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La Revista Ciencia y las Primeras Actividades de los Científicos Españoles en el Exilio *

 

Miguel Ángel Puig-Samper Mulero

Instituto de Historia

Consejo Superior de Investigaciones Científicas

 

Lo fundamental para ver los frutos de la Ciencia española en el exilio es la revista CIENCIA (Francisco Giral)

 

EL EXILIO CIENTÍFICO Y LA CREACIÓN DE LA REVISTA CIENCIA

 

Pasados más de sesenta años desde el final de la Guerra Civil española, es un deber de los historiadores recuperar la memoria de la obra de nuestros exiliado s, una tarea iniciada hace unos años en lo que se refiere al mundo literario y cultural,1 pero escasamente desarrollada en el mundo de la ciencia, con algunas notables excepciones como la de uno de sus protagonistas, Francisco Giral, quien nos obsequió hace pocos años con un interesante libro que además se ha convertido en un excelente repertorio para el estudio de la ciencia española exilio, y algunas contribuciones recientes de José Luis Barona.2

 

No es una casualidad que el núcleo central de la investigación sobre la ciencia española en el exilio se desarrolle en México. Aunque es evidente que muchos de los científicos españoles se asentaron en otros países, especialmente en Colombia, Venezuela, Argentina, Estados Unidos, Cuba, etc. La política especialmente generosa del presidente de México -Lázaro Cárdenas- con la comunidad de intelectuales españoles, favoreció el asentamiento definitivo de muchos científicos en la república mexicana. En este proceso de apoyo a los exiliados españoles en México, hay que recordar especialmente el papel jugado por Daniel Cosío Villegas, quien logró la creación en agosto de 1938 de la Casa de España en México para auxiliar a los intelectuales españoles, con el conocimiento y la conformidad del gobierno de la República Española.

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En enero de 1939 enviaban al presidente Cárdenas un mensaje de agradecimiento los primeros invitados de la Casa de España (reproducido en el Excelsior, 20 de enero de 1939), entre los que firmaban José Gaos, Jesús Bal y Gay, Enrique Díez-Canedo, León Felipe Camino, Agustín Millares, José Moreno Villa, Luis Recasens, Juan de la Encina, Gonzalo R. Lafora e Isaac Costero, siendo estos últimos dos de los científicos más destacados del exilio. El12 de marzo de 1939 se designó al prestigioso escritor mexicano Alfonso Reyes como presidente del patronato de la Casa de España en México, un acontecimiento que favoreció aún más la recepción de los exiliado s españoles y la actividad de la nueva institución y su continuadora, El Colegio de México.3 Reyes había vivido su exilio particular en Madrid, de 1914 a 1924, y como otros intelectuales latinoamericanos se había incorporado a las labores de investigación y estudio de instituciones como el Centro de Estudios Históricos, el Ateneo o la Residencia de Estudiantes. En el primero había colaborado con personalidades como Ramón Menéndez Pidal, Américo Castro, Federico de anís, Tomás Navarro Tomás, etc... y en otros ámbitos se había relacionado con intelectuales de la talla de Miguel deUnamuno, Ramón María del Valle-Inclán, José Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez o Azorín, por lo que su sensibilidad hacia el mundo cultural español en el exilio no podía ser más acusada.4

 

de ayudante en el Departamento de Salubridad Pública de México. La contestación, que llevaba la firma de Alfonso Reyes, fue afirmativa y en julio de ese mismo año desembarcaba toda la familia Bolívar en el puerto de Veracruz, una circunstancia que como veremos favoreció notablemente la aglutinación de los exiliado s españoles que trabajaban en el mundo de la ciencia. 5 Ignacio Bolívar fue inmediatamente nombrado Miembro Honorario de la Casa de España con el expreso encargo de hacer una memoria sobre el estado de los estudios. de las ciencias naturales en España, en tanto que su hijo Cándido Bolívar Pieltain era considerado Miembro Especial de la misma institución, aunque recibiese su remuneración del Departamento de Salubridad Pública, una situación similar a la del doctor Isaac Costero, discípulo de Pío del Río Hortega, que también figuraba como Miembro Especial de la Casa de España, pero recibía su salario del Hospital General.

 

En general la Casa de España mantuvo una estructura flexible en su apoyo a los refugiados españoles, aunque exigía una dedicación exclusiva de los considerados residentes, una situación que provocó algunos problemas con algunos médicos que fueron acusados de mantener una lucrativa actividad particular, como fue el llamativo caso del psiquiatra Gonzalo R. Lafora. En cualquier caso, los directivos de la Casa apoyaron sin reservas la colocación de los profesionales llegados a México y es necesario apuntar el ejemplo del doctor Enrique Arreguín, uno de los patronos de la Casa de España, que fue especialmente activo en la colocación de los médicos exiliado s, como fueron los psiquiatras Gonzalo R. Lafora, Dionisio Nieto Gómez y Federico Pascual del Roncal, el historiador de la medicina Germán Somolinos, el especialista en tuberculosis Juan Solares, el ginecólogo José Torre Blanco, el pediatra Aurelio Romeo Lozano, etc...

Asimismo la Casa de España apoyó sin reservas la actividad en los laboratorios de diferentes científicos ligados a la institución, como la de los médicos Isaac Costero, Lafora, Manuel Márquez y Manuel de Rivas Cherif en el Hospital General, Jaime Pi-Suñer en el Laboratorio de Fisiología de la Facultad de Medicina, la de Antonio Madinaveitia en la Escuela de Ciencias Químicas de la Universidad, o la de la de Francisco Giral en el Instituto de Enfermedades Tropicales.

 

Precisamente cuatro de los científicos mencionados, ligados estrechamente a la Casa de España en México, serían los encargados de fundar y llevar la redacción de la revista que reunió al exilio científico español, Ciencia. Revista hispano-americana de Ciencias puras y aplicadas. El1 de marzo de 1940 aparecía el primer número de esta revista publicada por la editorial Atlante, bajo la dirección de Ignacio Bolívar Urrutia y con tres redactores principales, Cándido Bolívar Pieltain, Isaac Costero y Francisco Giral.

 

En el primer consejo de redacción de la revista Ciencia aparecían científicos de diversas disciplinas, aunque con una fuerte presencia de médicos y biólogos, con lugares de exilio variados, pero con un peso notable de los residentes en México, entre los que podemos citar a José Giral, Gonzalo R. Lafora, Antonio Madinaveitia, Manuel Márquez, José Andrés Oteyza, José Puche, Enrique Rioja Lo-Bianco, etc.. Podemos destacar además la presencia de José Cuatrecasas, 6 José Royo y Gómez y Antonio Trías, residentes en Colombia; Pedro Domingo en Cuba; Bernardo Ginei de los .Ríos y Juan Gómez Menor en la República Dominicana; Rafael Lorente de No y José F. Nonídez, en Estados Unidos; Arturo Duperier y Pío del Río- Hortega en Inglaterra; Enrique Moles y Manuel Martínez Risco en Francia; Ángel Cabrera en Argentina; Miguel Prados Such en Canadá; Augusto Pi Suñer, Amós Salvador y José Sánchez Covisa en Venezuela, así como numerosos profesionales latinoamericanos que quisieron apoyar con su presencia la obra científica de los exiliado s españoles.

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Los objetivos de la nueva publicación aparecen definidos en la Presentación que de ella hacía su director Ignacio Bolívar, quien firmaba todavía como director del Museo Nacional de Ciencias naturales de Madrid en este pequeño editorial fechado el15 de febrero de 1940:

 

La revista Ciencia, que hoy aparece en el estadio de la prensa científica, tiene por finalidad primordial difundir el conocimiento de las Ciencias físico-naturales y exactas y sus múltiples aplicaciones, por considerarlas como una de las principales bases de la cultura pública, para lo que procurará, por todos los medios a su alcance, aumentar el interés hacia su estudio en los países hispano-americanos.

 

De una manera general tratará de tener al lector al corriente de los progresos que aquéllas realicen en todos los órdenes, tanto en su aspecto puramente científico como en sus aplicaciones a la Medicina, a la Agricultura y a la Industria, y, en especial, dará a conocer los nuevos métodos que mejoren los usuales para la obtención de productos y puedan ser base de nuevas industrias o aplicaciones de utilización práctica e inmediata.

De una manera general tratará de tener al lector al corriente de los progresos que aquéllas realicen en todos los órdenes, tanto en su aspecto puramente científico como en sus aplicaciones a la Medicina, a la Agricultura y a la Industria, y, en especial, dará a conocer los nuevos métodos que mejoren los usuales para la obtención de productos y puedan ser base de nuevas industrias o aplicaciones de utilización práctica e inmediata.

Los que cultivan estas Ciencias en alguna de sus ramas, han de encontrar en la revista un auxiliar inestimable, que les mantendrá al corriente de los adelantos diariamente registrados en ellas, pues es notorio que para realizar una investigación fecunda, resulta indispensable haber agotado el conocimiento de la bibliografía a ella referente, conocimiento bien difícil de obtener si no se dispone de una biblioteca al día lo que, desgraciadamente, ni aun en los mismos establecimientos oficiales suele lograrse, por faltar en ellos, con frecuencia, las publicaciones periódicas que resumen el movimiento científico que, siendo muy numerosas, requieren cuantiosos fondos para su consecución.

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Es evidente que las Ciencias, hoy aún más que en tiempos pasados, no pueden progresar sin el concurso de cuantos a ellas se dedican. Como en la colmena, cada uno aporta el producto de su labor para contribuir a la obra común que dará por resultado la riqueza del conjunto.7

 

En lo que se refiere a la estructura de la revista Ciencia, hay que explicar que ésta tenía por sus múltiples objetivos diferentes niveles de publicación y así ofrecía una primera sección dedicada a La Ciencia moderna, donde pretendía dar a conocer artículos redactados por especialistas que trataran temas científicos de actualidad, seguida de una segunda sección también de cierta importancia dedicada a las Comunicaciones originales, dedicada también a los especialistas pero con menor extensión en general y con el objetivo de recoger las novedades científicas. La tercera sección de Noticias se reservaba para dar a conocer información relativa al movimiento universitario, académico y científico internacional, aunque con mayor énfasis de los países hispano-americanos, destacando las noticias del profesorado, cursos, conferencias, exposiciones, actividades de las sociedades científicas, Museos, Academias y centros de investigación.

