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La
Revista Ciencia y las Primeras Actividades de los Científicos Españoles en el
Exilio * Miguel
Ángel Puig-Samper Mulero Instituto de Historia Consejo Superior de Investigaciones
Científicas Lo
fundamental para ver los frutos de la Ciencia española en el exilio es la
revista CIENCIA (Francisco
Giral) EL
EXILIO CIENTÍFICO Y LA CREACIÓN DE LA REVISTA CIENCIA Pasados
más de sesenta años desde el final de la Guerra Civil española, es un deber
de los historiadores recuperar la memoria de la obra de nuestros exiliado s, una
tarea iniciada hace unos años en lo que se refiere al mundo literario y
cultural,1
pero escasamente desarrollada en el mundo de la ciencia, con algunas notables
excepciones como la de uno de sus protagonistas, Francisco Giral, quien nos
obsequió hace pocos años con un interesante libro que además se ha convertido
en un excelente repertorio para el estudio de la ciencia española exilio, y
algunas contribuciones recientes de José Luis Barona.2 No
es una casualidad que el núcleo central de la investigación sobre la ciencia
española en el exilio se desarrolle en México. Aunque es evidente que muchos
de los científicos españoles se asentaron en otros países, especialmente en
Colombia, Venezuela, Argentina, Estados Unidos, Cuba, etc. La política
especialmente generosa del presidente de México -Lázaro Cárdenas- con la
comunidad de intelectuales españoles, favoreció el asentamiento definitivo de
muchos científicos en la república mexicana. En este proceso de apoyo a los
exiliados españoles en México, hay que recordar especialmente el papel jugado
por Daniel Cosío Villegas, quien logró la creación en agosto de 1938 de la
Casa de España en México para auxiliar a los intelectuales españoles, con el
conocimiento y la conformidad del gobierno de la República Española. En enero de 1939 enviaban al
presidente Cárdenas un mensaje de agradecimiento los primeros invitados de la
Casa de España (reproducido en el Excelsior, 20 de enero de 1939), entre
los que firmaban José Gaos, Jesús Bal y Gay, Enrique Díez-Canedo, León
Felipe Camino, Agustín Millares, José Moreno Villa, Luis Recasens, Juan de la
Encina, Gonzalo R. Lafora e Isaac Costero, siendo estos últimos dos de los
científicos más destacados del exilio. El12 de marzo de 1939 se designó al
prestigioso escritor mexicano Alfonso Reyes como presidente del patronato de la
Casa de España en México, un acontecimiento que favoreció aún más la
recepción de los exiliado s españoles y la actividad de la nueva institución
y su continuadora, El Colegio de México.3
Reyes había vivido su exilio particular en Madrid, de 1914 a 1924, y como otros
intelectuales latinoamericanos se había incorporado a las labores de
investigación y estudio de instituciones como el Centro de Estudios Históricos,
el Ateneo o la Residencia de Estudiantes. En el primero había colaborado con
personalidades como Ramón Menéndez Pidal, Américo Castro, Federico de anís,
Tomás Navarro Tomás, etc... y en otros ámbitos se había relacionado con
intelectuales de la talla de Miguel deUnamuno, Ramón María del Valle-Inclán,
José Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez o Azorín, por lo que su
sensibilidad hacia el mundo cultural español en el exilio no podía ser más
acusada.4 de ayudante en el Departamento de
Salubridad Pública de México. La contestación, que llevaba la firma de
Alfonso Reyes, fue afirmativa y en julio de ese mismo año desembarcaba toda la
familia Bolívar en el puerto de Veracruz, una circunstancia que como veremos
favoreció notablemente la aglutinación de los exiliado s españoles que
trabajaban en el mundo de la ciencia. 5 Ignacio Bolívar fue inmediatamente
nombrado Miembro Honorario de la Casa de España con el expreso encargo de hacer
una memoria sobre el estado de los estudios. de las ciencias naturales en España,
en tanto que su hijo Cándido Bolívar Pieltain era considerado Miembro Especial
de la misma institución, aunque recibiese su remuneración del Departamento de
Salubridad Pública, una situación similar a la del doctor Isaac Costero, discípulo
de Pío del Río Hortega, que también figuraba como Miembro Especial de la Casa
de España, pero recibía su salario del Hospital General. En general la Casa de España
mantuvo una estructura flexible en su apoyo a los refugiados españoles, aunque
exigía una dedicación exclusiva de los considerados residentes, una situación
que provocó algunos problemas con algunos médicos que fueron acusados de
mantener una lucrativa actividad particular, como fue el llamativo caso del
psiquiatra Gonzalo R. Lafora. En cualquier caso, los directivos de la Casa
apoyaron sin reservas la colocación de los profesionales llegados a México y
es necesario apuntar el ejemplo del doctor Enrique Arreguín, uno de los
patronos de la Casa de España, que fue especialmente activo en la colocación
de los médicos exiliado s, como fueron los psiquiatras Gonzalo R. Lafora,
Dionisio Nieto Gómez y Federico Pascual del Roncal, el historiador de la
medicina Germán Somolinos, el especialista en tuberculosis Juan Solares, el
ginecólogo José Torre Blanco, el pediatra Aurelio Romeo Lozano, etc... Asimismo la Casa de España apoyó
sin reservas la actividad en los laboratorios de diferentes científicos ligados
a la institución, como la de los médicos Isaac Costero, Lafora, Manuel Márquez
y Manuel de Rivas Cherif en el Hospital General, Jaime Pi-Suñer en el
Laboratorio de Fisiología de la Facultad de Medicina, la de Antonio
Madinaveitia en la Escuela de Ciencias Químicas de la Universidad, o la de la
de Francisco Giral en el Instituto de Enfermedades Tropicales. Precisamente cuatro de los científicos
mencionados, ligados estrechamente a la Casa de España en México, serían los
encargados de fundar y llevar la redacción de la revista que reunió al exilio
científico español, Ciencia. Revista hispano-americana
de Ciencias puras y aplicadas. El1 de marzo de 1940 aparecía el
primer número de esta revista publicada por la editorial Atlante, bajo la
dirección de Ignacio Bolívar Urrutia y con tres redactores principales, Cándido
Bolívar Pieltain, Isaac Costero y Francisco Giral. En el primer consejo de redacción
de la revista Ciencia aparecían científicos de diversas disciplinas,
aunque con una fuerte presencia de médicos y biólogos, con lugares de exilio
variados, pero con un peso notable de los residentes en México, entre los que
podemos citar a José Giral, Gonzalo R. Lafora, Antonio Madinaveitia, Manuel Márquez,
José Andrés Oteyza, José Puche, Enrique Rioja Lo-Bianco, etc.. Podemos
destacar además la presencia de José Cuatrecasas, 6
José Royo y Gómez y Antonio Trías, residentes en Colombia; Pedro Domingo en
Cuba; Bernardo Ginei de los .Ríos y Juan Gómez Menor en la República
Dominicana; Rafael Lorente de No y José F. Nonídez, en Estados Unidos; Arturo
Duperier y Pío del Río- Hortega en Inglaterra; Enrique Moles y Manuel Martínez
Risco en Francia; Ángel Cabrera en Argentina; Miguel Prados Such en Canadá;
Augusto Pi Suñer, Amós Salvador y José Sánchez Covisa en Venezuela, así
como numerosos profesionales latinoamericanos que quisieron apoyar con su
presencia la obra científica de los exiliado s españoles. Los objetivos de la nueva publicación
aparecen definidos en la Presentación que de ella hacía su director
Ignacio Bolívar, quien firmaba todavía como director del Museo Nacional de
Ciencias naturales de Madrid en este pequeño editorial fechado el15 de febrero
de 1940: La revista Ciencia, que hoy
aparece en el estadio de la prensa científica, tiene por finalidad primordial
difundir el conocimiento de las Ciencias físico-naturales y exactas y sus múltiples
aplicaciones, por considerarlas como una de las principales bases de la cultura
pública, para lo que procurará, por todos los medios a su alcance, aumentar el
interés hacia su estudio en los países hispano-americanos. De una manera general tratará de
tener al lector al corriente de los progresos que aquéllas realicen en todos
los órdenes, tanto en su aspecto puramente científico como en sus aplicaciones
a la Medicina, a la Agricultura y a la Industria, y, en especial, dará a
conocer los nuevos métodos que mejoren los usuales para la obtención de
productos y puedan ser base de nuevas industrias o aplicaciones de utilización
práctica e inmediata. De una manera general tratará de
tener al lector al corriente de los progresos que aquéllas realicen en todos
los órdenes, tanto en su aspecto puramente científico como en sus aplicaciones
a la Medicina, a la Agricultura y a la Industria, y, en especial, dará a
conocer los nuevos métodos que mejoren los usuales para la obtención de
productos y puedan ser base de nuevas industrias o aplicaciones de utilización
práctica e inmediata. Los que cultivan estas Ciencias en
alguna de sus ramas, han de encontrar en la revista un auxiliar inestimable, que
les mantendrá al corriente de los adelantos diariamente registrados en ellas,
pues es notorio que para realizar una investigación fecunda, resulta
indispensable haber agotado el conocimiento de la bibliografía a ella
referente, conocimiento bien difícil de obtener si no se dispone de una
biblioteca al día lo que, desgraciadamente, ni aun en los mismos
establecimientos oficiales suele lograrse, por faltar en ellos, con frecuencia,
las publicaciones periódicas que resumen el movimiento científico que, siendo
muy numerosas, requieren cuantiosos fondos para su consecución. Es evidente que las Ciencias, hoy aún
más que en tiempos pasados, no pueden progresar sin el concurso de cuantos a
ellas se dedican. Como en la colmena, cada uno aporta el producto de su labor
para contribuir a la obra común que dará por resultado la riqueza del
conjunto.7 En lo que se refiere a la estructura
de la revista Ciencia, hay que explicar que ésta tenía por sus múltiples
objetivos diferentes niveles de publicación y así ofrecía una primera sección
dedicada a La Ciencia moderna, donde pretendía dar a conocer artículos
redactados por especialistas que trataran temas científicos de actualidad,
seguida de una segunda sección también de cierta importancia dedicada a las Comunicaciones
originales, dedicada también a los especialistas pero con menor extensión
en general y con el objetivo de recoger las novedades científicas. La tercera
sección de Noticias se reservaba para dar a conocer información
relativa al movimiento universitario, académico y científico internacional,
aunque con mayor énfasis de los países hispano-americanos, destacando las
noticias del profesorado, cursos, conferencias, exposiciones, actividades de las
sociedades científicas, Museos, Academias y centros de investigación. El objetivo planteado por la revista
de incidir en las aplicaciones de la ciencia se plasmaba en la sección cuarta,
dedicada a Ciencia aplicada, en tanto que la sección quinta denominada Miscelánea
se reservaba para recoger información científica diversa, problemas de
