo, ya no contaba con aquella fuerza de tiempo atrás; sólo se limitó a “replegarse al centro sur, al eje La Huacana-Carrizal de Arteaga, para traficar armas y parque”.[33] Finalmente, en 1919 tras haber sido derrotado por Octavio de la Peña, sucumbe ante las balas de la defensa de J. Concepción Pérez, alias Conchito, en Tepenahua, municipio de Nuevo Urecho.

 

José Altamirano “benefactor de Indaparapeo”

 

Este hombre tuvo como centro de acción la región de Zinapécuaro, Maravatío, Villa Hidalgo y principalmente Indaparapeo, su movimiento se “vio favorecido por la abrupta zona montañosa de la Sierra de Otzuma”.[34]

En José Altamirano no encontramos antecedentes de haberse alzado en armas tiempo atrás.[35] Fue hasta 1915 que se incorporó al villismo dirigido en el estado por Jesús Síntora, de eso ya informaba al gobierno michoacano el presidente municipal de Coeneo en los primeros días de junio: “llegó una fuerza villista al mando del Coronel José Altamirano Dávalos, y me obligó a que en comercio le reuniera dinero que le fue entregado. La fuerza salió con rumbo a Cantabria en donde se sabe está el Jefe de ella, Gral. Síntora”.[36]

Altamirano, al igual que Síntora contó con la ayuda económica de algunos miembros de la oligarquía local; así telegrafiaba el presidente municipal de Zinapécuaro el 30 de junio: “sé que elemento acomodado Indaparapeo presta ayuda moral y pecuniaria a Altamirano”[37]

A pesar de que José Altamirano formó parte del grupo felicista en Michoacán, representado por Síntora y como subalternos a Chávez García y al propio Altarnirano, las relaciones con el primero fueron mucho más estrechas que con Chávez. Parece ser que el trato entre Chávez y Altamirano fue bastante tirante, al grado de que combatieron varias veces entre sí.[38] Incluso para diferenciarse del grupo chavista, las fuerzas de Altamirano utilizaban un paliacate rojo, de ahí su sobrenombre de “los colorados”, y a quienes reprochaban de los excesos cometidos por los hombres de Chávez.[39]

De los lugares que atacó Altamirano se pueden mencionar Villa Hidalgo, Otzumatlán, Ucareo, Coeneo y parte del oriente michoacano en los distritos de Zinapécuaro, Maravatío y Zitácuaro.[40] Si se comparan en importancia con los lugares atacados por Chávez García, no tenían la misma significación demográfica, geográfica y económica, por lo que se puede apreciar que en ciertos momentos, tanto el movimiento de Síntora como el de Altamirano se vieron opacados por la violencia extrema del chavismo.

Sin embargo, lo anterior no le quita importancia, pues al igual que el resto de los felicistas michoacanos, la lucha rebelde se constituyó como la fuerza opositora del carrancismo, a raíz de la promulgación de la Constitución de 1917. Precisamente a finales de ese año y ya con el cargo de general, Altamirano regresa a la población de Indaparapeo para convertirse en el dirigente -durante el periodo más álgido de la revuelta 1917 a 1919- de uno de los grupos rebeldes de mayor actividad en el estado.

1918 marcó definitivamente al grupo altamiranista. Para los primeros días de ese año se enfrentaron, aunque sin mayores resultados significativos. Altamirano y el Coronel Lázaro Cárdenas, al tener éste “noticias que Síntora había llegado de La Huacana a conferenciar con José Altamirano y que ambos se encontraban en Indaparapeo”[41]. Unos meses después y bajo el contexto de la lucha político-militar, entre las fuerzas del ejército federal y estatal, comandadas las primeras por el general Manuel M. Diéguez y las segundas por el gobernante michoacano ingeniero Pascual Ortíz Rubio; se suscita un encuentro entre la partida de los rebeldes chavistas, en un intento por tomar la capital del estado y en la cual,-según parece- participaron Jesús Síntora y José Altamirano.

