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Mapas conceptuales: formaciones de cartografías lingüísticas complejas.

 

Autores

Eduardo Ochoa Hernández

María Helena Lara

Nicolás Zamudio Hernández

Gladys Juárez Cisneros

Nadia Alejandra Pérez Ríos

Julio César Herrera Arriaga


 

Mapas conceptuales.pdf

Índice

1. Introducción    

2. Normas ISO y fraseología del lenguaje especializado 

            2.1. La fraseología  

            2.2. Norma ISO 

3. Cartografía lingüística caótica

            3.1. ¿Cómo conocemos?   

            3.2. ¿Con qué sistema conocemos?  

            3.3. El significar a la luz de la cultura 

            3.4. Densidad de la cartografía lingüística: espectros de aprendizaje

            3.5. Complejidad conceptual booleana

4. Conclusión parcial

 Apéndice A.    

Apéndice B. 

 Referencias.   

  

Lista de figuras.

Fig. 1. fMRI del cerebro lector       

Fig. 2. Palabras del desenmascaramiento de los conceptos Paradigma y Biología      

 


 

1. Introducción.

 

Este trabajo pretende ser una contribución, ante el estado de las cosas donde los conservadores de la educación tradicional arremeten contra los reformistas de la educación superior con argumentos centrados en el mínimo de complejidad textual, bajo la tesis de una supuesta mayor aceptación de los modelos por parte de los  docentes y estudiantes. En consecuencia el rasgo dominante  está formado por planteamientos reduccionistas de la profundidad científica y humanista del conocimiento contemporáneo de la pedagogía. La reforma educativa se refiere a la necesidad de satisfacer las habilidades comunicativas y epistemológicas de los estudiantes de la educación superior en contacto intelectual con textos originales especializados en ciencias y humanidades. La vanguardia, encabezada por la terminología, se ha colocado en posición de dar respuesta a la nueva realidad; de una serie de conocimientos terminológicos en la dimensión representativa (la terminología como representación de conocimiento) y comunicativa (la terminología en cuanto a comunicación de saberes) de disciplinas especializadas.

 Asistimos indudablemente a un momento histórico que viene marcado por el leer y el escribir en contextos sociales complejos, debido principalmente a la ignota explosión del conocimiento. Los textos que determinan el concepto sociofuncional de la comunicación especializada, vienen a imponer una serie de necesidades de índole comunicativa a las que perentoriamente se habrán de atender si la Universidad Michoacana desea dar cobertura a la nueva realidad de una sociedad que basa la justicia en el conocimiento. Nos referimos a la acuciante necesidad de proporcionar una cartografía lingüística en segunda lengua de especialización. En este sentido, cabe señalar la relevancia de la lengua inglesa como vehículo lingüístico preferente de la comunicación especializada, por excelencia por vía escrita.

 La educación superior requiere de una mayor complejidad conceptual para cumplir con su misión de ser la superestructura de la transmisión cultural; requerimiento que deriva en una terminología especializada, que en su formalidad contextual plantea retos enormes a la pedagogía de la educación superior. Además, normas ISO, semiótica, psicología cognitiva, neurofilosofía y neurobiología, entre otras, son un mosaico de la vanguardia de la propuesta pedagógica contemporánea. Pero todas estas importantes ramas y normas en el construir del conocimiento, refirieren a un proceso dual e inseparable de lectura-escritura, que por error, la educación tradicional los separa. En el puente entre esta dualidad, se encuentra un estado mental articulando a cada cambio del significar intelectual de los signos, donde los límites de la complejidad intelectual, son acotados por la densidad y complejidad de la cartografía lingüística o a veces llamada mapas conceptuales. Estos estados mentales han revolucionado la didáctica, en relación a la complejidad topológica de las redes conceptuales que representan, que tienen por rasgo ser armazones dinámicas, que no pueden finalmente reducirse a lo que no es, es decir, esqueletizar categorías conceptuales en forma arquitectónica simple –configuraciones estrella, jerárquicas o secuenciales abiertas o cerradas- de mapas unidimensionales; como los que comúnmente el profesor universitario hace con la herramienta de presentación clásica de PowerPoint, que termina por desarticular el conocimiento y descontextualizar la terminología, y por ello, aniquila el aprendizaje y las emociones responsables de la integración del conocimiento. Es como tratar de modelar un proceso molecular o de mecánica de fluidos sin una ideografía formal matemática.

 Comencemos a introducirnos en la formalización de la anterior hipótesis con la semiótica, seguida de normas y evidencias científicas de estas cartografías lingüísticas.

 

2. Normas ISO y fraseología del lenguaje especializado.

 En la primera mitad del siglo pasado, el semiótico Charles W. Morris en 1938 concibió el estudio de la Teoría de los Signos, o semiótica, a partir de tres dimensiones del lenguaje: la sintaxis, la semántica y la pragmática. La sintaxis atendería a la relación formal entre un signo y otro; la semántica, los vínculos entre los signos y los objetos a los que se refieren; y se ocuparía de la relación entre los signos y sus intérpretes, la pragmática. Esta última abarcaba todos los fenómenos psicológicos, biológicos y sociológicos que tienen lugar en el funcionamiento de los signos. Con palabras más sencillas, la pragmática estudiaría todo lo relacionado con el uso de la lengua en lo intersubjetivo.[1] Estas dimensiones, es importante tenerlas presentes para nuestro análisis sobre una segunda lengua especializada.

 Swales nos dice que a pesar de la visible necesidad de una segunda lengua de especialización, se presenta poca importancia al diccionario especializado y a su papel en los procesos de la educación superior, lo que provoca una situación deficitaria de la cartografía lingüística necesaria para intervenir en los problemas de la realidad social del estudiante universitario en alta competencia[2].

 La noción de lenguaje especializado tiene aún hoy unos límites bastantes difusos, debido en buena medida a la poliedricidad del fenómeno, que puede enfocarse desde ángulos e intereses cognitivos muy variados: lingüísticos, epistemológicos, sociales, psicológicos, informáticos, … De entre las múltiples dimensiones del lenguaje especializado, destacan de sobremanera la lingüística y la epistemología, ya que son éstas las que vienen a condicionar el entendimiento del mensaje especializado[3].  En los últimos tiempos estamos asistiendo a un cambio en el tratamiento de las cartografías lingüísticas de especialización que está en consonancia con la vocación interdisciplinar de un nutrido número de campos del conocimiento. El primer factor de cambio lo representan la forma de consideración de las características singulares de las comunidades disciplinares en comunicación; los lenguajes especializados cumplen la función esencial de comunicación de un campo del saber determinado que deviene indispensable para el funcionamiento de la sociedad y sus grados de desarrollo cultural[4].