 

El objetivo planteado por la revista de incidir en las aplicaciones de la ciencia se plasmaba en la sección cuarta, dedicada a Ciencia aplicada, en tanto que la sección quinta denominada Miscelánea se reservaba para recoger información científica diversa, problemas de enseñanza, cuestiones de organización, reglamentos, reseña de expediciones, etc... Las siguientes secciones, de carácter bibliográfico, se denominaban Libros nuevos, donde aparecían reseñados los últimos libros publicados, tanto los generales como los especializados, a veces con un tono estrictamente informativo, aunque a menudo se trataba de recensiones críticas de las últimas novedades bibliográficas, una sección que se completaba con la última Revista de revistas, en la que se comentaban trabajos recién publicados con un interés especial para la revista Ciencia.

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En cuanto a su posible impacto en el mundo científico español, Francisco Giral comenta que del primer número de la revista se enviaron 500 ejemplares a España y se recibieron peticiones de suscripciones, pero las autoridades franquistas prohibieron inmediatamente su distribución, por lo que al intentar enviar el tercer número la administración mexicana de correos les comunicó el oficio de su correspondiente en España que denegaba la entrega de ejemplares. El propio Giral interpretaba así esta circunstancia:

 

[...]el hecho de ver reunidos tantos nombres de la ciencia española exiliada trabajando y publicando desde México en colaboración con una selecta y numerosa lista de científicos hispanoamericanos parece que fue resentido por las autoridades tiránicas franquistas como una agresión peor que los ataques militares.8

 

EL DIRECTOR FUNDADOR DE LA REVISTA CIENCIA: IGNACIO BOLÍVAR Y URRUTIA

 

Hay un hecho realmente notable cuando hablamos de la fundación de una revista científica que aglutinó la expresión de los exiliado s españoles y este es la personalidad de su fundador y primer director, Ignacio Bolívar Urrutia, que en esos días estaba a punto de cumplir 90 años de edad. Las palabras de sus colaboradores en la revista Ciencia, Isaac Costero, Francisco Giral y Enrique Rioja, en el número 9, con motivo del cumpleaños del maestro, resumen brevemente el perfil personal del fundador de la revista:

 

El día 9 de noviembre cumple noventa años nuestro Director, don Ignacio Bolívar Urrutia. Sus amigos los científicos e investigadores americanos, sus compañeros y discípulos que antes trabajaron en España y ahora mantienen vivo en América el progreso de las Ciencias Naturales, hubieran deseado con entusiasmo hacer de ese aniversario un motivo de respetuoso homenaje para el sabio entomólogo español, a cuyo nombre se asocian desde hace seis décadas, los mejores avances realizados por los estudios científico-naturales en España.

 

Pero con su ejemplar y reconocida modestia, don Ignacio Bolívar aconsejó que no se llevara a cabo ese homenaje, [...]

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La triste situación del mundo en guerra ha quebrado la bella continuidad del progreso científico y la cordialidad entre las naciones. Muchos de los científicos e investigadores más distinguidos viven hoy fuera de su país, alejados de sus centros de trabajo, de los seminarios y laboratorios donde dejaron lo mejor de su vida. Otros han visto truncada su labor creadora por motivos ajenos a toda consideración científica, y en el mejor de los casos, están incomunicados de sus colegas del mundo entero.

 

Para todos ellos y para cuantos creemos con firmeza en el definitivo triunfo de la cultura, la figura de don Ignacio Bolívar aparece como un símbolo vivo del investigador que frente a la adversidad y a todo género de amarguras, y luchando con la edad, ha sabido mantener su prestigio científico, su dignidad intachable y su limpia e indiscutible conducta; como un signo, también, de que a pesar de las desgracias sufridas, la mayor parte de la escuela naturalista española, creada por el maestro don Ignacio Bolívar, se ha salvado de la destrucción y mantiene con toda fe sus actividades, incorporadas, para bien de todos, a la vida científica hispanoamericana.9

 

Cuatro años después, el segundo director de la revista Ciencia, el físico BIas Cabrera,10lo daba a conocer el fallecimiento de Ignacio Bolívar el19 de noviembre de 1944 y explicaba las razones de la fundación de este medio de expresión de la ciencia española en el exilio:

 

Rememorando los días ya lejanos en que prestó todo el fuego de su entusiasmo y actividad a la fundación de los Anales de la Sociedad Española de Historia Natural, consideró que debía llenar la última época de su vida, correspondiendo al afecto con que había sido recibido en esta Nueva España, levantando el prestigio de los españoles todos: lo mismo los que llegaban de Europa que los que habían creado los jóvenes pueblos americanos, dando vida a un nuevo órgano de publicidad para su obra científica que todos pudieran considerar como propio y el mundo entero mirase con respeto y acogiese con interés creciente. A pesar de los achaques que había acumulado su larga vida de trabajo, el entusiasmo sostuvo su actividad, dándole las fuerzas necesarias para comunicar a los hombres más jóvenes que 3e agrupaban a su vera, buscando la inspiración y el calor recibido con el fecundo influjo de su actividad intelectual, que conservó siempre, su vigor constructivo.11

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La trayectoria científica de Ignacio Bolívar en España había sido ejemplar, como recordaban sus discípulos.12 En 1871, con tan sólo 21 años, había participado en la fundación de la Sociedad Española de Historia Natural junto a naturalistas ya consagrados como Colmeiro, González Hidalgo, Jiménez de la Espada, Vilanova, Pérez Arcas, etc..., ocupando además desde su creación o el cargo de vicesecretario de la nueva sociedad científica. Además y por las mismas fechas, Bolívar había participado en la creación del Ateneo Propagador de las Ciencias Naturales con los biólogos y naturalistas más jóvenes, como Calderón, Boscá, Quiroga, etc.., aunque con la protección de algunos científicos como Pedro González de Velasco, el médico antropólogo dueño del famoso Museo "Velasco", que facilitaron la publicación de algunas memorias científicas, entre las que se encontraba la de Ignacio Bolívar Apuntes para la caza y conservación de insectos.

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En 1875 Ignacio Bolívar pasó a ser ayudante del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, entonces dirigido por Lucas Tornos, y al año siguiente ya publicaba su Sinopsis de los Ortópteros de España y Portugal, un trabajo de gran envergadura científica que le valió el reconocimiento internacional. Un año más tarde, Bolívar obtenía la cátedra de Articulados de la Universidad Central, por lo que su actividad -como señaló su discípulo Enrique Rioja- estuvo desde entonces dividida entre la Sociedad Española de Historia Natural, el Museo de Ciencias Naturales y la Cátedra. En 1901 fue nombrado Ignacio Bolívar director del Museo de Ciencias Naturales, instalado por entonces en los bajos del Palacio de Museos y Biblioteca del Paseo de Recoletos y con algunas colecciones en el antiguo Museo Velasco. Tras la participación de Bolívar en la recién creada Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas,13 fundada en 1907 bajo la presidencia de Santiago Ramón y Cajal, logró el traslado del Museo de Ciencias Naturales al Palacio de Artes e Industrias del Hipódromo en 1910, uno de los mayores logros de Bolívar para la consolidación institucional de las ciencias naturales en España, ya que tras el desastre del traslado desde el antiguo Gabinete de Historia Natural de la calle Alcalá, lugar en el que había estado desde su fundación en 1771, el futuro del Museo era bastante dudoso, por lo que la actuación directa y decidida de Bolívar fue esencial para su supervivencia. El testimonio de Enrique Rioja es elocuente sobre esta nueva era "bolivariana" del Museo:

El traslado del Museo al Palacio de la Industria y de las Artes, junto al antiguo Hipódromo, fue obra exclusiva de Don Ignacio, que tuvo que luchar con no pocos obstáculos, incluso con la incomprensión de algunos delos profesores de aquel centro. El futuro demostró la razón que le asistía. El Museo alcanzó una época de esplendor que no había logrado a través de su historia, ni siquiera en los tiempos de su fundación, en los que contaba con la protección real. Salas de exposición amplias, continuamente enriquecidas con instalaciones nuevas logradas a costa de no pequeños esfuerzos, aprovechando cualquier ocasión que se presentase para allegar recursos que permitieran mejorar sus colecciones. Don Ignacio realizó verdaderos milagros con la penuria de medios puestos a su alcance; su energía convierte el viejo y anticuado Museo en otro totalmente distinto, con fisonomía moderna. Crea laboratorios bien dotados, en los que trabajan numerosos investigadores; las antiguas colecciones sistemáticas son reemplazadas, poco a poco, por grupos biológicos del más alto valor científico, artístico y cultural. ¡Obra magnífica que queda interrumpida por la guerra civil española provocada por el fascismo!

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La labor de los investigadores que en el Museo trabajan se traduce en la aparición de publicaciones propias del Museo que vienen a continuar aquellos famosos Anales de Historia Natura4 que vieron la luz en los últimos años del siglo XVIII y cesaron de imprimirse en 1804. Los Trabajos del Museo, las publicaciones de la Comisión de Investigaciones Prehistóricas y Paleontológicas creada por el esfuerzo de Bolívar, el Genera Mammalium, los tomos de la Flora y Fauna ibéricas, la Revista Española de Entomología Eos, eran los órganos de publicidad activisima del Museo. Su sola enumeración indica el grado que la producción científica alcanzó en este centro, que había permanecido silencioso a través de todo el siglo XlX.14

 

El reconocimiento de su labor al frente del Museo le llegó por la intervención directa de Cajal, quien en 1920, al llegar la edad de jubilación pidió expresamente al ministro de Instrucción Pública que confirmase a Ignacio Bolívar en la dirección del Museo, lo que no sólo fue ratificado sino que fue ampliado al confiarle también, al año siguiente, la dirección del Real Jardín Botánico, cargo en el que estuvo hasta 1930 en que fue sustituido por Antonio García Varela. En estos años cabe señalar la importancia de la creación en el Jardín de una nueva Sección de Flora Tropical, que fue confiada a Josep Cuatrecasas, uno de los grandes botánicos españoles del exilio. Asimismo, fue en el Real Jardín Botánico donde se expusieron en 1929 los frutos del estudio de la Comisión que el propio Bolívar impulsó en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales -4ue un año antes le había concedido la prestigiosa medalla Echegaray- para el estudio de la historia de las ciencias en España, especialmente en lo referente a sus relaciones con las antiguas colonias americanas.