enseñanza, cuestiones de organización, reglamentos, reseña de expediciones,
etc... Las siguientes secciones, de carácter bibliográfico, se denominaban Libros
nuevos, donde aparecían reseñados los últimos libros publicados, tanto
los generales como los especializados, a veces con un tono estrictamente
informativo, aunque a menudo se trataba de recensiones críticas de las últimas
novedades bibliográficas, una sección que se completaba con la última Revista
de revistas, en la que se comentaban trabajos recién publicados con un
interés especial para la revista Ciencia. En cuanto a su posible impacto en el
mundo científico español, Francisco Giral comenta que del primer número de la
revista se enviaron 500 ejemplares a España y se recibieron peticiones de
suscripciones, pero las autoridades franquistas prohibieron inmediatamente su
distribución, por lo que al intentar enviar el tercer número la administración
mexicana de correos les comunicó el oficio de su correspondiente en España que
denegaba la entrega de ejemplares. El propio Giral interpretaba así esta
circunstancia: [...]el hecho de ver reunidos tantos
nombres de la ciencia española exiliada trabajando y publicando desde México
en colaboración con una selecta y numerosa lista de científicos
hispanoamericanos parece que fue resentido por las autoridades tiránicas
franquistas como una agresión peor que los ataques militares.8 EL DIRECTOR
FUNDADOR DE LA REVISTA CIENCIA: IGNACIO BOLÍVAR Y URRUTIA Hay un hecho realmente notable
cuando hablamos de la fundación de una revista científica que aglutinó la
expresión de los exiliado s españoles y este es la personalidad de su fundador
y primer director, Ignacio Bolívar Urrutia, que en esos días estaba a punto de
cumplir 90 años de edad. Las palabras de sus colaboradores en la revista Ciencia,
Isaac Costero, Francisco Giral y Enrique Rioja, en el número 9, con motivo
del cumpleaños del maestro, resumen brevemente el perfil personal del fundador
de la revista: El día 9 de noviembre cumple
noventa años nuestro Director, don Ignacio Bolívar Urrutia. Sus amigos los
científicos e investigadores americanos, sus compañeros y discípulos que
antes trabajaron en España y ahora mantienen vivo en América el progreso de
las Ciencias Naturales, hubieran deseado con entusiasmo hacer de ese aniversario
un motivo de respetuoso homenaje para el sabio entomólogo español, a cuyo
nombre se asocian desde hace seis décadas, los mejores avances realizados por
los estudios científico-naturales en España. Pero con su ejemplar y reconocida
modestia, don Ignacio Bolívar aconsejó que no se llevara a cabo ese homenaje,
[...] La triste situación del mundo en
guerra ha quebrado la bella continuidad del progreso científico y la
cordialidad entre las naciones. Muchos de los científicos e investigadores más
distinguidos viven hoy fuera de su país, alejados de sus centros de trabajo, de
los seminarios y laboratorios donde dejaron lo mejor de su vida. Otros han visto
truncada su labor creadora por motivos ajenos a toda consideración
científica, y en el mejor de los casos, están incomunicados de sus colegas del
mundo entero. Para todos ellos y para cuantos
creemos con firmeza en el definitivo triunfo de la cultura, la figura de don
Ignacio Bolívar aparece como un símbolo vivo del investigador que frente a la
adversidad y a todo género de amarguras, y luchando con la edad, ha sabido
mantener su prestigio científico, su dignidad intachable y su limpia e
indiscutible conducta; como un signo, también, de que a pesar de las desgracias
sufridas, la mayor parte de la escuela naturalista española, creada por el
maestro don Ignacio Bolívar, se ha salvado de la destrucción y mantiene con
toda fe sus actividades, incorporadas, para bien de todos, a la vida científica
hispanoamericana.9 Cuatro años después, el segundo
director de la revista Ciencia, el físico BIas Cabrera,10lo
daba a conocer el fallecimiento de Ignacio Bolívar el19 de noviembre de 1944 y
explicaba las razones de la fundación de este medio de expresión de la ciencia
española en el exilio: Rememorando los días ya lejanos en
que prestó todo el fuego de su entusiasmo y actividad a la fundación de los Anales
de la Sociedad Española de Historia Natural, consideró que debía llenar
la última época de su vida, correspondiendo al afecto con que había sido
recibido en esta Nueva España, levantando el prestigio de los españoles todos:
lo mismo los que llegaban de Europa que los que habían creado los jóvenes
pueblos americanos, dando vida a un nuevo órgano de publicidad para su obra
científica que todos pudieran considerar como propio y el mundo entero mirase
con respeto y acogiese con interés creciente. A pesar de los achaques que había
acumulado su larga vida de trabajo, el entusiasmo sostuvo su actividad, dándole
las fuerzas necesarias para comunicar a los hombres más jóvenes que 3e
agrupaban a su vera, buscando la inspiración y el calor recibido con el fecundo
influjo de su actividad intelectual, que conservó siempre, su vigor
constructivo.11 La trayectoria científica de
Ignacio Bolívar en España había sido ejemplar, como recordaban sus discípulos.12
En 1871, con tan sólo 21 años, había participado en la fundación de la
Sociedad Española de Historia Natural junto a naturalistas ya consagrados como
Colmeiro, González Hidalgo, Jiménez de la Espada, Vilanova, Pérez Arcas,
etc..., ocupando además desde su creación o
el
cargo de vicesecretario de la nueva sociedad científica. Además y por las
mismas fechas, Bolívar había participado en la creación del Ateneo Propagador
de las Ciencias Naturales con los biólogos y naturalistas más jóvenes, como
Calderón, Boscá, Quiroga, etc.., aunque con la protección de algunos científicos
como Pedro González de Velasco, el médico antropólogo dueño del famoso Museo
"Velasco", que facilitaron la publicación de algunas memorias científicas,
entre las que se encontraba la de Ignacio Bolívar Apuntes para la caza y
conservación de insectos. En 1875 Ignacio Bolívar pasó a
ser ayudante del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, entonces dirigido por
Lucas Tornos, y al año siguiente ya publicaba su Sinopsis de los Ortópteros
de España y Portugal, un trabajo de gran envergadura científica que le
valió el reconocimiento internacional. Un año más tarde, Bolívar obtenía la
cátedra de Articulados de la Universidad Central, por lo que su actividad -como
señaló su discípulo Enrique Rioja- estuvo desde entonces dividida entre la
Sociedad Española de Historia Natural, el Museo de Ciencias Naturales y la Cátedra.
En 1901 fue nombrado Ignacio Bolívar director del Museo de Ciencias Naturales,
instalado por entonces en los bajos del Palacio de Museos y Biblioteca del Paseo
de Recoletos y con algunas colecciones en el antiguo Museo Velasco. Tras la
participación de Bolívar en la recién creada Junta para Ampliación de
Estudios e Investigaciones Científicas,13
fundada en 1907 bajo la presidencia de Santiago Ramón y Cajal, logró el
traslado del Museo de Ciencias Naturales al Palacio de Artes e Industrias del
Hipódromo en 1910, uno de los mayores logros de Bolívar para la consolidación
institucional de las ciencias naturales en España, ya que tras el desastre del
traslado desde el antiguo Gabinete de Historia Natural de la calle Alcalá,
lugar en el que había estado desde su fundación en 1771, el futuro del Museo
era bastante dudoso, por lo que la actuación directa y decidida de Bolívar fue
esencial para su supervivencia. El testimonio de Enrique Rioja es elocuente
sobre esta nueva era "bolivariana" del Museo: El traslado del Museo al Palacio de
la Industria y de las Artes, junto al antiguo Hipódromo, fue obra exclusiva de
Don Ignacio, que tuvo que luchar con no pocos obstáculos, incluso con la
incomprensión de algunos delos profesores de aquel centro. El futuro
demostró la razón que le asistía. El Museo alcanzó una época de esplendor
que no había logrado a través de su historia, ni siquiera en los tiempos de su
fundación, en los que contaba con la protección real. Salas de exposición
amplias, continuamente enriquecidas con instalaciones nuevas logradas a costa de
no pequeños esfuerzos, aprovechando cualquier ocasión que se presentase para
allegar recursos que permitieran mejorar sus colecciones. Don Ignacio realizó
verdaderos milagros con la penuria de medios puestos a su alcance; su energía
convierte el viejo y anticuado Museo en otro totalmente distinto, con fisonomía
moderna. Crea laboratorios bien dotados, en los que trabajan numerosos
investigadores; las antiguas colecciones sistemáticas son reemplazadas, poco a
poco, por grupos biológicos del más alto valor científico, artístico y
cultural. ¡Obra magnífica que queda interrumpida por la guerra civil española
provocada por el fascismo! La labor de los investigadores que
en el Museo trabajan se traduce en la aparición de publicaciones propias del
Museo que vienen a continuar aquellos famosos Anales de Historia Natura4 que
vieron la luz en los últimos años del siglo XVIII y cesaron de imprimirse en
1804. Los Trabajos del Museo, las publicaciones de la Comisión de
Investigaciones Prehistóricas y Paleontológicas creada por el esfuerzo de
Bolívar, el Genera Mammalium, los tomos de la Flora y Fauna ibéricas,
la Revista Española de Entomología Eos, eran los órganos de publicidad
activisima del Museo. Su sola enumeración indica el grado que la producción
científica alcanzó en este centro, que había permanecido silencioso a través
de todo el siglo XlX.14 El reconocimiento de su labor al
frente del Museo le llegó por la intervención directa de Cajal, quien en 1920,
al llegar la edad de jubilación pidió expresamente al ministro de Instrucción
Pública que confirmase a Ignacio Bolívar en la dirección del Museo, lo que no
sólo fue ratificado sino que fue ampliado al confiarle también, al año
siguiente, la dirección del Real Jardín Botánico, cargo en el que estuvo
hasta 1930 en que fue sustituido por Antonio García Varela. En estos años cabe
señalar la importancia de la creación en el Jardín de una nueva Sección de
Flora Tropical, que fue confiada a Josep Cuatrecasas, uno de los grandes botánicos
españoles del exilio. Asimismo, fue en el Real Jardín Botánico donde se
expusieron en 1929 los frutos del estudio de la Comisión que el propio Bolívar
impulsó en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales -4ue un año
antes le había concedido la prestigiosa medalla Echegaray- para el estudio de
la historia de las ciencias en España, especialmente en lo referente a sus
relaciones con las antiguas colonias americanas. En 1931 Ignacio Bolívar fue
nombrado miembro de número de la Real Academia Española, donde pronunci6 un
discurso sobre el Lenguaje de la Historia natural,
y
al año siguiente logró que se aceptase en París la propuesta española para
que se celebrase en Madrid el siguiente Congreso Internacional de Entomología.