 Las últimas tendencias consideran a los lenguajes especializados como un todo estructural, funcional y cognitivo, recogiendo de esta forma la tridimensionalidad del fenómeno[5]. A nivel superior del análisis de los lenguajes especializados, se encuentra la dimensión textual, desde el prisma textual, los textos especializados se caracterizan por una configuración documental global y por un estilo que manifiesta variaciones según la temática y los distintos niveles de complejidad con que se expone[6]. Este hincapié del texto como unidad formal de la cartografía lingüística especializada, nos indica que los mapas mentales son textos formales reinterpretados, innovados y creativas formas intelectuales del aprendizaje.

 La terminología, concebida como el conjunto de las unidades léxicas usadas con un valor preciso en los ámbitos de especialidad, es el recurso indispensable para representar y comunicar los conocimientos especializados. Basta analizar el discurso producido por los especialistas y profesionales de los distintos campos epistémicos para comprobarlo. Por un lado, un discurso especializado no es formalmente adecuado si no utiliza los términos propios y específicos de la temática de la que trata. Por otro lado, no existe disciplina científica o técnica sin terminología propia. Es más, cuanto más consolidada  es ésta, es una disciplina más estable en su terminología. Y cuanto más internacionalizada es la percepción de un ámbito disciplinar, más sistemática es la terminología que sirve para comunicarlo.

 

Ahora bien, para comprender en su globalidad la terminología y subrayar la importancia que tiene para las lenguas, es importante que percibamos la terminología en su triple vertiente:

 

La terminología es una necesidad para todos los profesionales involucrados en la representación, expresión, comunicación y enseñanza del conocimiento especializado, es decir para todos aquellos campos en los que el conocimiento especializado es básico. Así, los científicos, los tecnólogos o los profesionales de cualquier ámbito requieren términos para representar y expresar sus conocimientos, para informar, transferir o comprar y vender sus productos. No existe especialidad alguna que, como hemos dicho antes, no posea unidades específicas que denominen sus conceptos. Y estas unidades son los términos. Y el conjunto de los términos usados específicamente en un ámbito constituyen la terminología de este ámbito.

 

Sus unidades, las unidades que expresan el conocimiento especializado, pueden ser de distintos tipos y pueden pertenecer o no a las lenguas. Las que pertenecen a una lengua pueden ser unidades morfológicas, léxicas, fraseológicas u oracionales, pero entre ellas las más prototípicas son las léxicas, también llamadas términos, unidades tan interdisciplinarias como la disciplina que las estudia, como todas las unidades del lenguaje.

 Los términos son al mismo tiempo unidades gramaticales, unidades cognitivas y unidades sociocomunicativas. Son unidades gramaticales que forman parte también del léxico de una lengua; son unidades de conocimiento que vinculan una determinada percepción de un segmento de la realidad, y son unidades de comunicación que nos permiten intercambiar información.

 Gramaticalmente, los términos pertenecen a una lengua y, por lo tanto, forman parte de su gramática, por lo que, como las palabras del léxico general, se forman a través de la misma morfología y se combinan de acuerdo con las reglas o los esquemas de la misma sintaxis. Formalmente no presentan grandes diferencias en relación con las palabras, pero semánticamente se diferencían de ellas por la precisión de su significado, precisión normalmente establecida externamente dentro de una comunidad experta, ya sea a partir de una decisión (fijación del contenido de un término), ó mediante operaciones discursivas de negociación y construcción del significado por perfil semántico en los textos de especialidad.

 Desde un punto de vista pragmático, es decir, analizados los términos por el uso que se hace de ellos, también difieren de las palabras del léxico común. Así, podemos observar que se restringen al discurso de especialidad aunque este discurso pueda diversificarse según los escenarios comunicativos en los que se produce. Más aún, los términos (el conjunto formado por la denominación y su contenido) generalmente sólo se aprenden en contextos profesionales o académicos.

 El conocimiento especializado y la tecnología crecen y se diversifican a un ritmo imparable en la época actual. La entrada de numerosos países en la denominada "sociedad de la información", y más recientemente "sociedad del conocimiento" (con los matices que este nuevo sustantivo introduce), requiere necesariamente una actualización permanente de los recursos para expresar los conceptos de los ámbitos del nuevo conocimiento. Por esta razón, los términos, que son las unidades lingüísticas que más prototípicamente condensan los conceptos especializados, deben estar al día tanto en lo que se refiere a nuevas unidades de denominación como a la resemantización de las unidades cuyo contenido cambia con gran rapidez[7].

 Precisamente las tareas de denominación y resemantización deben ser, en el trabajo diario el quehacer guiado por el docente y apoyado en acervos documentales especializados; proceso que generará mapas conceptuales formales, tales como: ensayos, tesis, artículos, revisiones, glosarios, tesauros, ficheros, poemas, informes, resúmenes, reseñas, glosarios,  …. Los productos del aprendizaje que mencionamos como mapas conceptuales formales, son la expresión más compleja de las cartografías lingüísticas, donde su topología se lleva a su máxima expresión y formalidad.

 2.1. La fraseología

El término fraseología presenta distintas interpretaciones según los distintos estudiosos. Se relaciona con la teoría de la terminología y lexicografía. En la educación superior es inevitable que tratemos el entorno del término y de la unidad del léxico general en textos sobre distintos aspectos dentro del dominio del lenguaje especializado. El empleo de la fraseología tiene gran importancia en la literatura; Zuluaga considera que los escritores, totalmente conscientes del valor de los sentidos como frases de la vida, las usan en sus textos con funciones semánticas y comunicativas especiales[8].

También la fraseología del lenguaje especializado en el contexto de la sociedad del conocimiento, ha empezado a tener más relevancia y muchas publicaciones importantes comienzan a hacer una llamada para que los estudiosos de la educación superior profundicen en este tema[9].

Regresando a nuestro problema de la cartografía lingüística especializada, hemos visto cómo, incluso en la terminología y la nomenclatura, donde el grado de equivalencia interlingüística es mayor, que existen otras idiosincrasias que distinguen unas lenguas de otras. Una de las más importantes, es sin duda la que concierne a las particularidades de combinación entre unidades, el conocimiento sintáctico: las unidades léxicas no ocurren de forma aislada; las unidades léxicas especializadas van acompañadas de otras unidades, y, esta co-ocurrencia de las unidades léxicas en el discurso es lo que en muchas ocasiones caracteriza el tipo de lenguaje, el registro del texto y el destinatario del mismo.