 

En 1931 Ignacio Bolívar fue nombrado miembro de número de la Real Academia Española, donde pronunci6 un discurso sobre el Lenguaje de la Historia natural, y al año siguiente logró que se aceptase en París la propuesta española para que se celebrase en Madrid el siguiente Congreso Internacional de Entomología. Éste se celebró finalmente en la capital de España en 1935, bajo la presidencia de Bolívar y ocupando la secretaría su hijo Cándido Bolívar Pieltain.

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Sobre sus últimas actividades en España, el médico Manuel Márquez, que en México presidía el Ateneo "Ramón y Caja!", recordaba cómo Bolívar había dirigido las actividades de la Junta para Ampliación de Estudios hasta el último momento:

 

Cuando, a fines de 1936, por causa de la guerra de España, el Gobierno de la República se trasladó a Valencia, se reconstituyó la Junta con algunos de los vocales que allí estábamos, más otras personas que fueron designadas por el señor Subsecretario del Ministerio de Instrucción Pública, don Wenceslao Roces, de acuerdo con nosotros. Yo fuí honrado entonces con la designación de Presidente, pues don Ignacio Bolívar se hallaba reponiendo su salud en el mediodía de Francia. Mas al regresar éste a Valencia, puse inmediatamente el cargo a disposición del señor Ministro para que éste lo restituyese a quien en justicia correspondía, es decir, a don Ignacio Bolívar, quedando yo de Vicepresidente. En esta nueva etapa de la Junta, la constituyeron, además, los eminentes profesores señores Navarro Tomás, Santullano y Puche, Rector este último de la Universidad de Valencia; Victorio Macho, nuestro glorioso escultor; don José Moreno Villa, nuestro también eminente escritor, y el ilustre poeta don Antonio Machado. Después, en Barcelona, se nos unieron aun otras personas, como el eminente filósofo don Joaquín Xirau, Decano de Filosofía y Letras; el ilustre polígrafo don Pompeyo Fabra; el delicadísimo poeta don Carlos Riva; el sabio historiador señor Rubio; el ilustre fisiólogo don Augusto Pi y Suñer, que ya era antiguo miembro de la Junta, y el sabio paleógrafo y filólogo don Agustín Millares. La Junta, siempre presidida por don Ignacio Bolívar, siguió trabajando hasta que salimos todos de España,[...]15

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Llegado a México como exiliado, Ignacio Bolívar fue incorporado a la Casa de España, luego Colegio de México. La Sociedad Mexicana de Historia Natural le nombró socio honorario y la Universidad Nacional también le confirió el título de profesor honorario y doctor honoris causa. El sentimiento de pérdida para la comunidad científica española en el exilio queda bien reflejado en las palabras de Manuel Márquez en la propia revista Ciencia:

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El inicio  del acercamiento hispano-americano. Cárdenas con Julio Álvarez del Vayo en 1934 (fuente: AGN)  

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Regreso a México de Álvarez del Vayo en 1939 (fuente: AGN)

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La Solidaridad Mexicana con la República Española. Llegada a México de Indalecio Prieto en 1937 (fuente: AGN)   

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Felíx Gordón Ordás, brillante veterinario y embajador español en México durante la Guerra Civil (fuente: AGN) 

Don Ignacio, como Presidente de la Junta de Profesores Universitarios Españoles en el exilio ha dado a ésta toda la autoridad y el prestigio de su nombre. Al marchársenos para siempre, su sustitución nos habrá de ser muy difícil; pero él seguirá siempre inspirando nuestra conducta con el recuerdo de su vida ejemplar. Al enterrar sus restos en el noble suelo de México nos consuela el pensar que no podría ser otro, a no ser el de su patria, el que los hubiera recibido con más amor.

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La que antaño fuera Nueva España ha acogido cariñosamente en vida como en  muerte a los que queríamos convertir en una España Nueva a la vieja España tradicional, de la que no renegamos, antes bien queremos rememorar siempre su glorioso pasado pero con vistas hacia el futuro, conservando, sí, de lo tradicional lo  digno de ser conservado, pero suprimiendo de ello lo regresivo y caduco, mirando hacia delante en busca del progreso indefinido de nuestro pueblo. Por este delito hemos sufrido los republicanos españoles los avatares de nuestra emigración, llegando en bastantes casos a pérdidas tan irremediables como la muerte de nuestro don Ignacio Bolívar, a quien hoy rendimos este homenaje justiciero.

 

LOS DIEZ PRIMEROS AÑOS DE LA REVISTA CIENCIA:

ACTIVIDAD CIENTÍFICA y CRÓNICA DEL EXILIO

 

 

El planteamiento de la revista Ciencia como un foro de debate en el mundo científico americano, más específicamente latinoamericano, y el deseo de participar en la creación de una cultura científica pública parece uno de los anhelos más marcados de su creador, Ignacio Bolívar:

 

 

Amplia es la labor que nos proponemos realizar con la revista Ciencia, pero la participación que han de prestamos sus numerosos colaboradores -y esta es ocasión propicia para expresar a todos ellos nuestro profundo agradecimiento- nos hace esperar que habremos de salir airosos de nuestro empeño. Estamos dispuestos, sin embargo, en todo momento, a aceptar las indicaciones que se nos hagan y que tiendan a su mejoramiento.

 

Fáltanos manifestar, y en ello ponemos mucho interés, que la revista Cienciano podría pasar de un ensayo si no mereciese la aceptación del público en general y, muy especialmente, de las personas dedicadas al cultivo de las Ciencias, así como de cuantos se interesan por el desarrollo de éstas y de la cultura pública, y que  sus promotores no van llevados de la idea de lucro, ni aun siquiera del deseo de  obtener una modesta retribución proporcionada al esfuerzo que ha de exigirles,  como será bien notorio para los entendidos en cuestiones editoriales. Muéveles tan sólo su amor a las Ciencias, que de antiguo vienen profesando, y el anhelo de  contribuir al progreso y desarrollo de las mismas en los países hispano-americanos,  animados del deseo de que rivalicen con los más adelantados, y de que la revista pueda llegar a ser un medio de relación entre cuantos se interesan por estos estudios en América.16

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Miguel Angel Puig-S amper Mulero Desde el primer número de la revista aparecieron colaboraciones de científicos españoles en el exilio como de mexicanos y otros latinoamericanos. Así por ejemplo, el número 1 publicaba el artículo de José Giral sobre "La especificidad de los pigmento s respiratorios" o el de Gonzalo R.  Lafora "Sobre el hambre y la anorexia de origen cerebral", junto a otros como el "Examen protozoológico de la sangre de algunos pájaros mexicanos" de Enrique Beltrán, uno de los más destacados biólogos mexicanos.

Además la revista Ciencia se convertía en un vehículo importante para conocer las noticias científicas internacionales del momento y para seguir de cerca el mundo científico mexicano, sobre todo cuando éste se desenvolvía en relación a los exiliados españoles. Así, en el número 1 se informaba del homenaje a Santiago Ramón y Cajal que se había hecho en el anfiteatro de la Universidad N acional de México, el 25 de octubre de 1939, con motivo del V aniversario de su fallecimiento.  El acto había sido organizado por la Casa de España y habían participado Isaac Costero con "La labor de Cajal en Histopatología", Jaime Pi Suñer con "Estructura y actividad funcional", Gonzalo R. Lafora con"El carácter y la personalidad de Cajal", Manuel Márquez con "La obra de Cajal especialmente en Neuro-oftalmología", Tomás G. Perrín con "Los cuentos de vacaciones de D. Santiago Ramón y Cajal", Isaac Ochoterena con "Cajal y la Histología de la retina", José Puchecon "Las teorías de Cajal en Fisiología del sistema nervioso", pronunciando las palabras finales el fllósofo José Gaos, ex rector de la Universidad Central de Madrid.

 

El número 2 de la revista daba a conocer un valioso ensayo de José F. Nonídez, entonces profesor de Anatomía en Cornell University de Nueva York, titulado "La base anatómica de la regulación refleja de la presión sanguínea", junto a otro de uno de los discípulos de Bolívar, Enrique Rioja, quien en su faceta de oceanógrafo y biólogo marino publicaba "Modernas interpretaciones acerca de la circulación atlántica y sus consecuencias biológicas", firmando ya como profesor del Instituto de Biología de la Universidad Nacional de México. En lo que se refiere a noticias, Cienaa daba a conocer la nueva publicación del Instituto de Salubridad y EnfermedadesTropicales, así como la Revista de la Sociedad Mexicana de Historia Natural. Asimismo informaba de las actividades de la Casa de España en México, con noticias sobre las conferencias en Monterrey de Isaac Costero sobre Anatomíapatológica, las de Antonio Madinaveitia en San Luis Potosí sobre Fitoquímica, Rosendo Carrasco-Formiguera en Morelia sobre Endocrinología, José Giral en Guanajuato sobre alimentación, Pedro Carrasco -en el mismo lugar sobre mecánica cuántica y sus aplicaciones a la Astrofísica, Aurelio Romeo Lozano en San Luis Potosí sobre temas médicos, Francisco Giral en Guadalajara sobre medicamentos modernos y Jaime Pi Suñer en Monterrey sobre regulación térmica. Asimismo se anunciaban los cursos en Morelia, con motivo del IV Centenario de la fundación del Colegio de San Nicolás de Hidalgo, de Fernando de Buen, Antonio Madinaveitia y Pedro Carrasco, sobre "La nueva Biología", "La nueva Química" y "La nueva Física", respectivamente, También eran anunciadas para junio las conferencias de Manuel Rivas Cherif sobre motilidad ocular y las de Cándido Bolívar Pieltain sobre Entomología médica, todas en Guadalajara; para septiembre estaban programadas las de Federico Pascual del Roncal sobre "Las orientaciones actuales de la Psiquiatría", en el Colegiodel Estado de Guanajuato, y se anunciaba un curso de Francisco Giral en la Escuela de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional sobre "Alcaloides y glucósidos". Respecto a las cátedras que cubría la Casa de España, la revista Ciencia anunciaba en su segundo número el envío del Dr. Urbano Barnés a la Universidad de Jalisco para que desempeñase una cátedra de Obstetricia, en tanto que el Dr. Juan Xirau era enviado a la Universidad Michoacana de Morelia para cubrir una cátedra de Química.