Éste se celebró finalmente en la capital de España en 1935, bajo la
presidencia de Bolívar y ocupando la secretaría su hijo Cándido Bolívar
Pieltain. Sobre sus últimas actividades en
España, el médico Manuel Márquez, que en México presidía el Ateneo
"Ramón y Caja!", recordaba cómo Bolívar había dirigido las
actividades de la Junta para Ampliación de Estudios hasta el último momento: Cuando, a fines de 1936, por causa
de la guerra de España, el Gobierno de la República se trasladó a Valencia,
se reconstituyó la Junta con algunos de los vocales que allí estábamos, más
otras personas que fueron designadas por el señor Subsecretario del Ministerio
de Instrucción Pública, don Wenceslao Roces, de acuerdo con nosotros. Yo fuí
honrado entonces con la designación de Presidente, pues don Ignacio Bolívar se
hallaba reponiendo su salud en el mediodía de Francia. Mas al regresar éste a
Valencia, puse inmediatamente el cargo a disposición del señor Ministro para
que éste lo restituyese a quien en justicia correspondía, es decir, a don
Ignacio Bolívar, quedando yo de Vicepresidente. En esta nueva etapa de la
Junta, la constituyeron, además, los eminentes profesores señores Navarro Tomás,
Santullano y Puche, Rector este último de la Universidad de Valencia; Victorio
Macho, nuestro glorioso escultor; don José Moreno Villa, nuestro también
eminente escritor, y el ilustre poeta don Antonio Machado. Después, en
Barcelona, se nos unieron aun otras personas, como el eminente filósofo don
Joaquín Xirau, Decano de Filosofía y Letras; el ilustre polígrafo don Pompeyo
Fabra; el delicadísimo poeta don Carlos Riva; el sabio historiador señor
Rubio; el ilustre fisiólogo don Augusto Pi y Suñer, que ya era antiguo miembro
de la Junta, y el sabio paleógrafo y filólogo don Agustín Millares. La Junta,
siempre presidida por don Ignacio Bolívar, siguió trabajando hasta que salimos
todos de España,[...]15 Llegado a México como exiliado,
Ignacio Bolívar fue incorporado a la Casa de España, luego Colegio de México.
La Sociedad Mexicana de Historia Natural le nombró socio honorario y la
Universidad Nacional también le confirió el título de profesor honorario y
doctor honoris causa. El sentimiento de pérdida para la comunidad científica
española en el exilio queda bien reflejado en las palabras de Manuel Márquez
en la propia revista Ciencia: El inicio del acercamiento hispano-americano. Cárdenas con Julio Álvarez
del Vayo en 1934 (fuente: AGN) Regreso a México de Álvarez del
Vayo en 1939 (fuente: AGN) La Solidaridad Mexicana con la
República Española. Llegada a México de Indalecio Prieto en 1937 (fuente:
AGN) Felíx Gordón Ordás, brillante
veterinario y embajador español en México durante la Guerra Civil (fuente:
AGN) Don Ignacio, como Presidente de la
Junta de Profesores Universitarios Españoles en el exilio ha dado a ésta toda
la autoridad y el prestigio de su nombre. Al marchársenos para siempre, su
sustitución nos habrá de ser muy difícil; pero él seguirá siempre
inspirando nuestra conducta con el recuerdo de su vida ejemplar. Al enterrar sus
restos en el noble suelo de México nos consuela el pensar que no podría ser
otro, a no ser el de su patria, el que los hubiera recibido con más amor. La que antaño fuera Nueva España
ha acogido cariñosamente en vida como en muerte
a los que queríamos convertir en una España Nueva a la vieja España
tradicional, de la que no renegamos, antes bien queremos rememorar siempre su
glorioso pasado pero con vistas hacia el futuro, conservando, sí, de lo
tradicional lo digno de ser
conservado, pero suprimiendo de ello lo regresivo y caduco, mirando hacia
delante en busca del progreso indefinido de nuestro pueblo. Por este delito
hemos sufrido los republicanos españoles los avatares de nuestra emigración,
llegando en bastantes casos a pérdidas tan irremediables como la muerte de
nuestro don Ignacio Bolívar, a quien hoy rendimos este homenaje justiciero. LOS DIEZ
PRIMEROS AÑOS DE LA REVISTA CIENCIA: ACTIVIDAD
CIENTÍFICA y CRÓNICA DEL EXILIO El planteamiento de la revista
Ciencia como un foro de debate en el mundo científico americano, más específicamente
latinoamericano, y el deseo de participar en la creación de una cultura científica
pública parece uno de los anhelos más marcados de su creador, Ignacio Bolívar: Amplia es la labor que nos
proponemos realizar con la revista Ciencia, pero la participación que han de
prestamos sus numerosos colaboradores -y esta es ocasión propicia para expresar
a todos ellos nuestro profundo agradecimiento- nos hace esperar que habremos de
salir airosos de nuestro empeño. Estamos dispuestos, sin embargo, en todo
momento, a aceptar las indicaciones que se nos hagan y que tiendan a su
mejoramiento. Fáltanos manifestar, y en ello
ponemos mucho interés, que la revista Cienciano podría pasar de un ensayo si
no mereciese la aceptación del público en general y, muy especialmente, de las
personas dedicadas al cultivo de las Ciencias, así como de cuantos se interesan por el desarrollo de éstas y de
la cultura pública, y que sus
promotores no van llevados de la idea de lucro, ni aun siquiera del deseo de
obtener una modesta retribución proporcionada al esfuerzo que ha de
exigirles, como será bien notorio
para los entendidos en cuestiones editoriales. Muéveles tan sólo su amor a las
Ciencias, que de antiguo vienen profesando, y el anhelo de
contribuir al progreso y desarrollo de las mismas en los países
hispano-americanos, animados del
deseo de que rivalicen con los más adelantados, y de que la revista pueda
llegar a ser un medio de relación entre cuantos se interesan por estos estudios
en América.16 Miguel Angel Puig-S amper Mulero
Desde el primer número de la revista aparecieron colaboraciones de científicos
españoles en el exilio como de mexicanos y otros latinoamericanos. Así por
ejemplo, el número 1 publicaba el artículo de José Giral sobre "La
especificidad de los pigmento s respiratorios" o el de Gonzalo R. Lafora
"Sobre el hambre y la anorexia de origen cerebral", junto a otros como
el "Examen protozoológico de la sangre de algunos pájaros mexicanos"
de Enrique Beltrán, uno de los más destacados biólogos mexicanos. Además la revista Ciencia se
convertía en un vehículo importante para conocer las noticias científicas
internacionales del momento y para seguir de cerca el mundo científico
mexicano, sobre todo cuando éste se desenvolvía en relación a los exiliados
españoles. Así, en el número 1 se informaba del homenaje a Santiago Ramón y
Cajal que se había hecho en el anfiteatro de la Universidad N acional de México,
el 25 de octubre de 1939, con motivo del V aniversario de su fallecimiento.