En esa ocasión, se puso de manifiesto dos cuestiones importantes de señalar, la no muy estrecha relación Altamirano Chávez García y por otro lado se dejó ver claramente uno de los motivos de los rebeldes: el repudio hacia las fuerzas carrancistas. Eso se observa cuando el gobernante michoacano en sus memorias destaca que Altamirano (en el ya mencionado enfrentamiento contra Chávez García) le dijo “(no pelear contra él), sino contra el Gobierno Federal, el que con sus tropas había asolado el Estado, [y para probarlo] acababa de mandar un aviso a Inés Chávez García [diciéndole que] si avanzaba a la ciudad de Morelia [Altamirano, lo atacaría por la retaguardial]...”.[42]

Con la captura del segundo de Altamirano, Eduardo Escalante, ocurrida casi a mediados de 1918,[43] se comenzó a marcar el declive del grupo rebelde. Así, casi a finales de año, Altamirano “se encontraba en un combate en la Cañada del Agua, cuando el azote de la gripa diezmó a sus hombres y también su salud”.[44] Finalmente murió el 9 de noviembre, en la población de Tzitzio.

Cabe destacar que, al morir José Altamirano, algunos de sus hombres intentaron proseguir con el movimiento, siendo Armando Flores[45] y Félix Ireta,[46] “perseguidos y correteados por el gobiernista Francisco Cárdenas”.[47] Hasta terminar ambos por adherirse al Plan de Agua Prieta con Obregón.[48]

 

II. Acordadas, cuerpos civiles y ejército: intentos para combatir el desorden social

 

A pesar del triunfo constitucionalista, el control del país no se llevaría a cabo por el lapso de varios años más y en especial en el estado, debido a la permanencia de un sinnúmero de grupos armados que por diversos motivos combatían en contra del constitucionalismo (llámense villistas, zapatistas o felicistas) y otros que perdiendo su filiación política se dedicaban al pillaje.

En ese contexto, fue el general Alfredo Elizondo, el primer gobernante constitucionalista en llevar a cabo intentos de pacificación en Michoacán. Durante esa etapa, emprendió fuertes campañas militares en contra de los dispersos contingentes villistas y zapatistas que habían penetrado a Michoacán, después de la derrota sufrida por estos en las batallas del Bajío. Así lo hacía saber el gobernador michoacano en un comunicado girado a Obregón con fecha de 25j unio de 1915: “fueron derrotados los zapatistas que se atrevieron a ocupar Maravatío. Con esto mi general, creo que se conseguirá la pacificación de una gran zona de este estado y del México”.[49] También en su primer informe de gobierno, Alfredo Elizondo hacía referencia que en Michoacán “es por ahora más interesante, la pacificación y seguridad pública”.[50]

La tarea de pacificación en el estado, emprendida por el general Elizondo, sería tarea difícil de conseguir, al igual que los posteriores intentos. La incursión de los dispersos villistas y zapatistas, amén de los rebeldes que ya tenían una fama bien ganada en el estado y que en determinado momento ponderaron esas banderas, significó organizar una ofensiva militar en todo el estado. De tal forma que, el gobierno michoacano se dispuso a emprender la campaña militar lo más pronto posible.

El coronel Benigno Serrato se hizo cargo de la campaña para combatir a los bandoleros del distrito de Ario de Rosales.[51] También los generales José Rentería Luviano y Alejo Mastache “se organizan con las autoridades y demás servicios públicos para activar la campaña contra gavillas de bandoleros que aún quedan en el estado”.[52]

El gobernante trató de aplicar todos los medios posibles para frenar y acabar con las huestes villistas y zapatistas, afirmando que “si quedan dentro del territorio algunos bandoleros sin credo político algunos que merodean por las serranías y pequeñas poblaciones, sepa el pueblo michoacano que sobre tales individuos caerá todo el peso de la justicia, con la que tienen cuentas pendientes por su larga carrera de crímenes. Tales gavillas con los facinerosos que las capitanean han estado siendo perseguidos enérgicamente y lo serán hasta librar al país de tan nocivos elementos”.[53]