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En el tercer número, correspondiente a mayo de 1940, se publicaban -entre otros- los trabajos de Germán García, el discípulo de Juan Negrín en el Laboratorio de la Residencia, sobre "Orientación actual de la dosimetría de las radiaciones ionizantes, Correlación entre dosis y el efecto biológico", así como contribuciones en el campo de la Botánica de Faustino Miranda y en el de la Zoología de Enrique Rioja y Cándido Bolívar, quien además daba cuenta de la exploración de la caverna de Cacahuamilpa en Guerrero por él mismo y A. Dampf, F. Bonet y D. Peláez, acompañados del geólogo Mülleried, el ingeniero Ramírez Amescua, J.I, Bolívar Goyanes y F.S. Reyna, En la crónica mexicana de las actividades de los científicos en el exilio, la revista informaba de los nombramientos de Ignacio Bolívar como doctor honoris causa y profesor honorario en la Universidad Nacional de México, así como del subsidio concedido por la Casa de España a la Universidad Nacional para adaptar algunos laboratorios de investigación, que después serían dotados deinstrumental por la Fundación Rockefeller.

 

El siguiente número tiene el valor de publicar el último artículo en solitario de Ignacio Bolívar, quien firma como miembro de la Casa de España, titulado "Sobre los tetigoninos de las islas atlánticas (Orth. Tett.)", con datos recogidos -según el propio Bolívar- en el Laboratorio de Entomología del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid. En julio del mismo año publicaba José F. Nonídez su artículo "Diferencias en la argentofilia de las fibras nerviosas; su importancia en el estudio de la inervación del corazón", Enrique Rioja reseñaba el libro de L. Martín Echeverría, España. El País y los Habitantes, recién publicado en México por la editorial Atlante, y el geólogo José Royo y Gómez comentaba las teorías de Paúl Rivet sobre el poblamiento americano.

 

Royo y Gómez, miembro de la gran familia naturalista del Museo de Ciencias Naturales de Madrid y entonces exiliado en Colombia, publicaba en el número de agosto un comentario sobre la expedición botánico-zoológica organizada por el Dr. E. Pérez Arbeláez y de la que formó parte José Cuatrecasas, que aparecía mencionado como catedrático de la Universidad de Madrid y director del Jardín Botánico. Este mismo botánico publicaba en el mismo número de Ciencia su primera colaboración con el título de "Nuevos encenillos de Colombia", donde publicaba nuevas especies botánicas, y en el siguiente "Mutisia caldasiana, especie nueva de Colombia", junto a reseñas de la obra de botánica venezolana de H. Pittier y de la edición en inglés de los diarios de la expedición de Ruiz y Pavón. En este número de septiembre aparecían mezclados artículos tan dispares como "Los preparados de insulina de acción prolongada" de R. Carrasco Formiguera, con otro sobre el parasitismo escritó por Cándido Bolívar, quien ya aparece como uno de los comentaristas de libros y artículos más prolífico -junto a E. Rioja, J. Royo y Dionisio Peláez-, una colaboración de Fernando de Buen sobre los peces de los lagos michoacanos o el de Enrique Pascual del Roncal sobre la formación de hielo por sobrefusión en la atmósfera y sus consecuencias aeronáuticas.

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En el último trimestre de 1940, la revista Ciencia dio a conocer artículos de colaboradores habituales como Isaac Costero o R. Carrasco Formiguera con nuevos como Luis A. San taló, matemático exiliado en Argentina quien publicó un artículo titulado "Sobre las probabilidades continuas". Asimismo el cumpleaños de Ignacio Bolívar en noviembre -cumplía noventa años- fue la excusa para la dedicatoria de varios artículos de sus amigos y colaboradores, como José Royo y Gómez con sus "Novedades mineralógicas",José Cuatrecasas que seguía publicando especies nuevas de Colombia, Faustino Miranda que se erigía en el líder de la botánica mexicana,17 Dionisio Peláez que seguía la estela entomológica del propio Bolívar y Ángel Cabrera, otro zoólogo español de laescuela bolivariana del Museo que, aunque no siendo estrictamente un exiliado, puesto que había marchado a Argentina antes de la guerra española, quería sumarse al homenaje al maestro y expresar su solidaridad con sus compañeros con un artículo sobre "Los nombres científicos de algunos monos americanos".En cuanto a las noticias del exilio, Ciencia informaba en el último número de 1940 de la inauguración de los nuevos laboratorios para investigaciones científicas en la Escuela de Medicina, costeados por el Colegio de México y la Institución Rockefeller, representados en la inauguración por Alfonso Reyes y  George C. Payne respectivamente, que constarían de tres secciones. La de Neurología encargada a Gonzalo R. Lafora, la de Histopatología y Cultivo de Tejidos a Isaac Costero, y la de Fisiología a los doctores Rosendo Carrasco Formiguera y Jaime Pi Suñer, siendo todos ellos dirigidos por Ignacio González Guzmán. Asimismo la revista informaba del nombramiento como vicepresidente de la Sociedad Mexicana de Historia Natural de Cándido Bolívar Pieltain, quien además formaba parte de un nuevo grupo entomológico que se había constituido en la ciudad de México y del que también formaban parte Enrique Rioja, Federico Bonet -recién nombrado jefe del departamento de Zoología de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politénico Nacional- y Carlos Velo. Como curiosidad se daba cuenta en la revista Cienciade las andanzas científicas de Severo Ochoa con estas palabras:

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Recientemente salió para los Estados Unidos el doctor Severo Ochoa, distinguido fisiólogo español, después de pasar en México algún tiempo. El doctor Ochoa, que es profesor auxiliar de la cátedra de Fisiología de Madrid, llegó a esta Capital procedente de Oxford (Inglaterra), en cuya Universidad llevaba largo tiempo trabajando junto al profesor R. Peters, director del Laboratorio de Bioquímica, en problemas del metabolismo de los hidrato s de carbono y de la acción biológica en ellos de la vitamina B 1, Actualmente ha sido invitado para trabajar en el Departamento de Farmacología de la Escuela de Medicina de la Washington University, de Saint Lows, en colaboración con el profesor F. Cori, director del Departamento, también sobre metabolismo de carbohidratos.

 

En el año de 1941 se producen nuevas e interesantes colaboraciones en la revista  Ciencia, con artículos como el del médico Miguel Prados Such, exiliado en Montreal, "Valor clínico del electroencefalograma", Augusto Pi Suñer, exiliado en Caracas y autor de "Sobre el reflejo vago-supraóptico-hipofisario", el de Severo Ochoa, ya instalado en St. Louis, Missouri, quien colaboró con un artículo  titulado "La vitamina B1(aneurina, tiamina) y su función en el metabolismo celular", el de Sixto Obrador, "Sobre la actividad humoral de los centros nerviosos", el de Manuel Rivas Cherif ,"Fotoftalmología sin reflejos", o el de  Bibiano F. Osorio Tafall, biólogo que desplegaría en la revista una actividad sorprendente.18 Junto a estas novedades encontramos los artículos y contribuciones de firmas ya conocidas como Enrique Rioja, en el campo de la Oceanografía, de Francisco Giral, en Química farmacéutica, José Royo y Gómez en Geología, Jaime Pi Suñer en Fisiología, Cándido Bolívar en Entomología, Gonzalo R. Lafora en Psiquiatría, junto a especialistas latinoamericanos de  prestigio como Enrique Beltrán, J. Zozaya, Luis Vargas, Víctor Oppenheim,  Alcides Prado, Flavio da Fonseca, o un joven Ernesto R. Sábato, que desde su  puesto de profesor de la Facultad de Ciencias Fisicomatemáticas de La Plata,  Argentina, escribía una pequeña colaboración con el título de "Equipo para  estabilización de voltaje" en el número de julio de la revista.

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En cuanto a las noticias hay que destacar la información aparecida en el mes de marzo de 1941 del nombramiento como profesores en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional de varios exiliados españoles entre los que se encontraban Pedro Armillas y Juan Comas Camps, en el Departamento de Antropología, Cándido Bolívar Pieltain, Bibiano F. Osorio Tafall, Enriqueta Ortega Feliú, Adela Barnés y Francisco Giral en el Departamento de Biología. El mes siguiente se informaba de la inauguración del Instituto de Química que el Colegio de México ofrecía a la Escuela de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional, que sería dirigido por Antonio Madinaveitia, antiguo catedrático de Química orgánica de la Universidad de Madrid, con objeto de ofrecer el doctorado en Ciencias a los alumnos ya licenciados en cualquiera de las tres ramas de la Escuela: ingeniero químico, químico y químico farmacéutico biólogo. Asimismo la revista Ciencia daba a conocer los cursos del Colegio de México para 1941, en los que participarían José Giral (Química), Ignacio González Guzmán <Fisiología) y Germán García (Cancerología) en la Universidad Michoacana de Morelia; Pedro Bosch-Gimpera (Antropología) en la Universidad de Guadalajara;Jaime Pi Suñer (Fisiología) en Monterrey; Germán García (Cancerología) y Fernando Orozco (Química) en la Universidad de San Luis Potosí y Cándido Bolívar Pieltain (Ciencias Naturales)y Pedro Carrasco (Física) en el Colegio de Estudios Superiores de Guanajuato. Respecto a otras noticias, en abril Ignacio Bolívar en la sección de Libros nuevos saludaba la aparición de la nueva revista Caldasia, publicada por el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia, en la que participaba activamente José Cuatrecasas, también citado en este año por sus expediciones botánicas en el Putumayo. Asimismo el propio Ignacio Bolívar era nombrado este año académico correspondiente de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Colombia. Además de numerosas reseñas de libros y artículos,  muchas de ellas de Cándido Bolívar, Bibiano Osorio Tafall y Enrique Rioja, el director de Ciencia saludaba en los dos últimos meses del año la aparición de nuevas revistas como la brasileña Arquivos do Museu Paranaense (Curitiva, 1941) y Revista Argentina de Zoogeografta (Buenos Aires, 1941), esta última con la destacada participación de su alumno Ángel Cabrera.