El traductor necesita descomponer el léxico de forma que obtenga el significado de las unidades léxicas particulares. El concepto o contenido de significado puede recogerse de diversas formas. Como Barnwell apunta[10]:

“En un lenguaje dado, la unidad usual es el concepto, medio siempre  representado por una palabra; también puede ser representado por un morfema, o por una expresión idiomática, o por tono, o por un orden de palabras. Se identifican conceptos en un lenguaje dado en el principio de contraste y comparación dentro del sistema de ese lenguaje. Cada concepto es asociado con una área particular de significado que es distinto de otros conceptos en él”.

El traductor como comunicador fallará en su tarea si parte de la base que nos tienen acostumbrados los diccionarios bilingües, es decir, la existencia de equivalentes interlingüísticos totales. Cualquier estructura sintáctica restringe el léxico que se sirve de ella y a la inversa, cualquier unidad léxica puede especificarse en términos de las estructuras en las que ocurre. Tales restricciones son típicas, no absolutas, pero muestran tendencias claras: la gramática es inherentemente probabilista. Los hablantes nativos no tienen intuiciones fiables sobre tales tendencias estadísticas. El significado no es constante a lo largo de las formas de un lema. Los diccionarios tradicionales asumen que sí lo es. Cada acepción o sentido de una palabra tiene su propia gramática: cada significado se asocia con un patrón formal distintivo. Forma y significado son inseparables.

Como conclusión a este apartado, y mirando al lenguaje de especialidad desde la perspectiva lexicográfica, vemos cómo éste está integrado tanto de unidades terminológicas como de unidades léxicas de la lengua general.

2.2. Norma ISO

Hemos considerado oportuno hacer un repaso de las definiciones más importantes que la ISO 1087 y ISO 5127:2001(E)  (International Organization for Standardization) establecen el ámbito de trabajo de la terminología. Aunque sus definiciones han sido la piedra angular del trabajo terminológico normalizador, sí que nos gustaría subrayar que nuestro trabajo pretende tomar una perspectiva descriptiva de la terminología y no un enfoque prescriptivo con miras a una normalización o estandarización de la terminología en el área pedagógica, por lo que dichas definiciones habrán de ser reconsideradas (ver como ejemplo el apéndice B).

 El  término. Comencemos antes que nada por establecer la definición de la unidad de estudio de la terminología, el término, según la norma ISO 1087 (1990): “un símbolo convencional para un concepto que consiste en sonidos articulados o de su representación escrita. Un término puede ser una palabra o una frase”. Un término también puede asumir la forma de un símbolo gráfico, una expresión numérica, etc., pero más frecuentemente toma la forma de una palabra (nombre, verbo, el adjetivo) o una frase. Se pone de manifiesto que el término puede ser tanto una unidad léxica simple, como la combinación de varias unidades.

El término que designa los objetos de la realidad y la naturaleza lógica de los objetos de conocimiento o términos es la misma que la de los nombres, incluyendo los nombres de propiedades (adjetivos), acciones (verbos) e incluso relaciones. Por tanto, aunque se suele afirmar que el sustantivo es la unidad terminológica por excelencia, no hay que pasar por alto que otras unidades pueden ser igualmente características de una terminología de un dominio concreto.

Sin embargo, según se considere el término desde una u otra perspectiva, éste puede ser miembro de un sistema conceptual diferente. En palabras de Sager4:

·         Como designación de una unidad cognitiva, un término se refiere a un concepto dentro de una estructura de conocimiento.

·         En filosofía, un término es simplemente una palabra o una frase que denota un individuo o una clase o el componente proposicional que expresa.

·         Como expresión normalizada, prescrita en su uso por un grupo de usuarios para la comunicación dentro de este grupo, un término designa las entidades, actividades, cualidades y relaciones que el grupo ha normalizado. En este sentido, el término forma parte de un lenguaje artificial creado por el organismo normalizador, porque solamente tiene el significado del concepto definido como parte del léxico de este lenguaje.

·         En cuanto a su forma, un término es un signo lingüístico, en forma de sustantivo, o es un signo extralingüístico que pertenece a un lenguaje o un código artificial. Como signo extralingüístico, un término se puede expresar por números, letras u otros símbolos. En el discurso escrito se trata a estos signos como sustantivo, en el habla estos signos devienen en unidades fonológicas.

·         Como signo lingüístico, el término es una variedad funcional del sustantivo.

Por tanto, aceptamos que un término puede estar constituido tanto por una sola unidad léxica como por la combinación de varias. Además, es la relación entre unidades lo que matiza el significado de un término aislado; su aparición en el discurso, junto a otras unidades; pone de manifiesto las sutilezas de la terminología en estudio, del tipo de discurso y de acto comunicativo. Una vez visto el alcance de lo que puede ser considerado término, pasemos a tratar de trazar el límite entre término y unidad fraseológica.

La dificultad comienza en los casos en que los términos compuestos o sintagmas permiten que haya variación en el orden de los elementos que los componen, es decir, en las unidades que, aún siendo transmisoras de un sólo concepto, varían sustancialmente en cuanto a la composición y orden de los elementos que las componen.

·         La norma ISO 1087:1990. Vocabulary of terminology, define la frase terminológica como[11]:

“una frase es por lo menos dos elementos “términos” que se unen sintácticamente y así forman una pronunciación con volumen sujeto-campo-contenido específico; la coherencia interior de los elementos es basado en su combinación conceptual”.

Se pone de manifiesto una característica importantísima de la frase en terminología, como es la combinación conceptual. Esta definición abarca tanto las unidades terminológicas compuestas, como las colocaciones, en las que un término se combina bien con otro término, o bien con una o varias unidades de la lengua general.

Se confirmará la importancia de tomar en consideración los términos compuestos como transmisores genuinos de un concepto especializado de forma simple, para un fin específico, y no como entidades no variables que transmiten un sólo concepto.

Cualquier término puede tener un número de sinónimos condicionados por el contexto, entre los que las formas abreviadas forman un subconjunto, que es usado por los usuarios del lenguaje. Los usuarios de la lengua general y los de los lenguajes de especialidad conocen una serie de técnicas de designación alternativas y las aplican con cierto grado de libertad a tipos de textos y situaciones comunicativas concretas. En cualquier caso, desde el punto de vista de la descripción del uso, se hace imperante la necesidad de recoger precisamente el uso distinto desde situaciones comunicativas concretas.

