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Pedro Bosch-Gimpera. La Arqueología Española en el
Exilio Mexicano. José Manuel Quesada López Facultad de Geografía e Historia Universidad Nacional de Educación
a Distancia. Mucho son los que consideran a
Pedro Bosch-Gimpera como el prehistoriador español más universal por la
dimensión de su obra científica y por su protagonismo en instituciones
culturales punteras tanto nacionales como internacionales. Pero esa
universalidad es también producto de una compleja dimensión humana y de una
personalidad polifacética sin igual: prehistoriador que introdujo una nueva
faceta científica en nuestro país; gestor cultural de prestigio internacional,
preocupado por los distintos ámbitos de las humanidades; historiador enraizado
en la preocupación por la renovación intelectual de España; reformador clave
de la universidad catalana desde su puesto de rector de la Universidad Autónoma
de Barcelona; colaborador de la Generalitat a través de su cargo de Conseller
de Justicia... Buena parte de esta ca,rrera se
desarrolló durante un exilio que a la sazón representó hasta treinta y cinco
años de su larga vida. Durante tan largo transcurso de tiempo su marco de
actividades principal se orientó hacia la producción científica, salvando los
cuatro años de su estancia como director de la Sección de Humanidades en la
UNESCO. Pero su reconocido prestigio internacional facilitaría su
intervencionismo académico a través de distintos nombramie9tos en
organizaciones internacionales congresuales, una de sus líneas preferidas de
trabajo durante su etapa española. Este internacionalismo se aprecia también
en su producción científica, en su preocupación por los trabajos de síntesis
prehistórica de los más diversos continentes: europeo, asiático y americano.
Un compromiso internacional que combinaba perfectamente el recuerdo permanente
de sus hondas raíces catalanas y la concepción plurinacional de España bajo
los principios éticos del respeto a la diversidad. RECUERDOS DE CATALUÑA. BREVES PINCELADAS BIOGRAFICAS. La biografía de Pedro
Bosch-Gimpera durante los treinta y cinco años de su carrera profesional en
tierras españolas ha sido redactada en varias ocasiones, a partir de los
recuerdos relatados por el mismo maestro catalán en sus propias memorias.1
Nació un 22 de marzo de 1891 en una casa localizada en el centro de la pujante
ciudad de Barcelona. Estudió las carreras de Letras y Derecho en la Universidad
de Barcelona: se especializó en Filologia Clásica con la pretensión de llegar
a ser profesor de griego y así fue como, más tarde, se doctoró en Letras con
la traducción y estudio de Los poemas de Baiquílides de Ceos. Tras la
licenciatura se trasladó a Alemania para cursar estudios postdoctorales y allí
permaneció dos años (1911-1913) con una de las becas concedidas por la Junta
de Ampliación de Estudios,2
a la sazón institución clave en la promoción científica española del primer
tercio del siglo pasado. En las tierras germanas estudió primero Filologia
griega, pero los consejos del maestro WilamowitzMoellendorf sobre las
expectativas de los estudios arqueológicos acabaron por atraer su interés
hacia la Prehistoria e Historia Antigua. La estancia alemana resultaría corta
pero trascendental para su extensa historia profesional pues allí se implicó
con los principios de la kultur kreise, cuya influencia aparece tímidamente en
su Tesis Doctoral de Historia, El problema de la cerámica ibérica,
galardonada con el premio de la Academie d 'Inscriptions de París. El regreso del joven investigador
a su tierra coincidió con un momento trascendental en la Historia catalana,
pues por entonces comenzaban a cristalizar algunas de las iniciativas más
relevantes del proyecto noucentista, a través de instituciones como la
Mancomunidad Catalana o el Instituto de Estudios Catalanes. Las primeras
iniciativas del ilusionado prehistoriador se plasmaron precisamente en uno de
esos organismos: el recién creado Servicio de Investigaciones Arqueológicas
del citado instituto. En el seno del Servicio comenzaron sus primeras
excavaciones arqueológicas: poblados ibéricos del Bajo Aragón en 1914;
diversos dólmenes de la región del Solsonés y poblado ibérico de San Antonio
de Calaceiteen 1915; necrópolis céltica de Can Missert y cuevas de Cau de les
Goges y Joan d'Os en 1916. Durante esa misma década
comenzaría a despejarse su futuro universitario: en 1916 consiguió la cátedra
de Historia Universal Antigua y Media de la Universidad de Barcelona, y sólo
dos años después organizó el Seminario de Prehistoria siguiendo el modelo
desarrollado en las universidades alemanas. Este seminario se convirtió en el
centro de investigación conjunto de sus discípulos: Luis Pericot, Antonio del
Castillo, Juan Maluquer de Montes, Jorge Martinez Santa Olalla y José de
Calasanz Serra-Rafols, entre otros. Todos ellos trabajaron junto al maestro en
varios ámbitos de trabajo con el propósito ambicioso de sistematizar la
Prehistoria peninsular. En este marco se desarrollaron los estudios sobre la
cultura pirenaica de Pericot, diversos trabajos sobre el vaso campaniforme de
Del Castillo y las investigaciones sobre el neolitico francés de Serra-Rafols.
Nos hallamos en los comienzos de la famosa Escuela Catalana de Arqueología. La
trascendencia de su figura en la arqueología catalana se acrecentó tras su
nombramiento como director de la Sección Arqueológica del Museo de Barcelona,
entre 1916 y 1931, así como con su ingreso en la Academia de Bellas Letras
(cuyo discurso leyó en 1922). Por aquellas mismas fechas
comenzaron a tomar cuerpo las iniciativas de Bosch-Gimpera en las tareas de
gestión universitaria. Los mismos discípulos del seminario participaron en el
Congreso Universitario Catalán de 1919, que marcó el principio del movimiento
de reforma universitaria en Cataluña. El profesor español participó en la
Junta Permanente del Congreso Universitario Catalán (que fue presidida por
Augusto Pi Suñer) y redactó junto a Carreras Artau y Fonstseré un
anteproyecto de estatuto de autonomía para la Universidad. Dicho proyecto sería
uno de los antecedentes claves del estatuto que regiría la Universidad Autónoma
de Barcelona bajo la II República. Los proyectos arqueológicos se
sucedieron con rapidez en yacimientos muy dispares: pinturas rupestres levan
tinas de Tivissa- Vandellós y La Valltorta, necrópolis ibérica de Oliva,
cultura talayótica y romana de Mallorca, ruinas romanas de Tarragona... En 1922
colaboró con el famoso arqueólogo alemán Adolf Schulten en.la publicación de
la serie Pontes Hispaniae Antiquae y por esa misma época participó en la edición
de los fascículos del Corpus Vasorum Antiquorum, con la colaboración de la Unión
Académica Internacional. Estas dos iniciativas confirmaron el prestigio de su
figura en los círculos internacionales, que se acrecentó aún más si cabe con
la impartición de cursos y conferencias en el extranjero, así como con su
asistencia a numerosos congresos de todo tipo. Los primeros años de la década
de los treinta fueron trascendentales en la carrera profesional del todavía por
entonces joven profesor. La antigua cátedra de Historia Antigua y Medieval se
convirtió en cátedra de Prehistoria e Historia Antigua en 1930, lo que
representaba el reconocimiento académico de sus estudios. En su seno se creó
además el Seminario de Prehistoria, que funcionaría como núcleo de
investigación delos disípulos que formaban la Escuela Catalana de
Arqueología. No mucho después conseguía llevar a la práctica otra de sus
propuestas: la creación del Museo de Arqueología de Barcelona,3
si bien su auténtica puesta en marcha tardaría otros tres años más
(coincidiendo con el traslado del Seminario de Prehistoria a sus locales). Pero
sin duda el principal acontecimiento en la vida del profesor durante estos años
fue su nombramiento como Decano de la Facultad de Filosofía y Letras en 1931.
Este mismo año se ocuparía de la dirección del Museo Arqueológico de
Barcelona, cargo que ocuparía hasta el mismo exilio. Durante los años de
decanato comenzó a desarrollar las excavaciones en la ciudad griega de
Ampurias, así como el castillo romano y la basílica romano-cristiana de San
Cugat del Vallés. Su posición en el decanato de la
Facultad de Filosofía y Letras se prolongó durante poco más de dos años,
justamente hasta 1933, cuando fue designado Rector de la Universidad Autónoma
de Barcelona (sustituyendo a Serra Hunter, que ocupó el cargo muy pocos meses).
Su principal preocupación durante los siguientes años fue el desarrollo de la
reforma universitaria,4
pero desde su puesto privilegiado como vicepresidente del Consejo de Segunda
Enseñanza -entonces presidido por Joaquim Xirau- participó además en la
creación de numerosos centros de enseñanza secundaria, en tanto que desde la
presidencia del Consejo de Primera Enseñanza pudo coordinar el traspaso de
competencias en esta materia desde el gobierno central a la Generalitat.
BoschGimpera ocuparía el cargo de Rector de la Universidad Autónoma de
Barcelona hasta su exilio, con el interregno del curso 1934-1935, cuando fue
encarcelado junto a otros miembros del Patronato de la Universidad a causa de
los sucesos de octubre de 1934. Finalmente, en 1937 fue nombrado conseller de
Justicia del Gobierno Autónomo Catalán en calidad de representante de su
partido (Acción Republicana de Cataluña). Bosch-Gimpera desarrolló desde ese
cargo diversas actividades: mantener el culto religioso, rescatándolo de la
clandestinidad, normalizar la administración de justicia o promover la
conservación del patrimonio artístico.5 MEMORIAS DE UN CATALÁN EN MÉXICO:
LA SEMBLANZA BIOGRÁFICA DEL
EXILIO. La etapa premexicana (1939-1941):
lecturas celtas en oxford. Aquellos vertiginosos días de
salida masiva de españoles hacia la frontera francesa fueron particularmente
sentidos por el entonces conseller de Justicia. Desde aquella privilegiada
posición, participó con decisión durante los días de enero en los intensos
preparativos para la evacuación de intelectuales catalanes y funcionarios de la
Generalitat. La llegada inminente de las tropas franquistas originó una
evacuación total. en la primera semana del mes de febrero: nuestro profesor
abandonó Barcelona el día 5 de febrero en dirección hacia la frontera
francesa, como parte del grupo que formaban el presidente Luis Companys y otras
autoridades catalanas de renombre. Una escolta de mossos d'esquadra acompañó
al grupo hasta Vas soIs, desde donde se trasladaron a Perpiñán. Bosch-Gimpera
tenía entonces cuarenta y ocho años. Jamás volvería a pisar suelo español:
"Hasta el último instante estuvo en territorio catalán, como si
presintiera que aquel ausentarse de la tierra natal no tendría regreso".6 Desde aquellos primeros días en
territorio francés, la suerte del maestro catalán provocó preocupaciones
entre muchos colegas ingleses y franceses. Apenas unos días después de su
llegada a Francia, recibió la invitación del profesor Munro (presidente del
Lincoln College) para acudir a Inglaterra, con propósito de hallar una solución
a su situación. El profesor español se instaló como huésped en Oxford y tuvo
ocasión de conversar con John Myres, presidente del Royal Anthropological
Institute e inmejorable amigo desde su estrecha colaboración en la organización
de los primeros congresos de Ciencias Prehistóricas y Protohistóricas. El
profesor inglés propuso su traslado a Oxford para ocupar plaza de profesor huésped
durante el próximo semestre de verano. Bosch-Gimpera regresó entonces a
Francia para organizar el traslado familiar hasta su nuevo destino y, ya allí,
recibió una oferta universitaria aún más suculenta del profesor Vallois: se
trataba de ocupar la cátedra de Prehistoria en la Universidad de Toulouse,
aquella plaza insigne que ocupara el célebre prehistoriador francés Émile
Cartailhac y honrara después Henti Bégouen. Él mismo Bosch-Gimpera reconoce
en sus memorias que la oferta resultaba muy tentadora, pero que acabó desestimándola
tan sólo por mantener el compromiso previamente acordado con sus colegas
ingleses. La permanencia en Inglaterra se
prolongó durante dieciocho meses, desde febrero de 1939 hasta agosto de 1940.