La creación y uso de fuerzas armadas de carácter regional, como lo fueron los Cuerpos o Guardias Sociales que defendieron a las poblaciones de los ataques de los bandoleros, responden a circunstancias bastante particulares que vale la pena mencionar. Para 1914 el prefecto de Puruándiro solicitaba autorización para establecer Cuerpos de Defensa Social, “para atender a la conservación del orden y tranquilidad pública, comprendiendo que por malas circunstancias del erario del Estado no ha de ser posible sostener Destacamentos de Fuerzas Constitucionalistas en las cabeceras [municipales] he creído necesario proceder a la formación de Cuerpos de Defensa Social, los vecinos solventes erogarán cierta cantidad”.[54]

En un informe de gobierno estatal presentado a Carranza a principios de 1916, se mencionaba que uno de los asuntos principales en la Sección de Guerra era “la formación de las fuerzas de Seguridad Pública, para la defensa de los pequeños poblados, las que cuidarán la defensa de cada localidad y para que rechacen a las partidas de individuos que sin ninguna bandera merodean por las mismas”.[55]

Por otro lado, los hacendados y comerciantes formaron las llamadas Acordadas; éstas fueron cuerpos armados para la defensa de sus propiedades principalmente. Fue claro que contaron con el apoyo del gobierno estatal que para 1916 recomendaba a “los presidentes municipales que al entrar en funciones el nuevo Ayuntamiento, procuren formar Cuerpos de Acordadas. Procurando reunir a los principales vecinos, quienes por su patriotismo quieran cooperar individual y pecuniariamente”.[56]

La formación de estos cuerpos armados de defensa regional tenían el objetivo de combatir de forma abierta a los rebeldes y bandoleros que asolaban la entidad. Sin embargo, el gobierno empleó otro recurso, la amnistía.[57] Por ejemplo, en plenas batallas desarrolladas en el Bajío, a fines del mes de abril, el General Alvaro Obregón decretaba amnistía “[al considerar] que la revolución debe ser inexorable solamente con quienes toda conciencia han hecho traición a la causa del pueblo, siendo de ello irresponsables, por su ignorancia, los individuos de tropas que han seguido militando en las filas de la reacción”.[58]

El establecimiento de las llamadas Fuerzas Regionales se explica, a través de la desorganizada actividad del ejército federal, no perdiendo de vista que éste fue otro de los recursos utilizados para el combate de los grupos rebeldes; sin embargo, su desempeño dejó mucho que desear. Por un lado, fue grande el rechazo de la población civil ante la presencia de cualquier tropa federal, debido a los excesos de autoridad cometidos por ésta. Tanto así que, los habitantes michoacanos llegaron a asegurar que preferían “estar a merced de los revoltosos y no de fuerzas [del gobierno]”.[59]

Demostrando con eso la gran desconfianza ganada ante la ciudadanía.

De hecho, la situación se complicó al verse inmersa la lucha contra los rebeldes en una serie de problemas político-militares ,suscitada entre los enviados carrancistas y las autoridades michoacanas;[60] pero que, finalmente tenía un trasfondo de lucha por el poder político. Problemática que se agudizó durante el periodo gubernamental de Pascual Ortíz Rubio.[61]

En ese momento, la pacificación estaba en una crítica situación y según el gobernante michoacano Pascual Ortiz Rubio, las partidas de rebeldes “crecieron bastante, primero por la abulia de las fuerzas federales y segundo [atropellaban y enemistaban constantemente a la población civil”.[62] Llegando a reportar ante Carranza que, era “constante el peligro en que estabamos las autoridades civiles entre los rebeldes por un lado y las fuerzas federales por otro”.[63]

Queda claro que, la pacificación se dio en un ambiente de jalones y tirones; no necesariamente entre los rebeldes y las fuerzas a combatirlas, sino por el contrario una lucha indirecta entre el gobierno del centro y del estado. Y que finalmente repercutió durante el periodo de 1917 a 1918 para que los grupos rebeldes tuvieran grandes momentos de gloria. Sin embargo, no sólo problemas político-militares se desarrollaban en el país. Para ese momento la situación económica era desastrosa, el nivel de vida había descendido terriblemente, fueron tiempos de hambre y escasez, de graves crisis agrícolas, de descontento y el reclamo popular ante el incumplimiento de las promesas constitucionalistas. Así, una de las manifestaciones más claras fue la conformación de pequeños grupos o gavillas que se dedicaron al pillaje y en muchos momentos llegaron a confundirse y/o a fusionarse con los grupos rebeldes, hasta llegar a extenderse de manera incontrolable en ciertos momentos, el bandolerismo en casi todo el territorio michoacano.