La función más obvia que las unidades fraseológicas desempeñan desde la perspectiva terminológica es la de poner de manifiesto los conceptos interrelacionados. Adviértase de los peligros de tratar la unidad fraseológica como un nuevo tipo de unidad cognitiva. Se afirma que ésta no reemplaza a la unidad de traducción ni a la unidad terminológica, sino que es más bien una manifestación formal diferente de una unidad cognitiva, un tercer elemento entre la sintaxis y el vocabulario de una lengua. En la práctica pensamos en frases u otras unidades hechas siempre que sean posibles y en palabras sólo cuando no queda otro remedio. Ponemos por tanto a la frase en un lugar privilegiado dentro de la norma del bien pensar en el lenguaje especializado.

3. Cartografía lingüística caótica

La ciencia de la complejidad, conviene su nombre por falta de definición simple. Se ha usado para referirse al estudio de sistemas que operan al borde del caos para inferir estructuras con propiedades de sistemas complejos entre el orden perfecto y el desorden perfecto; o incluso la declaración del comportamiento de sistemas donde el todo puede ser igual a una de sus partes.

No obstante estas dificultades sobre la definición formal, el estudio de sistemas complejos ha visto un tremendo crecimiento. Se han establecido numerosos programas de investigación, institutos y revistas científicas bajo este estandarte. Y los nuevos conceptos que surgen de estos estudios están influyendo ahora en disciplinas como: la astronomía, biología, física, finanzas, derecho y muy superficialmente en una pedagogía que expresa en su práctica docente, una resistencia a su reforma profunda de sus paradigmas. La riqueza de este campo y la diversidad de su aplicación, se prestan naturalmente como una visión de modelos de explicación compleja.

Por ejemplo, las personas cuando leen suelen desdoblar su conocimiento en una infinidad de maneras. Cada persona a partir de una palabra construye un grafo dirigido diferente entre sí. Si pudiéramos representar cada grafo, éstos parecerían ser caóticos entre si. Ahora se usan imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI) y los potenciales de evento-relacionados (ERPs) para visualizar el proceso cerebral de las palabras enmascaradas inadvertidas, mediante la técnica de ventana de respuesta.

La ventana de respuesta, es una técnica que describe y se usa para demostrar la activación inconsciente de significados en el cerebro. O sea, para visualizar el proceso cerebral de palabras enmascaradas inadvertidas. Mecanismos de enmascaramiento, son asociaciones conceptuales de palabras en la lectura, la activación de cada una de las palabras designadas puede ocurrir aproximadamente dentro de los primeros 100 mili segundos.[12]

 Una palabra visual se enciende por sólo unos instantes del resto de los mili segundos leíbles. Sin embargo, cuando la misma palabra se presenta en el cierre de la proximidad espacial y temporal con otros estímulos visuales, éste se pone indistinto o incluso invisible, un fenómeno perceptor llamado enmascaramiento. La evidencia conductual indica que las propiedades visuales, ortográficas y fonológicas de palabras enmascaradas, e incluso su significado, pueden extraerse bajo enmascaramientos condicionales que no salen conscientemente entre los pasos del procesamiento[13],[14],[15].  Esto sugiere que el enmascarado de las palabras puede activar parte de las redes cerebrales inconscientemente en el procesamiento de textos. Sin embargo, no se entiende por qué no se saca a la conciencia. Se demostró como palabras enmascaradas inadvertidas activan las regiones extraestriado, fusiforme y precentral, y causan una reducción significante en el tiempo de la contestación y en la actividad del cerebro a las palabras conscientes subsecuentes[16].

 

Dentro de las áreas asociadas con la lectura consciente, las palabras enmascaradas activaron el extraestriado izquierdo, fusiforme y área precentral. Además, las palabras enmascaradas redujeron la cantidad de activación evocada por una presentación consciente subsecuente de la misma palabra.

cerebroMRI 

Fig. 1. fMRI del cerebro lector16.

 

Es claro que el estudio científico de la lectura de palabras apenas comienza a darnos evidencia de que cada concepto asociado a una imagen simbólica de la palabra, en realidad pudieran ser ideas representadas por una variedad finita de ideas con representación no consciente de sus imágenes simbólicas. Enseguida hemos desarrollado un ejemplo de enmascaramiento, éste fue construido a través de una serie de observaciones en el proceso de lectura de documentos dentro de la Coordinación de Innovación Educativa, palabras con moda estadística presentes en la construcción de grafos semánticos, con estudiantes de 4 generaciones, entre el año 2002-2006. Cada imagen simbólica de la palabra es representada por una idea, formada por una serie de palabras simbólicas no conscientes, pero necesariamente conceptualizadas en nuestro cerebro, ver figura 2.

enmascarar

Fig. 2. Palabras del desenmascaramiento de los conceptos Experiencia y Biología.

 

Es a partir de este modelo de enmascaramiento de palabras, que proponemos un proceso de lectura basado en la comprensión de la palabra simbólica. Proceso que genera los siguientes productos intelectuales, tales como: tesauros, glosarios, fichas de trabajo y el ensayo científico entre otros mapas conceptuales formales. Teniendo como insumos para el proceso de lectura documentos formales: diccionarios, enciclopedias, libros, ensayos, revisiones, informes y otros materiales especializados del acervo documental internacional.

 

Proceso dual lectura –escritura.

Nivel cero: Precisa la pertinencia de los textos al objeto de estudio bajo palabras clave.

Nivel uno: Interpreta sobre qué producto intelectual se dispone a realizar una lectura y que rol social, científico y técnico juega.

Nivel dos: Explora la estructura  funcional de cada elemento que compone al producto intelectual.

Nivel tres: Analiza con un sentido de ubicación contextual las palabras de dificultad interpretativa.

Nivel cuatro: Interpreta los datos teóricos, empíricos y los sentidos intencionales de las frases centrales al objeto de estudio –los fundamentos argumentativos estructurales-.

Nivel quinto: Escribe en forma analítica en aproximación critica y narrativa la propuesta mental de la armazón conceptual, que tácitamente representará el conocimiento generado.

 

3.1. ¿Cómo conocemos?