La estancia resultó corta por la brusca irrupción de la contienda mundial,
pero fue trascendental para las futuras investigaciones de Bosch-Gimpera en
tierras americanas y plena de emociones por la posibilidad de poder consultar
los libros de la Ashmolean Museum (una de sus más gratas experiencias, según
confirma el profesor catalán en sus propias memorias). La actividad pública
resultó intensa porque colaboró con diversas instituciones: así impartió
clases de Prehistoria de la Península Ibérica en la S ociety of Science de
Oxlord y diversas conferencias de arqueología céltica en la Sir Jonh Rhys
Memorial Lecture on Celtic Archaeology de Edimburgo (invitado por la British
Academy), donde tres años antes ya había participado con un tema similar
titulado "The Prehistoric Archaeology of the Iberic Peninsula". Además
fue invitado a participar en otros muchos foros, como la Sodety of Antiquaries
of London (por el célebre prehistoriador Gordon Childe), el congreso anual de
la Bristish Asodation for the Advancement of Science (Dundee, Escocia) y la
reunión anual de la British Spelaeological Association (Swansea, Gales). No
debemos olvidar que el profesor español era miembro honorario tanto del Royal
Anthropological Institute como de la Society of Antiquaries de Londres desde
1933. Durante estos primeros meses
nuestro profesor asumió diversas iniciativas políticas ante las autoridades
inglesas con el propósito de asentar la presencia institucional de la
Generalitat en el país. Su posición moderó el radicalismo de Batista Roca,
destacando el proyecto de creación de una residencia para intelectuales y
escritores según el modelo desarrollado por la oficina de la Generalitat en
Francia. Sin embargo, la organización institucional catalana sólo adquirió
personalidad propia meses después, con la llegada de Augusto Pi Suñer -como
representante oficial de la Generalitat- y con la creación del Consejo Nacional
de Cataluña en Londres. Bosch-Gimpera aceptaría entonces la propuesta de aquél
para colaborar como miembro de este Consejo Nacional, que en un principio procuró
la coordinación de los esfuerzos políticos del exilio catalán y que acabaría
asumiendo de jacto las funciones del gobierno catalán tras la plena suspensión
de las actividades de la Generalitat en Francia a causa de la ocupación
alemana. Paralelamente, Bosch-Gimpera mantuvo su cargo de vicepresidente de la mítica
Revista de Catalunya, máximo símbolo cultural catalán durante los primeros años
de exilio, editada en París hasta la ocupación alemana (se volvería a
'reeditar años después en México). No debemos olvidar que las revistas se
convirtieron durante la Postguerra en un símbolo emblemático de la
catalanidad.7
El comienzo de la Segunda Guerra Mundial incrementó el escepticismo de
Bosch-Gimpera hacia una próxima restauración republicana en España y acentuó
su preocupación ante su propia salida profesional.8
La crítica situación provocada
por el estallido del conflicto fue un motivo más que suficiente para
replantearse la situación profesional. Bosch-Gimpera decidió aceptar la
invitación del profesor Cook para ingresar como docente en el Instituto de
Historia del Arte de Nueva York. Pero la correspondencia con el profesor
norteamericano se interrumpió sin aparente justificación y nuestro maestro
decidió entonces viajar a Colombia, previa escala en Panamá. El presidente
colombiano Gustavo Santos había abierto las puertas de su país a los
expatriados, pero Bogotá sólo figuraba para el profesor como una solución
eventual hasta una propuesta más atractiva. En aquellas tierras conoció la
suspensión de la oferta estadounidense por un inoportuno accidente de su
contacto en Nueva York. De ese modo, tras impartir una serie de conferencias en
Bogotá decidió trasladarse hasta Ciudad de México, aprovechando la acogida
generosa que el gobierno mexicano de Lázaro Cárdenas ofrecía por entonces a
los intelectuales republicanos. La primera etapa americana
(1941-1949): periplos centroamericanos. La llegada del profesor catalán
a México abrió nuevas esperanzas para la recuperación de sus proyectos
personales y marcó el inicio de la segunda etapa de su largo exilio que, tras
los duros años anteriores, representó la recuperación de la paz necesaria
para reflexionar en torno a sus obras principales e iniciar otras nuevas.9
La primera llegada a la Ciudad de México se produjo en 1941, cuando apenas
contaba cincuenta años. En un primer momento se instaló en el Colegio de México,
como la mayoría de los intelectuales y profesores españoles que se trasladaron
al país, con la solícita ayuda del director Alfonso Reyes. Durante estos
primeros días recibiría también la colaboración inestimable de Pablo Martínez
del Río, autor de la primera obra publicada en México en español sobre el
poblamiento de América. En el Colegio de México nuestro profesor impartió
clases sobre Historia de España. La experiencia académica de
Bosch-Gimpera no podía ser ignorada en un país que tan sólo un año antes había
creado la Escuela Nacional de Antropología, tras una estrecha colaboración
entre la Facultad de Filosofía y Letras, la Facultad de Biológicas y el
Instituto Nacional de Antropología e Historia. En este ontexto, nuestro
profesor halló la oportunidad para su reintegración en los círculos
universitarios apenas un año después de su llegada. De este modo,
Bosch-Gimpera abandonó sus clases en el Colegio de México para ocupar una
plaza universitaria e impartir la asignatura de Prehistoria General. Muy poco
después se encargó de organizar un seminario para la preparación de tesis en
la Facultad de Filosofía y Letras. La integración de nuestro profesor en los
circulo s académicos universitarios mexicanos demuestra la facilidad de
adaptación de esos "emigrados de lujo" que disfrutaron de una
inmejorable acogida10,
que en el caso del prehistoriador catalán le permitió adquirir la nacionalidad
mexicana tan sólo un año después de su reincorporación universitaria.11 La actividad de Bosch-Gimpera
durante los ocho años siguientes sería agotadora. Así, impartió cursos ya no
sólo en la universidad mexicana sino también en centros similares de los países
colindantes. Procedió a una revisión definitiva de sus principales obras,
publicadas en la década de los treinta, y participó en distintas iniciativas
políticas destinadas a la colaboración de los exiliados catalanes y
republicanos en general. Fue por tanto un período de intensa actividad en múltiples
campos, probablemente el más representativo de la inmensa capacidad de trabajo
de todo su período mexicano. Durante estos nueve años se sucedieron los viajes
constantes por distintos países del ámbito centroamericano para impartir
cursos, conferencias y comunicaciones congresuales; aparecieron dos de las
publicaciones más relevantes de su carrera profesional, sobre Prehistoria
peninsular e Historia del Próximo Oriente; y tuvo lugar una intensa actividad
de carácter político. La actividad docente de la
primera etapa mexicana se caracterizó por el dinamismo universitario.
Bosch-Gimpera realizó visitas académicas prolongadas a universidades de los países
colindantes. En 1945 acl1dió a la inauguración oficial de la Universidad de
San Carlos de Guatemala para participar en el inicio de los estudios de Historia
de su Facultad de Humanidades, donde años después sería nombrado profesor
honorario fundador. La estancia guatemalteca debió resultarle grata porque
durante tres años sucesivos regresaría a aquel país para alternar semestres
docentes, impartiendo un curso ,de Prehistoria General en la Universidad
Nacional Autónoma de México yun curso de Historia. Antigua en la Universidad
de San Carlos de Guatemala. Durante ese período ingresó en algunas de las
sociedades científicas americanas: así se convirtió en miembro de la Sociedad
Mexicana de Estudios Antropológicos en 1941, de la Sociedad de Antropología e
Historia de Honduras en 1947 y de la Sociedad Coahuilense de Historia en 1947. Los constantes desplazamientos de
esos primeros nueve años de estancia mexicana no impidieron además la
publicación de numerosos artículos y libros trascendentales para su carrera
profesional del exilio. La instalación definitiva en tierras mexicanas merced a
su ingreso en la Universidad N aciorial Autónoma de México permitió la
estabilidad necesaria para sistematizar sus documentos de trabajo y dar rienda
suelta a las revisiones de las dos grandes obras publicadas por él mismo en la
década de los treinta: Etnología de la Península Ibérica e Historia de
Oriente. De esta manera surgieron dos obras de inevitable referencia para la
comprensión de su producción científica: El Poblamiento antiguo y la jornJadón
de los pueblos de Espana (1945) e Historia de Oriente (1947-1951). La actividad política desplegada
durante estos años representaría el mayor compromiso activo de su largo
exilio, acaso esperanzado por la posible recuperación democrática en España
merced a las presiones internacionales sobre el régimen franquista. Prueba de
ese activismo fue su participación en las sesiones de las Cortes Republicanas
que se reunieron en la capital mexicana durante 1945. Alli dictaría una defensa
de los estatutos de autonomía gallego y catalán. Otra prueba de su energia
activista fue su colaboración como delegado de la República Española durante
la conferencia organizada por la UNESCO en la Ciudad de México en 1947.
Precisamente para conmemorar tal invitación, la revista Las Españas, editada
por los exiliado s en México, dedicó un monográfico a la organización
internacional con la colaboración de personalidades tan relevantes como
Fernando de los Ríos, Américo Castro o Alfonso Reyes. El profesor catalán siguió
ocupando la presidencia del partido Acción Republicana de Cataluña, que había
fundado él mismo en tiempos de la II República. Durante su presidencia en el
exilio tomaría decisiones importantes, como la adhesión al Comité Americano
de Cooperación Intelectual de La Habana (1941) y la participación en el
manifiesto colectivo de partidos republicanos e izquierdistas, que actuó de
plataforma para la creación de la llamada Junta Española de Liberación (1943)
con el propósito de consolidar el denominado "Pacto para restaurar la República"
y formar un frente moderado-liberal frente a comunistas y radicales.12
Pero además Bosch-Gimpera intervino como uno de los firmantes de los partidos
catalanes en la constitución de la Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles
QARE) el 25 noviembre de 1943, convirtiéndose en uno de los miembros de su
consejo técnico. De este modo actuó como mediador de la JARE con el Consejo
Nacional de Cataluña durante los dos primeros meses de 1944.13 Dentro del ámbito universitario,
la manifestación política más relevante de Bosch-Gimpera ocurrió en 1943: su
colaboración como consejero de la Junta Directiva de la Sección Mexicana de la
Unión de Profesores Universitarios en el Extranjero, creada en París recién
acabada la guerra. El protagonismo del profesor hispano fue mayor cuando la
sección mexicana se convirtió en el organismo central de la Unión (1944).
Bosch-Gimpera se mantuvo entonces como consejero y participó de manera decidida
en la I Reunión de Profesores Españoles Emigrados (La Habana, 1944), firmando
la Declaración resultante y colaborando en el libro adjunto con un articulo de
carácter político titulado "Pluralidad e integración españolas". La carrera profesional de
Bosch-Gimpera en tierras americanas fue interrumpida de manera repentina por el
suceso más relevante de su vida como exiliado, no sólo porque cambiara su vida
durante cuatro años sino porque significó la recuperación de la dimensión
internacional de su carrera. Mientras preparaba un nuevo curso para la
Universidad de Lima, recibió la atractiva invitación de J. Torres Bodet,
entonces director de la UNESCO (ex ministro de Educación mexicano y decidido
admirador del maestro catalán): participar como miembro de la delegación
mexicana en la sede parisina. Bosch-Gimpera aceptó de sumo grado la invitación
y se trasladó a París para ese breve cometido. Pero su estancia no debió
pasar desapercibida pues, ese mismo año, Torres Bodet le ofreció el cargo de
jefe de la División de Filosofía y Humanidades. El maestro catalán acepto de
sumo grado la proposición para este influyente puesto internacional y decidió
partir hasta París, tras recibir un caluroso homenaje de los exiliado s
republicanos españoles en México, ese mismo mes de abril. El nombramiento de Bosch-Gimpera
se produjo en un momento particularmente atractivo pues tenía por delante la
reorganización de las redes institucionales, académicas y científicas,
quebradas por la Segunda Guerra Mundial. La estancia parisina se prolongó
cuatro años y representó la recuperación de las preocupaciones del maestro
por las relaciones científicas internacionales.14
Sus principales preocupaciones se dirigieron hacia la creación de una
plataforma conjunta de las secciones de Filosofía y Humanidades en el mismo
seno de la UNESCO, con la organización de la trama administrativa capaz de
reunir las distintas federaciones o uniones miembros. Los trabajos finalizaron
con la creación del Consejo Internacional de Filosofía y Ciencias Humanas
(CIPSH), una plataforma institucional para las organizaciones permanentes
relacionadas con Humanidades: Historia, Arqueología Clásica, Antropología,
Filología, Prehistoria, Historia de las Religiones y Literatura Moderna entre
otras. Pero esta iniciativa tuvo además otra prolongación no menos relevante:
desde el mismo año de su nombramiento intervino en las reuniones celebradas en
París para organizar la Unión Internacional de Ciencias Antropológicas y
Etnológicas (UISAE), que permitiría vincular los múltiples congresos de las
especialidades en Humanidades con el ya conocido CIPSH. La sede de esta última
se situó en París, siendo nombrado presidente el francés Paul Rivet y
secretario general el propio Bosch-Gimpera. La segunda dimensión de las
actividades desarrolladas durante estos años está más implicada en el ámbito
tradicional de estudio de Bosch-Gimpera, como eran la Arqueología y la
Prehistoria. La primera de esas iniciativas fue la revitalización de los
Congresos Internacionales de Ciencias Prehistóricas y Protohistóricas (CICPP),
la convención más relevante en el mundo de la Arqueología antes de la
contienda mundial a pesar de contar tan sólo con dos celebraciones (Londres,
1932 y Oslo, 1936). El interés de Bosch-Gimpera por relanzar estos congresos no
debiera sorprender pues él mismo tuvo mucho que ver con su organización
durante la década de los treinta. Fue uno de los miembros del denominado
"Comité de los Cinco", que promovió la escisión de los congresos de
Arqueología tras una reunión en Berna (1931), junto a otras cuatro
personalidades de la máxima talla internacional: Henri Breuil, Raymond Vaufrey,
Henri Bégouen y John Myres. La tercera iniciativa importante
desarrollada por Bosch-Gimpera durante estos cuatro años fue impulsar la creación
de la Unión Internacional de Ciencias Prehistóricas y Protohistóricas
(UISPP). La primera propuesta de trabajo en este sentido fue presentada en el
111 Congreso Internacional de Ciencias Prehistóricas y Protohistóricas
(Zurich, 1950), si bien su fundación no llegaría a cristalizar hasta cinco años
después, como organismo afiliado al CIPSH, una vez que Bosch-Gimpera hubo
dejado su cargo en París. Su estancia en la UNESCO puso
flli al relativo aislamiento de años pasados y relanzó la prestigiosa carrera
profesional del profesor español. La intensa actividad internacional de
Bosch-Gimpera durante esta época tomaría cuerpo en un periplo constante por
congresos y reuniones en diversas ciudades europeas: la mayoría tuvieron lugar
en París, pero también se produjeron en Bruselas, Florencia, Estocolmo y
Viena. Ocasionalmente, Bosch-Gimpera se trasladó asimismo a Estados Unidos e
incluso a África. Durante los cinco años de su estancia en París, el profesor
acudió a congresos relacionados con las diversas disciplinas de su sección:
Lingüística (foponimia y Antroponimia), Historia (Estudios Clásicos, Ciencias
Históricas), Arqueología (prehistoria y Protohistoria Mediterráneas,
Orientalistas, Panafricano de Prehistoria), Arte (Historia del Arte), Antropología
(Etnografía europea y occidental, Ciencias Antropológicas y Etnológicas). Sin
duda esta asistencia a reuniones de tipo tan dispar fue más bien resultado de
su cargo en la UNESCO que de una intensa actividad de investigación.15 Los desplazamientos continuos
constituyeron además la ocasión perfecta para su reencuentro con colegas de
otros p:úses y su acercamiento a los antiguos discípulos catalanes.16
En este marco redactó para el Anuario del Instituto de Estudios Catalanes
informes de algunos de los congresos internacionales a los que asistió durante
los años 1952-53 (Estocolmo, Viena, Estambul y Argel). La iniciativa más
interesante en este sentido fue, no obstante, la publicación del primer fascículo
de la serie española del Corpus Vasorum Antiquorum (1951) en colaboración con
José de Calasanz Serra-Ráfols, dedicado al Museo Arqueológico de Barcelona.