El
acto había sido organizado por la Casa de España y habían participado Isaac
Costero con "La labor de Cajal en Histopatología", Jaime Pi Suñer
con "Estructura y actividad funcional", Gonzalo R. Lafora con"El
carácter y la personalidad de Cajal", Manuel Márquez con "La obra de
Cajal especialmente en Neuro-oftalmología", Tomás G. Perrín con
"Los cuentos de vacaciones de D. Santiago Ramón y Cajal", Isaac
Ochoterena con "Cajal y la Histología de la retina", José Puchecon
"Las teorías de Cajal en Fisiología del sistema nervioso",
pronunciando las palabras finales el fllósofo José Gaos, ex rector de la
Universidad Central de Madrid. El número 2 de la revista daba a
conocer un valioso ensayo de José F. Nonídez, entonces profesor de Anatomía
en Cornell University de Nueva York, titulado "La base anatómica de la
regulación refleja de la presión sanguínea", junto a otro de uno de los
discípulos de Bolívar, Enrique Rioja, quien en su faceta de oceanógrafo y biólogo
marino publicaba "Modernas interpretaciones acerca de la circulación atlántica
y sus consecuencias biológicas", firmando ya como profesor del Instituto
de Biología de la Universidad Nacional de México. En lo que se refiere a
noticias, Cienaa daba a conocer la nueva publicación del Instituto de
Salubridad y EnfermedadesTropicales, así como la Revista de la Sociedad
Mexicana de Historia Natural. Asimismo informaba de las actividades de la Casa
de España en México, con noticias sobre las conferencias en Monterrey de Isaac
Costero sobre Anatomíapatológica, las de Antonio Madinaveitia en San Luis
Potosí sobre Fitoquímica, Rosendo Carrasco-Formiguera en Morelia sobre
Endocrinología, José Giral en Guanajuato sobre alimentación, Pedro Carrasco
-en el mismo lugar sobre mecánica cuántica y sus aplicaciones a la Astrofísica,
Aurelio Romeo Lozano en San Luis Potosí sobre temas médicos, Francisco Giral
en Guadalajara sobre medicamentos modernos y Jaime Pi Suñer en Monterrey sobre
regulación térmica. Asimismo se anunciaban los cursos en Morelia, con motivo
del IV Centenario de la fundación del Colegio de San Nicolás de Hidalgo, de
Fernando de Buen, Antonio Madinaveitia y Pedro Carrasco, sobre "La nueva
Biología", "La nueva Química" y "La nueva Física",
respectivamente, También eran anunciadas para junio las conferencias de Manuel
Rivas Cherif sobre motilidad ocular y las de Cándido Bolívar Pieltain sobre
Entomología médica, todas en Guadalajara; para septiembre estaban programadas
las de Federico Pascual del Roncal sobre "Las orientaciones actuales de la
Psiquiatría", en el Colegiodel Estado de Guanajuato, y se anunciaba un
curso de Francisco Giral en la Escuela de Ciencias Químicas de la Universidad
Nacional sobre "Alcaloides y glucósidos". Respecto a las cátedras que
cubría la Casa de España, la revista Ciencia anunciaba en su segundo número
el envío del Dr. Urbano Barnés a la Universidad de Jalisco para que desempeñase
una cátedra de Obstetricia, en tanto que el Dr. Juan Xirau era enviado a la
Universidad Michoacana de Morelia para cubrir una cátedra de Química. En el tercer número,
correspondiente a mayo de 1940, se publicaban -entre otros- los trabajos de Germán
García, el discípulo de Juan Negrín en el Laboratorio de la Residencia, sobre
"Orientación actual de la dosimetría de las radiaciones ionizantes,
Correlación entre dosis y el efecto biológico", así como contribuciones
en el campo de la Botánica de Faustino Miranda y en el de la Zoología de
Enrique Rioja y Cándido Bolívar, quien además daba cuenta de la exploración
de la caverna de Cacahuamilpa en Guerrero por él mismo y A. Dampf, F. Bonet y
D. Peláez, acompañados del geólogo Mülleried, el ingeniero Ramírez Amescua,
J.I, Bolívar Goyanes y F.S. Reyna, En la crónica mexicana de las actividades
de los científicos en el exilio, la revista informaba de los nombramientos de
Ignacio Bolívar como doctor honoris causa y profesor honorario en la
Universidad Nacional de México, así como del subsidio concedido por la Casa de
España a la Universidad Nacional para adaptar algunos laboratorios de
investigación, que después serían dotados deinstrumental por la Fundación
Rockefeller. El siguiente número tiene el valor
de publicar el último artículo en solitario de Ignacio Bolívar, quien firma
como miembro de la Casa de España, titulado "Sobre los tetigoninos de las
islas atlánticas (Orth. Tett.)", con datos recogidos -según el propio Bolívar-
en el Laboratorio de Entomología del Museo Nacional de Ciencias Naturales de
Madrid. En julio del mismo año publicaba José F. Nonídez su artículo
"Diferencias en la argentofilia de las fibras nerviosas; su importancia en
el estudio de la inervación del corazón", Enrique Rioja reseñaba el
libro de L. Martín Echeverría, España. El País y los Habitantes, recién
publicado en México por la editorial Atlante, y el geólogo José Royo y Gómez
comentaba las teorías de Paúl Rivet sobre el poblamiento americano. Royo y Gómez, miembro de la gran
familia naturalista del Museo de Ciencias Naturales de Madrid y entonces
exiliado en Colombia, publicaba en el número de agosto un comentario sobre la
expedición botánico-zoológica organizada por el Dr. E. Pérez Arbeláez y de
la que formó parte José Cuatrecasas, que aparecía mencionado como catedrático
de la Universidad de Madrid y director del Jardín Botánico. Este mismo botánico
publicaba en el mismo número de Ciencia su primera colaboración con el título
de "Nuevos encenillos de Colombia", donde publicaba nuevas especies
botánicas, y en el siguiente "Mutisia caldasiana, especie nueva de
Colombia", junto a reseñas de la obra de botánica venezolana de H.
Pittier y de la edición en inglés de los diarios de la expedición de Ruiz y
Pavón. En este número de septiembre aparecían mezclados artículos tan
dispares como "Los preparados de insulina de acción prolongada" de R.
Carrasco Formiguera, con otro sobre el parasitismo escritó por Cándido Bolívar,
quien ya aparece como uno de los comentaristas de libros y artículos más prolífico
-junto a E. Rioja, J. Royo y Dionisio Peláez-, una colaboración de Fernando de
Buen sobre los peces de los lagos michoacanos o el de Enrique Pascual del Roncal
sobre la formación de hielo por sobrefusión en la atmósfera y sus
consecuencias aeronáuticas. En el último trimestre de 1940, la
revista Ciencia dio a conocer artículos de colaboradores habituales como Isaac
Costero o R. Carrasco Formiguera con nuevos como Luis A. San taló, matemático
exiliado en Argentina quien publicó un artículo titulado "Sobre las
probabilidades continuas". Asimismo el cumpleaños de Ignacio Bolívar en
noviembre -cumplía noventa años- fue la excusa para la dedicatoria de varios
artículos de sus amigos y colaboradores, como José Royo y Gómez con sus
"Novedades mineralógicas",José Cuatrecasas que seguía publicando
especies nuevas de Colombia, Faustino Miranda que se erigía en el líder de la
botánica mexicana,17
Dionisio Peláez que seguía la estela entomológica del propio Bolívar y Ángel
Cabrera, otro zoólogo español de laescuela bolivariana del Museo que, aunque
no siendo estrictamente un exiliado, puesto que había marchado a Argentina
antes de la guerra española, quería sumarse al homenaje al maestro y expresar
su solidaridad con sus compañeros con un artículo sobre "Los nombres
científicos de algunos monos americanos".En cuanto a las noticias del
exilio, Ciencia informaba en el último número de 1940 de la inauguración de
los nuevos laboratorios para investigaciones científicas en la Escuela de
Medicina, costeados por el Colegio de México y la Institución Rockefeller,
representados en la inauguración por Alfonso Reyes y Recientemente salió para los
Estados Unidos el doctor Severo Ochoa, distinguido fisiólogo español, después
de pasar en México algún tiempo. El doctor Ochoa, que es profesor auxiliar de
la cátedra de Fisiología de Madrid, llegó a esta Capital procedente de Oxford
(Inglaterra), en cuya Universidad llevaba largo tiempo trabajando junto al
profesor R. Peters, director del Laboratorio de Bioquímica, en problemas del
metabolismo de los hidrato s de carbono y de la acción biológica en ellos de
la vitamina B 1, Actualmente ha sido invitado para trabajar en el Departamento
de Farmacología de la Escuela de Medicina de la Washington University, de Saint
Lows, en colaboración con el profesor F. Cori, director del Departamento, también
sobre metabolismo de carbohidratos. En el año de 1941 se producen
nuevas e interesantes colaboraciones en la revista Ciencia, con artículos como el del médico Miguel Prados
Such, exiliado en Montreal, "Valor clínico del electroencefalograma",
Augusto Pi Suñer, exiliado en Caracas y autor de "Sobre el reflejo
vago-supraóptico-hipofisario", el de Severo Ochoa, ya instalado en St.
Louis, Missouri, quien colaboró con un artículo titulado "La vitamina B1(aneurina, tiamina) y su función
en el metabolismo celular", el de Sixto Obrador, "Sobre la actividad
humoral de los centros nerviosos", el de Manuel Rivas Cherif
,"Fotoftalmología sin reflejos", o el de
Bibiano F. Osorio Tafall, biólogo que desplegaría en la revista una
actividad sorprendente.18
Junto a estas novedades encontramos los artículos y contribuciones de firmas ya
conocidas como Enrique Rioja, en el campo de la Oceanografía, de Francisco
Giral, en Química farmacéutica, José Royo y Gómez en Geología, Jaime Pi
Suñer en Fisiología, Cándido Bolívar en Entomología, En cuanto a las noticias hay que
destacar la información aparecida en el mes de marzo de 1941 del nombramiento
como profesores en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto
Politécnico Nacional de varios exiliados españoles entre los que se
encontraban Pedro Armillas y Juan Comas Camps, en el Departamento de Antropología,
Cándido Bolívar Pieltain, Bibiano F. Osorio Tafall, Enriqueta Ortega Feliú,
Adela Barnés y Francisco Giral en el Departamento de Biología. El mes
siguiente se informaba de la inauguración del Instituto de Química que el
Colegio de México ofrecía a la Escuela de Ciencias Químicas de la Universidad
Nacional, que sería dirigido por Antonio Madinaveitia, antiguo catedrático de
Química orgánica de la Universidad de Madrid, con objeto de ofrecer el
doctorado en Ciencias a los alumnos ya licenciados en cualquiera de las tres
ramas de la Escuela: ingeniero químico, químico y químico farmacéutico biólogo.