Los viejos filósofos han discutido cómo se crea en el cerebro la mente. Descartes y Kant, pensaron que las verdaderas ideas son innatas, mientras Locke y Hume, afirman que el cerebro en el nacimiento es un programa en blanco. El médico inglés William Havery en este mismo sentido se opuso a la idea de que los órganos, por ejemplo, el cerebro, esté preformado antes del nacimiento. Sigmund Freud, que puede ser considerado un escritor determinista, propuso que muchas de nuestras ideas y psicología son basadas en subestructuras pequeñas –los genes-.[17] El genoma humano reinicia el debate sobre el concepto de preformación vs. instruccionismo medioambiental, entonces nace una tercera alternativa, es la idea de seleccionismo o darwinismo neuronal. La Teoría de la Selección del Grupo de Neuronas (TNGS) de Gerald Edelman, en ella se expone una teoría de corte evolucionista del desarrollo del cerebro hasta la conciencia. El cerebro se describe como un sistema emocional selectivo, en el que la selección opera a lo largo de la vida del individuo. Esta teoría propone que la habilidad de los organismos para categorizar un mundo no etiquetado y para comportarse en él de una manera adaptativa, no surge de la transferencia de instrucciones o de información, sino de procesos de selección bajo variación que operan en la formación del cerebro embrionario, en la formación de sinapsis y en la amplificación diferencial de la eficacia de las sinapsis. Junto con ésto, la teoría propone un mecanismo de reentradas de señales que es el que permite comunicar distintas funciones cerebrales y producir procesos superiores[18]. No obstante, parece creíble que un cuadro realista del cerebro humano requerirá este acercamiento divergente biológico–filosófico y psicológico-filosófico. Consideraremos por consiguiente consecutivamente estos dos aspectos de investigación en el cerebro humano.

 

3.2. ¿Con qué sistema conocemos?

Los seres humanos pertenecen a la especie biológica Homo Sapiens. La definición de las especies incluye la descripción de la anatomía característica del cuerpo, así como de la organización funcional del cerebro. También se trata de las facetas múltiples de un behaviorismo único a los seres humanos. El cerebro humano es así un objeto excelente de investigación científica y filosófica para abordar la cultura. Desde luego, la complejidad salta a la vista frente al cerebro humano, este aspecto es importante desarrollarlo más.

a universalidad dentro de la complejidad. Una fuente a menudo citada de problemas en el estudio del cerebro humano sobre la complejidad de su organización, es la referente al filósofo, matemático y biólogo René Thom, el cual, críticamente analizó la ambigüedad de la noción de complejidad aplicada a un objeto biológico. Según él, la palabra complejidad a menudo sirve como una excusa para la pereza intelectual frente de un sistema que nosotros no entendemos ni dominamos. Thom lleva más allá la discusión, distingue dos ideas distintas en el esfuerzo por evaluar la complejidad de un sistema. Una es esencialmente analítica: la idea es disociar el sistema en los componentes elementales, aquí la cultura y sus moléculas constitutivas, “las palabras”, que cuando canónicamente se recombinan, permitirá la reconstrucción del sistema de creencias a manera de redes semánticas. Entonces, la longitud de elementos conceptuales necesarios para tal reconstrucción, es una medida de la complejidad del objeto. Este acercamiento aplica igualmente a los componentes elementales del cerebro, como la célula nerviosa, su sinapsis y sobre todo a los mecanismos moleculares de comunicaciones intercelulares por neurotransmisores. En un terreno práctico, describir la complejidad del cerebro objetivamente en las condiciones científicamente aceptables parece fuera de nuestro alcance, si alguna vez es posible, con los métodos presentes disponibles y conceptos, debido al inmenso número de conexiones y su variabilidad de neurona a neurona y de individuo a individuo[19]. La visión alternativa discutida por Thom es acercarse a la complejidad del cerebro por una evaluación estrictamente funcional, holística y su dinámica. No es prudente permanecer sólo en un escenario físico y dejar ausente la imaginación –semiótica-.

La semiótica siempre ha tendido a ser una pregunta que introduce a la naturaleza de los signos de comunicación y de significados en el campo de la filosofía de un mundo racional, además a preguntas de significados relacionados. Tener significado del mundo es sólo una parte de él o una pura invención de la mente humana de lo que es el mundo. ¿Cómo la mente interpreta al mundo?, la idea ontológica de un mundo físico dado, tiene que preparar esta pregunta históricamente como un requisito cultural, requisitos de verdad previamente desarrollados a la largo de la actividad intelectual llamada ciencia. La paradoja intrigante ha sido que esta parte de “lo que allí se está”, permanece mientras resiste físicamente, todavía tiene que ser real y también tiene que ser imaginado. Lo real, evidentemente nosotros vivimos en un contexto de inteligibilidad narrativo y compartimos la mayoría de él, como el lenguaje que convincentemente nos muestra las cosas y sus estados presente y pasado, que son convenidas o discrepan en una socialización. Lo imaginario, también nosotros sabemos que las regularidades de este imaginar narrativo no nos impide soñar, imaginar o inventar las cosas, cuando creamos ideas que no necesariamente se comparten, es una actividad individual. Podríamos decir que el significado es formalmente real y substancialmente imaginario. Nosotros experimentamos eventos fenomenológicos que viven en complemento espiritual –metafísico- al mundo físico de interpretación mental.

 La alternativa metafísica es un contenedor intuitivo, sin embargo, eso deja fuera la posibilidad de duda y desacuerdo, solo permite la libertad espiritual. Lo mental puede tratarse de una adecuación de principios cruciales de interpretación del mundo. El concepto de interpretación es usado como parte de una metáfora. Su origen es un concepto general de traducción o mediación entre lenguajes del hombre. Mientras la luz es nuestro problema en sentido físico y metafísico, en la mente puede coexistir en lo que nosotros llamamos el mundo. Los dos lados se construyen semejantemente a un cierto respeto –las dos partes forman el lenguaje-. La metáfora no nos dice como ésto ocurre, sólo nos conduce a pensar en el problema de esta manera.

 La hipótesis naturalista del significado, nos dice que es una interpretación “DE” – contrario a la espiritualista que los explora como un significado “PARA”. Es adoptada por los filósofos René Thom y Jean Petitot y por la mayoría de los investigadores en la semántica cognitiva[20]. Ya hemos dicho que para Thom el dominio físico es visto como un espacio temporal y causal objetivamente dado, con procesos que han dado propiedades formales a nuestras mentes que escogen e interiorizan, además, ellos afectan nuestra interacción corporal significativamente, esta interiorización es discordante.

Hemos agrupado algunas teorías cognitivas para tener un panorama general al significado, la concepción del mundo: Combinación Conceptual (Turner y Fauconnier)[21],[22],[23],[24],[25]; Teoría Espacial Mental (Sweetser y Fauconnier)[26],[27],[28],[29]; Teoría de la Metáfora); Dominios Semánticos (Per Aage Brandt)[30], Teorías Dinámicas: Teoría de Catástrofe y Morfodinámica (Thom y Petitot)[31],[32] y las teorías clásicas tales como las de Hjelmslev[33],[34],[35] , Peirce[36] y Greimas[37].