Se puede decir finalmente que la creación de cuerpos de defensa regional, como fueron las acordadas y defensas o cuerpos civiles, respondieron a varios factores, sobre todo la poca confianza de la población hacia el ejército, ante los ya mencionados actos de prepotencia y abuso de autoridad de éstos. Repercutiendo también en la tibia persecución de los rebeldes y bandoleros, y el enfrascamiento en una lucha por el poder político-militar.

 

III. Ocaso y aniquilamiento de los movimientos rebeldes

 

A principios de 1918, la situación de los grupos rebeldes michoacanos les era favorable, sin embargo, a partir del segundo semestre la suerte les dio la espalda. Fueron varios los factores que intervinieron en la decadencia de los grupos rebeldes y bandoleros michoacanos.[64] Para el gobierno constitucionalista que en un primer momento no vio con demasiada importancia los ataques de los rebeldes michoacanos, -Cíntora, Altamirano y Chávez García-, fue mayúsculo su asombro al ver el rápido crecimiento de éstos.

Así, el gobierno carrancista tratando de llevar a cabo un último intento para lograr de cierta forma la pacificación en el estado y por otro lado la reconciliación con la población que veía con tanto desagrada a las fuerzas federales, llevó a efecto una persecución enérgica en contra de los rebeldes. Siendo uno de los militares que llevó a cabo la campaña en contra de los grupos rebeldes del estado, el coronel Lázaro Cárdenas.[65]

A partir de la derrota sufrida por Chávez García en agosto de 1918,[66] se comienza a marcar el declive del Ejército Reorganizador Felicista en Michoacán y demás grupos de rebeldes. Sin embargo, la campaña militar acabó con el jefe de dicha tropa rebelde, Jesús Síntora, hasta el año siguiente. Finalmente y más que la persecución en contra de ellos, mueren por la epidemia de influenza española que azotó a todo el estado, terminando con Altamirano[67] y Chávez García en noviembre de 1918.

Los que sobrevivieron terminaron por unirse a las tropas del nuevo gobierno obregonista. Para el 25 de diciembre de ese mismo año, el teniente coronel Cristóbal Limón (comandante militar y jefe de operaciones del distrito de Zamora), envió oficios a los jefes armados Ernesto Prado, Virginio Márquez Chávez y Jesús Narciso, en que los invitaba, a nombre del general Manuel M. Diéguez, a deponer las armas y a reconocer al Supremo Gobierno de la República, ofreciendo a cambio toda clase de garantías. En la invitación también ofreció el indulto. Así, a principios de 1919, cabecillas y seguidores recibieron de manera oficial los indultos y salvoconductos.[68] Ejemplos claros fueron gente que integraron al grupo altamiranista, como Félix Ireta Viveros y del grupo de Jesús Síntora, “Octavio de la Peña y Gordiano Guzmán negociaron su rendición al gobierno y fueron comisionados de inmediato para batir a su antiguo jefe”.[69]

 

NOTAS:


 

[1]Para el estudio de ésta problemática, a nivel general existe el trabajo de Hobsbawm que aporta el término de “bandolero social”. Es según el autor, el prototipo del individuo que roba a los ricos para darle a los pobres, que “hace algo que la opinión local no considera delictivo, pero que es criminal ante los ojos del Estado o de los grupos rectores de la localidad”. Hobsbawm, Erie J. Rebeldes primitivos. Barcelona, Edit. Ariel, 1983, p.30.

[2]El Heraldo. N° 167. Morelia, Mich. Octubre 2 de 1913. p. 1.