Asimismo la revista Ciencia daba a conocer los cursos del Colegio de México
para 1941, en los que participarían José Giral (Química), Ignacio González
Guzmán <Fisiología) y Germán García (Cancerología) en la Universidad
Michoacana de Morelia; Pedro Bosch-Gimpera (Antropología) en la Universidad de
Guadalajara;Jaime Pi Suñer (Fisiología) en Monterrey; Germán García
(Cancerología) y Fernando Orozco (Química) en la Universidad de San Luis Potosí
y Cándido Bolívar Pieltain (Ciencias Naturales)y Pedro Carrasco (Física) en
el Colegio de Estudios Superiores de Guanajuato. Respecto a otras noticias, en
abril Ignacio Bolívar en la sección de Libros nuevos saludaba la aparición de
la nueva revista Caldasia, publicada por el Instituto de Ciencias Naturales de
la Universidad Nacional de Colombia, en la que participaba activamente José
Cuatrecasas, también citado en este año por sus expediciones botánicas en el
Putumayo. Asimismo el propio Ignacio Bolívar era nombrado este año académico
correspondiente de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de
Colombia. Además de numerosas reseñas de libros y artículos,
muchas de ellas de Cándido Bolívar, Bibiano Osorio Tafall y Enrique
Rioja, el director de Ciencia saludaba en los dos últimos meses del año la
aparición de nuevas revistas como la brasileña Arquivos do Museu Paranaense
(Curitiva, 1941) y Revista Argentina de Zoogeografta (Buenos Aires, 1941), esta
última con la destacada participación de su alumno Ángel Cabrera. El año de 1942 la revista Ciencia
comenzaba con un editorial de Ignacio Bolívar comentando la corta vida de la
publicación y enumerando la ya larga En cuanto a los contenidos hay que
destacar las contribuciones científicas de BIas Cabrera, con su serie sobre
"El atomismo y su evolución", la de los matemáticos M. San taló y
Honorato de Castro, este último exiliado en Puerto Rico, los artículos cada
vez más numerosos de los biólogos Cándido Bolívar, Federico Bonet, Bibiano
F. Osorio Tafall, Enrique Rioja y Dionisio Peláez -muy activos también en las
secciones de libros y revistas- los artículos de Fisiología de Sixto Obrador y
Jaime Pi Suñer, un primer artículo de Ángel Rodríguez Olleros, médico
exiliado en Puerto Rico, donde desarrolló una importante labor en la Escuela de
Medicina Tropical, alguna pequeña contribución química de F. Giral y la
continuación de las "Novedades Mineralógicas" del geólogo José
Royo y Gómez. Respecto a las noticias del mundo
científico en el exilio, Ciencia informaba del nombramiento del profesor Manuel
Márquez, antiguo decano de la Facultad de Medicina de Madrid, como miembro de
honor de la N ew York Society for Clinical Ophthalmology, así como del de
Gonzalo R. Lafora como socio honorario de la American Neurological Association
de Nueva York y de la concesión del doctorado honoris causa por la Universidad
de La Plata (Argentina) a Pío del Río Hortega, por sus importantes
descubrimientos en el campo de la Histología. La revista daba además a conocer
a sus lectores la llegada a la capital de México, para fijar aquí su
residencia, de Victoriano Acosta, profesor de Otorrinolaringología en la
Universidad de Madrid, y de BIas Cabrera, antiguo director del Instituto
Nacional de Física y Química de Madrid, que poco después era nombrado
profesor de Física Atómica e Historia de la Física en la Universidad Nacional
de México. En este capítulo de nombramientos cabe destacar también el de Cándido
Bolívar Pieltain como Entomólogo A de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas
del Instituto Politécnico Nacional, una institución de vital importancia para
el ejercicio profesional de los biólogos españoles en el exilio y en la que
este año dio algunas conferencias el fisiólogo Augusto Pi Suñer, director del
Instituto de Medicina Experimental de Caracas. Asimismo, se daba cuenta del
nombramiento de José Cuatrecasas, antiguo director del Real Jardín Botánico
de Madrid, como director de la Escuela Superior de Agricultura Tropical en Cali
(Colombia). La revista informaba también de la
designaci6n por la Asociación de Profesores Universitarios Españoles en México
del profesor Bosch-Gimpera, antiguo rector de la Universidad de Barcelona, c0mo
representante en la Segunda Conferencia Americana de Comisiones de Cooperación
Intelectual, reunida en La Habat:la en noviembre de 1941. Como novedad en el
campo de la educación científica, Ciencia informaba del curso sobre "Genética,
con sus aplicaciones al hombre y a los animales domésticos" que había
impartido Bibiano F. Osorio Tafall, en el pasado otoño, en la Escuela Nacional
de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional dirigido a médicos
cirujanos y veterinarios, así como de un cursillo organizado por la Sociedad
Mexicana de Medicina Veterinaria sobre "Virus", impartido por el mismo
profesor en la Academia Hispano-Mexicana. Además, Osorio Tafall realizó este año
una expedición de carácter oceanográfico al Mar de Cortés, comisionado por
la Dirección General de Pesca e Industrias conexas, de la Secretaría de
Marina, cuyos resultados dio a conocer en la Sociedad Mexicana de Historia
Natural. En lo que se refiere a la actividad
investigadora, la revista Ciencia, en los números 8-9 de 1942, aunque aparecida
en abril de 1943, daba a conocer el nuevo Boletín del Laboratorio de Estudios Médicos
y Biológicos de la Escuela Nacional de Medicina, creado bajo los auspicios del
Colegio de México, bajo la dirección del Dr. l. González Guzmán, y en el que
ya habían colaborado Isaac Costero, Sixto Obrador, Dionisio Nieto, Jaime Pi Suñer,
Manuel Rivas Cherif, etc... Asimismo informaba de la creación de un laboratorio
de investigaciones histopatológicas en los locales de la Institución Cultural
Española de Buenos Aires, bajo la dirección de Pío del Río-Hortega, quien
contaría con la ayuda de ocho médicos y biólogos y publicaría los resultados
en una nueva revista trimestral. El último número de 1942, aparecido en mayo
del año siguiente, comunicaba la creación en México del Ateneo Ramón y Cajal
como asociación médica hispano-mexicana, bajo la presidencia del Dr. Manuel Márquez
y con la ayuda en la secretaría del Dr. Julio Bejarano. El nuevo Ateneo
prepararía conferencias de carácter médico y entre sus flnalidades figuraría
la defensa, continuidad y difusión de la ciencia médica española y el posible
auxilio a los médicos exiliados en Francia y Marruecos. Precisamente, entre las
conferencias dadas en México en diciembre figuraban las de Emilio Mira,
neuropsiquiatra español entonces exiliado en Buenos Aires. En el año de 1943 la revista
Ciencia iniciaba su andadura con una presentación de Ignacio Bolívar, quien
repetía su agradecimiento a todos los colaboradores y a las empresas
patrocinadoras, a las que habría que añadir el Colegio de México, el Fondo de
Cultura Económica, los Laboratorios Andrómaco y Picot y la Junta de Auxilio a
los Refugiados Españoles,
además de la recién creada Comisión Impulsora y Coordinadora de la
Investigación Científica, que presidía el Dr. Manuel Sandoval Vallarta, que
parece que fue clave para la supervivencia de la revista. Asimismo en uno de los
últimos números de este año se anunciaba la creación de un Patronato de la
Revista Ciencia para facilitar la publicación, presidido por Evaristo Araiza y
formado por Carlos Prieto, como vicepresidente, Eduardo Villaseñor, como
tesorero, Francisco Giral, como secretario, y como vocales, BIas Cabrera,
Santiago Galas, Ignacio González Guzmán, Manuel Sánchez Sarto y Cándido
Bolivar Pieltain. Entre los artículos científicos
publicados este año cabe destacar la tardía publicación de Faustino Miranda
"Enumeración de las algas marinas del N. y NO. de España"; la revisión
en el campo de la Virología de Bibiano F. Osorio Tafall, autor también de un
artículo en el campo de la Biología marina; las contribuciones zoológicas de
Ángel Cabrera; las realizadas en el área de la Química biológica por
Francisco Giral,José Giral y María Luisa Giral; el artículo de Isaac Costero
"Glioblastomas y neuroblastomas" y el de S. Obrador "Procesos de
inhibición de la corteza cerebral" en Medicina; el de Honorato de Castro
en el campo de la Matemática y el de Cándido Bolivar sobre la exploración
biológica de algunas cavernas de Cuba. Desde este país llegaron dos artículos
para la revista: Gustavo Pittaluga, en colaboración con M. Bessis -del Centro
de Investigaciones Hematológicas del Hospital St. Antoine de París- publicaba
su "Estructura y función de los nucleolos en las células normales y patológicas"
y Pedro Domingo San Juan, exiliado también en Cuba, publicaba
"Medulocultivo y hemocultivo en el diagnóstico bacteriológico de la
fiebre tifoidea". Precisamente entre las visitas de
científicos exiliados en otros países a México, Cienda destacaba la de
Gustavo Pittaluga, residente en La Habana y hasta este mismo año presidente de
la Unión de Profesores Universitarios Españoles en el Extranjero, quien
pronunció una conferencia en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, cuyo
contenido publicó la propia revista. En 1939 se había constituido en París la
Unión de Profesores Universitarios Españoles en el Extranjero bajo la
Presidencia de Gustavo Pittaluga y, en calidad de tal, actuó en Cuba ante las
autoridades académicas a fin de conseguir apoyo y financiación para realizar
una reunión de un,grupo de destacados