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El año de 1942 la revista Ciencia comenzaba con un editorial de Ignacio Bolívar comentando la corta vida de la publicación y enumerando la ya larga  lista de colaboradores que habían participado en los años anteriores. Asimismo daba a conocer las dificultades económicas que habían tenido que superar, que afortunadamente se habían solucionado por el apoyo de la propia editorial Atlante y de diversas empresas mexicana s como la Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, el Banco de México, la Compañía Cerillera Mexicana, la Cervecería Moctezuma o la Compañía Hulera Euzkadi, además de apoyos personales tan importantes como el del general Abelardo Rodríguez, ex Presidente de la República.

 

En cuanto a los contenidos hay que destacar las contribuciones científicas de BIas Cabrera, con su serie sobre "El atomismo y su evolución", la de los matemáticos M. San taló y Honorato de Castro, este último exiliado en Puerto Rico, los artículos cada vez más numerosos de los biólogos Cándido Bolívar, Federico Bonet, Bibiano F. Osorio Tafall, Enrique Rioja y Dionisio Peláez -muy activos también en las secciones de libros y revistas- los artículos de Fisiología de Sixto Obrador y Jaime Pi Suñer, un primer artículo de Ángel Rodríguez Olleros, médico exiliado en Puerto Rico, donde desarrolló una importante labor en la Escuela de Medicina Tropical, alguna pequeña contribución química de F. Giral y la continuación de las "Novedades Mineralógicas" del geólogo José Royo y Gómez.

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Respecto a las noticias del mundo científico en el exilio, Ciencia informaba del nombramiento del profesor Manuel Márquez, antiguo decano de la Facultad de Medicina de Madrid, como miembro de honor de la N ew York Society for Clinical Ophthalmology, así como del de Gonzalo R. Lafora como socio honorario de la American Neurological Association de Nueva York y de la concesión del doctorado honoris causa por la Universidad de La Plata (Argentina) a Pío del Río Hortega, por sus importantes descubrimientos en el campo de la Histología. La revista daba además a conocer a sus lectores la llegada a la capital de México, para fijar aquí su residencia, de Victoriano Acosta, profesor de Otorrinolaringología en la Universidad de Madrid, y de BIas Cabrera, antiguo director del Instituto Nacional de Física y Química de Madrid, que poco después era nombrado profesor de Física Atómica e Historia de la Física en la Universidad Nacional de México. En este capítulo de nombramientos cabe destacar también el de Cándido Bolívar Pieltain como Entomólogo A de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional, una institución de vital importancia para el ejercicio profesional de los biólogos españoles en el exilio y en la que este año dio algunas conferencias el fisiólogo Augusto Pi Suñer, director del Instituto de Medicina Experimental de Caracas. Asimismo, se daba cuenta del nombramiento de José Cuatrecasas, antiguo director del Real Jardín Botánico de Madrid, como director de la Escuela Superior de Agricultura Tropical en Cali (Colombia).

 

La revista informaba también de la designaci6n por la Asociación de Profesores Universitarios Españoles en México del profesor Bosch-Gimpera, antiguo rector de la Universidad de Barcelona, c0mo representante en la Segunda Conferencia Americana de Comisiones de Cooperación Intelectual, reunida en La Habat:la en noviembre de 1941. Como novedad en el campo de la educación científica, Ciencia informaba del curso sobre "Genética, con sus aplicaciones al hombre y a los animales domésticos" que había impartido Bibiano F. Osorio Tafall, en el pasado otoño, en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional dirigido a médicos cirujanos y veterinarios, así como de un cursillo organizado por la Sociedad Mexicana de Medicina Veterinaria sobre "Virus", impartido por el mismo profesor en la Academia Hispano-Mexicana. Además, Osorio Tafall realizó este año una expedición de carácter oceanográfico al Mar de Cortés, comisionado por la Dirección General de Pesca e Industrias conexas, de la Secretaría de Marina, cuyos resultados dio a conocer en la Sociedad Mexicana de Historia Natural.

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En lo que se refiere a la actividad investigadora, la revista Ciencia, en los números 8-9 de 1942, aunque aparecida en abril de 1943, daba a conocer el nuevo Boletín del Laboratorio de Estudios Médicos y Biológicos de la Escuela Nacional de Medicina, creado bajo los auspicios del Colegio de México, bajo la dirección del Dr. l. González Guzmán, y en el que ya habían colaborado Isaac Costero, Sixto Obrador, Dionisio Nieto, Jaime Pi Suñer, Manuel Rivas Cherif, etc... Asimismo informaba de la creación de un laboratorio de investigaciones histopatológicas en los locales de la Institución Cultural Española de Buenos Aires, bajo la dirección de Pío del Río-Hortega, quien contaría con la ayuda de ocho médicos y biólogos y publicaría los resultados en una nueva revista trimestral. El último número de 1942, aparecido en mayo del año siguiente, comunicaba la creación en México del Ateneo Ramón y Cajal como asociación médica hispano-mexicana, bajo la presidencia del Dr. Manuel Márquez y con la ayuda en la secretaría del Dr. Julio Bejarano. El nuevo Ateneo prepararía conferencias de carácter médico y entre sus flnalidades figuraría la defensa, continuidad y difusión de la ciencia médica española y el posible auxilio a los médicos exiliados en Francia y Marruecos. Precisamente, entre las conferencias dadas en México en diciembre figuraban las de Emilio Mira, neuropsiquiatra español entonces exiliado en Buenos Aires.

 

En el año de 1943 la revista Ciencia iniciaba su andadura con una presentación de Ignacio Bolívar, quien repetía su agradecimiento a todos los colaboradores y a las empresas patrocinadoras, a las que habría que añadir el Colegio de México, el Fondo de Cultura Económica, los Laboratorios Andrómaco y Picot y la Junta de Auxilio a los Refugiados Españoles, además de la recién creada Comisión Impulsora y Coordinadora de la Investigación Científica, que presidía el Dr. Manuel Sandoval Vallarta, que parece que fue clave para la supervivencia de la revista. Asimismo en uno de los últimos números de este año se anunciaba la creación de un Patronato de la Revista Ciencia para facilitar la publicación, presidido por Evaristo Araiza y formado por Carlos Prieto, como vicepresidente, Eduardo Villaseñor, como tesorero, Francisco Giral, como secretario, y como vocales, BIas Cabrera, Santiago Galas, Ignacio González Guzmán, Manuel Sánchez Sarto y Cándido Bolivar Pieltain.

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Entre los artículos científicos publicados este año cabe destacar la tardía publicación de Faustino Miranda "Enumeración de las algas marinas del N. y NO. de España"; la revisión en el campo de la Virología de Bibiano F. Osorio Tafall, autor también de un artículo en el campo de la Biología marina; las contribuciones zoológicas de Ángel Cabrera; las realizadas en el área de la Química biológica por Francisco Giral,José Giral y María Luisa Giral; el artículo de Isaac Costero "Glioblastomas y neuroblastomas" y el de S. Obrador "Procesos de inhibición de la corteza cerebral" en Medicina; el de Honorato de Castro en el campo de la Matemática y el de Cándido Bolivar sobre la exploración biológica de algunas cavernas de Cuba. Desde este país llegaron dos artículos para la revista: Gustavo Pittaluga, en colaboración con M. Bessis -del Centro de Investigaciones Hematológicas del Hospital St. Antoine de París- publicaba su "Estructura y función de los nucleolos en las células normales y patológicas" y Pedro Domingo San Juan, exiliado también en Cuba, publicaba "Medulocultivo y hemocultivo en el diagnóstico bacteriológico de la fiebre tifoidea".

 

Precisamente entre las visitas de científicos exiliados en otros países a México, Cienda destacaba la de Gustavo Pittaluga, residente en La Habana y hasta este mismo año presidente de la Unión de Profesores Universitarios Españoles en el Extranjero, quien pronunció una conferencia en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, cuyo contenido publicó la propia revista. En 1939 se había constituido en París la Unión de Profesores Universitarios Españoles en el Extranjero bajo la Presidencia de Gustavo Pittaluga y, en calidad de tal, actuó en Cuba ante las autoridades académicas a fin de conseguir apoyo y financiación para realizar una reunión de un,grupo de destacados profesores universitarios españoles en el extranjero.19 Cienda informó del desarrollo de esta reunión que finalizó con la conocida "Declaración de La Habana", realizada bajo la presidencia de honor de Rodolfo Méndez Peñate, rector de la Universidad de La Habana, e Ignacio Bolívar Urrutia, como presidente de la Sección de México de la Unión de Profesores Universitarios Españoles, Entre los destacados asistentes figuraron José Giral, Mariano Ruiz Funes, Joaquín Xirau, Pedro BoschGimpera, Manuel Pedroso, José de Benito, Francisco Giral y Cándido Bolívar por México, Demófilo de Buen, por Panamá, Luis de Zulueta y Antonio Trías por Colombia, Fernando de los Ríos y Alfredo Mendizábal por Estados Unidos, Augusto Pi-Suñer por Venezuela y María Zambrano, Gustavo Pittaluga, Félix Montiel y Paulino Suárez por Cuba.20