 

3.3. El significar a la luz de la cultura

 ¡El significado tiene una cierta señal característica!, afirmaciones como ésta implicaría probar y comprobar la noción de significar. Generalmente, tendemos a pensar el término como algo que “sobreviene” en la conciencia, en un sentido epistémico una “salida”, considerando como entrada el transporte del flujo ideográfico de un mundo externo. La misma representación del significar es compleja. Pero partamos de una idea eje, aportada de la idea de René Thom, significar: componente en la capacidad cognitiva humana que gobierna a la aptitud y la acción. Este campo introduce énfasis en significar y la ejecución de significar entre el espacio de disociar ideas, como una forma de determinar la longitud del significar. Podemos abordar entonces otro concepto, la “percepción”, que bajo un pensamiento objetivo sería la discontinuidad morfogenética de una pregnante interactividad mundana.

 Para orientar más nuestro trabajo diremos que intentaremos a partir de un concepto de “significar” que tiene su base en una realidad compleja, no caer en un cierto tipo de filosofía que evita tender a escudriñar el como significamos y damos vida a la cultura, es decir alejarse más allá de un “nomen”.

 Referirse a “significar”, lo usaremos a partir de ahora como una palabra con un sentido amplio dado por la semiosis. Un proceso que se desarrolla en la mente del intérprete provocado por sutiles oscilaciones entre el flujo de información sensorial y la experiencia estructurada –teoría–. Es decir semiosis, un proceso biológico activo siempre.

 Además, la semiosis obedece a la ley emerger. Es una idea de ver una meta científica, como decir que podemos deducir fenómenos más altos u ocurrencias observadas de la suma de simples partes a nivel de un “distraído”. Emerger no es sin embargo el holismo  -filosofía que propugna la concepción de cada significado de la realidad como un todo distinto de la suma de las partes que la componen-. En cambio la teoría emergentista intenta considerar la ausencia de algoritmos deterministas en los sistemas no lineales complejos. Esta teoría es una posible teoría del imposible. Esto puede parafrasearse en una pregunta: ¿Puede la estabilidad semántica considerarse como un equilibrio temporal puntual y dependiente del enfoque crítico de la información organizada por algoritmos probabilísticos?, esta pregunta da origen a un modelo, Auto Organización Crítica (SOC) - modelo introducido por Per Bak- causada por fluctuaciones en entradas de un sistema dinámico (ver How Nature Works: The Science of Self-Organised Criticality en URL: http://jasss.soc.surrey.ac.uk/4/4/reviews/bak.html ). Sin duda la complejidad está por todas partes, la naturaleza SOC aplica a estudios de terremotos, corrosión, geofísica, termodinámica, topología, probabilidad-estadística, ciencia cognitiva, neurología, inteligencia artificial, economía y sobre todo la cultura.

 

3.4. Densidad de la cartografía lingüística: espectros de aprendizaje

 Sin duda cuando el lenguaje primitivo nace, la conciencia que este acarrea como dualidad, hace madurar una compleja sinapsis, que más tarde crea la vida social estructurada más allá de las sociedades por instinto. Es decir, se funda la sociedad del conocimiento, se crea la cultura y se hace civilización. La longitud de la densidad de significados estructurados de manera coherente –lenguaje-, determinará las posibilidades, en un primer plano, sobrevivir y después un significar complejo de elaboración de la realidad para un mundo mejor,  ultra social y un yo ciudadano más abstracto. Pero el hombre de principios de los tiempos civilizatorios, sujeta su realidad al hacer, al poseer material y poder político,  poco hace por adentrarse en el significar y la auto reflexión sobre su densidad de lenguaje complejo que permite evolucionar su cultura y disfrutar de las mejores expresiones de la cultura. Estrictamente pensamos que la acción y la imaginación, son dualidades de la cultura, que pueden ser modeladas por espectros de origen matemático en el aprendizaje. Espectros que contemplen la mecánica del significar para un periodo de tiempo, cuya expresión nosotros proponemos a manera de hipótesis:

(1)                                                 

donde, C representa la densidad neta de los conceptos complejos a la luz del lenguaje formal experto; N es la densidad del lenguaje del aprendiz en condiciones iniciales y Z representa el emerger de significados fuera de N.

Cuando la diferencia matemática se aproxima a cero, se estima un aprendizaje máximo. Puede llegar a ser la expresión negativa, debido a la innovación cultural. Esto último significaría que este individuo ha creado cultura. Como condición para el desarrollo de la cultura, hemos expuesto el grado de la complejidad de lenguaje como un prerrequisito para recrear la cultura, dado que la idea estática del significar, es asociada con el estancamiento en el desarrollo de la cultura.  Los productos de la cultura  son por tanto expuestos a la distancia compleja conceptual. Esto es una especie de distancia Hamming análoga a las palabras código de un lenguaje, o a veces conocida como el radio  de una esfera de n dimensión módulo 2 de la mecánica de códigos dentro de la conocida teoría de la información.

 Hacer una propuesta educativa en este terreno, implicará estudiar modelos dentro de teorías cognitivas con bases biológicas, para tratar con ello de explicar la dinámica cultural de una determinada sociedad, a la luz de la densidad de información operable por esta cultura.

 

3.5.  Complejidad conceptual booleana

Nosotros no vemos el mundo como un flujo continuo, sino en términos discretos, etiquetando categorías, tales como pato, pelo y rojo. Estas categorías no son medios arbitrarios –un seudo-. Las categorías consisten en una variedad arbitraria de objetos, los objetos no están ordenados por la letra que empiezan, por ejemplo “F”, no sólo sería difícil de aprender, aseguramos sería sumamente difícil comprender, recordar e interpretar en las nuevas situaciones que se aprenden. ¿Pero qué hace que unas categorías sean mejores que otras?, ¿por qué nosotros nos disponemos a dividir el mundo en colores y no en “F-palabras?”. Jacob Feldman[38] da un importante paso para contestar esta pregunta. El sugiere que hay una medida formal de complejidad que determina como es una categoría natural y que tan difícil es aprender un concepto en cada una de ellas. Feldman está específicamente interesado en lo importante, aunque limitado a “clases de conceptos”, es decir, categorías que pueden definirse por lo que se refiere a las funciones lógicas “y”, “o” y “negación”.