profesores universitarios españoles en el extranjero.19
Cienda informó del desarrollo de esta reunión que finalizó con la conocida
"Declaración de La Habana", realizada bajo la Otras visitas a México reseñadas
por la revista Ciencia fueron las del Dr. Ángel Rodríguez Olieros, antiguo
profesor auxiliar de Terapéutica en la Facultad de Medicina de la Universidad
de Madrid y ahora exiliado en Puerto Rico, quien pronunció una conferencia por
invitación del Ateneo "Ramón y Cajal", aunque la más destacada fue
sin duda la del profesor Durán Reynals: El eminente investigador español
Francisco Durán Reynals, descubridor del factor de difusión y uno de los
investigadores actuales más distinguidos
en
problemas de cáncer experimental en aves, que se encuentra como profesor en la
Universidad de Yale (New Haven, Connecticutt, Estados Unidos) fue invitado al
Congreso Mexicano de Cáncer y a la Segunda Semana Médica de Occidente,
celebrados en Guadalajara, Jalisco. En dichos Congresos pronunció una
conferencia sobre "Cáncer experimental" e intervino en la sesión de
clausura celebrada en el Paraninfo de la Universidad. Durante su estancia
posterior en la capital de México pronunció una serie de conferencias sobre
sus investigaciones originales, que atrajeron extraordinario interés entre los
medios científicos mexicanos, En todas ellas hubo a continuación animadas
discusiones. Estas conferencias fueron: "Permeabilidad tisular en la
infección y en la resistencia" con la que se inauguraron los seminarios de
Fisiología de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas; "Cáncer
experimental", invitado por el Instituto de Salubridad y enfermedades
tropicales; "La invasión de la infección", invitado por la Escuela
Nacional de Ciencias Biológicas; "La infección neoplásica",
invitado por .la Unión de Profesores Españoles en el Extranjero y por el
Ateneo "Ramón y Cajal". También fue recibido en la Academia Nacional
de Medicina.21 El volumen V de la revista Ciencia,
editado en el período final de la Segunda Guerra Mundial, refleja en las
palabras finales de la editorial de Ignacio Bolívar la esperanza del final del
conflicto: Expresamos nuestra firme esperanza
de que al redactar las líneas de presentación del próximo volumen de Ciencia
la guerra brutal que destroza a la Humanidad haya terminado, y puedan los
pueblos oprimidos recobrar su libertad, y los científicos de todas las
naciones, que en la mayor parte de los casos son completamente ajenos a las
causas determinantes de la contienda, comiencen a estimarse de nuevo y cooperen
en la reconstrucción del Mundo. En lo referente a los contenidos
científicos, uno de los primeros artículos que encontramos es "La
Oceanografía y los temblores de Tierra" de Odón de Buen, quien firma como
catedrático jubilado de Biología General en la Universidad de Madrid y ex
director del Instituto Español de Oceanografía, que poco después fallecía en
México dejando una impresionante obra científica, cuya continuidad quedó en
manos de su antiguo colaborador José Giral y sobre todo en las de sus hijos
Rafael y Fernando de Buen.22
En el campo de la Biología se publicaron los artículos de los habituales
colaboradores, Federico Bonet, Cándido Bolívar, Dionisio Peláez y Bibiano F.
Osario Tafall, quien además había pasado a formar parte de la redacción
principal de Ciencia en sustitución':de Costero. Otros articulistas habituales
o ya conocidos presentes en este volumen fueron el matemático y astrónomo
Honorato de Castro, Francisco Giral, César Roquero y el médico A. Rodríguez
Olleros. Entre los nuevos se encontraban José Vázquez Sánchez, antiguo
ayudante de Antonio Madinaveitia en la cátedra de Química Orgánica de Madrid;
Alfonso Boix, químico orgánico y discípulo de Antonio García Banús, y Blas
Cabrera Sánchez, hijo del físico Blas Cabrera Felipe y discípulo de Negrín. De las noticias hay que destacar la
información de la creación de los Anales de Mediana del Ateneo Ramón y Cajal,
que comenzaron su andadura a finales de 1943 con un número especial dedicado a
Santiago Ramón y Cajal, en el que participaron entre otros Manuel Márquez,J.
Bejarano, M. Martínez Báez, T. G. Perrín, A. Zozaya, B. Cabrera, J. Puche e
l. Costero. En su secretariado de redacción se encontraban los médicos españoles
Julio Bejarano, Isaac Costero, Joaquín D'Harcourt,Jacinto Segovia y Alberto
Floch Pi, junto a otros colegas mexicanos. En el capítulo de nombramientos hay
que mencionar que en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas aparecían como
nuevos profesores para 1944, Dionisio Peláez como responsable de Zoología
aplicada, y José Puche Álvarez de Fisiología, en tanto que en la Escuela de
Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional se encargaba de la cátedra de
Hidrobiología a En lo referente a cursos y
conferencias, la revista informaba de la visita de Augusto Pi-Suñer, exiliado
en Venezuela, y de Honorato
de Castro, procedente de Puerto Rico, así como de los cursos en Monterrey de
José Giral-antiguo rector de la
Universidad Central de Madrid-, quien fue además nombrado Consejero permanente
honoris causa por la Universidad de Nuevo León. De los cursos del mismo José
Giral entre septiembre y diciembre de 1944 en Puerto Rico, República Dominicana
y Cuba informaba el último número de la revista, destacando que en el primer
país la mayoría se habían impartido en la Facultad de Ciencias de la
Universidad, en Río Piedras, aunque también había dado alguna en la Escuela
de Medicina Tropical, en la Asociación de Nutricionistas y en la de Dentistas,
en tanto que en Santo Domingo había dado cinco conferencias en la Universidad y
en La Habana había impartido un cursillo de Bioquímica en la Facultad de
Ciencias, además de conferencias en la Institución Hispano-Cubana, en el
Ateneo de Ciencias y Artes y en la Asociación Farmacéutica Cubana. Asimismo
Ciencia daba cuenta del fallecimiento de José Sánchez-Covisa en Caracas, de
Joaquín María Castellarnau en Madrid y de Anatael Cabrera en La Laguna
(Tenerife). Precisamente el siguiente número de
Ciencia anunciaba la muerte de su director, Ignacio Bolívar Urrutia, con dos
necrológicas firmadas por BIas Cabrera -quien poco después era designado por
el Patronato como nuevo director- y Enrique Rioja, así como con información
sobre el homenaje póstumo que se hizo en el Palacio de Bellas Artes de México,
organizado por la Unión de Profesores Universitarios Españoles en el
Extranjero. En el orden de las novedades científicas, aparecieron -en este
volumen VI- artículos de José Vázquez Sánchez, Francisco Giral, Bibiano F.
Osorio Tafall, Dionisio Peláez, BIas Cabrera, José Cuatrecasas y Cándido Bolívar
entre los ya conocidos, aunque con la progresiva novedad de que cada vez
publicaban más con discípulos y colaboradores mexicanos. Entre los
articulistas nuevos hay que destacar a José Ignacio Bolívar Goyanes con su artículo
"Nueva firma de clasificación periódica de los elementos" y el artículo
póstumo de Wenceslao López Albo, ex director del Hospital Psiquiátrico de
Vizcaya, ex director de la Casa de Salud de Valdecilla de Santander y jefe del
Servicio de Neuropsiquiatría y Neurocirugia del Sanatorio Español de México,
"Fisiopatologia de la imagen somática. Conocimiento corporal, normal y
patológico", del que Francisco En la sección de libros nuevos,
Blas Cabrera informaba en 1945 de la edición un año antes en Montevideo de un
homenaje a Santiago Ramón y Cajal, coordinado por P. del Río-Hortega y C.
Estable, y editado por la Institución Cultural Española del Uruguay, antigua
colaboradora de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas,
que habían presidido Cajal y Bolivar. En el apartado de Noticias, la revista
dio a conocer el traslado del matemático y antiguo secretario de la Fact'1ltad
de Ciencias de Madrid, Honorato de Castro, desde Puerto Rico a su nuevo destino
como profesor del Instituto de Investigaciones Científicas de MontJrrey (del
que poco después se trasladaría al Departamento de Petróleos de México en la
capital como geofisico), el fallecimiento de Pío del Río-Hortega -comentado
por Isaac Costero-, así como el nombramiento de José Royo y Gomez como
presidente de la Sociedad de Ciencias Naturales de Bogotá o el de socio
honorario de la Sociedad Matemática Mexicana del director de Ciencia, Blas
Cabrera, de quien poco después se informaba de su fallecimiento. Antonio
Madinaveitia, su colaborador en el Instituto Nacional de Física y Química
(Fundación Rockefeller) en Madrid, fue el encargado de hacer su necrológica en
Ciencia y entre otras cosas explicaba sus últimos momentos y sus méritos académicos: Cuando estalló la sublevación
fascista, D. BIas, ya no joven, consideró que no podría continuar trabajando
en Madrid y se fue a París a ocuparse más asiduamente de su cargo de
Secretario del Bureau internacional de pesas y medidas que desempeñaba ya hacía
algunos años; sus trabajos de investigación los prosiguió en los laboratorios
de la Escuela Normal de Sevres. Terminada nuestra guerra civil allí continuaba,
pero vino la guerra europea y después de haber ocupado los alemanes París,
recibieron una cariñosa indicáción del Gobierno de Franco por la que le
hicieron dimitir de su cargo. Vino entonces a México, ya viejo y muy agotado, más
que por la edad por un trastorno del sistema nervioso, que tenia desde 1918.