Tal institución estaba integrada en la Unión Académica Internacional de
Bruselas; ya era conocida por el maestro catalán desde 1926 aunque fue en el
exilio cuando pudo hacer valer su influencia por estar integrada en el Consejo
Internacional de Filosofía y Ciencias Humanas. Los años de permanencia en París
representaron cierta reorientación de su activismo político: con el paso del
tiempo se incrementósu escepticismo sobre las posibilidades de una restauración
inmediata de las libertades en España. La posición del régimen franquista ya
había comenzado a consolidarse de manera tímida a partir de su ingreso en la
UNESCO en 1952.17
La participación de Bosch-Gimpera en esta organización no le impidió
denunciar la dictadura de Francisco Franco y realizar diversos actos de defensa
de la catalanidad, como su asistencia al Congreso de las Comunidades y Regiones
Europeas celebrado en París en 1949, como parte de la delegación catalana,
donde leyó una ponencia en la sesión de clausura en nombre de Cataluña y el
País Vasco. En este aspecto destaca también su adhesión a la denuncia de la
represión franquista sobre la cultura catalana presentada por varios
intelectuales catalanes en la Comisaría de Derechos Humanos de la ONU en 1955,
tras su regreso a tierras mexicanas. La segunda etapa mexicana
(1953-1960): la Universidad y los Congresos Internacionales. Bosch-Gimpera regresó a tierras
mexicanas el año de 1953. Por entonces contaba con sesenta y dos años y
disfrutaba de su plena madurez para la continuación de sus compromisos
tradicionales. Después de su llegada se reincorporó a su puesto docente en la
Escuela Nacional de Antropología, pero apenas un año después consiguió la
plaza de investigador a tiempo completo en el Instituto de Historia de la
Universidad Nacional Autónoma de México (en la actualidad Instituto de
Investigaciones Antropológicas), y más concretamente en la Sección de
Antropología. Este departamento tenía por entonces gran prestigio
internacional ya que reunía personalidades de categoría científica como Moris
Swadesh y Paul I<irchhoff. La historia del prehistoriador durante las décadas
de los cincuenta y sesenta está vinculada de manera casi exclusiva con el mundo
académico: la docencia universitaria, los escritos científicos en gran número
de revistas, la presentación de cursos y conferencias en diversos países, y su
asistencia constante a congresos internacionales. Su nuevo puesto de investigador
le permitió disponer de la libertad necesaria para atender los numerosos
compromisos derivados de nombramientos y responsabilidades nacionales e
internacionales. Muchos de ellos fueron prolongación de sus responsabilidades
pasadas en la UNESCO ya que, tras su mandato, permaneció vinculado a la
organización de los congresos internacionales de Ciencias Prehistóricas y
Protohistóricas, como miembro de su Consejo Permanente desde 1948 inclusive
tras su transformación en la Unión Internacional de Ciencias Prehistóricas y
Protohistóricas-UISPP), así como a la UISAE, de la que fue miembro de su
Consejo Permanente y secretario general desde 1952 hasta 1966. Muchas otras de sus
responsabilidades se relacionaban con los compromisos adquiridos como
representante de México en numerosos acontecimientos internacionales de primera
línea. Esa circunstancia refleja la perfecta adaptación de Bosch-Gimpera a
este país y su prestigio entre los medios académicos y científicos. Ya desde
los primeros años de su exilio mexicano debió asumir las responsabilidades
relacionadas con dos nombramientos nacionales: en 1960 fue nombrado miembro del
Comité Cultural Consultivo del Gobierno Mexicano ante la UNESCO y un año más
tarde presidente del Consejo Humanístico de México de la Unión Académica
Internacional. También participaría como representante de México en el
Consejo Internacional de Filosofía y Ciencias Humanas, en la Unión Académica
Internacional y en los distintos consejos permanentes o asambleas de los
congresos internacionales más relevantes en Prehistoria, Arqueología y
Antropología. Entre aquellos últimos mantuvo
particular fidelidad a dos citas específicas que representan a la perfección
sus tres dimensiones de trabajo en este tipo de iniciativas: implicación en las
tareas de organización, representación de México y, en ciertas ocasiones,
también presentación de comunicaciones. En el primer nivel, Bosch-Gimpera
participó en la organización de la sucesión de congresos de Ciencias Prehistóricas
y Protohistóricas que él mismo reorganizara durante su nueva estancia en
Francia: de esta manera, desempeñó la vicepresidencia del Comité de
Prehistoria y Protohistoria Mediterránea y acudió a las sucesivas citas en
Zurich (1954), Hamburgo (1958) y Roma (1962). En un segundo nivel, ejerció como
representante de México en diversos congresos de Ciencias Antropológicas y Etnológicas:
así asistió a Filadelfia (1956), París (1960) y Moscú (1964), pero decidió
no acudir al congreso organizado en Madrid (1954) aún siendo dirigido por el más
célebre de sus discípulos, Luis Pericot. La participación intensa en
congresos durante estos años se completó con su asistencia a los congresos
internacionales de americanistas que se celebraban cada dos años (tan sólo
faltó a la cita en 1956): así asistió a las reuniones de San Paulo (1954),
San José de Costa Rica (1958), Viena (1960) y México (1962). Por otra parte,
durante estos años se sucedieron los cursos y conferencias en los más diversos
países europeos (sobre todo Alemania, Italia, Francia y Suiza; más esporádicamente
Austria, Portugal, Inglaterra, Polonia, Checoslovaquia) y ciertos países del
continente americano (Estados Unidos, Guatemala, Brasil). Su reconocido prestigio en la Unión
Académica Internacional (perteneciente al Consejo Internacional para la Filosofía
y las Ciencias Humanísticas) le permitiría desarrollar otras iniciativas
relevantes en el marco americano, como la creación del llamado Corpus
Antiquitatum Amelicanensium. Fue justamente Bosch-Gimpera quien consiguió
reunir los fondos necesarios para arrancar esta famosa colección a través de
la Unión Académica Internacional y del Instituto Nacional de Antropología e
Historia. La colección siguió el modelo desarrollado por el Coryus
VasorumAntiquorum, por lo que mantuvo las directrices marcadas para la colección
de vasos griegos, también publicada por la Unión Académica Internacional pero
con participación de la UNESCO. Los primeros años de su retorno
a tierras mexicanas reflejaron la celebridad internacional del maestro a escala
internacional. Desde mediados de los cincuenta fue reconocido con numerosos
nombramientos en distintas organizaciones académicas europeas (Inglaterra,
Francia, Italia, Dinamarca y Portugal), de modo particular durante los primeros
años de su regreso mexicano (1954-1958). La lista de nombramientos desplegada
durante su vida llevó a pensar en cierta ocasión que sería más sencillo
escribir las instituciones científicas con las que no estuvo vinculado.18
El más notable de estos reconocimientos fue la designación como vicepresidente
de la Sodeté Préhistolique de France en 1954. Pero desde su retorno a tierras
mexicanas fue además designado miembro del Forezgn Fellow de la Amelican
Anthropological Assodation en 1954; del Instituto Italiano di Paleontología
Umana de Roma en 1955; del Instituto Italiano di Preistolia e Protostolia de
Florencia y de la JutlandArcheological Society en 1956; de la Academia del
Mediterráneo en 1958 y, ya más tardíamente, de la Sodedade de Geografía de
Lisboa en 1961. El activismo político directo de
Bosch-Gimpera fue desapareciendo con el paso del tiempo, acasó como un sentir
profundo de la práctica imposibilidad de recuperación democrática en España.
La permanencia de cinco años en París desató su plena toma de conciencia
sobre la nueva actitud internacional hacia el régimen franquista y por ello no
resulta sorprendente el profundo retroceso de su producción ensayística de carácter
político e histórico tras su regreso a tierras mexicanas. Las principales
contribuciones catalanistas se limitarían desde entonces a eventos de carácter
cultural: premios y concursos literarios, esporádicas colaboraciones escritas y
relaciones con instituciones de intelectuales exiliado s como el Instituto Catalán
de Cultura de México. En el primer plano destacaron dos acontecimientos:
participó ocasionalmente como presidente del jurado del premio Guimera, que
organizaba la editorial Catalonia, y fue presidente del Consistorio de los
Juegos Florales de la Lengua Catalana celebrados en México en los años 1942 y
1957, en lo que constituía una cita organizada cíclicamente en distintos países
americanos para mantener el recuerdo de los Juegos Florales de Barcelona. De
modo especial destaca la redacción de los capítulos referentes a los siglos
XIX y XX de la Historia de Catalu'!Ya de Ferrán Soldevilla, que fue publicada
por la editorial Catalonia. Pero tras su aparente desvinculación política
mantuvo plena fidelidad a su herencia democrática y catalanista, manteniendo en
sus conversaciones recuerdos constantes a sus temas barceloneses, sus
oposiciones y, como él mismo señalaba "tantos detalles pintorescos pero
ya poco a poco fósiles".19 Los últimos años (1960-1974):
las expectativas americanas. Durante la década de los sesenta
el prehistoriador catalán se concentró cada vez más en las tareas de la
universidad y en sus investigaciones tradicionales sobre la Prehistoria europea.