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Otras visitas a México reseñadas por la revista Ciencia fueron las del Dr. Ángel Rodríguez Olieros, antiguo profesor auxiliar de Terapéutica en la Facultad de Medicina de la Universidad de Madrid y ahora exiliado en Puerto Rico, quien pronunció una conferencia por invitación del Ateneo "Ramón y Cajal", aunque la más destacada fue sin duda la del profesor Durán Reynals:

 

El eminente investigador español Francisco Durán Reynals, descubridor del factor de difusión y uno de los investigadores actuales más distinguidos en problemas de cáncer experimental en aves, que se encuentra como profesor en la Universidad de Yale (New Haven, Connecticutt, Estados Unidos) fue invitado al Congreso Mexicano de Cáncer y a la Segunda Semana Médica de Occidente, celebrados en Guadalajara, Jalisco. En dichos Congresos pronunció una conferencia sobre "Cáncer experimental" e intervino en la sesión de clausura celebrada en el Paraninfo de la Universidad. Durante su estancia posterior en la capital de México pronunció una serie de conferencias sobre sus investigaciones originales, que atrajeron extraordinario interés entre los medios científicos mexicanos, En todas ellas hubo a continuación animadas discusiones. Estas conferencias fueron: "Permeabilidad tisular en la infección y en la resistencia" con la que se inauguraron los seminarios de Fisiología de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas; "Cáncer experimental", invitado por el Instituto de Salubridad y enfermedades tropicales; "La invasión de la infección", invitado por la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas; "La infección neoplásica", invitado por .la Unión de Profesores Españoles en el Extranjero y por el Ateneo "Ramón y Cajal". También fue recibido en la Academia Nacional de Medicina.21

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El volumen V de la revista Ciencia, editado en el período final de la Segunda Guerra Mundial, refleja en las palabras finales de la editorial de Ignacio Bolívar la esperanza del final del conflicto:

 

Expresamos nuestra firme esperanza de que al redactar las líneas de presentación del próximo volumen de Ciencia la guerra brutal que destroza a la Humanidad haya terminado, y puedan los pueblos oprimidos recobrar su libertad, y los científicos de todas las naciones, que en la mayor parte de los casos son completamente ajenos a las causas determinantes de la contienda, comiencen a estimarse de nuevo y cooperen en la reconstrucción del Mundo.

 

En lo referente a los contenidos científicos, uno de los primeros artículos que encontramos es "La Oceanografía y los temblores de Tierra" de Odón de Buen, quien firma como catedrático jubilado de Biología General en la Universidad de Madrid y ex director del Instituto Español de Oceanografía, que poco después fallecía en México dejando una impresionante obra científica, cuya continuidad quedó en manos de su antiguo colaborador José Giral y sobre todo en las de sus hijos Rafael y Fernando de Buen.22 En el campo de la Biología se publicaron los artículos de los habituales colaboradores, Federico Bonet, Cándido Bolívar, Dionisio Peláez y Bibiano F. Osario Tafall, quien además había pasado a formar parte de la redacción principal de Ciencia en sustitución':de Costero. Otros articulistas habituales o ya conocidos presentes en este volumen fueron el matemático y astrónomo Honorato de Castro, Francisco Giral, César Roquero y el médico A. Rodríguez Olleros. Entre los nuevos se encontraban José Vázquez Sánchez, antiguo ayudante de Antonio Madinaveitia en la cátedra de Química Orgánica de Madrid; Alfonso Boix, químico orgánico y discípulo de Antonio García Banús, y Blas Cabrera Sánchez, hijo del físico Blas Cabrera Felipe y discípulo de Negrín.

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De las noticias hay que destacar la información de la creación de los Anales de Mediana del Ateneo Ramón y Cajal, que comenzaron su andadura a finales de 1943 con un número especial dedicado a Santiago Ramón y Cajal, en el que participaron entre otros Manuel Márquez,J. Bejarano, M. Martínez Báez, T. G. Perrín, A. Zozaya, B. Cabrera, J. Puche e l. Costero. En su secretariado de redacción se encontraban los médicos españoles Julio Bejarano, Isaac Costero, Joaquín D'Harcourt,Jacinto Segovia y Alberto Floch Pi, junto a otros colegas mexicanos. En el capítulo de nombramientos hay que mencionar que en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas aparecían como nuevos profesores para 1944, Dionisio Peláez como responsable de Zoología aplicada, y José Puche Álvarez de Fisiología, en tanto que en la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional se encargaba de la cátedra de Hidrobiología a Enrique Rioja Lo Bianco, investigador del Instituto de Biologia y colaborador de Ciencia, que poco después se ocupaba también de la cátedra de Historia de las doctrinas biológicas en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico N acional. Asimismo el profesor mexicano Enrique Beltrán, miembro del Consejo de Redacción de la revista fue nombrado vicepresidente de la American Microscopical Society.

 

En lo referente a cursos y conferencias, la revista informaba de la visita de Augusto Pi-Suñer, exiliado en Venezuela, y de Honorato de Castro, procedente de Puerto Rico, así como de los cursos en Monterrey de José Giral-antiguo rector de la Universidad Central de Madrid-, quien fue además nombrado Consejero permanente honoris causa por la Universidad de Nuevo León. De los cursos del mismo José Giral entre septiembre y diciembre de 1944 en Puerto Rico, República Dominicana y Cuba informaba el último número de la revista, destacando que en el primer país la mayoría se habían impartido en la Facultad de Ciencias de la Universidad, en Río Piedras, aunque también había dado alguna en la Escuela de Medicina Tropical, en la Asociación de Nutricionistas y en la de Dentistas, en tanto que en Santo Domingo había dado cinco conferencias en la Universidad y en La Habana había impartido un cursillo de Bioquímica en la Facultad de Ciencias, además de conferencias en la Institución Hispano-Cubana, en el Ateneo de Ciencias y Artes y en la Asociación Farmacéutica Cubana. Asimismo Ciencia daba cuenta del fallecimiento de José Sánchez-Covisa en Caracas, de Joaquín María Castellarnau en Madrid y de Anatael Cabrera en La Laguna (Tenerife).

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Precisamente el siguiente número de Ciencia anunciaba la muerte de su director, Ignacio Bolívar Urrutia, con dos necrológicas firmadas por BIas Cabrera -quien poco después era designado por el Patronato como nuevo director- y Enrique Rioja, así como con información sobre el homenaje póstumo que se hizo en el Palacio de Bellas Artes de México, organizado por la Unión de Profesores Universitarios Españoles en el Extranjero. En el orden de las novedades científicas, aparecieron -en este volumen VI- artículos de José Vázquez Sánchez, Francisco Giral, Bibiano F. Osorio Tafall, Dionisio Peláez, BIas Cabrera, José Cuatrecasas y Cándido Bolívar entre los ya conocidos, aunque con la progresiva novedad de que cada vez publicaban más con discípulos y colaboradores mexicanos. Entre los articulistas nuevos hay que destacar a José Ignacio Bolívar Goyanes con su artículo "Nueva firma de clasificación periódica de los elementos" y el artículo póstumo de Wenceslao López Albo, ex director del Hospital Psiquiátrico de Vizcaya, ex director de la Casa de Salud de Valdecilla de Santander y jefe del Servicio de Neuropsiquiatría y Neurocirugia del Sanatorio Español de México, "Fisiopatologia de la imagen somática. Conocimiento corporal, normal y patológico", del que Francisco Giral indica que murió escribiéndolo, el 29 de diciembre de 1944, y fue acabado por su compañero Federico Pascual del Roncal.

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En la sección de libros nuevos, Blas Cabrera informaba en 1945 de la edición un año antes en Montevideo de un homenaje a Santiago Ramón y Cajal, coordinado por P. del Río-Hortega y C. Estable, y editado por la Institución Cultural Española del Uruguay, antigua colaboradora de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, que habían presidido Cajal y Bolivar. En el apartado de Noticias, la revista dio a conocer el traslado del matemático y antiguo secretario de la Fact'1ltad de Ciencias de Madrid, Honorato de Castro, desde Puerto Rico a su nuevo destino como profesor del Instituto de Investigaciones Científicas de MontJrrey (del que poco después se trasladaría al Departamento de Petróleos de México en la capital como geofisico), el fallecimiento de Pío del Río-Hortega -comentado por Isaac Costero-, así como el nombramiento de José Royo y Gomez como presidente de la Sociedad de Ciencias Naturales de Bogotá o el de socio honorario de la Sociedad Matemática Mexicana del director de Ciencia, Blas Cabrera, de quien poco después se informaba de su fallecimiento. Antonio Madinaveitia, su colaborador en el Instituto Nacional de Física y Química (Fundación Rockefeller) en Madrid, fue el encargado de hacer su necrológica en Ciencia y entre otras cosas explicaba sus últimos momentos y sus méritos académicos:

 