Durante la epidemia mundial de gripe sufrió un ataque de encefalitis letárgica,
del que le quedaron lesiones que se fueron agravando hasta producir su muerte. A
pesar de su estado tuvo aún bríos en México para continuar trabajando, fue
acogido con cariño en el Instituto de Física de la Universidad Nacional, donde
además recibió ayuda de la Fundación Rockefeller para establecer un taller en
el que pudiera construir los aparatos necesarios para sus investigaciones. Deja
D. BIas una labor física importante, y además pudo tener la satisfacción de
ver reunidos en su laboratorio un grupo de jóvenes investigadores, unos
formados por él desde el comienzo, otros que encontraron en su laboratorio el
apoyo y la dirección necesarios para sus investigaciones. Este grupo de hombres
jóvenes comenzaba a crear la física española, y lo hubiera logrado de no
haber sido por la guerra. Para no citar más que algunos nombres, recordaré a
Catalán, En
el terreno de la información política, la revista Ciencia se hada eco del
nombramiento de José Giral como Presidente del Gobierno Español constituido en
México, así como del de Miguel Santaló como ministro de Educación, de su
gobierno. Asimismo y en un terreno político-científico, Cándido Bolívar
comentaba la noticia de la puesta en marcha en España de la publicación de la
obra botánica de José Celes tino Mutis, anunciada por el embajador franquista
en Bogotá, Gonzalo de Ojeda, con motivo de la fiesta de la hispanidad de 1945.
Cándido Bolívar aclaraba que fue una iniciativa del gobierno de la República
la edición de esta obra y no de las autoridades franquistas, para lo que acudía
al testimonio del geólogo exiliado en Colombia José Royo y Gómez, quien
publicaba en la prensa colombiana (El Espectador y EI Liberal la siguiente nota:
"Efectivamente, la República Española, impuesta de la importancia que
para la ciencia y para las relaciones con los países hispanoamericanos, y
especialmente Colombia, tenía la publicación de la tan célebre colección de
láminas de Mutis, se preocupó de ello casi desde el primer instante. Durante
la guerra con Franco, y a pesar de las dificultades con que se tropezaba, la
Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas quiso llevar
adelante su edición por iniciativa de su presidente, el venerable Prof. Ignacio
Bolívar, fallecido hace un año en el exilio, y el Prof. Cuatrecasas, director a la sazón del Jardín Botánico
de Madrid, hoy acogido a la benévola hospitalidad de Colombia, y tan conocido
por sus interesantes estudios sobre la flora de este país". José Royo y el propio Cándido Bolívar,
que había conseguido desde su cargo de estrecho colaborador de Azaña un crédito
de 50.000 pesetas para imprimir la Quinología de Mutis, aclaraban cómo fue la
entrada de las tropas de Franco en Barcelona lo que impidió la impresión de la
obra, que ya estaba en pruebas en la imprenta de Seix y Barral?24 El volumen VII de la revista
Ciencia, cuyo primer número aparecía en agosto de 1946, anunciaba como
primeras novedades el nombramiento como director de Cándido Bolívar Pieltain y
el de Honorato de Castro como uno de los redactores principales. Asimismo, el
nuevo director informaba en su editorial que la revista dejaba de ser una
publicación de la editorial Atlante para pasar a ser editada por el Patronato
de Ciencia, con las ayudas institucionales y empresariales habituales. Entre las contribuciones científicas
cabe destacar que además de las ya habituales de José Royo y Gómez, con sus
novedades mineralógicas, las zoológicas de Cándido Bolívar, las matemáticas
de Honorato de Castro, las médicas de Manuel Márquez, o la presencia constante
de Francisco Giral y Bibiano F. Osorio Tafall, apareció un importante artículo
sobre "El Mesolítico Europeo" de Pedro Bosch-Gimpera y es reseñable
la contribución cada vez más numerosa de sabios mexicanos en las páginas de
Ciencza, como Maximino Martínez, G. Soberón, etc... y de habituales de la
revista como F.I<:.G. Mullerried, Sánchez Marroquín o J. Erdós. La presencia de los científicos
españoles del exilio quedaba reflejada, como una pequeña muestra, al dar a
conocer los laboratorios de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del
Instituto Politécnico Nacional, entre los que se encontraban uno de Botánica
dirigido por Enriqueta Ortega, el de Entomología general y médica, por Cándido
Bolívar, Fisiología general y vegetal, Manuel Castañeda Agulló, Parasitología,
Dionisio Peláez y Zoología y Anatomía comparada, Federico Bonet Marco.
Asimismo en el Instituto de Biología de la Universidad Nacional encontramos a
Faustino Miranda al frente del laboratorio de Criptogamia y a Enrique Rioja en
el de Hidrobiología. Entre las noticias que recogía la
revista en este año, cabe destacar el homenaje al Dr. Manuel Márquez por el
Ateneo Ramón y Cajal y la Unión de Profesores Universitarios Españoles en el
Extranjero, acto en el que participaron entre otros Miguel San taló, como
ministro del gobierno republicano en el exilio, Ignacio Chávez, Ignacio González
Guzmán, Rafael Altamira, Juan Negrín, Manuel Rivas Cherif, José Puche, Urbano
Barnés, Joaquín Xirau, Federico Bonet, Francisco Giral, Dionisio Peláez, B.
F. Osorio Tafall, Antonio Madinaveitia y Cándido Bolívar, casi todos ligados a
la revista Ciencia. Asimismo se recogía el nombramiento de Fernando de Buen,
quien poco después se trasladaba a Uruguay, como miembro honorario de la
American Society of Ichthyologists and Herpetologist de Pittsburg, la muerte de
Joaquín Xirau, Laureano Sánchez Gallego, José Castillejo y Demófllo de Buen,
el viaje de Juan Comas al Perú, los cursos de Francisco Giral en Puerto Rico
(Facultad de Farmacia de Río Piedras, Escuela de Medicina Tropical, Colegio de
Farmacéuticos de Ponce y Colegio de Agricultura de Mayagüez) y en Cuba
(Universidad de La Habana e Institución Hispano-Cubana de Cultura) y el
traslado del Dr. Rafael Méndez, antiguo catedrático de Farmacología en Cádiz,
desde la Universidad de Harvard al Instituto Nacional de Cardiología de México,
que además en esos días y gracias a los donativos del industrial español
Manuel Suárez y de la Fundación Rockefeller abría un nuevo Laboratorio de
Fisiología y Farmacología. Al año siguiente, encontramos en
Ciencia algunos artículos de nuevos colaboradores de la revista entre los
exiliado s españoles, como Germán Somolinos d' Ardois con su "Estudio de
la frecuencia del factor Rh entre los habitantes de México", el de Modesto
Bargalló "Sobre la evolución de las modernas definiciones de elemento químico,
y algunas sugestiones de carácter didáctico" y Federico F. Gavarrón,
"Estado actual del problema de las amilasas microbianas", junto a los
de los ya conocidos F. Giral, A. Sánchez Marroquín, J. Giral, J. Erdós,
Alcides Prado, etc...y nuevos colaboradores latinoamericanos. Entre las noticias
cabe destacar el nombramiento de Cándido Bolívar Pieltain como nuevo
presidente de la Sociedad Mexicana de Historia Natural, un hecho que el director
de Ciencia interpretó como una muestra de solidaridad de los naturalistas
mexicanos hacia los españoles, quíenes por otra parte habían participado en
las actividades de la Sociedad desde el primer momento del exilio. Asimismo la
revista felicitó a su consejero Augusto Pi Suñer, que había sido designado
como doctor honoris causa por la Universidad Central de Venezuela, comunicó el
traslado a México desde Moscú del fisiólogo Ramón Álvarez-Buylla -que se
incorporó al departamento de Fisiología de la Escuela Nacional de Ciencias
Biológicas- y comenzó a difundir las actividades de algunos científicos españoles
exiliado s en Francia, entre los que destacó a Manuel Martínez Risco, Nicolás
Cabrera, Heliodoro Téllez, Germán Collado, Rafael Candel Vila, Emilio Herrera,
un numeroso grupo de médicos (DiegoDíaz, Joaquín Viñas, Pablo Cirera,
Francisco Pérez-Hita, Francisco Barri, José Solanas, Jain) e Sauret, Cipriano
Rodrigo Lavin, etc..),José Miguel de Barandiarán, Gonzalo de Reparaz, etc.. Entre los libros producidos por los
españoles radicados en México apareció una reseña bastante crítica de
Bibiano F. Osario Tafall, nombrado por entonces miembro de la Academia Nacional
de Ciencias, sobre el tratado de Genética general y aplicada del ingeniero agrónomo
español José Luis de la Loma, entonces profesor en la Escuela Nacional de
Agricultura de Chapingo. También dio cuenta la revista
Ciencia de la constitución de la Unión de Intelectuales Españoles en México,
e121 de julio de 1947, cuya finalidad era la de colaborar en la lucha por la
liberación de España y particularmente con la Unión de Intelectuales Libres
que se había creado dentro de la península. Entre otros, apoyaban la
iniciativa Héctor Pérez, Carlos Chávez, Alfonso Reyes, Enrique González y
Manuel Martínez Báez, entre los mexicanos y los españoles José Giral, Manuel
Márquez, Pedro BoschGimpera, Honorato de Castro, que actuaría como presidente,
Isabel O. de Palencia, Mariano Ruiz-Funes, Luis A. Santullano, José Moreno
Villa, Juan David García Bacca, Francisco Giral, Wenceslao Roces, Max Aub, José
L. De la Loma, Manuel de Rivas Cherif, etc.., algunos de ellos ligados
directamente a la revista Ciencia. Miembro del Consejo de Redacción de
la revista desde 1940, el Dr. Bernardo A. Houssay recibió el Premio Nóbel de
Medicina de 1947, por sus estudios sobre el metabolismo de los hidrato s de
carbono en relación con el lóbulo anterior de la hipófisis, por lo que fue
efusivamente felicitado por Cándido Bolívar y los redactores principales,
Castro, Osario y Giral, a quienes contestó agradecido comentando que la
distinción alcanzaba a todos los que cultivaban la ciencia de habla española.