[3]No es nuestra finalidad centrarnos en el movimiento de Inés Chávez, pero si tomar en cuenta la importancia que tuvo corno grupo considerado rebelde o bandolero. Los estudios que se tomaron como mareo de referencia sobre esta temática son los de: Alvaro Ochoa Serrano, La violencia en Michoacán (Ahí viene Inés Chávez García). Editores Carraquilia. IMC, Morelia, Mich., 1990; Eduardo Mijangos Díaz, La Revolución y el Poder Político en Michoacán. 1910-1920. Colección HISTORIA NUESTRA 15, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Instituto de Investigaciones Históricas. Morevallado Editores, Morelia, Mich. 1997: Javier Garcia diego. Revolución constitucionalista contrarrevolución. (Movimientos reaccionarios en México. 1914-1920). El Colegio de México, México, Tesis de doctorado, 1981.

[4]Ochoa. Op. cit., pp. 23-25.

[5]Ibidem.p.29.

[6]El Heraldo. N°376, Morelia, Mich. Junio 13 de 1914. p. 1

[7]Archivo Manuel Castañeda Ramírez (AMCR en adelante), Subserie: Comunicados, Año: 1914, Caja: 97, Exp: 20/32, Distrito: Puruándiro. Telegrama s/n.

[8]Mijangos. Op. cit., p. 290.

[9]El antecedente fue el acuerdo establecido entre Gertrudis G. Sánchez y Francisco Murguía de no agresión, y que Pantoja y Amaro no respetaron. Con los vaivenes de la revolución Joaquín Amaro, ya como el jefe de las fuerzas en el Estado, con engaños apresó a Pantoja en Morelia y lo remitió al general carrancista Murguía, acusándolo de traición y fusilándolo en mayo de 1915, en Romita, Guanajuato. Ochoa. Op. cit., p. 34.

[10]Ochoa. Ibidem., p. 40.

[11]Mijangos, Op. cit., p. 209.

[12]Garcíadiego. Op. cit., p. 65.

[13]Jesús Cíntora (algunos autores escriben Síntora)(¿?- 1919).- Nació en Arteaga. Pequeño propietario en la región. Hizo estudios primarios en su lugar natal. Secundó el movimiento maderista de 1911 en Arteaga. En 1912 se rebeló en contra del gobierno estatal de Miguel Silva. Fue coronel huertista en 1913-1914, operó en los distritos de Arteaga, Apatzingán, Uruapan yZamora. Al ser vencidos los federales enjulio de 1914 se incorporó al constitucionalismo y formó parte de las fuerzas de Gertrudis G. Sánchez, bajo el ma.ndo directo de Joaquín Amaro. En la lucha de facciones militó también en el villismo. Jefe de operaciones en el estado, con sede en Zamora (julio-septiembre de 1915). Derrotado el convencionismo villista, figuró después (1916-1918) como Jefe del Cuerpo del Ejército del Norte del Ejército Reorganizador Felicista en Michoacán, con cuartel general en La Huacana y Carrizal de Arteaga, al mando de tres brigadas: Síntora, Altamirano y García Chávez. Muere en Tepenahua, municipio de Nuevo Urecho, derrotado por la defensa de J. Concepción Pérez, alias Conchito. Diccionario Histórico y Biográfico de/a Revolución Mexicana. T. IV. México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, 1991, p. 345.

[14]Oikión Solano, Verónica. El Constitucionalismo en Michoacán. E/periodo de los gobiernos militares (1914-191 7), México, CONACULTA, 1992, p. 67.

[15]AMCR, Subserie: Aprehensiones, Año: 1912, Caja: 28, Exp N°. 17. “[Interrogatorio] al reo revolucionario Jesús Ruíz Gorrosquieta [...] comerciante, originario de Aguililla […] dijo que fue invitado a unas juntas de vecinos que Don Gordiano Guzmán verificaba […] con objeto de preparar un levantamiento. Que la invitación se la hizo Jesús Síntora [...]”. Arteaga, Mich. Mayo 10 de 1912. [Las negritas son nuestras]

[16]AMCR, Subserie: Comunicados, Año: 1913, Caja: 94, Exp: 57/55, Telegrama s/n.