Así mantuvo plena fidelidad a su compromiso como profesor de la Universidad Autónoma
Nacional de México, cuyas clases impartía en la sede de la Escuela Nacional de
Arqueología e Historia (ENAH). Pero además también participó ocasionalmente
como docente en las instituciones de otros países, sobre todo en universidades
alemanas como la de Heidelberg, que le cursó invitación para impartir durante
seis meses el curso de Prehistoria americana en 1966. Apenas un año después,
fue designado profesor emérito por el Consejo Universitario de México, posición
que en modo alguno representaba la jubilación sino, por contra, la mayor
categoría de la docencia universitaria de aquel país: contaba por entonces
setenta y seis años. Fue justamente durante esos años cuando su celebrado
prestigio tomó cuerpo en reconocimientos oficiales de distinto signo. El
primero de ellos tuvo singular significado porque se produjo en su país de
origen: la Universidad de Barcelona reconoció su extensa carrera profesional
con una medalla de oro en 1963 que, por supuesto, no acudió a recoger, si bien
se trató de un homenaje sincero de los numerosos discípulos catalanes que
reconocían la decisiva participación del maestro en la creación de la Escuela
Catalana de Arqueología. Tres años después fue otra vez protagonista en la
celebración del Quantenari de la escuela Catalana de Prehistoria, de la que él
siempre fue considerado como fundador y verdadero promotor. En 1969 recibió un
homenaje oficial en el país que le acogió por su septuagésimo aniversario,
donde intervinieron varias instituciones: la Universidad Nacional Autónoma de México,
el Instituto Nacional de Antropología e Historia, la Wenner-Gren Foundation jor
Anthropological Research de Austria y el Instituto de Antropología de Firenza.20
En 1966 la Universidad de Heidelberg le honraría con la renovación del
nombramiento de Doctor honoris í'ausa que ya se le había concedido en 1936. La infatigable capacidad de
trabajo del maestro se percibe en los primeros años de la nueva década con sus
viajes a citas internacionales relevantes ya especializadas, entre los que
destacó el famoso Simposio del Arte Rupestre El profesor catalán continuó
presidiendo estas citas sobre arte rupestre americano a pesar de su avanzada
edad y problemas de salud. El IV Simposio se convocó en el seno de la XXV Reunión
Anual de la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia en 1973, donde
Bosch-Gimpera conjugó presidencia y representación mexicana, siendo
aprovechada la ocasión para entregarle aquella medalla de oro que muchos años
antes le habían concedido en Barcelona sus colegas y discípulos. Todavía
acudió a la celebración del V Simposio que se organizó en Ciudad de México,
en el seno del XLI Congreso Internacional de Americanistas, que Bosch-Gimpera
presidió no sin dificultades por su quebradiza salud. Ya por entonces estos
simposios reunían a especialistas reconocidos de todo el mundo en arte rupestre
por lo que se elevó su titulación original de rupestre sudamericano y se
incluyeron comunicaciones generales. En esos últimos años se
sucedieron los reconocimientos académicos de distinto signo. Fue así como en
1972 le concedieron el premio Fray Bernardino de Sahagún, máximo galardón que
concede cada año el Instituto Nacional de Antropología e Historia por la obra
antropológica más relevante para autores mexicanos. Bosch-Gimpera alcanzó tan
prestigioso galardón con una síntesis prehistórica titulada Las raíces de
Europa. Apenas unos dos años después, el Consejo Permanente de los Congresos
Internacionales de Ciencias Prehistóricas y Protohistóricas, convertida en Unión
Internacional de Ciencias Prehistóricas y Protohistóricas, le nombró
presidente honorario a perpetuidad en la reunión de Ferrara. Corrían los primeros días de
otoño de 1974 cuando Bosch-Gimpera fue hospitalizado. Precisamente entonces tenía
lugar otra de esas reuniones de arte rupestre tan celebradas: el I Simposio de
Arte Rupestre organizado en Baja California por el Seminario de Cultura
Mexicana. Bosch-Gimpera fue nombrado presidente, pero en esta ocasión tuvo que
excusar su ausencia por motivos de enfermedad. El Simposio le aclamó entonces
como presidente en ausencia. Pero su salud se hallaba profundamente quebrantada
y apenas dos semanas más tarde, el 9 de octubre, fallecía. Una carta redactada
por su mujer el 1 de noviembre de 1974, decía: "[... ]Estaba demasiado
cansado de tanto como se movió en el último Congreso [...] Pedro tuvo la
suerte de ver la Paleontología, que con tanta ilusión esperaba: sobre los
celtas, iberos, vascos, griegos y fenicios, todo en una edición, además de
preciosa, el primer libro en detalle de cuidado; todo en él es un primor,
editado en Austria, en Gratz... He recibido un sinfín casi incontable de
telegramas de todo el mundo. Era un hombre muy querido, no sólo por su saber,
sino por su sencillez y amabilidad con todos sus discípulos".21
Hoy su busto figura en el Instituto de Investigaciones Antropológicas y una
placa con su nombre recuerda su personalidad en la biblioteca del Museo Nacional
de Antropología. ARCHIVOS DE LA MEMORIA. LOS ESTUDIOS DE PREHISTORIA E
HISTORIA ANTIGUA. La producción científica de
Bosch-Gimpera durante los treinta y cinco años de exilio constituye la mejor
representación del carácter multidisciplinar de sus estudios: la pasión por
la Protohistoria y la Arqueología Clásica desde sus tiempos juveniles; la
continua tarea de revisión de sus grandes producciones científicas sobre la
Paleoetnología peninsular, la Etnogénesis de la Prehistoria europea y la
Historia de Oriente; los estudios singulares sobre los movimientos celtas, la
cultura ibérica o las colonizaciones en la Península Ibérica. Los cerca de
doscientas estudios de distinto signo que Bosch-Gimpera publicó durante su
exilio constituyen un patrimonio sin igual en la historiografía científica de
la Arqueología española del pasado siglo. Durante las páginas siguientes
repasaremos las obras más relevantes de esta extensa producción, que condensan
en sí mismas la evolución de sus investigaciones y ejemplifican cada una de
las etapas en la historia científica del exilio. Las conftrenaas londinenses: dos
oleadas célticas en España (1942). La actividad desarrollada durante
los primeros meses de su exilio británico representa la recuperación de sus
investigaciones y contiene la génesis trascendental de las próximas
publicaciones: se trata de las clases y conferencias sobre las migraciones
celtas que impartió en la British Academy (Sir John Rhys Memorial Lecture), los
cursos de la Universidad de Oxford sobre cultura ibérica y colonizaciones, y la
conferencia pronunciada en la Sociery of Antiquary of London sobre cronología
de la cerámica del Sureste y Sur peninsular. Todas ellas resultan fundamentales
para comprender las futuras revisiones y publicaciones de la primera fase del
exilio en las tierras mexicanas. En ese sentido, el profesor hispano tuvo la
feliz idea de reunir sus clases del Memorial of Celtic Lectures en un pequeño
pero trascendental libro titulado Two Celtic Waves in Spain, que apareció dos años
después en la colección de la Academia Británica.22
El pequeño texto contenía poco más de cien páginas pero tuvo una repercusión
trascendental pues condensaba los principios fundamentales de sus últimas
investigaciones sobre las invasiones de los pueblos celtas en la Península Ibérica
y modificaba muchos de los puntos propuestos por él mismo en su recordado libro
Etnología de la Península Ibérica (1922). Las premisas del historiador
barcelonés sobre el celtismo peninsular representaban por entonces un
planteamiento heterodoxo opuesto a la postura oficialista de la Arqueología
española de la Postguerra. Pues no en vano, para el maestro catalán, las
regiones centrales de tradición celta mostraban una personalidad más
primitiva, ajena a las influencias de los colonizadores mediterráneos. En su
opinión, las sucesivas oleadas celtas se impusieron a la población indígena
pero en modo alguno mermaron la capacidad cultural de este sus trato ya que, en
último término, la misma infiltración céltica fue reabsorbida por la población
indígena. Una postura muy controvertida para el oficialismo arqueológico español
tan interesado entonces por mostrar la sustancia germánica de la tradición
cultural peninsular. Bosch-Gimpera mantuvo inalterables sus principios frente a
las tesis más ortodoxas en sucesivos trabajos, como demuestra la aparición del
mismo texto en diversas revistas antes de su marcha a Paris.23 La Arqueología de la Península
Ibérica: el poblamiento antiguo y la formación de los pueblos de España
(1945). La primera de sus grandes obrasen
el exilio fue publicada en 1944 con el título El poblamiento antiguo y la
formación de los pueblos de España. 24 El extenso texto
aumentaba aquella enorme compilación de setecientas páginas publicada más de
diez años antes con el título Etnología de la Península Ibérica, que
condensaba las investigaciones propias y de varios de sus discípulos desde su
temprano ingreso como profesor en la Universidad Autónoma de Barcelona. A lo
largo de cuatrocientas páginas repartidas en diez intensos capítulos, se
desplegaba la reconstrucción completa de la Prehistoria peninsular: desde las
primeras ocupaciones paleolíticas que conforman "la más primitiva base étnica
de la Península"; pasando por las fases neo-eneolíticas que constituyen
el período de formación de los pueblos indígenas; las oleadas célticas y los
pueblos peninsulares no célticos (tartesios e iberos); las colonizaciones de
fenicios, focenses, griegos y cartagineses; la conquista romana; y la evolución
postrera de los grupos prerromanos hasta las nacionalidades medievales
("pueblos modernos"). Pero además esa nueva edición
de aquella Etnología aparecida doce años antes, ofrecía innovaciones muy
interesantes en el marco interpretativo, producto de la reflexión personal de
Bosch-Gimpera durante los últimos años y, sobre todo, de sus lecturas en las
bibliotecas británicas. De hecho, la nueva versión incorporaba de modo expreso
los textos completos de los cursos y conferencias sobre poblaciones celtas
editados en 1942 bajo el título Two Celtic Wawes in Spain. Por contra,
Bosch-Gimpera mantiene plenamente vigentes las propuestas establecidas en las
obras más antiguas para la cultura ibérica y las colonizaciones, haciendo
referencia explícita a la síntesis hecha por él mismo en los cursos
impartidos en la Universidad de Oxford de 1939-40 y a una conferencia sobre la
cronología de la cerámica del Sureste y Sur peninsular en la S ociery of
Antiquaries of London de 1940 (que en el momento de publicación de su gran obra
se hallaba pendiente de publicación). Las páginas de este libro son
perfectamente representativas de los dos principios básicos de la renovación
metodológica de las investigaciones prehistóricas: la sustitución del modelo
historicista (basada en la compilación documental) por la disciplina histórico-cultural
y la concepción renovadora de la Prehistoria como fenomenología histórica. El
concepto "arqueólogohistoriador" que desarrollara el maestro catalán
en sus estudios anteriores surge plenamente en esta obra que propone la evolución
prehistórica como sucesión de carácter histórico: los orígenes de los
pueblos descritos por los autores clásicos ya se podían rastrear entre las
"etnias" peninsulares neo-eneolíticas. Estos pueblos primitivos
representarían los círculos culturales todavía embrionario s pero
significativos de los pueblos peninsulares prerromanos, que acabarían
configurado, en última instancia, las mismas "nacionalidades
medievales". Nos hallamos con la más perfecta imagen de una tradición
disciplinar que confirma la Paleoetnología como simbiosis de cuatro ciencias:
Filología, Etnografía, Antropología y Arqueología. Sin duda, una proyección
personal del marco disciplinar panetnicista del noucentismo y condensación de
tres de las cuatro ciencias fundamentales que intervinieron en la definición de
la paleoetnicidad durante aquellos años: Antropología física, Etnografía y
Psicología étnica, Arqueología antropológica y Tradición oral.25
Los principios de este texto
constituyen la mejor representación de las directrices clásicas de la Etnología
Prehistórica alemana, la Siedlungsarchaeologie (Arqueología del poblamiento).
El prehistoriador catalán conoció aquellos principios de primera mano durante
su estancia juvenil alemana, a través del polémico arqueólogo IZossina.
Bosch-Gimpera siempre reconoció su deuda con el prehistoriador alemán en su
aprendizaje de los círculos culturales y su significado para la reconstitución
del proceso de formación de los pueblos, pero no dudó en criticar las
consecuencias de su radicalismo en la contribución al racismo. El profesor
catalán nunca propuso la formulación de un prototipo racial típicamente catalán:
cierto que su posición enraizaba con la tradición de Enrique Prat de la Riba,
teórico del catalanismo que atendió argumentos singulares como el espíritu
nacional e incluso la raza para definir un Volksgeist catalán distintivo,26
pero siempre desestimó la herencia racial sobre la base de la Antropología física.
En esta línea se ha dicho que los intentos del nacionalismo catalán para la búsqueda
de un prototipo racial no pasaban por entonces más allá de especulaciones o mínimas
argumentaciones.27
De todas formas, la línea de
pensamiento que sobrevaloraba el sustrato peninsular de los pueblos ibéricos y
la influencia orientalizante, encajaba perfectamente con la tradición histórica
de los nacionalismos periféricos que se fueron formando durante la segunda
mitad del siglo XIX.28
Una línea de pensamiento que buscaba la justificación "universal"
del sus trato federal de base que formaba el mosaico cultural-étnico de la Península
Ibérica.29
La Arqueología Clásica y del
Mediterráneo oriental: Historia de Oriente (1947-1951) Mientras su Poblamiento
de la Península Ibérica estaba en preparación para imprenta, el
prehistoriador español se había afanado en la revisión, corregida y ampliada,
de otra de sus grandes obras: Historia de Oriente. Esta obra ya había aparecido
diez años antes con el mismo título y representaba un magnífico compendio de
sus preocupaciones particulares por la Arqueología Clásica, que se iniciara en
su periplo juvenil por las tierras alemanas con aquellas clases de Arqueología
oriental del profesor W Delistsch, de Numismática de A. Regling, de Historia
Antigua de L. Meyer o de Arqueología Clásica de A. Frickenhaus. La nueva edición
apareció entre los años 1947-1951 también como Historia de Oriente: dos
grandes volúmenes de casi setecientas páginas con un considerable trabajo de
reproducción (cuatrocientas figuras) que ocupó a Bosch-Gimpera toda la segunda
mitad de su primera estancia en México. La obra fue publicada en Guatemala
acaso porque era allí donde por entonces impartía sus clases de Historia
Antigua.30
La dimensión monumental de la
segunda edición no disminuyó la inusual habilidad de Bosch-Gimpera para el
manejo de los diversos campos de la Arqueología clásica. A lo largo de sus páginas
tenemos una perspectiva actualizada de la sucesión histórica de las
civilizaciones del Mediterráneo y Próximo Oriente: Prehistoria de África y Próximo
Oriente; primeros estados mesopotámicos; persas, partos y sasánidas; imperios
de hititas y asirios; comunidades de israelitas y fenicios; dinastías
egipcias... La revisión debió surgir como imperativo del momento dada la
necesidad de incorporar las sistematizaciones trascendentales que habían
aparecido tras su primer texto, por
ejemplo la nueva edición de la monumental The Cambridge Ancient Histol)!