El experimento de Feldman, presenta con imágenes diferentes rasgos binarios, se definieron los rasgos booleanos a,b,c para poder definir el concepto booleano. Este concepto implica a los elementos que tienen la propiedad a y b (a and b)  que no tiene c (Not c), este concepto puede expresarse infinitamente, por ejemplo  Not [ c and (Not a) or (Not b)]. Feldman sugiere intuitivamente la idea de que conceptos booleanos son los más fáciles de aprender. ¿Cómo puede medirse la complejidad?. Primero se define la complejidad de una fórmula lógica como el número de términos no lógicos, como lo haríamos para esta formula: (a and b) or (a and (Not b), tendría una complejidad booleana de 4. En un segundo paso, nosotros podemos definir la complejidad de un concepto booleano, como la complejidad mínima de cualquier fórmula lógica que expresa un concepto. El concepto booleano asociado a la fórmula por si sólo es de complejidad 1. Feldman presenta datos asombrosos que revelan que a mayor complejidad booleana del concepto, es más duro aprenderlos. Así que parece que la complejidad booleana proporciona una medida de la naturaleza compleja de un concepto. Analizando nuestro problema en la educación superior, este concepto nos muestra evidencia sobre lo obsoleto que resulta la enseñanza áulica de meros glosarios. Los modelos centrados en los procesos de aprendizaje retoman una mayor importancia dado que éstos abordan con naturalidad el énfasis de la complejidad de los textos. Tal proceso puede definirse en términos de grados de complejidad sobre el curriculum. Podría decirse, que cuando las palabras que usa un estudiante para referirse a algo, están huecas, su complejidad es 1. Feldman  ha establecido un resultado importante en el dominio restringido de conceptos booleanos. Es lejano generalizar este resultado para aprender de otros tipos de conceptos o aprender a través de tablas de conceptos booleanos[39]. Algunas consideraciones nos hacen pensar con cautela. Primero, los conceptos booleanos son muy raros en los lenguajes naturales. Nosotros simplemente no podemos definir y decir un rostro a otros con una combinación booleana de boca, nariz, u otros rasgos a pesar de los enormes esfuerzos para proporcionar tales definiciones en el análisis filosófico y en la inteligencia artificial. Una segunda consideración, los conceptos del mundo real aprendidos de contenidos específicos pueden de manera innata organizarse por mecanismos  de necesidades culturales. Por ejemplo, Rocky el perro -animal que vive en mi casa-. Más persuasivos resultan los conceptos booleanos, sin embargo, son señales de resultados que pueden formar parte de una teoría más general de cognición. Feldman apunta que la complejidad booleana es una relación estrecha de la idea más general de Kolmogorov (o K)  sobre complejidad. La complejidad k de un objeto es el programa de computadora más corto que puede generarlo. Así que “vida”, “muerte”, “justicia”, “amor”, “verdad”, ... pueden tener una complejidad infinita, por que no existe ningún programa que pueda generarlo, por otro lado, una secuencia de ceros de un millón, tiene complejidad baja porque puede producirse por un programa de computadora muy corto.

Si el lenguaje de programación es lógica elemental surgida del hombre y asumimos que los objetos a codificar son conceptos booleanos y su longitud del código es determinada por términos no lógicos, entonces la complejidad k se aproxima a la complejidad booleana. Pero la complejidad k es una noción más general que no aplica sólo a conceptos booleanos, también lo hace a las representaciones de cualquier clase: lógica, lingüística, probabilística o gráfica. Como una teoría completamente abstracta, la complejidad k ha llevado a los métodos de inferencia inductiva  basados en la investigación de interpretaciones más simples de los datos; actualmente se justifica teóricamente muy bien y es eficaz en el aprendizaje estadístico de máquinas.

 Los hallazgos de Feldman pueden ser un caso especial de un principio general, que favorece las interpretaciones simples del mundo de los humanos ó interpretaciones que involucran complejidad k bajas. Este punto de vista se ha defendido ampliamente en la psicología de la percepción[40]. En la adquisición del lenguaje, se ha propuesto que los niños buscan modelos o regularidades que compriman sus entradas lingüísticas. Y en fisiología se ha defendido que encontraron mediante imágenes de resonancia electromagnética funcional códigos cortos para entradas sensoriales que puede ser una meta del cerebro. El trabajo de Feldman no sólo se relaciona con la categorización de la complejidad, sino también atiende a los principios fundamentales del aprendizaje humano.

 

4. Conclusión parcial

 El reencuentro con los mapas conceptúales formales, es resultado de la complejidad creciente del lenguaje especializado, requerido en la cultura contemporánea de la innovación. El texto vuelve a su configuración formal, y no es desmantelado de su carga compleja conceptual, que sin ésta, sólo representa un grafo puro, es decir, sólo un hilacho de idea, sin expresión de conocimiento alguno. Los mapas conceptuales como formaciones de cartografías lingüísticas caóticas son entonces el artículo científico, la revisión, el ensayo, la tesis, la síntesis, el glosario, el poema, la prosa y toda expresión formal que la comunidad del conocimiento considera como valida para presentar la creatividad humana.



Apéndice A.

Terminología  especializada para el manejo de información  y documentación.

 La siguiente relación de términos fue tomada de la Information and documentation- vocabulario. ISO 5127:2001.

 

Concepto.- es la unidad de conocimiento, formado por una única combinación de caracteres y pertenece en significado a su dimensión textual.

Objeto.- entidad en percepción  o concebible.

Relación.- conexión intelectual entre dos o más conceptos.

Argumento.- sistema de relaciones lógicas coherentes entre conceptos y objetos.

Lenguaje.- sistema de signos para la comunicación y representación.

Texto.- en forma de caracteres posiciónales, símbolos, palabras, frases, parágrafos, sentencias, tablas y otros arreglos, la base esencial de interpretación de la lectura del conocimiento.

Designato.- representación de un concepto por un signo, que denota.

Término.- designato lingüístico de un concepto general en un campo específico del objeto. (Idea precisa en un lenguaje especializado).

Transliteración.- representación de los caracteres de un sistema de escritura alfabética o silábica, en términos de correspondencia con un segundo sistema de escritura.

Translación.- conversión de un lenguaje a otro.

Notación.- conjunto de símbolos que representan números, cantidades, partes, duraciones, ….

Comunicación.- transferencia de mensajes por medio de transmisiones de señales.

Mensaje ó significación.- interpolación de un concepto asociado con un signo.

Información.- conocimiento que es comunicado, concerniente a conceptos, objetos, eventos, ideas, procesos, etc.

Conocimiento.- cognizante que se basa sobre la razón y fases de verificación pública.