[17]El Heraldo. N° 241, Morelia, Mich. Diciembre 30 de 1913. p. 1., El Heraldo N° 242, Morelia, Mich. Diciembre 31 de ¡913, p. 1. El Heraldo. N°248, Morelia, Mich. Enero 8 de 1914, p. 1. “El Prefecto de Zinapécuaro... salió en unión de voluntarios y una fuerza mandada por el coronel Síntora, a perseguir la gavilla de Alfredo Elizondo, compuesta actualmente, según se sabe de unos 300 hombres”. El Heraldo. N° 377, Morelia, Mich. Junio 14 de 1914, p. 1. Irónicamente. Alfredo Elizondo fue el primer gobernador de la etapa constitucionalista y emprendió una serie de campañas para lograr la pacificación en el Estado, buscaba acabar con los rebeldes y bandoleros que azotaron la entidad, claro uno de los infidentes era Cintora. Esto será explicado con mayor detenimiento en uno de los siguientes apartados del trabajo.

[18]El Heraldo. N°281. Morelia, Mich. Febrero 15 de 1914, p. 1.

[19]AMCR. Subserie: Comunicados, Año: 1913, Caja: 94, Exp: 57/55, Telegrama sin. El Subsecretario de Gobernación al Gobernador del Estado. México, D.F. 25 de septiembre de 1913. Esta información se complementa con la nota periodística aparecida días después de este comunicado: “Pantoja sufrió una derrota.- La fuerza irregular al mando del Teniente Pérez, en combinación con el Teniente irregular Cíntora [están] dedicados a perseguir las gavillas de los Pantoja”. El Heraldo. N° 164. Morelia, Mich. Septiembre 28 de 1913, p. 1. Para el año siguiente todavía le seguía los pasos: “El coronel Síntora continua la persecución de los revolucionarios [los cuales asaltaron] la Hacienda de la Noria.[...]. Sabemos que aún continua tras [la gavilla de los Pantoja] con intenciones de desbaratarla, lo cual le agradecerían todas las haciendas y los pequeños poblados de esa región”. El Heraldo. N° 346. Morelia, Mich. Mayo 9 de I914, p. l.

[20]AMCR. Subserie: Comunicados, Año: 1914, Exp: 29/29, Distrito: Jiquilpan, Oficio N°151.

[21]Romero Flores, Jesús, citado por Verónica Oikión, Op. cit.,p. 166. Otro autor nos dice al respecto, “Participando del triunfo contra Huerta, en Zamora convivieron Sabas Valladares, Amaro, el agrarista Miguel de la Trinidad Regalado. los Pantoja sobrevivientes; los antiguos federales Jesús Síntora y Luis V. Gutiérrez (a) El Chivo Encantado, incorporados al triunfante constitucionalismo”. Ochoa, Op. cit. p. 31.

[22]AMCR. Subserie: Comunicados, Año: 1914, Caja: 97, Distrito: Uruapan, Exp. 6/27, Vol. II. El Mayor José Castrejón al Gobernador Gral. G. G. Sánchez.

[23]AMCR. Subserie: Comunicados, Año: 1914, Caja: 100, Exp: 28/51, Oficio sin. Fechado en Morelia, 23 de noviembre de 1914. No olvidemos que de igual forma al ex-gobernador huertista se le juzgó y condenó por los delitos cometidos durante ese régimen.

[24]“El ex federal Jesús Síntora […] fue nombrado [por Villa] jefe de operaciones. Al mando de la brigada “Michoacán” [...]”. Ochoa, Op. cit., p. 34.

[25]AMCR, Subserie: Comunicados, Año: 1915, Caja 104, Exp: 21/8, Distrito: Pátzcuaro, Telegrama sin del Coronel Benigno Serrato.

[26]AMCR, Subserie: Comunicados, Año: 1915, Caja: 104, Exp: 40/9, Telegrama s/n del Gral. Brigadier Rafael Sánchez al General A. Elizondo.

[27]AMCR, Subserie: Comunicados, Año: 1915, Caja: 104, Exp: 22/13, Distrito: Puruándiro, Telegrama s/n, dirigido al Gral. A. Elizondo por el Gral. Jefe de las Armas, Antonio de R Magaña, fechado en Puruándiro el 14 de agosto de 1915.

[28]Ochoa, Op. Cit., p. 37.