(revisada profundamente en 1926) o la célebre L 'Orientpréhistorique de Gordon
Childe (1935), que con su visión de conjunto sentó las bases de la forma en
que actualmente se presenta la lústoria más antigua de Oriente. La nueva edición
respondía a la pasión de Bosch-Gimpera por la Historia clásica, desde los
temprano s tiempos de su formación helenística reflejada en su primer libro
sobre Grecia y la civilización crético-micénica (1912). Esa pasión acompañaría
a Bosch Gimpera durante el resto de su vida y se mantendría plenamente vigente
en tiempos del exilio a través de sus clases y participación en congresos
internacionales. Su asistencia a los congresos de Ciencias Prehistóricas y
Protohistóricas fue la mejor prueba de la orientación clasicista pues su
nombre siempre figuraba en el comité de Monumentos y Civilización del Mediterráneo
Occidental. La Arqueología europea: el
problema indoeuropeo (1960) La principal obsesión de la
producción científica de Bosch-Gimpera durante su exilio sería el
controvertido "problema indoeuropeo". Desde su regreso de París ya
son numerosos los trabajos publicados al respecto en numerosas lenguas, en
diversas revistas especializadas y en las actas de algunos congresos, pero la síntesis
más extensa apareció como un volúmen monográfico en 1960 con título El
problema indoeuropeo,31
que tuvo una versión francesa apenas un año después como Les Indo-Européens.
Problemes archéologiques; y Mouvements (,-eltiques: Essai de reconstituion
(1950-1956). La pasión de Bosch-Gimpera por los orígenes indoeuropeo s se gestó
durante el período de formación germana pero, según el propio autor, fue
aumentando tras sus investigaciones sobre la etnología primitiva de la Península
Ibérica y sobre la Prehistoria del Mediterráneo y Próximo Oriente. Sin
embargo, en realidad la obra muestra una reconstrucción de la Prehistoria
europea desde el Neolítico hasta la Edad del Hierro, con aportaciones lingüísticas
complementarias recogidas en un apéndice escrito para la ocasión por Morís
Swadesh. La preocupación de Bosch-Gimpera por la reconstrucción total de la
evolución prehistórica europea comparte la obsesión de muchos otros prelústoriadores
de la época, que procuraban implicar sus estudios locales en modelos
paneuropeos coherentes, siguiendo la línea propuesta por el célebre Gordon
Childe en su The Dawn of European Civilization (1925). Las principales aportaciones de
Bosch Gimpera se pueden resumir en estos principios. Por una parte sitúa los orígenes
de los grupos indoeuropeos en tiempos neolíticos, concebidos como un período
de "coagulación" de los indoeuropeos primitivos, aunque las primeras
etnias propiamente indoeuropeas aparecieran tres milenios más tarde en el
centro y oriente del continente. En este sentido su propuesta se aproximaba a
las hipótesis desarrolladas por Hawkes en la obra que el mismo prehistoriador
catalán no dudó en deftnir de brillante síntesis de la Prehistoria y
Protohistoria europea: The prehistoric foundations of Europe (1940). Por otra
parte, se interpreta la Prehistoria desde los tiempos eneolíticos como una
sucesión de invasiones o expansiones de grupos (pueblos de las estepas y de las
hachas de combate) que terminaron en un período de crisis sólo superado en la
Edad del Bronce con la "cristalización" de los pueblos indoeuropeos
históricos. La transición a la Edad del Hierro marca otra fase de migraciones
(indoiranias, pónticas, expansión de los celtas de la Cultura de las Urnas y
formación de los pueblos griegos históricos). De nuevo, por tanto, el marco teórico
del difusionismo cultural y su obsesión por el descriptivismo frente a la
interpretación. Las publicaciones sobre el
"problema indoeuropeo" resultan constantes durante la producción de
madurez de Bosch-Gimpera. La lista de estudios publicados sobre este tema es
extensa y continuada desde su reincorporación a la universidad mexicana:
comunicaciones y artículos presentados a diversas revistas, con traducciones en
distintos idiomas, particularmente al francés y alemán32
Pero quizá la obra más completa en esta línea de trabajo fue Las raíces de
Europa, que se convirtió en su obra póstuma: redactada por encargo de la
Fundación Instituto Español de Antropología Aplicada de Madrid durante sus
cinco últimos años de vida, fue finalizada a principios del verano de 1974 (es
decir, apenas tres o cuatro meses antes de su fallecimiento) y publicada poco
después con el título de Prehistoria de Europa. En busca de los primeros
americanos: los estudios americanistas. Los estudios sobre Prehistoria y
Arqueología americana ocuparon una posición modesta en la abundante producción
de Bosch-Gimpera y se centraron principalmente en monografías generales de
divulgación científica. Por otra parte, la preocupación del maestro por los
temas de la Arqueología americana resultó más bien tardía: la producción
científica al respecto arrancó a finales de los cincuenta, cuando su vida en
tierras mexicana s se había normalizado tras los años vertiginosos de sus
permanentes compromisos internacionales. No en vano, durante la primera etapa
mexicana permaneció dedicado estrictamente a su campo tradicional de estudio y,
más concretamente, a la tarea de revisión de sus libros más famosos. Esta
posición no levantó suspicacias en su país de adopción pues a las
personalidades científicas de su prestigio se les concedió plena libertad en
sus planes y programas de enseñanza e investigación.33
Sin embargo, no deja de sorprender tal actitud en un país que justamente
entonces ofrecía expectativas inmejorables para el desarrollo de la Arqueología,
debido sobre todo a las contribuciones estadounidenses y ya en menor medida
francesas y alemanas. Bien es cierto que, desde su
primer año de estancia en tierras americanas, Bosch-Gimpera acudió a las
diversas citas congresuales de la Antropología y Arqueología mexicanas: en
concreto a las mesas redondas que la Sociedad Mexicana de Estudios Antropológicos
organizó sucesivamente en Chapultepec (1941), Chiapas (1942) y otra vez
Chapultepec (1943). Pero su asistencia no fructificó en una participación
activa, si exceptuamos la pequeña comunicación que presentó en la última de
las citadas mesas, por otra parte ajena al programa de la reunión porque
versaba sobre las relaciones entre América meridional y Estados Unidos. De
hecho, la producción americanista de Bosch-Gimpera sólo adquirió relevancia y
constancia tras su regreso de París. A partir de 1958 aparecieron una serie de
artículos cada año, con particular dedicación a dos temas específicos: los
orígenes del primer poblamiento y la aparición del arte rupestre. Dos temas
perfectos para la aplicación de las tesis difusionistas del investigador catalán. La mentalidad difusionista
subyace en los escritos de Bosch-Gimpera acerca de la polémica cuestión del
primer poblamiento americano, por lo que no resulta extraña la utilización de
este tema como punto de partida de su producción americanista. Los estrechos orígenes
asiáticos de los primeros pobladores paleolíticos americanos fueron su
propuesta de redacción para el artículo presentado en esa miscelánea homenaje
a su admirado Paul Rivert en 1956. Esta cuestión sería sucesivamente reiterada
en otros trabajos posteriores con los mismos parámetros, en los que se defendería
la antigüedad de la primera colonización americana y la existencia de un
Paleolítico inferior americano similar al desarrollado en otros continentes.34
Así pues, BoschGimpera mostró una adhesión a los enfoques difusionistas de
las escuelas americanistas europeas lideradas por los prehistoriadores Rivet y
Schimdt.35
Esta propuesta era contraria a la doctrina dictada entre los arqueólogos
americanos que, aún aceptando el hecho irrebatible de la colonización del
continente, discutían la antigüedad de la primera llegada y restringían la
influencia del Viejo Mundo en las altas culturas americanas, en un posible deseo
de marcar su propia individualidad cultural. Más sorprendente resultó la
utilización del mismo ideario difusionista en sus estudios sobre arte rupestre
americano, justamente en el momento de entusiasmo desatado por los hallazgos de
pinturas y grabados en remotos lugares de la Pampa. Las sucesivas síntesis
aparecidas al respecto en los años 1963-1964 insisten en la relativa
uniformidad cultural del arte rupestre del continente y en la interpretación de
las manifestaciones americanas como expresión plástica derivada de la tradición
artística francocantábrica (con asociaciones temáticas incuestionables, por
ejemplo los motivos de manos en tintas rojas y negras).36
Las delicadas decoraciones en las pieles de bisontes de las tribus americanas
del siglo pasado representarían el postrer estertor de aquella tradición: sus
trato común perdurable a través del tiempo como remanente histórico de las
danzas mágicas de antiguos cazadores paleolíticos. El pilar principal de este cuerpo
teórico contrariaba las propuestas oficialistas de los arqueólogos americanos,
que proponían una mayor antigüedad para el arte patagónico a fin de conseguir
su equiparación con el franco-cantábrico y siberiano. Sea como fuere, el interés
de Bosch-Gimpera por el arte americano no resultaba casual pues era precisamente
entonces cuando estaba enfrascado con otros eruditos en varias polémicas sobre
las cronologías del mismo arte prehistórico europeo. El interés del profesor
catalán le llevó a organizar en 1966 una mesa redonda sobre Arte Rupestre
Sudamericano en Mar del Plata, donde asistieron especialistas de diversos países
europeos y americanos. Las obras americanistas de
Bosch-Gimpera más apreciadas son, sin duda, sus manuales de alta divulgación
científica dispuestos para los círculos alemanes y franceses. Lo que no
debiera sorprender porque muchos de los estudios específicos redactados en
castellano desde comienzos de los sesenta se presentaron antes en los anales de
la Academia des Inscriptions et BeJJes-Letres o fueron traducidos en un tiempo
breve al alemán. Pero donde mejor se contempla esta preocupación es en los
estudios monográficos de alta divulgación.37
En primer lugar en los capítulos dedicados al continente americano publicados
en 1959 dentro de la gran obra francesa dirigida por el historiador André
Varagnac (que nueve años después aumentaría con las altas culturas para la
segunda edición). En segundo lugar en la que para muchos constituiría su
principal contribución americanista: L Amerique avant Christophe CoJomb, cuyas
poco más de doscientas páginas constituyen una impresionante recopilación
documental, con una presentación acaso no muy afortunada por la confusa
traducción francesa y la escasa utilidad de algunas de sus ilustraciones
(siendo lastimoso que se haya perdido el manuscrito original en castellano).38
Los estudios monográficos sobre Arqueología americana escritos para el público
de lengua española no parecen haber sido un objetivo prioritario de
Bosch-Gimpera: de hecho, aquella última obra fue traducida tres años después
al italiano pero tardaría mucho más en aparecer LA ESPAÑA DE TODOS. LOS ENSAYOS POLÍTICOS E HISTÓRICOS Durante su larga etapa de
exiliado, Bosch-Gimpera mantuvo con plena fidelidad su compromiso politico de
catalanismo moderado y federalismo republicano alejado del separatismo.39
El profesor catalán siempre apostaría por la conciliación entre los distintos
pueblos peninsulares: modelo político regeneracionista identificado con una república
de carácter federal con la necesaria capacidad de integración, siempre con el
principio del respeto mutuo por la diversidad cultural. Estas fueron las
premisas principales de la acción politica de Bosch-Gimpera tras la creación
del partido Acción Republicana Catalana y los criterios de su compromiso
catalanista durante su largo exilio mexicano. Nada más alejado por tanto de los
excesos del radicalismo nacionalista romántico que se encuentran en otros
exiliado s, propensos a la idealización excesiva y dogmática del nacionalismo
militante.40
Bosch-Gimpera se integraba en la operación cultural y catalanamente positiva
pero integradora que emparentaba con la Institución Libre de Enseñanza y
particularmente con la obra de Prat de la Riba.41 El compromiso de Bosch-Gimpera
adquiere particular resonancia por su incuestionable protagonismo en la Historia
del catalanismo del siglo XX, más concretamente por su estrecha vinculación
humanista con el movimiento decimonónico de la Renaixensa, principal fundamento
histórico y cultural del nacionalismo catalán. Bosch-Gimpera compartía el
principal criterio que sustentaba aquel movimiento romántico con rastros ineqlÚvocos
de los teóricos alemanes: la concepción de la Historia como elemento étnico
aglutinador de la tradición cultural. En este sentido, las investigaciones del
profesor barcelonés recogían la vindicación del ideario romántico de
recuperación del pasado histórico catalán más allá del pasado medieval:
herencia ancestral en remotos tiempos de la colonización griega (Ampurias) e
incluso, por qué no, en las pinturas rupestres de ancestrales cazadores
paleoliticos (Cogull). Pero la participación de
Bosch-Gimpera como activista politico se limitó a los primeros años del
exilio, durante su estancia en Gran Bretaña y sus primeros años mexicanos. Fue
justamente éste el período de su vida que condensó la mayor parte de sus
ensayos politicos e históricos. Si antes de su salida de De hecho, aquel colaboracionismo
en revistas políticas se rastrea apenas unos meses después de su salida de
España: desde diciembre de 1939 formó parte del Consejo de Dirección de la
Revista de Catalunya en el exilio (cuyo primer número apareció en 1924). Entre
esa fecha y abril de 1940 se editaron cinco números mensuales con propósito de
presentar una publicación de sólida base científica y pluridisciplinar,
independiente de partidos o sectores políticos concretos, continuadora de una
tradición cultural "quebrada pero no perdida".44 Mención especial merecen también
sus intervenciones en Cuadernos Americanos, donde formaba parte de su Junta
Directiva (México, 1942). La mayoría de estas
contribuciones mantienen la referencia catalanista en órganos de expresión del
sector exiliado catalán. Esto no resulta extraño porque los exiliado s
catalanes en tierras americanas organizaron con rapidez órganos de difusión
que ayudaran a mantener lazos muy estrechos con Cataluña a partir del
idioma como símbolo de continuidad y de particularismo.45
En este contexto, Bosch-Gimpera publicó en los tres primeros años de exilio
varios artículos de muy distinto signo en la revista Poble Cátala, órgano de
difusión del Consejo Nacional Catalán y, desde 1941, portavoz de la comunidad
catalana residente en México, cuando se re emprendió su edición en este país
tras la caída de París, donde dicha revista había comenzado a editarse. Sin
embargo, de acuerdo con su conciencia integradora, la mayoría de artículos
redactados por Bosch-Gimpera en catalán durante los años siguientes
(1945-1948) aparecieron en Nostra Revista, pues su línea editorial coincidía a
la perfección con el marco de pensamiento del investigador catalán ya que esta
revista era un punto de encuentro de los escritores e intelectuales catalanes
dispersos por todo el mundo, así como una tribuna política del más amplio
abanico del catalanismo, alejada de cualquier sectarismo.46 Las colaboraciones del maestro
catalán fueron también particularmente asiduas en la revista LIs Españas, que
acabó distinguiéndole afectuosamente con el título de decano algunos años
después. Junto con Revista Literaria y Diálogo de las Españas, esta revista
representaba a un sector regeneracionista del exilio muy próximo a la doctrina
del prehistoriador catalán: sus páginas fueron concebidas como la expresión
de un compromiso participativo común a manera de un proyecto de integración
nacional, que conformara un frente de oposición cultural al régimen franquista
a partir del reconocimiento de la pluralidad de los pueblos de España. Las
contribuciones de Bosch-Gimpera aparecieron entre los años 1946-1948,
coincidiendo justamente con aquella primera etapa de la revista orientada de
manera especial con los movimientos literarios y artísticos que amparaba el
subtítulo de Revista Literaria.47 Si bien la mayoría de las
contribuciones políticas de Bosch-Gimpera corresponden a los primeros años de
su larga etapa de exiliado, la mejor expresión de su pensamiento político-ideológico
aparece en una contribución ya tardía. Se trata del ensayo titulado "La
España de todos", que fue publicado como prólogo a la segunda edición de
la obra de otro exiliado español, Ansehno Carretero, titulada LIs
Nacionalidades españolas (la primera edición ya había sido publicada en 1948
por la revista LIs Españas). El pequeño ensayo alcanzaría tanta trascendencia
que fue re editado en varias ocasiones.48
Bosch-Gimpera y Carretero compartían con otros exiliados, como Mariano
Granadas, el mismo concepto regenerador de España como una comunidad de pueblos
capaces de ser considerados como nacionalidades. En el caso de Bosch-Gimpera esta
doctrina política fue construida con los cimientos de una particular teoría
histórica expresada por primera vez en el discurso principal que, siendo rector
de la Universidad Autónoma de Barcelona, leyó como lección inaugural del
curso 1937-38 de la Universidad de Valencia, por entonces capital provisional de
la II República. El texto fue publicado en las series de esta universidad
mediterránea pero los acontecimientos impidieron su divulgación.49
La particular visión política de España de Bosch-Gimpera aparece
perfectamente condensada en dos artículos aparecidos en 1947 en La Nostra
Revista: "En torno a la desviación de la historia de los pueblos españoles"
y "Contumancia de las desviaciones históricas. España y Europa. El
Imperio no es España". Estos textos realizan una crítica demoledora de
los dogmas principales de la ortodoxia histórica oficial del régimen
franquista, pilares fundamentales de aquella manida "unidad esencial de
España" que el maestro catalán condensaría tras el singular calificativo
de "superestructuras": la romanización como primera etapa formativa
del territorio nacional; la restauración religiosa de los Reyes Católicos como
causa última de la conciencia nacional; la sublimación de los valores
castellanos en el Imperio como fundamento de la conciencia nacional y la misión
culturizadora y evangelizadora en América como unidad de destino universal.