Cuando estalló la sublevación fascista, D. BIas, ya no joven, consideró que no podría continuar trabajando en Madrid y se fue a París a ocuparse más asiduamente de su cargo de Secretario del Bureau internacional de pesas y medidas que desempeñaba ya hacía algunos años; sus trabajos de investigación los prosiguió en los laboratorios de la Escuela Normal de Sevres. Terminada nuestra guerra civil allí continuaba, pero vino la guerra europea y después de haber ocupado los alemanes París, recibieron una cariñosa indicáción del Gobierno de Franco por la que le hicieron dimitir de su cargo. Vino entonces a México, ya viejo y muy agotado, más que por la edad por un trastorno del sistema nervioso, que tenia desde 1918. Durante la epidemia mundial de gripe sufrió un ataque de encefalitis letárgica, del que le quedaron lesiones que se fueron agravando hasta producir su muerte. A pesar de su estado tuvo aún bríos en México para continuar trabajando, fue acogido con cariño en el Instituto de Física de la Universidad Nacional, donde además recibió ayuda de la Fundación Rockefeller para establecer un taller en el que pudiera construir los aparatos necesarios para sus investigaciones. Deja D. BIas una labor física importante, y además pudo tener la satisfacción de ver reunidos en su laboratorio un grupo de jóvenes investigadores, unos formados por él desde el comienzo, otros que encontraron en su laboratorio el apoyo y la dirección necesarios para sus investigaciones. Este grupo de hombres jóvenes comenzaba a crear la física española, y lo hubiera logrado de no haber sido por la guerra. Para no citar más que algunos nombres, recordaré a Catalán, bien conocido por sus teorías sobre las líneas espectrales; Julio Palacios, especializado en difracciones de rayos X; Martínez Risco, Duperier, Velasco, Juan Cabrera, todos ellos profesores universitarios; su hijo Nicolás, que ha continuado trabajando en el Bureau de pesas y medidas; Santiago Piña, nuestro mejor analista espectral, muerto trágicamente durante la represión, un año después de la guerra. Las relaciones de Cabrera con América son frecuentes. En 1920 fue a dar un curso de conferencias a Buenos Aires y Montevideo, invitado por la Sociedad Cultural Española, que entonces presidía el Dr. Avelino Gutiérrez. Vino en 1926 a México al mismo tiempo que D. Fernando de los Ríos, a dictar varios cursos de conferencias, invitados por la Sociedad Española de Relaciones Culturales, que presidía D. Adolfo Prieto. Después estuvo en Cuba. Tanto en España como en el extranjero, ocupó cargos y recibió frecuentes honores académicos de los que citaré algunos. Fue Rector de la Universidad de Madrid. Ingresó en la Academia de Ciencias de Madrid, siendo uno de los académicos más jóvenes, y más tarde su presidente. Fue académico de la Lengua. Miembro correspondiente de la Academia de Ciencias de París. Secretario del Bureau internacional de pesas y medidas. Formaba parte del Consejo Solvay. Separado de su patria, como tantos otros universitarios españoles, ha venido a morir trabajando en esta hospitalaria tierra mexicana.23

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En el terreno de la información política, la revista Ciencia se hada eco del nombramiento de José Giral como Presidente del Gobierno Español constituido en México, así como del de Miguel Santaló como ministro de Educación, de su gobierno. Asimismo y en un terreno político-científico, Cándido Bolívar comentaba la noticia de la puesta en marcha en España de la publicación de la obra botánica de José Celes tino Mutis, anunciada por el embajador franquista en Bogotá, Gonzalo de Ojeda, con motivo de la fiesta de la hispanidad de 1945. Cándido Bolívar aclaraba que fue una iniciativa del gobierno de la República la edición de esta obra y no de las autoridades franquistas, para lo que acudía al testimonio del geólogo exiliado en Colombia José Royo y Gómez, quien publicaba en la prensa colombiana (El Espectador y EI Liberal la siguiente nota: "Efectivamente, la República Española, impuesta de la importancia que para la ciencia y para las relaciones con los países hispanoamericanos, y especialmente Colombia, tenía la publicación de la tan célebre colección de láminas de Mutis, se preocupó de ello casi desde el primer instante. Durante la guerra con Franco, y a pesar de las dificultades con que se tropezaba, la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas quiso llevar adelante su edición por iniciativa de su presidente, el venerable Prof. Ignacio Bolívar, fallecido hace un año en el exilio, y el Prof. Cuatrecasas, director a la sazón del Jardín Botánico de Madrid, hoy acogido a la benévola hospitalidad de Colombia, y tan conocido por sus interesantes estudios sobre la flora de este país".

 

José Royo y el propio Cándido Bolívar, que había conseguido desde su cargo de estrecho colaborador de Azaña un crédito de 50.000 pesetas para imprimir la Quinología de Mutis, aclaraban cómo fue la entrada de las tropas de Franco en Barcelona lo que impidió la impresión de la obra, que ya estaba en pruebas en la imprenta de Seix y Barral?24

 

El volumen VII de la revista Ciencia, cuyo primer número aparecía en agosto de 1946, anunciaba como primeras novedades el nombramiento como director de Cándido Bolívar Pieltain y el de Honorato de Castro como uno de los redactores principales. Asimismo, el nuevo director informaba en su editorial que la revista dejaba de ser una publicación de la editorial Atlante para pasar a ser editada por el Patronato de Ciencia, con las ayudas institucionales y empresariales habituales.

 

Entre las contribuciones científicas cabe destacar que además de las ya habituales de José Royo y Gómez, con sus novedades mineralógicas, las zoológicas de Cándido Bolívar, las matemáticas de Honorato de Castro, las médicas de Manuel Márquez, o la presencia constante de Francisco Giral y Bibiano F. Osorio Tafall, apareció un importante artículo sobre "El Mesolítico Europeo" de Pedro Bosch-Gimpera y es reseñable la contribución cada vez más numerosa de sabios mexicanos en las páginas de Ciencza, como Maximino Martínez, G. Soberón, etc... y de habituales de la revista como F.I<:.G. Mullerried, Sánchez Marroquín o J. Erdós.

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La presencia de los científicos españoles del exilio quedaba reflejada, como una pequeña muestra, al dar a conocer los laboratorios de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional, entre los que se encontraban uno de Botánica dirigido por Enriqueta Ortega, el de Entomología general y médica, por Cándido Bolívar, Fisiología general y vegetal, Manuel Castañeda Agulló, Parasitología, Dionisio Peláez y Zoología y Anatomía comparada, Federico Bonet Marco. Asimismo en el Instituto de Biología de la Universidad Nacional encontramos a Faustino Miranda al frente del laboratorio de Criptogamia y a Enrique Rioja en el de Hidrobiología.

 

Entre las noticias que recogía la revista en este año, cabe destacar el homenaje al Dr. Manuel Márquez por el Ateneo Ramón y Cajal y la Unión de Profesores Universitarios Españoles en el Extranjero, acto en el que participaron entre otros Miguel San taló, como ministro del gobierno republicano en el exilio,

 

Ignacio Chávez, Ignacio González Guzmán, Rafael Altamira, Juan Negrín, Manuel Rivas Cherif, José Puche, Urbano Barnés, Joaquín Xirau, Federico Bonet, Francisco Giral, Dionisio Peláez, B. F. Osorio Tafall, Antonio Madinaveitia y Cándido Bolívar, casi todos ligados a la revista Ciencia. Asimismo se recogía el nombramiento de Fernando de Buen, quien poco después se trasladaba a Uruguay, como miembro honorario de la American Society of Ichthyologists and Herpetologist de Pittsburg, la muerte de Joaquín Xirau, Laureano Sánchez Gallego, José Castillejo y Demófllo de Buen, el viaje de Juan Comas al Perú, los cursos de Francisco Giral en Puerto Rico (Facultad de Farmacia de Río Piedras, Escuela de Medicina Tropical, Colegio de Farmacéuticos de Ponce y Colegio de Agricultura de Mayagüez) y en Cuba (Universidad de La Habana e Institución Hispano-Cubana de Cultura) y el traslado del Dr. Rafael Méndez, antiguo catedrático de Farmacología en Cádiz, desde la Universidad de Harvard al Instituto Nacional de Cardiología de México, que además en esos días y gracias a los donativos del industrial español Manuel Suárez y de la Fundación Rockefeller abría un nuevo Laboratorio de Fisiología y Farmacología.

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Al año siguiente, encontramos en Ciencia algunos artículos de nuevos colaboradores de la revista entre los exiliado s españoles, como Germán Somolinos d' Ardois con su "Estudio de la frecuencia del factor Rh entre los habitantes de México", el de Modesto Bargalló "Sobre la evolución de las modernas definiciones de elemento químico, y algunas sugestiones de carácter didáctico" y Federico F. Gavarrón, "Estado actual del problema de las amilasas microbianas", junto a los de los ya conocidos F. Giral, A. Sánchez Marroquín, J. Giral, J. Erdós, Alcides Prado, etc...y nuevos colaboradores latinoamericanos. Entre las noticias cabe destacar el nombramiento de Cándido Bolívar Pieltain como nuevo presidente de la Sociedad Mexicana de Historia Natural, un hecho que el director de Ciencia interpretó como una muestra de solidaridad de los naturalistas mexicanos hacia los españoles, quíenes por otra parte habían participado en las actividades de la Sociedad desde el primer momento del exilio. Asimismo la revista felicitó a su consejero Augusto Pi Suñer, que había sido designado como doctor honoris causa por la Universidad Central de Venezuela, comunicó el traslado a México desde Moscú del fisiólogo Ramón Álvarez-Buylla -que se incorporó al departamento de Fisiología de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas- y comenzó a difundir las actividades de algunos científicos españoles exiliado s en Francia, entre los que destacó a Manuel Martínez Risco, Nicolás Cabrera, Heliodoro Téllez, Germán Collado, Rafael Candel Vila, Emilio Herrera, un numeroso grupo de médicos (DiegoDíaz, Joaquín Viñas, Pablo Cirera, Francisco Pérez-Hita, Francisco Barri, José Solanas, Jain) e Sauret, Cipriano Rodrigo Lavin, etc..),José Miguel de Barandiarán, Gonzalo de Reparaz, etc..

 

Entre los libros producidos por los españoles radicados en México apareció una reseña bastante crítica de Bibiano F. Osario Tafall, nombrado por entonces miembro de la Academia Nacional de Ciencias, sobre el tratado de Genética general y aplicada del ingeniero agrónomo español José Luis de la Loma, entonces profesor en la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo.

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También dio cuenta la revista Ciencia de la constitución de la Unión de Intelectuales Españoles en México, e121 de julio de 1947, cuya finalidad era la de colaborar en la lucha por la liberación de España y particularmente con la Unión de Intelectuales Libres que se había creado dentro de la península. Entre otros, apoyaban la iniciativa Héctor Pérez, Carlos Chávez, Alfonso Reyes, Enrique González y Manuel Martínez Báez, entre los mexicanos y los españoles José Giral, Manuel Márquez, Pedro BoschGimpera, Honorato de Castro, que actuaría como presidente, Isabel O. de Palencia, Mariano Ruiz-Funes, Luis A. Santullano, José Moreno Villa, Juan David García Bacca, Francisco Giral, Wenceslao Roces, Max Aub, José L. De la Loma, Manuel de Rivas Cherif, etc.., algunos de ellos ligados directamente a la revista Ciencia.