Asimismo el zoólogo español Ángel Cabrera, del Museo de La Plata en
Argentina, fue nombrado miembro honorario de la American Society of
Mammalogists. En el volumen IX de la revista
Ciencia, correspondiente a los años 19481949, el contenido científico siguió
la tónica dominante en los últimos números, con contribuciones de Germán
Somolinos d' Ardois, Modesto Bargalló, del matemático Pedro A. Pizá, G. Soberón,
D. Peláez, F. Giral, A. Sánchez Marroquín, J. l. Bolívar, F.IZ.G.
Mullerried, J. Erdós, J. Giral y H. de Castro, con la presencia cada vez mayor
de científicos de otras latitudes, como el químico suizo y premio N óbel L.
Ruzicka, R. Hoffstetter y J. Martellyde Quito, L. Malowafi de Panamá, M. Risco
de Paríti, F. Fromm de Puerto Rico, M. Stoll de Ginebra o Paul Remy de Nancy. Entre las noticias de la revista
cabe destacar el nombramiento del profesor Bosch Gimpera como director de la
sección de Humanidades y Filosofía de la UNESCO, a propuesta de su director,
Julian Huxley, así como el de Cándido Bolívar como Consejero científico para
la Conferencia del Instituto Internacional de la Hilea Amazónica, el de
Faustino Miranda para la creación de un Museo, Herbario y Jardín Botánico
Tropical en Chiapas y el del Dr. José Goyanes Capdevila, antiguo director del
Instituto del Cáncer de Madrid, como nuevo miembro de la Academia Mexicana de
Cirugía. Asimismo se informó de la gira científica de José Giral por Bogotá,
Lima, Panamá y Caracas, ciudad esta última en cuya Universidad Central recibió
el doctorado honoris ¡;-ausa, y de la visita a México, donde le recibieron
varios consejeros de Ciencia, del premio Nóbel y miembro de la revista Bernardo
A. Houssay. En lo referente a los abundantes
comentarios de libros en la revista, hay que resaltar la reseña del Manual de
Antropología de J. Pérez de Barradas (Madrid, 1946) hecha por Juan Comas,
quien en un tono muy crítico lamentaba el carácter antievolucionista de esta
obra, en la más pura línea ideológica franquista, cargada de numerosos
errores desde el punto de vista antropológico, desde la más absoluta
ignorancia de los caracteres etnológicos del pueblo español hasta afirmaciones
racistas en lo referente a los pueblos americanos. Juan Comas, uno de los
mejores antropólogos españoles del exilio, terminaba su reseña con estas
palabras: "El Manual de Antropología de Pérez de Barradas es el tipo más
acabado que hemos visto nunca de lo que llamaríamos COMO NO DEBE ESCRIBIRSE UN
MANUAL DE ANTROPOLOGÍA, o lo que no debe ser un Manual de Antropología."25 El volumen X de Ciencia, correspondiente a 1950 y último que analizaremos en este artículo, iniciaba sus páginas con el habitual editorial de Cándido Bolívar como director de la revista, agradeciendo la colaboración científica y el apoyo material para la impresión de Ciencia, y comunicando la baja en la redacción principal de Bibiano F. Osorio Tafall-quien dejaba el cargo para ir a un destino en la FAO-, quien sería sustituido por Federico Bonet, biólogo del Instituto Politécnico Nacional de México. En lo referente a los artículos científicos hay que destacar que la presencia de artículos de científicos españoles exiliado s inicia un descenso progresivo, aunque semantienen algunos como Honorato de Castro y José Giral en las contribuciones originales y otros como C. Bolívar, G. Halffter, B. F. Osorio Tafall o E. Ortega aparecen en las secciones de libros y revistas. Entre las noticias de este último número de la primera década de la revista Ciencia hay que mencionar el nombramiento del matemático español Pedro Pi Calleja, antiguo profesor de la Universidad de Barcelona, en la Facultad de Ciencias Fisicomatemáticas de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina), la asistencia al primer Congreso latinoamericano de Biología marina en Viña del Mar (Chile) de B. F. Osorio Tafall, la estancia de investigación de Isaac Costero en Estados Unidos26 y el nombramiento de jefe del servicio médico y psiquiátrico del Instituto Médico Pedagógico de la Ciudad de México el Dr. Federico Pascual del Roncal. En los últimos números de este volumen de Ciencia, dedicados a hacer el índice general de los volúmenes I al X de la revista, encontramos la incorporación al Consejo de Redacción de Severo Ochoa, que pocos años después recibiría el Premio Nóbel de Medicina y se convertiría en la figura científica española de referencia tras Santiago Ramón y Cajal, el ídolo de nuestros científicos exiliados. * Este trabajo forma parte de la investigación del proyecto de la Comunidad de Madrid 06/0091/ 2000, dirigido por la Dra. Consuelo Naranjo Orovío. 1 José Luis Abellán, El exilio español de 1939, Madrid, Taurus, 19.76; Ateneo Español de México, Obra impresa del exilio español en México, 1939-1979, México, Instituto Nacional de Bellas Artes, Secretaría de Educación Pública y Museo de San Carlos, 19.79; Patricia Fagen, Transterrados y ciudadanos, México, Fondo de Cultura Económica, 1975 y Manuel Aznar Soler, Monográftco sobre el exilio español el1 México, 1939-1977, Barcelona, Taifa, 1997. 2 José Luis Barona y María Femanda Mancebo,josé PucheAlvarez (1896-1979). Historia de un compromiso, Valencia, Generalitat valenciana, 1998. 3 Clara E. Lida y José Antonio Matesanz, El Colegio de México: Una hazaña cu!tural, 1940-1962, México, El Colegio de México, 1993. 4 Clara E. Lida, La Casa de España en México, México, El Colegio de México, 1992. 6 Sobre Cuatrecasas véase Joseph M. Monserrat i Martí, "Josep Cuatrecasas 1 Arumí: notes per a una biografia", en Collectanea Botánica, núm. 23 (1997), pp. 171"180. 7 Ciencia, vol. 1, num. 1 (1940), p. 1. 8 Francisco Giral, Ciencia española en el exilio (1939-1989), Barcelona, Anthropos, 1994, p. 42. 9 Ciencia, vol. I, núm. 9 (1940), p. 385. 10 Sobre la interesante vida y obra de Bias Cabrera" probablemente el mejor físico español de todos los tiempos, puede verse Francisco González de Posada, BIas Cabrera: Físico español, lanzaroteño ilustre, Madrid, Sociedad de Amigos de la Cultura Científica y Cabildo Insular de Lanzarote, 1994. 11 Ciencia, vol. VI,núm.1 (1945),p.1. 12 Nos referimos a la biografía escrita por Manuel Cazurro en 1921, ampliada hace poco por Alberto Gomis (ed.), en Ignacio Bolivar y las Ciencias Naturales en España, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1988 y a la publicada por Enrique Rioja en Ciencia en 1945. 13 José María Sánchez Ron (coord.), 1907-1987. La Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas 80 años después, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1989; Francisco Laporta et al" "Los orígenes culturales de la Junta para la Ampliación de Estudios", en Arbor, vol. CXXVI, núm. 493 (1987), Madrid, pp. 17-87, 14 Ciencia, vol. VI, núm. 1 (1945), pp. 2-8. 15 Ciencia, vol. VI, num. 3 (1945), pp. 98-100. 16 Cíencia, vol. .1, num. 1 (1940), p. 2. 17 Jerzi Rzedowski, "Datos biográficos de Faustino Miranda", en Ciencia, vol. XXIV (1996), núms. 56, pp. 111-115. 18 Véase Santiago Álvarez, Osorio Taja!!, S u personalidad, su aportación a la historia, La Coruña, Editorial do Castro, 1992. 19 Tras crearse en París la Unión de Profesores Universitarios Españoles en el Extranjero, en México se fundó una sección de la misma. Años más tarde, después de celebrarse la 1 Reunión de Profesores Españoles Emigrados en La Habana, se acordó trasladar su sede a México. Libro de la Primera Reunión de Profesores Universitarios Españoles Emigrados, La Habana, Talleres Tipográficos "La Mercantil", 1994. 20 Consuelo Naranjo Orovio, Cuba, otro escenario de lucha, La guerra civil y el exilio republicano español, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1988, pp, 178-182 21 Ciencia, vol. IV, núms, 8-10 (1943), p. 233, 22 La necrología, fumada por Cándido Bolívar, aparece en Ciencia, vol. VI, núms. 7-9 (1945), pp. 310312. Asimismo se recoge la noticia del homenaje póstumo de la Unión de Profesores Universitarios Españoles y el Ateneo Ramón y Cajal en el mismo número, p. 275. 23 Ciencia, vol. VI, núms. 7-9 (1945), pp. 241-242. 24
Ciencia, vol.
VI, Núms. 7-9 (1945), pp. 301-304. 25 Ciencia, vol. IX, núms. 7-10 (1948), pp. 277-278. 26 Sobre la actividad de Costero y otros científicos del exilio como Rafael Méndez, Dionisio Nieto, Ramón Álvarez-Buyllan y José ruche, véanse Augusto Fernández Guardiola, Las neurociencias en el exilio español en México, México, Fondo de cultura Económica, 1997; J.L. Barona y M. F. Mancebo, op. cit. Y Albert Girona y María Fernanda Mancebo, El exilio valenciano en América. Obra y memoria, Valencia, Instituto de Cultura Juan Gil-Albert y Universitat de Valencia, 1995.
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