Bosch-Gimpera consideraba que la interpretación oficial de estos
acontecimientos constituía una mera distorsión histórica de la evolución
natural del país, determinada por el desarrollo de los niveles indígenas
conformados desde los lejanos tiempos prehistóricos, cuya verdadera
"cristalización" se produce en las nacionalidades medievales. La Historia de España se
convierte así en un constante movimiento pendular entre la auténtica
conciencia histórica representada por los distintos pueblos peninsulares y los
aparatos estatales que procuran anegar aquellas nacionalidades tras los
fantasmas de las grandes empresas nacionales e internacionales. Las
investigaciones prehistóricas de Bosch-Gimpera constituyen la base de la visión
histórica que sustenta su ideario político: la pluralidad actual de España
era la consumación histórica de un pluralismo étnico que arrancaba desde los
lejanos tiempos neolíticos. En este sentido, la España primitiva es para
Bosch-Gimpera en la raíz de la evolución posterior del país. De este modo,
esta evolución se caracterizaría, en primer lugar, por la diversidad étnica
y, en segundo, por la preexistencia de un trasfondo de cultura primitiva
"que persiste tenazmente gracias al conservadurismo y al tradicionalismo
que se hace sentir en todo el proceso de la Historia española, como un factor
congénito y retardatario de la evolución y asimilación de su ritmo al de la
Historia general europea". Finalmente, el proceso de formación de España
se caracterizaría, según BoschGimpera, por la "espontaneidad" y
fecundidad en la creación de valores culturales, y capacidad de asimilación. En la reconstrucción histórica
de Bosch-Gimpera, las grandes empresas constituyen meras invenciones propuestas
cuando no impuestas por Castillapueblo a los demás pueblos peninsulares. El
mismo prologo redactado para Las Nadonalidades españolas critica los rasgos
principales de la personalidad histórica oficializada de Castilla: su posición
hegemónica sobre los demás pueblos peninsulares, su trascendencia en el
devenir histórico y su pretendido carácter conformador de la representación
nacional. Esta posición no significó que Bosch-Gimpera cayera en los
extremismos propios del radicalismo catalanista, como prueba el hecho de que
para algunos intelectuales castellanos exiliados en tierras mexicanas,
Bosch-Gimpera fuera el historiador catalán que más hondamente había penetrado
en el espíritu castellano, incluso por encima de figuras tan señeras como
Francisco Pi Margall o Juan Maragall.50
La comprensión generalizada del sentir castellano constituye la mejor muestra
del compromiso conciliador de Bosch-Gimpera: la visión de España como conjunto
de nacionalidades, "grupos humanos diferenciados por culturas, experiencias
y expresiones históricas diferentes, aún de origen disímil, que se sienten
ligados por las experiencias y expresiones y que forman en su conjunto la Nación
española".51 EI LEGADO DE BOSCH-GIMPERA: LA UNIVERSALIDAD DE UN CIENTÍFICO La figura de Bosch-Gimpera ha
sido recuperada durante estos últimos años como uno de los más grandes
prehistoriadores españoles del pasado siglo. Más allá de los juicios emotivo
s -más o menos interesados- de los actos conmemorativos y homenajes, la inmensa
mayoría de la comunidad académica reconoce sin paliativos la trascendencia de
sus investigaciones como punto de partida de la renovación metodológica de la
Prehistoria española a principios de siglo. Ninguna de las obras sobre este
tema aparecidas a partir de 1939 (pericot, 1950; Almagro, 1958, etc...) tuvo
tanto impacto como El Poblamiento antzguo y la formaaón de los pueblos de
Espana (México, 1945). En términos generales uno de sus discípulos indirectos
condensaría su importancia en la Prehistoria española en los siguientes
logros: la organización teórica, la creación de una escuela regional y la
creación del Museo de Arqueología de Barcelona.52
No obstante, existen también
matices particulares divergentes entre los historiógrafos en torno a la
trascendencia de la personalidad científica de BoschGimpera en el marco específico
de la Arqueología catalana, mas allá de su protagonismo indiscutible como
catalizador de dicha escuela. Los estudiosos catalanes magnifican el retroceso
de la Arqueología en Cataluña después de la Guerra Civil, aludiendo a la
conjunción de la pérdida de las instituciones autonómicas que habían
potenciado su desarrollo con el exilio irreparable de la personalidad
aglutinadora de la tradición arqueológica específicamente catalana. Sin embargo, otros autores
matizan este pretendido retroceso, señalando la parquedad de la producción
científica catalana previa a la Guerra Civil en comparación con la de otros
puntos del país, debido a diversos factores como la ausencia de revistas o
publicaciones especializadas sobre esta disciplina en Cataluña.53
Algunos de estos prehistoriadores reconocen que el fInal del conflicto supuso la
desaparición de una organización arqueológica catalana de carácter académico
pero insisten en la vitalidad y continuidad de los estudios arqueológicos en
esta región.54
En cualquier caso, incluso los más críticos con su figura, reconocen que la
desaparición de Bosch-Gimpera provocó cierta recesión de la arqueología
catalana por la pérdida de dinamismo en favor de cierto provincianismo.55
En este sentido resulta curiosa la mentalidad de la nueva generación de
estudiantes de esta disciplina tras la Guerra Civil, que consideraba la figura
de Bosch-Gimpera como poco menos que una especie de "personaje mitológico".56 Ello era, sin duda, consecuencia
del hecho de que la personalidad científica y la obra de Bosch-Gimpera fueran
marginadas por los círculos de la nueva ortodoxia arqueológica española. Si
bien, la producción del arqueólogo catalán no pudo ser por completo ignorada
durante las dos décadas siguientes, particularmente tras la publicación del
libro El Poblamiento antiguo y la formación de los pueblos de España. La
expectación entre los círculos españoles especializados debió ser notable
pues, en palabras de su discípulo más influyente, "los pocos ejemplares
de esta obra que llegaron a España fueron leídos con avidez".57
Por supuesto, la concepción singular de la diversidad cultural peninsular implícita
en su obra contravenía los principios fundamentales del régimen
franquista:nada más lejano del principio de uniformidad cultural de los pueblos
peninsulares que su reconstrucción de la diversidad étnica, y de la premisa
pangermanista de la civilización celta como generador de la unidad nacional que
su preocupación por el sus trato ibérico. En síntesis, la obra del maestro
catalán no podía ser más opuesta al cuerpo doctrinal de unidad de destino en
lo universal, anticomunismo religioso y europeísmo arianizante.58
La primera contraofensiva de los
arqueólogos más próximos al régimen franquista sería la publicación del
Esquema Paleoetnológico de la Península Hispánica por Julio Martínez
Santa-Olalla (Madrid, 1946). Olalla niega la misma existencia de la etnia ibérica,
que no sería más que producto de ciertos grupos de la periferia céltica, y
manifiesta la identidad de las secuencias culturales de la Península con las
proporcionadas por las regiones centrales y meridionales francesas. La segunda
de las contraofensivas aparece con el artículo "Nuevas cuestiones científicas
sobre la unidad de España de Martín Almagro Basch" (Madrid, 1950), donde
critica con dureza el principio de diversidad étnica peninsular en alusión
explícita alprehistoriador catalán. En el libro Origen y formación del pueblo
hispano el mismo aJ.ltor niega cualquier noción pluriétnica. No obstante, la
obra de Bosch-Gimpera superó a sus adversarios en capacidad para abordar con éxito
el estudio integral de la Prehistoria ibérica y alcanzó mayor impacto que
cualquiera de las otras monografías aparecidas en España tras la Guerra Civil.59 Pero la reducida repercusión en
España de los planteamientos propugnados por Bosch-Gimpera no fue sólo
producto del contexto ideologizado de la España de la Postguerra. La preocupación
por los principios de diversidad étnica desapareció de la Prehistoria española
prácticamente hasta finales de los setenta, si exceptuamos los ensayos de Julio
Caro Baroja.60
Ello parece más bien consecuencia de la ausencia de discípulos directos de
Bosch-Gimpera dedicados al mundo protohistórico. En este sentido, Miguel
Tarradell comenta, no sin ironía, como aquellos discípulos que mostraron más
fidelidad al maestro fueron precisamente los representantes de las ideas más
renovadoras o se centraron en campos de trabajo distintos: Luis Pericot con los
estudios paleolíticos o Palol con los estudios de arqueología paleocristiana.61
No obstante, tampoco faltaron algunos tímidos intentos de reconocimiento de
BoschGimpera durante la limitada apertura de la dictadura franquista a inicios
de los sesenta: su mayor hito fue la conferencia pronunciada por Pericot en
Madrid con el título "Las raíces de España". Ese mismo título
apareció en su obra publicada en 1967, que mereció una reseña amplia del
propio Bosch-Gimpera, donde destaca no sin sorpresa la fidelidad del discípulo
a sus antiguas conclusiones. Algunos textos de esa misma época publicados en
revistas catalanas peninsulares no dudan ya en rememorar su figura.62
La ausencia de discípulos
directos en el campo de la Protohistoria también se apreció desde los primeros
tiempos de su exilio mexicano por sus intereses exclusivamente europeos: por una
parte, Bosch-Gimpera no tuvo apenas influencia en la formación de los jóvenes
arqueólogos españoles del exilio -que orientaron su carrera hacia los temas
americanos-, por otra, tampoco en la de aquellos jóvenes mexicanos, más
preocupados por ámbitos de estudio locales. Su influencia se manifiesta más en
la perspectiva de la investigación que en la formación de equipos de
investigación: la mayoría de sus alumnos y colegas mexicanos reconocen su
inmenso saber en las más diversas disciplinas de la Prehistoria, Arqueología,
Etnología y Lingüística.63
Su posición de outsider de la
Prehistoria española concentra precisamente la polémica sobre la capacidad
regeneradora de los escritos de su producción tardía.64
Algunos críticos opinan que los trabajos desarrollados desde finales de los
cincuenta aparecen lastrados por falta de acceso directo a la información
documental recuperada en las excavaciones peninsulares de aquella época.65
Pero esa opinión contrasta con su enorme capacidad de recopilación bibliográfica,
inclusive en temas de estudio poco tradicionales dentro de su carrera
profesional, como el Paleolítico, donde las discrepancias con otros autores en
modo alguno proceden de deficiencias documentales sino antes bien de la
incorporación de una bibliografía más numerosa.66
De esta manera, el carácter pretendidamente anticuado de su producción tardía
se nos revela más bien como la estricta fidelidad a su marco teórico