 

Miembro del Consejo de Redacción de la revista desde 1940, el Dr. Bernardo A. Houssay recibió el Premio Nóbel de Medicina de 1947, por sus estudios sobre el metabolismo de los hidrato s de carbono en relación con el lóbulo anterior de la hipófisis, por lo que fue efusivamente felicitado por Cándido Bolívar y los redactores principales, Castro, Osario y Giral, a quienes contestó agradecido comentando que la distinción alcanzaba a todos los que cultivaban la ciencia de habla española. Asimismo el zoólogo español Ángel Cabrera, del Museo de La Plata en Argentina, fue nombrado miembro honorario de la American Society of Mammalogists.

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En el volumen IX de la revista Ciencia, correspondiente a los años 19481949, el contenido científico siguió la tónica dominante en los últimos números, con contribuciones de Germán Somolinos d' Ardois, Modesto Bargalló, del matemático Pedro A. Pizá, G. Soberón, D. Peláez, F. Giral, A. Sánchez Marroquín, J. l. Bolívar, F.IZ.G. Mullerried, J. Erdós, J. Giral y H. de Castro, con la presencia cada vez mayor de científicos de otras latitudes, como el químico suizo y premio N óbel L. Ruzicka, R. Hoffstetter y J. Martellyde Quito, L. Malowafi de Panamá, M. Risco de Paríti, F. Fromm de Puerto Rico, M. Stoll de Ginebra o Paul Remy de Nancy.

 

Entre las noticias de la revista cabe destacar el nombramiento del profesor Bosch Gimpera como director de la sección de Humanidades y Filosofía de la UNESCO, a propuesta de su director, Julian Huxley, así como el de Cándido Bolívar como Consejero científico para la Conferencia del Instituto Internacional de la Hilea Amazónica, el de Faustino Miranda para la creación de un Museo, Herbario y Jardín Botánico Tropical en Chiapas y el del Dr. José Goyanes Capdevila, antiguo director del Instituto del Cáncer de Madrid, como nuevo miembro de la Academia Mexicana de Cirugía. Asimismo se informó de la gira científica de José Giral por Bogotá, Lima, Panamá y Caracas, ciudad esta última en cuya Universidad Central recibió el doctorado honoris ¡;-ausa, y de la visita a México, donde le recibieron varios consejeros de Ciencia, del premio Nóbel y miembro de la revista Bernardo A. Houssay.

 

En lo referente a los abundantes comentarios de libros en la revista, hay que resaltar la reseña del Manual de Antropología de J. Pérez de Barradas (Madrid, 1946) hecha por Juan Comas, quien en un tono muy crítico lamentaba el carácter antievolucionista de esta obra, en la más pura línea ideológica franquista, cargada de numerosos errores desde el punto de vista antropológico, desde la más absoluta ignorancia de los caracteres etnológicos del pueblo español hasta afirmaciones racistas en lo referente a los pueblos americanos. Juan Comas, uno de los mejores antropólogos españoles del exilio, terminaba su reseña con estas palabras: "El Manual de Antropología de Pérez de Barradas es el tipo más acabado que hemos visto nunca de lo que llamaríamos COMO NO DEBE ESCRIBIRSE UN MANUAL DE ANTROPOLOGÍA, o lo que no debe ser un Manual de Antropología."25

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El volumen X de Ciencia, correspondiente a 1950 y último que analizaremos en este artículo, iniciaba sus páginas con el habitual editorial de Cándido Bolívar como director de la revista, agradeciendo la colaboración científica y el apoyo material para la impresión de Ciencia, y comunicando la baja en la redacción principal de Bibiano F. Osorio Tafall-quien dejaba el cargo para ir a un destino en la FAO-, quien sería sustituido por Federico Bonet, biólogo del Instituto Politécnico Nacional de México. En lo referente a los artículos científicos hay que destacar que la presencia de artículos de científicos españoles exiliado s inicia un descenso progresivo, aunque semantienen algunos como Honorato de Castro y José Giral en las contribuciones originales y otros como C. Bolívar, G. Halffter, B. F. Osorio Tafall o E. Ortega aparecen en las secciones de libros y revistas. Entre las noticias de este último número de la primera década de la revista Ciencia hay que mencionar el nombramiento del matemático español Pedro Pi Calleja, antiguo profesor de la Universidad de Barcelona, en la Facultad de Ciencias Fisicomatemáticas de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina), la asistencia al primer Congreso latinoamericano de Biología marina en Viña del Mar (Chile) de B. F. Osorio Tafall, la estancia de investigación de Isaac Costero en Estados Unidos26 y el nombramiento de jefe del servicio médico y psiquiátrico del Instituto Médico Pedagógico de la Ciudad de México el Dr. Federico Pascual del Roncal. En los últimos números de este volumen de Ciencia, dedicados a hacer el índice general de los volúmenes I al X de la revista, encontramos la incorporación al Consejo de Redacción de Severo Ochoa, que pocos años después recibiría el Premio Nóbel de Medicina y se convertiría en la figura científica española de referencia tras Santiago Ramón y Cajal, el ídolo de nuestros científicos exiliados.

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* Este trabajo forma parte de la investigación del proyecto de la Comunidad de Madrid 06/0091/ 2000, dirigido por la Dra. Consuelo Naranjo Orovío.

1 José Luis Abellán, El exilio español de 1939, Madrid, Taurus, 19.76; Ateneo Español de México, Obra impresa del exilio español en México, 1939-1979, México, Instituto Nacional de Bellas Artes, Secretaría de Educación Pública y Museo de San Carlos, 19.79; Patricia Fagen, Transterrados y ciudadanos, México, Fondo de Cultura Económica, 1975 y Manuel Aznar Soler, Monográftco sobre el exilio español el1 México, 1939-1977, Barcelona, Taifa, 1997.

2 José Luis Barona y María Femanda Mancebo,josé PucheAlvarez (1896-1979). Historia de un compromiso, Valencia, Generalitat valenciana, 1998.

3 Clara E. Lida y José Antonio Matesanz, El Colegio de México: Una hazaña cu!tural, 1940-1962, México, El Colegio de México, 1993.

4 Clara E. Lida, La Casa de España en México, México, El Colegio de México, 1992.

6 Sobre Cuatrecasas véase Joseph M. Monserrat i Martí, "Josep Cuatrecasas 1 Arumí: notes per a una biografia", en Collectanea Botánica, núm. 23 (1997), pp. 171"180.

7 Ciencia, vol. 1, num. 1 (1940), p. 1.

8 Francisco Giral, Ciencia española en el exilio (1939-1989), Barcelona, Anthropos, 1994, p. 42.

9 Ciencia, vol. I, núm. 9 (1940), p. 385.

10 Sobre la interesante vida y obra de Bias Cabrera" probablemente el mejor físico español de todos los tiempos, puede verse Francisco González de Posada, BIas Cabrera: Físico español, lanzaroteño ilustre, Madrid, Sociedad de Amigos de la Cultura Científica y Cabildo Insular de Lanzarote, 1994.

11 Ciencia, vol. VI,núm.1 (1945),p.1.

12 Nos referimos a la biografía escrita por Manuel Cazurro en 1921, ampliada hace poco por Alberto Gomis (ed.), en Ignacio Bolivar  y las Ciencias Naturales en España, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1988 y a la publicada por Enrique Rioja en Ciencia en 1945.

13 José María Sánchez Ron (coord.), 1907-1987. La Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas 80 años después, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1989; Francisco Laporta et al" "Los orígenes culturales de la Junta para la Ampliación de Estudios", en Arbor, vol. CXXVI, núm. 493 (1987), Madrid, pp. 17-87,

14 Ciencia, vol. VI, núm. 1 (1945), pp. 2-8.

15 Ciencia, vol. VI, num. 3 (1945), pp. 98-100.

16 Cíencia, vol. .1, num. 1 (1940), p. 2.

17 Jerzi Rzedowski, "Datos biográficos de Faustino Miranda", en Ciencia, vol. XXIV (1996), núms. 56, pp. 111-115.

18 Véase Santiago Álvarez, Osorio Taja!!, S u personalidad, su aportación a la historia, La Coruña, Editorial do Castro, 1992.

19 Tras crearse en París la Unión de Profesores Universitarios Españoles en el Extranjero, en México se fundó una sección de la misma. Años más tarde, después de celebrarse la 1 Reunión de Profesores Españoles Emigrados en La Habana, se acordó trasladar su sede a México. Libro de la Primera Reunión de Profesores Universitarios Españoles Emigrados, La Habana, Talleres Tipográficos "La Mercantil", 1994.

20 Consuelo Naranjo Orovio, Cuba, otro escenario de lucha, La guerra civil y el exilio republicano español, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1988, pp, 178-182

21 Ciencia, vol. IV, núms, 8-10 (1943), p. 233,

22 La necrología, fumada por Cándido Bolívar, aparece en Ciencia, vol. VI, núms. 7-9 (1945), pp. 310312. Asimismo se recoge la noticia del homenaje póstumo de la Unión de Profesores Universitarios Españoles y el Ateneo Ramón y Cajal en el mismo número, p. 275.

23  Ciencia, vol. VI, núms. 7-9 (1945), pp. 241-242.

24 Ciencia, vol. VI, Núms. 7-9 (1945), pp. 301-304.

 

25 Ciencia, vol. IX, núms. 7-10 (1948), pp. 277-278.

26 Sobre la actividad de Costero y otros científicos del exilio como Rafael Méndez, Dionisio Nieto, Ramón Álvarez-Buyllan y José ruche, véanse Augusto Fernández Guardiola, Las neurociencias en el exilio español en México, México, Fondo de cultura Económica, 1997; J.L. Barona y M. F. Mancebo, op. cit. Y Albert Girona y María Fernanda Mancebo, El exilio valenciano en América. Obra y memoria, Valencia, Instituto de Cultura Juan Gil-Albert y Universitat de Valencia, 1995.

 

 
 
 
 
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