[29]AMCR, Subserie: Comunicados, Año 1916, Caja 105, Exp. 9, Vol. 1, Distrito: Uruapan. Otros de los hombres que siguieron el ejemplo fueron Amado Crusaley, David Cornejo, Pablo Velázquez, Camilo Miranda, en la región de Tacámbaro, que fueron perseguidos porel teniente coronel J.C. Jaimes. Exp. 6, Distrito: Tacámbaro.

[30]AMCR, Subserie: Aprehensiones, Atio: 1912. Caja: 28, Exp: 17. Esto se puede confirmar en el interrogatorio seguido al reo revolucionario Jesús Ruíz Gorrosquieta: “... le dijo Síntora que esperaba correspondencia de Don Emilio Vázquez Gómez, quien actualmente se encuentra en Estados Unidos. [Además] le dijo a José María Novela, que Don Francisco Vaca era uno de los jefes de la revolución, lo que había sabido por conductó de Jesús Síntora”. Arteaga, Mich. 10 de mayo de 1912. (L.as negritas son nuestras).

[31]Garciadiego, Op. cit., p. 73.

[32]Garcíadiego, Ibidem. Esta idea es complementada por este autor; además menciona que no sólo “mexicanos reaccionarios” apoyaron la lucha rebelde, también lo hicieron españoles propietarios o administradores de haciendas. p. 73.

[33]Ochoa, Op. cit., p. 50.

[34]Garcíadiego, Op. Cit., p. 73.

[35]Altamirano fue agricultor y administrador en la hacienda Los Naranjos de Indaparapeo. situación que le permitió conocer la región en donde más tarde operaría. Dejó la administración de la hacienda para jefatura la Defensa Rural en San Bartolo hacia 1913. Diccionario Histórico. Op. cit., p. 224.

[36]AMCR, Subserie: Comunicados. Año: 1915, Caja: 104, Exp: 22/13, Distrito: Puruándiro, Oficio N°667. AMCR, Subserie: Comunicados, Año: 1915, Caja: 104, Exp: 49/2, Distrito: Zinapécuaro, Telegrama sin. Eufemio Hernández y Pantaleón Mares fueron algunos de los hombres que se unieron a Altamirano. El militar comisionado para combatirlos en ese momento fue el Teniente Coronel Uriel Avilés.

[37]AMCR, Subserie: Comunicados, Año: 1915, Caja: 104, Exp: 49/2, Distrito: Zinapécuaro, Telegrama sin. Lamentablemente no hace mención de quién o quiénes apoyaban al rebelde. Pero tal vez se refería el citado informe a Manuel Aédo e hijo y Manuel Sobreyra, ricos madereros de Indaparapeo que hacían causa común con los altamiranistas por tener en aquel lugar sus propiedades y aserraderos. Martínez, Pozos Manuel. Monografía de Indaparapeo. Edición del autor, 1980, p. l 37. Además no hay que olvidar que ellos mismos se proveían a través de los saqueos a las grandes haciendas, el tráfico de productos agrícolas -utilizado principalmente por Síntora- y en algunos casos, hasta la práctica del secuestro.

[38]Garcíadiego, Op. cit., p. 74. En otro trabajo, se menciona que “durante algún tiempo fue aliado del más sanguinario de los guerrilleros de la revolución...; pero su alma recta y generosa siempre enemiga del desorden y de la injusticia, no le permitió proseguir sumándose al guerrillero Chávez y se declaró ser su enemigo”. Martínez, Op. cit., p. 131

[39]Mijangos, Op. cit. p. 319.

[40]Ochoa, Op. cit., p. 37.

[41]Martínez, Op. cit., p. 134.

[42]Ortiz Rubio, Pascual. Memorias. (Biblioteca de Nicolaitas Notables N°7), Morelia, Mich. UMSNH, l987, p. 70.

[43]Mijangos,Op.cit.,p.315.

[44]Martínez, Op. cit., p. 138.

[45]Después de haber escapado junto con Félix Ireta de una emboscada, se refugió en su vida privada en la ciudad de Monterrey; tiempo más adelante y ya establecido el obregonismo, fue llamado para ocupar la jefatura de policía de Morelia. Martínez, Op. cit., p. 139.