disciplinar más que a lagunas historiográficas o documentales. La producción literaria
americanista de producción tardía también ha ofrecido opiniones
controvertidas y polémicas. Algunos críticos han opinado que sus contados
estudios no ofrecen innovaciones relevantes ni aportaciones significativas en la
investigación prehistórica americana por diversos motivos: la ausencia de
compromiso en trabajos de campo, la falta de familiaridad con la Arqueología
americana y la utilización de una base historiográfica anticuada.67
Otros autores manifiestan que su producción en el exilio fue consecuencia de un
contexto americanista inadecuado para la investigación prehistórica en ese
continente, particularmente del desconocimiento del antiguo poblamiento o de
manifestaciones artísticas prehistóricas.68
Pero más allá de estas polémicas, todos los autores reconocen la relevante
capacidad de síntesis de sus obras americanistas, que consiguieron incorporar
orden y comprensión en la Prehistoria del continente,69
particularmente en los planteamientos más cercanos al doctrinario difusionista.70
En estas circunstancias resulta sorprendente la notable repercusión de las síntesis
de arte rupestre entre los jóvenes investigadores de países como Argentina,
Perú, México o Brasil. Los diversos estudios monográficos
de la Prehistoria europea, oriental y americana, convirtieron a Bosch-Gimpera en
un prehistoriador de carácter universal. En ese sentido, su personalidad recordó
en cierta ocasión aquella tradición típicamente europea que procuraba la
reconstrucción y comprensión del remoto pasado americano como componente de
una historia coherente y paralela a la del Viejo Continente.71
Pero esta concepción generalista tiene además otro sentido: su capacidad para
las síntesis de carácter continental dotadas de una impecable erudición
interdisciplinar. Marco de trabajo que recuerda a otras notables autoridades de
la arqueología europea como Hawkes, Henken y en ciertos aspectos a Gordon
Childe, así como a otros célebres arqueólogos americanistas como Osvaldo
Menghin o Lorenzo Boturini, con los que Bosch-Gimpera compartió la capacidad
para proyectar la concepción humanística europea sobre la Historia americana,
a la manera del humanismo antropológico sostenido por la erudición,
comparativismo, ampliación orgánica y filosofía.72
Pero quizás el mejor legado de
Bosch-Gimpera fue su carácter tolerante y conciliador entre los pueblos de España
aún en las condiciones penosas de cualquier exiliado. En este sentido, nada
mejor para cerrar este trabajo y recordar su figura que las palabras redactadas
por su hijo: "Todavía la noche antes de fallecer, comentando su libro La
España de todos, que consideraba su testamento histórico para todos los jóvenes
españoles que enfrentarían el futuro, discutimos lo importante que resultaba
entender el significado del libre albedrío relacionado con un alto sentido de
la responsabilidad y de tolerancia. Hablamos de la forma en que todo ello se
encontraba en la base de la libertad que tanto habíamos querido y de cómo había
que luchar contra los intereses mezquinos, con el fin de ir en busca de un
entendimiento entre las naciones hispánicas.73 30
1 Las memorias redactadas por Bosch-Gimpera constituyen el punto de partida de cualquiera de las obras posteriores: Pere Bosch-Gimpera, Memóries, Barcelona, Eds. 62, 1980. El mismo prehistoriador ofrece muchos de sus recuerdos en Pere Bosch-Gimpera, La Universtlat i Catalunya, Barcelona, Eds. 62, 1980 Y en Pedro Bosch-Gimpera, "1916. Una escuela de Prehistoria", en Pyrenae, vol. 2 (1966), pp.1-11. La biografia más completa del maestro se halla en Josep M. Sans i Puig, Pere Bosch Gimpera, Barcelona, Colunma, 1994. Los restantes estudios de sintesis son: Luis Pericot, "Algunos de mis recuerdos de Bosch Gimpera", en Juan Comas (ed.), In Memoriam Pedro Bosch-Gimpera, México, Universidad Nacional j\utónoma de México, 1976, pp. 23-37;Juan Comas, "Biografia del doctor Pedro Bosch-Gimpera: 1891-1974", enJ. Comas (ed.), op. al., pp. 9-22; lrene Peypoch, "Pere Bosch Gimpera, biografia básica", en VVAA, Pere Bosch Gimpera i el Museu Arqueologic de Barcelona: 50 aniversari, Museu secret, Barcelona, Diputació de Barcelona, 1986, pp. 11-18 Y Eduardo Ripoll Perelló, Pere Bosch Gimpera, fundadordelMuseu dArqueología de Barcelona, Barcelona, lnstitut de PrehistoriaiArqueologia. Las principales necrológicas que rememoran su vida son las de Miguel Tarradell, "In Memoriam Pedro Bosch Gimpera (1891-1974)", en Madrider Mitteilungen, vol. 17 (1976), pp. 301-308. Eduardo Ripoll Perelló, "Prof. Don Pedro Bosch Gimpera (1891-1974)", en Ampurias, núms. 36-37 (1974-75), pp. 277-326. La recopilación de su producción bibliográfica se halla en dos textos: Juan Comas, "Bibliografia de Bosch-Gimpera", enJ. Comas (ed.), op. cit., pp.115-164 y María Teresa Llecha, "Bibliografia del Prof. Bosch-Gimpera", en Ampunas, núms. 36-37 (1974-75), pp. 292-308. 2 La reconversión prehistórica experimentada durante su estancia alemana está descrita en Margarita Díaz-Andreu, "Los arqueólogos españoles en Alemania en el primer tercio del siglo XX. Los becarios de la Junta de l\mpliación de Estudios (1). Pedro Bosch Gimpera", en Madrider Mitteilungen, vol. 36 (1995), pp. 79-89. Merece la pena consultar también las cartas redactadas durante esos dos años, recopiladas en Oaume Sobrequés et al., Eptstolari de Francesc Martorel!i Trabal i de Pere Bosch i Gtmpera amb Ramon dAbadal i de Vinyals i amb Ferran Valls i Taberner: 1908-1931, Barcelona, Promocions Publications Universiteries: Colecció d Epistolaris Catalans del segle XX, 1991. 3 Jordi Rovira, "El Museu arqueológic o la historia d'un anhel", en VVAA, Pere Bosch Gimpera..., op. cit., pp. 30-35. 4
La
gestión universitaria del profesor está descrita por Albert Ribas, La
Universitat Autonoma de Barcelona (1933-1939), Barcelona, Eds. 62, 1976. V
éanse también: Albert Ribas, "Les generacions de I'autonomia
universitaria", en Cultura, núm. 21 (1991), pp. 24-26. Josep Maria
Bricall, "Pere Bosch i Gimpera, rector de I'autonomia", en
Cultura, núm. 21 (1991), pp. 27-28. Jordi Maragall, "Pere Bosch
Gimpera i la Universitat", en VVAA, Pere Bosch Gimpera..., op. cit.,
pp. 36-42. 5 La complicada tarea del maestro en la Consejería de Justicia está relatada en Albert Balcells,Justícia I Presons, després de maig de 1937, a Catalunya. (intents regulanzadors del conseller Bosch Gimpera), Barcelona, l\ditor Rafael Dolmen, 1989. 6
E. Ripoll, "Prof. Don
Pedro...", op. cit. p 288. 7 Albert Manent, "La cultura catalana a l’exili", en Una esperanra desfeta. L’exili de 1939, Barcelona,Museu d’Historia de Catalunya. 2000, pp. 45-55. 8 Para conocer mejor su primera etapa de exilio véanse las cartas redactadas por Bosch-Gimpera antes de la partida definitiva a América: Viure el primer exili: cartes britaniques de Pere Bosch i Gimpera 1939-1940. Barcelona, Fundació CarIes Pi i Sunyer d .Estudis Autonomics i Local, 1988. 10 Milagrosa Romero, "Análisis del éxodo y actividad política", en Luis de Llera (coord.), El último exilio español en Amén'ca. Grandeza y miseria de una formidable aventura, Madrid, Editorial Maphre, 1996, pp, 19-314. 11 La aceptación de México como su otra patria fue asumida
con toda plenitud, como él mismo rcconocecn una entrevista aparecida en la
fecha tardía de 1971 donde comentaría: “[...] M 'han donat totes les
facilitats possibles,
La patria, en definItiva, és ellloc on un pot treballa, (Baltasar Porcel,
"Pere Bosch Cimpera, obert als segles del Mon", en
Obres completes (Granscatalans d'ara),. Barcelona, Editorial Proa, 1994, pp.
1 05-119, I~n esta misma línea se declaró en una entrevista: Baltasar
Porcel, "El profesor, tractat cara a cara", en Cultura, núm, 21
(1991), pp. 21-23. 13 Las memorias de Pi Suñer recuerdan en diversas ocasiones los contactos para la reconciliación entre los distintos grupos de exiliado s catalanes y contienen los telegramas de mediación con BoschGimpera, Véase Caries Pi i Sunyer,Memories de l'exili: E1ConsellNaa'onal de Catalunya 1940-1945, Barcelona, Editorial Curial, 1975, pp 118-120,134-135 y 156. 15
Los
congresos a los que asistió, según los datos aportados por J. Comas,
"Biografia...", op. cit., pp. 19-20, serían los de Ciencias
Antropológicas y Etnológicas (Bruselas, 1948), Historia del Arte
(Lisboa,1948), Orientalistas (París, 1948), Lingüistas (París, 1948),
Toponimia y Antroponimia (Bruselas, 1949), ¡\mcricanistas (Nueva York,
1949), C:iencias Históricas (París, 1949), Estudios Clásicos (París,
1950), Prehistoria y Protohistoria mediterráneas (r'lorencia- N ápoles- ¡toma,
1950), Etnografia Europea y Occidental (l(stocolmo, 1951), Oricntalistas
(Estambul, 1951), Ciencias Antropológicas y Etnológicas (Vicna, 1952),
Americanistas (Cambridge, 1952) y Panafricano de Prehistoria (Argel, 1952). 16
E. Ripio, “Prof. Don Pedro..” op.
Cit., pp. 289-290. 17 Lorenzo Delgado, "El régimen franquista y Europa: papel de las relaciones culturales, 1945-1975", en Javier Tusell (coord.): Congreso Internaaonal Úl política ex-teriorde España en el stgloXX, Madrid, Universidad Nacional de Educación a Distancia, 1997, pp 415-440. 18 Juan Antonio Ortega. "Antropología", en El exilio español en México. 1939-1982, México, Fondo de Cultura Económica, 1982, pp. 309-362. 19 Luis Pcricot. Algunos de mis recuerdos de Bosch Gimpera", en Destino, núm. 1934 (1974), pp. 910; Luis Pericot, "Algunos de mis recuerdos de Bosch Gimpera", en J. Comas (ed.), op. cit., pp. 23- 37 y Luis Pericot, "Pedro Bosch Gimpera", en Cuadernos de Prehistoria y Arqueología Universidad Autónoma de Madrid, vol. II (1975), pp. 9-13. 20 Los trabajos de este homenaje aparecieron editados en G. Santiago, A Pedro Bosch-Gimpera en el septuagésImo aniversario de su nacimiento, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1963. J"a miscelánea reunía 49 contribuciones de hasta casi una veintena de nacionalidades y distintos ámbitos de estudio. Este tipo de homenajes aexiliados españoles fueron frecuentes. Reconocimientos sinceros y espontáneos con honda repercusión pues no sólo honraban la obra de aquellos transterrados sino que tenían un sentido político como homenajes a los hombres que habían defendido la libertad, en palabras de Javier Malagón, "Los Historiadores y la Historia", en José Luis Abellán (coord.), El EX11io español de 1939. V Arte y Czenaa, Madrid, Taurus, 1978, pp. 245-353. 21 Oliver Bertrand, Pere Bosch Gimpera-Rafae! Olz'var Bertrand, Correspondencia, Barcelona, Editorial Proa 1978, pp, 341-342. 22
Pedro Bosch-Gimpera, "Two Celtic waves in
Spain (Sir John Rhys Memorial Lecture, 1939)", en Proceedings of the
Brittsh Academy, Londres, British Academy, 1942, 126 pp. El esquema
principal de ese libro fue adelantado en otros dos artículos publicados en
catalán y francés durante su estancia inglesa: Pere Bosch-Gimpera, es dos
onades ccltiques a la peninsula ibérica", en fuvista de Catalunya,vol.