Dato.- representación de la información.

Formato.- arreglo predeterminado para exponer el conocimiento.

Texto completo.- bases de datos que contienen los documentos originales con todas sus partes.

Documentación.- compilación continua y sistémica de un proceso de acopio de información con propósito específico, clasificación y procesos de escritura en un documento.

Documento.- acopio informacional u objeto material.

Manejo de información.- planeación, control y exploración intelectual de la información.

Bibliometría.- métodos matemáticos aplicados al uso de documentos y su comportamiento público.

Minuta.- registro oficial de lo que se dijo y se hizo en una reunión.

Procedimientos.- documento de operaciones, textos que contienen el cómo, con quién, dónde y cuánto.

Periódico.- documento cronológico, con contenido impersonal de ocurrencias, transacciones o procedimientos en una organización o cuerpo colegiado.

Memorando.- documento de información usado para la comunicación interior de la organización y pensado para interior de un recordatorio.

Carta.- documento dirigido a individuos nombrados o instituciones.

Trabajo de referencia.- documento que proporciona acceso rápido a una específica información en un asunto dado.

Vocabulario.- diccionario que contiene designatos y definiciones de uno o más campos específicos.

Glosario.- Lista de términos técnicos o abstractos de palabras contenidas en un texto que exige su precisión en el contexto.

Guía.- documento que tiene información introductoria muy comprensiva para un usuario novato que llevará a cabo un funcionamiento.

Manual.- documento guía de referencia como conocimiento básico en asuntos específicos.

Tabla de contenido.- documento que lista los títulos y subtítulos de las partes  de un documento en el orden en el que ellos aparecen y normalmente dan página o columna donde ellos comienzan.

Prefacio o prólogo.- declaración al principio de un documento que generalmente da la historia y los objetivos del trabajo.

Introducción.- texto preliminar de un documento, que como uso general da información en su fondo, volumen o estructura de un trabajo.

Nota.- indicación al fondo de una página o al final de un documento para clarificar o completar la información, indicada por un índice o símbolo de señalización.

Apéndice.- material que complementa el texto principal, colocado al final del documento.

Errata.- documento que señala la parte y las listas de errores de un texto ya publicado y sus correcciones.

Manuscrito.- documento escrito o copiado a mano.

Artículo.- texto independiente que forma parte de una publicación periódica.

Autentificación.- operación de verificación documental del fondo.

Tesauro.- vocabulario controlado que incluye términos equivalentes, relaciones y reglas de aplicación.

Cita.- referencia de un documento en otro documento.

Índice de citas.- índice de ligas de documentos por medio de citas que estos documentos marcan, generalmente están al final de capítulos o del documento.

Búsqueda booleana.- búsqueda documental usando operadores lógicos.

Estrategia de búsqueda.- proceso de búsqueda sobre un rango de opciones de palabras clave: términos, conceptos, signos, fechas, autores, …

Ruido.- artículo no-pertinente o documento recuperado como respuesta a una pregunta que no tiene pertinencia.

Silencio.- ausencia de documentos pertinentes, que fundamentan la respuesta a una pregunta.

Redundancia.- acierto de menor referencia ya conocido por el usuario de la información.

Relevancia.- acierto exitoso que da calidad a un documento respecto de lo que la interrogación demanda o perfila.

Pertinencia.- acierto exitoso que da calidad a un documento respecto de las necesidades del usuario de la información.

Revocación.- acierto pertinente que descarta con sus fundamentos a otras posturas documentales.

Precisión.- relación de relevancia en relación con posibles resultados.

Generalidad.- relación no relevante para el documento.

Factor suerte.- recuperación sistémica que recoge inesperados éxitos de búsqueda documental.

Uso de información.- utilización de infraestructura de servicios o medios para manipular información y documentos organizados.

Accesibilidad.- disponibilidad de acceso a documentos para su consulta.

Analfabetismo informacional.- conocimiento del potencial de habilidades relacionadas con el manejo de documentos y fuentes especializadas.

Población objetivo.- potencial actual de usuarios de información ofertada por documentación organizada y específica.

 


Apéndice B

Datos  sobre lectura y lenguaje especializado.

Hoy en día, el conocimiento crece exponencialmente, duplicándose cada 4 años y este nuevo conocimiento de frontera científico y tecnológico  es comunicado en  idioma Inglés, así lo reflejó una prueba empírica realizada en el software  EndNote en Mayo del 2002, la cual indicó que el 99.8% se encuentra en el idioma inglés, el .04% en español. En éste mismo contexto,  se exige  además productividad e innovación como criterio de calidad  profesional, el rol de la lectura en un idioma no materno, no implica la perdida de soberanía, sino la oportunidad de competir profesionalmente con conocimientos de frontera, que entre otros nichos de oportunidad nos ofrece una visión futura de los riesgos y oportunidades profesionales a la luz de la revolución científica y tecnológica.  México no es precisamente un pueblo formado por su sistema educativo para ser lector[1,2,3,4], lo invitamos a formar parte de este programa.

1.- Prometen revertir mala educación en 2003

Luego de los malos resultados dados a conocer por la OCDE, Reyes Tamez dijo que es preocupante que el 16 por ciento de los que realizaron la prueba no alcanzó el nivel más bajo de aprovechamiento de lectura

2.- Truena OCDE a México en educación

París, Francia (4 diciembre 2001).- México se ubicó en el penúltimo lugar en un estudio sobre conocimientos escolares que aplicó la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) a 32 países.

3.- Reprueba México calidad educativa

Revela evaluación internacional de 1995 pésimos resultados en ciencias y matemáticas

4.- Indicadores educativos de la OCDE 2001

 


Referencias

 

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Documento de reflexión para los trabajos de reforma curricular de la educación superior de la UMSNH.

Coordinador de la obra: Eduardo Ochoa Hdez.

Institución Autor:

Coordinación de Innovación Educativa-Q.F.B./UMSNH

Primera ver. 1.0  19 de junio de 2006

Segunda ver. 2.0 19 de marzo de 2007

Este es un trabajo de autoría publicado sobre Internet por la CIE, protegido por las leyes de derechos de propiedad de los Estados Unidos Mexicanos. No puede ser reproducido, copiado, publicado, prestado a otras  personas o entidades sin el permiso explícito  por escrito de la Coordinación de Innovación Educativa o por los Autores.

19 de marzo de 2007

Morelia, Michoacán. México.

Registro: MAPACIE002-2007

Publicado en URL: http://dieumsnh.qfb.umich.mx/

eohqfb@yahoo.com.mx  

 

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