[46]Como ya se sabe. Ireta Viveros, oriundo de Zinapécuaro. Ocupó la gubernatura de Michoacán durante el periodo de 1940-1944. Historia General de Michoacán. (Coordinador Enrique Florescano). Vol. IV, Gobierno del Estado de Michoacán-Instituto Michoacano de Cultura, Morelia, 1989, p. 188.

[47]Ochoa, Op. Cit., p. 51.

[48]El hacer que las fuerzas rebeldes se incorporaran al obregonismo fue uno de los grandes logros de éste; llegó a establecer convenios con los alzados zapatistas comandados por Gildardo Magaña y Genovevo de la O. Sánchez, Op. Cit. p. 64.

[49]AMCR, Subserie: Comunicados, Año: 1915, Caja: 104, Exp N° :58/3.

[50]Periódico Oficial del Estado de Michoacán (en adelante POEM), 9 de septiembre de 1915. T.XXI1I. N° 63, p. 2

[51]AMCR, Subserie: Comunicados, Año: 1915, Caja: 104, Exp. N°. 81/7, Distrito: Ario de Rosales. En este distrito también se combate a “El Tejón” Zepeda; se fusila a Jesús Sandoval, Claudio Ortiz, Rafael y Antonio Benancio, Victoriano Navarro, Ramón Quiroz, Jacinto García, Mateo Hernández, Sostenes Velázquez, José Ma. Rendón y Luis Campos, entre otros.

[52]AMCR, Subserie: Comunicados, Año: 1915, Caja: 103, Exp. N°. 32/40, ler. vol. Cecilio García y Antonio de P. Magaña fueron otros de los generales que combatieron a los grupos bandoleros en el gobierno de Alfredo Elizondo.

[53]POEM, Morelia, Mich. 5 de septiembre de 1915. T. XXIII. N°62, p. 2

[54]AMCR, Subserie: Comunicados, Año 1914, Ca: 100, Exp. N°. 28/51, oficio N°: 1569, Distrito: Puruándiro.

[55]POEM, Morelia, Mich., 6 de febrero de 1916. T. XXIV, N° 11, p. 2.

[56]AMCR, Subserie: Organización de fuerzas, Año: 1916, Caja: 312, Exp: 159.

[57]O “perdón” a los delitos de rebelión, sedición y demás.

[58]POEM. Morelia, Mich. 29 de abril. T.XXIII, N°25, p. 5.

[59]Garciadiego,  Op. cit., p. 49.

[60]Por ejemplo durante la gubernatura de Elizondo, “el jefe de las operaciones militares en el estado, Melitón Albañez, se quejaba amargamente de la falta de cooperación [de este]; además de la carencia de pertrechos de guerra y de la mala situación de las tropas, por irregularidades ene! pago de los haberes[...]” Ibidem, p. 48.

[61]Pascual Ortíz Rubio asumió la gubernatura del Estado el 6 de agosto de 1917, en medio de graves crisis económicas, políticas y sociales. Fue hasta 1920 que deja e! poder estatal para adherirse al Plan de Agua Prieta y en consecuencia con Alvaro Obregón. Esta última cuestión es manejada por Garciadiego, ene! sentido que la política del carrancismo fue una seria lucha en contra de los gobernantes que apoyaban el obregonismo y no realmente un combate a las fuerzas felicistas, villistas y zapatistas que asolaban al país. Garcíadiego, Op. cit., p. 55. También ver: Mijangos, Op. cit., pp. 217 y ss., en donde explica con detalle el papel desempeñado por el gobernante michoacano.

[62]Ortiz Rubio. Op. cit., p. 65.

[63]Ibidem.p.67.

[64]Algunos de esos factores ya han sido mencionados.

[65]Garcíadiego, Op. cit., p. 66.

[66]Ibidem.p.65.

[67]Durante algún tiempo sus restos permanecieron en la población de Tzitzio y actualmente están en Indaparapeo, lugar del cual “fue un gran benefactor”. Martínez... Op. cit., p. 138.

[68]Jiménez Castillo, Manuel. Huáncito. Organización y práctica política. El Colegio de Michoacán, Zamora, Mich., 1991, p. 134. Véase el trabajo citado de Mijangos. La Revolución... p. 216, en donde reafirma esta temática.

[69]Mijangos. Op. cit., p. 316.