95 (1940), pp. 69-84 Y "Les celtes et la civilisation des umes en
spagne", en Préhistoire, vol. VIII (1941), pp. 121-154. El esquema del
mismo apareció después en Pedro Bosch-Gimpera, “El Poblamiento Primitivo
de España", en fuvista de la Universidad de La Habana, vols. 52-54
(1944), pp. 115-135. 23
Este mismo texto
fue publicado en otras dos ocasiones antes de su nombramiento parisino.
Primero en Pedro Bosch-Gimpera. “El Poblamiento antzguo y la formaa'ón de
los pueblos de España, México, Instituto de Historia de la Universidad
Nacional Autónoma de México, 1945, pp. 469-641. Después en Pedro
Bosch-Gimpera, "Mouvements celtiques, essai de reconstitution", en
Études Céltiques, vol V (1950-51), pp. 352-400. Pedro Bosch-Gimpera,
"Mouvements celtiques, essai de reconstitution", en Études céltiques,
vol. VI (1952-1953), pp. 71-126 y 328-355. 24 Pedro Bosch-Gimpera, El Poblamiento antigno y la formación de los pueblos de España, México, Instituto de I listoria de la Universidad nacional Autónoma de México, 1945,421 pp., 71 láms. y 12 mapas. Contamos con articulos cercanos en el tiempo, que condensan sus tesis, por ejemplo: Pedro Bosch-Gimpera, "La formazione dei popoli della Spagna", en Laparola delpassato, vol. XI (1949), pp. 97-129. Los distintos capítulos del libro serían desglosados en otros tanto estudios específicos, destacando de manera especial: Pedro Bosch-Gimpera, iberos", en Cuadernos de Histona de España, vol. IX (1948), pp. 8-93. 25 Luis Calvo, Historia de la Antropología en Cataluña, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1997. August Panyella, "Aportacions metodologiques per a una historia científica", en Cultura, vol. 21 (1991), pp. 29-31. 26 José Ramón Llobera, "La formación de la ideologia nacionalista catalana", en L Avenf, vol. 36 (1983). 27 L. Calvo, op. cit., p. 62. 28 Margarita Díaz-Andreu y Gloria Mora, "Arqueología y política: El desarrollo de la arqueología española en su contexto histórico", en Trabajos de Prehistoria, vol. 52, núm. 1 (1995), pp. 25-38. 29 Jordi Casassas, "Pere Bosch Gimpera: La virtut de l'oportunitat", en VVAA, Pere Bosch Gimpera..., op. cit., pp. 23-29. 30 Pedro Bosch-Gimpera, Historia de Oriente, Guatemala, Universidad de San Carlos (1947-1951), vol. 1,681 pp. Y vol. 11,696 pp. Veinte años más tarde se publicó otra edición ampliada y revisada de esta misma obra: Pedro Bosch-Gimpera, Historia de Oriente, México, Universidad Nacional de México, 1970, 680 pp Un segundo volumen quedó en preparación. 31 Pedro Bosch-Gimpera, El problema indoeuropeo, México, Universidad Nacional Autónoma de México 1960. I-DS principios fundamentales de este libro fueron presentados dos años antes como comunicación congresual: Pedro Bosch-Gimpera, "Das europaische Neolithikum und seine Volker: Die Indogermanenfragem", en Bench über des V lnternationalen Kongress ftir Vor-und Friihgeschichte, Hamburgo, 1961,pp.130-142. 32 Destacamos los trabajos escritos en lcn¡,rua española al respecto: Pedro Bosch-Gimpera, "Problemas de las civilizaciones del neo-encolítico occidental y de su cronlologia”, en Actas del Congreso lnternacional de Cienaas Prehistóricas y Protohistóricas, Madrid, 1956, pp. 643-655; Pedro Bosch-Gimpera, "El neolitico europeo y sus pueblos. El problema indoeuropeo", en Zepryrus, vol. IX (1958), pp. 141-162; Pedro Bosch-Gimpera, "Los problemas del neo-encolitico peninsular y el Simposio dc .1959", en Zepryrus, vol. XII (1961), pp. 43-53; Pedro Bosch-C~impera, "La significación del neolitico circummediterráneo", en Pyrenae, vol. 1 (1965), pp. 21-30; Pedro Bosch-Gimpera, "El neolitico y la discusiím del problema indo-europco", en Anales de Antropología, vol. 3 (1966), pp. 119-156 Y Pedro Bosch-Gimpera, "Ensayo de una visión de conjunto del neo-eneolitico curopeo", en Anales de Antropología, vol. 8 (1970), pp. 233258. Existen además traducciones sobre el tema en portugués (1959) y francés (1968), así como presentaciones cn c(mgrcsos traducidos al alemán y francés. 33 Fermm del Pino, "Antropólogos en el exilio", en José Luis Abellán (coord.), op. cit., pp. 48-69. 34 La lista de trabajos aparecidos sobre este tema es reducida pero constante y más o menos regular desde finales de los cincuenta hasta prácticamente su fallecimiento. V éanse Pedro Bosch-Gimpera, "Asia y América en el paleolítico inferior. Supervivencias", en Miscellanea Rivert Octogenario Vicata, vol. 1 (1958), pp. 49-76; "La Prehistoria del Nuevo Mundo y Centro-América", en Actar de'-XXXIII Congreso InternaCIonal de Americanistas, San José de Costa Rica, 1959, vol. 1, pp. 137-151; "La Prehistoria y los orígenes del hombre americano", en II Encontros Intelectuais de S ao Paulo, Sao Paulo, 1964, pp. 55-136; "Nuevos aspectos del paleolítico euroasiático en relación con el origen de los cazadores americanos", en Anales de Antropología, vol. 5 (1968), pp. 163-179; "Paralelos transpacíficos de las altas culturas americanas y su cronología", en Anales de Antropología, vol.7 (1970), pp. 43-89 (con traducción al alemán en 1971) y "L' Asie et les contactos transpacifiques avec les hautes cultures americaines", en ComptesRendus de I Academié des Insctiptions et Belles Letres (1972), pp. 543-552. 36
Pedro Bosch-Gimpera,
"L’Art rupestre américain", en Compres Rendus de I Academie des
Inscnptions et Belles Lettres (1963), pp. 264-273 Y "El arte rupestre
en América", en Misceldnea Homenq¡'e a Henry Breuil, vol. I (1964),
pp. 269-282. Con carácter póstumo apareció "Posible arte rupestre
paleolítico en México", en Homenaje a J. Ferndndez, México,
Universidad Nacional Autónoma de México (1975). 37 Pedro Bosch-C:;impera, "L'Amérique, Paleolithique et Mesolithique", en André Varagnac, L 'Homme avant l'E,'liture, París, 1960, pp. 165-187; "1-' Amérique Néolithique et Précolombien", en A.Varagnac, op. ci't., pp. 340-357. Además escribió L Amérique avant Christophe Colomb, París, Payot, 1967, 237 pp. I,a traducción italiana de esta última fue L America Precolombina, 'l'Oru10, Nuova Storia Universale dei Popoli e delle Civitá, vol. VII, 1968, 578 pp. La traducción española apareció como Pedro BoschGimpera, La América Prehispánica, Madrid, Ariel, 1975, 369 pp. 38 Ignacio Bernal, "In Memoriam", en J. Comas (ed.), op. dI, pp. 77-82. 39 Carlos Bosch García, "Doctor Pedro Bosch Gimpera que yo conocí", en Yoko Sugiura y Mari Carmen Serra (eds.), Etnoarqueología. Primer Coloquío Bosch-Gimpera, Méxíco, Universidad Nacional Autónoma de México, 1990, pp. 5-14. 40 M. Romero, op. cit., pp. 213. 41 Jordi Maragall, "Pere Bosch C;impera i la Universitat", en VVA1\, Pere Bosch Gimpera..., op. cit., pp. 36-42 y "Bosch C;impera, ayer y hoy", en Destino, núm 1934 (1974), pp. 11-12. 42 J. Malagón, op. cit., pp. 255, nota 17. 43 La larga lista de revistas catalanas del exilio y de sus colaboradores se puede encontrar en Vicenc Riera, EIs exiliats catalans a Mexic, Barcelona, Curial, 1994. 44
Antonio
Risco, "Las revistas culturales y literarias de los exiliados españoles
en Francia", en José Luis Abellán (coord.), El Exilio español de
1939. Vol. III. Revistas,pensamiento, educación, Madrid, Editorial Taurus,
1976, pp. 93-150. 45 Rosa María Grillo, "La literatura del exilio", en L. de Llera (coord.), op. cit., pp. 315-515. 46 R. M. Grillo, op. cit., p. 457. 47
Manuel
Andujar, "Las revistas culturales y literarias del exilio en Hispanoamérica",
en J. L. Abellán (coord.), El exilio español de 1939. Vol.lII..., op.
cit., pp. 21-92. R. M. Grillo, op. cit., pp. 458-459. 48
Pedro
Bosch-Gimpera, "Prólogo", en J. Carretero, L;¡s nacionalidades
españolas, México, 1952, pp. 15-27. El mismo texto fue reproducido poco
después: Pedro Bosch-Gimpera, "La España de todos", en Las Españas,
vols. 23-25 (1953). Otros pequeños apuntes aparecieron en catalán: Pere
Bosch Gimpera, "La Espanya de totl', en Catalunya, 1956 (enero), pp. 4,
5 y 10. 49
Antonio
Carretero, "Prologo", cn Pedro Bosch-Gimpera, La España de Todos,
Madrid, Seminarios y Ediciones, 1976, pp. 7-17 Y Anselmo Carretero, "La
concepcií) plural d.Espanya des del exilio", en Cultura, vol. 21
(1991), pp. 32-35. 50 Ibid,p.15. 51 Carlos Bosch García, "estudio preliminar: y a propósito de España, México", en Pedro Bosch Gimpera: El Problema de las Españas, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1981, pp. 7-19 52 Miguel Tarradell, "Bosch Gimpera, argueólegia en VVAA, Pere Bos,h Gimpera..., op. Cit., pp. 21-22. 53
Margarita
Díaz-Andreu, "Prehistoria y Franquismo", en Gloria Mora y
Margarita Díaz-Andreu (eds.), La Cnstalizadón del Pasado: Génesis y
Desarrollo del Marco Institucz'onal de la Arqueología en España, Málaga,
1997, pp. 547-552. 54 Miguel Tarradell, "Bosch Gimpera y la Escuela de Arqueología de Barcelona", en Destino, núm. 1934 (1974), pp. 13 y "Pere Bosch Gimpera", en Serra d'Or, vol. XVI (1974), pp. 831-833. 55 M. Díaz-Andreu, "Prehistoria y Franquismo", op. cit., pp. 549. 56 Josep Pla, "El profesor Doctor Pere Bosch Gimpera (1891)", en Obra completa. Homenots, Barcelona, Editorial Destino, 1981, pp. 9-47. 57
E. Ripoll, "Prof. Don
Pedro...", op. cit., p. 288. 58 Jordi Estévez y Asunción Vila, Piedra a Piedra. Histona de la constructión del Paleolítico en la Peninsula bénca, Oxford, Archaeopress, 1999. 59 M. Díaz, “Prehistoria y franquismo”, op. cit., pp. 60 Martín Almagro Gorbea y Gonzalo Ruiz Zapatero, "Paleoetnología de la Península Ibérica: Reflexiones y perspectivas de futuro", en Complutum, vals. 2-3 (1992), pp. 469-499. 61 Miguel "larradell, "Bosch-Gimpera y la
Escuela de Arqueología de Barcelona",
en J. Comas (ed.), op. cit., pp. 39- 44. 62 Eduardo Ripoll Prelló, "Homenaje al profesor Pedro Bosch Gimpera", eo Ampurzas, vol. XXIX (1967), pp. 305-308. 63 Antonio Pompa y Pompa, "Mi encuentro con el Doctor Pedro Bosch-Gimpera", en J. Comas (ed.), op. cit. , pp. 83-94. José Luis Lorenzo, "Prólogo", en Pedro Bosch-Gimpera, El Poblamieutoy la Formación de los Pueblos de España, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1995, pp. VIIXXVII. Noemí Quezada, "Los Antropólogos", en Cincuenta años del eX/'lio español en la UNAM, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1995, pp. 83-89. 64 J Estévez y A. Vila, op. cit., p. 87. 65
Margarita
Díaz Andreu, "Prehistoria y franquismo", op. a't., pp. 550-551.
66 J. Estévez y A. Vila, op. cit., p. 87. 66 J. Estévez y A. Vila, op. Cit. P. 87. 67 F. del Pino, op. Cit., p.64.. 68 L. Pericot, “algunos de ..” op. Cit., p.33 69 I. Bernal, op. Cit. P. 78 Juan Antonio Ortega, op. Cit. P. 311 70 F. del Pino, op. Cit. P. 64. 71
I. Bernal, op. cit. p. 79. 72 Juan Schobinger, "Pedro Bosch-Gimpera y Osvaldo Menghin, o la búsqueda de un humanismo antropológico", en J Comas (ed.), op. cit., pp. 95-98. 73
C. Bosch García,
"El Doctor Pedro..", op. cit., p. 13. |
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