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Los tarascos: una formación histórica

 

Carlos García Mora
Dirección de Etnohistoria-INAH

 

El conjunto humano y territorial denominado "tarasco" por con­quistadores españoles del siglo xvi, fue una confederación política de varios iréchakuiicha o señoríos gobernados por clanes dominantes. Y a partir de la desintegración de aquella, el pueblo purépecha fue resultado de su configuración en repúblicas de naturales cristianiza­dos, integradas a comarcas coloniales novohispanas. Por tanto, los términos "tarasco" y "purépecha" hacen referencia a entidades his­tóricas y sociales diferentes. Además, mientras lo tarasco fue una entidad antigua dominante, lo purépecha fue una dominada de forja novohispana y, por tanto, su nombre tiene un contenido histórico: expresa su pasado bajo control colonial. Éstas son diferencias esen­ciales entre estos dos términos.

Por supuesto, se trata de una diferencia que puede ser apre­ciada así por la etnología en el siglo xxi. En el xvi, no necesariamente tuvo el sentido aquí señalado en términos etnológicos que entonces hubieran sido incomprensibles, pero que ahora nos sirven para en­tender mejor las sociedades del pasado. Tampoco pudieron ser sólo etnónimos, como algunos autores los usan hoy en día. Sin embargo, en tanto actualmente es preciso comprenderlos a la manera como lo hacen la antropología y la historia, bien se hace en relativizar y contextualizar siempre, según época y circunstancias, los significa­dos que les han sido dados a estas palabras.

Habiendo dejado bien asentado esto, este artículo sólo tratará el nombre tarasco, en el entendido de que los demás colegas abordan más el otro en sus respectivos escritos.

El nombre "tarasco" se ha usado porque se adoptó desde el siglo XVI, igual que se conserva el de yucateco, aunque éste no existió antes de la conquista española.[1] Sin embargo, "tarasco" ha sido re­chazado algunas veces. Uno de los primeros académicos en hacerlo, si no es que el primero, fue Nicolás León en 1888.[2] Pero en realidad, la polémica sobre el nombre se entabló desde el siglo xvi.[3] Entre otras razones, se ha aducido el dudoso sentido peyorativo que se le ha atri­buido sin prueba fehaciente o se le ha considerado inadecuado. Veamos que hay de cierto en dichas consejas.

Al terminar su segunda visita a Ts'intsúntsa en 1521, los con­quistadores hispanos solicitaron al irécha que les diera dos de sus parientas para llevárselas. Como en el camino iban juntándose con ellas, los hombres tarascos —que también se les asigné)— empezaron a denominarlos tarháskwecha ("yernos"). De donde resulta que los tarascos fueron en realidad los españoles, pues fue así como los lla­maron.

Sin embargo, a los españoles les dio entonces por llamar de esa manera a quienes así los llamaban, castellanizando el término. Así que, de esas primeras mujeres que se llevaron los españoles, les vino a los tarascos ese nombre que les dieron. Eso les incomodaba,[4] quizás porque les fue dado por mexicanos y españoles ante quienes se rindie­ron, o porque se trataba de un equívoco, pues tarháskwe servía para referirse al suegro, suegra, yerno o nuera en tercera persona, pero no para dirigirse a éste.

Esto recuerda que, de hecho, desconocemos el antiguo sistema tarasco de parentesco y sus respectivos términos, por lo cual es difícil saber a quién se denomina tarháskwe y quién lo hacía. Como sabemos, en cualquier sistema de parentesco, una misma persona en una parentela puede ser designada de dos o más maneras según quien le hable; así que, respecto del término de marras, lo que se necesita esta­blecer es quién era llamado tarháskwe y quién lo llamaba así.

Ahora bien, aparte de ese conocimiento básico, se está por des­cifrar el significado del término en sí mismo, pues si bien ahora puede traducirse como "yerno", en purépecha el término pudo construirse usando el radical ta- ("estar" o "juntar-separar") con la que se com­pone el verbo tarháskani ("escoger separando"), referida al acto de escoger mujer con fines matrimoniales.[5] De manera que el término pudo querer decir: "quien escoge mujer para sí separándola de otros(as)". Si bien esto es una mera especulación, ilustra bien nuestra ignorancia.

Con todo, los españoles pudieron adoptar el vocablo en su acep­ción de "suegro", para llamar a quienes les habían concedido sus hijas con las que se amancebaron.

Otra posibilidad es que este nombre derive de tarhésí ("ancia­no venerable", "el bien hecho", "piedra sagrada"), por Tarasí o T'arés'i Úpeme, mítico anciano engendrador de este pueblo.[6] Según testimo­nio nahua, los michuaque ("los que tienen pescados") se decían también tarascos, por su dios Tarasí que no era otro sino Mixcóatl, un dios chichimeca.[7] Sólo que el nombre de ese dios, cuya existencia se ha puesto en duda sin razón suficiente, tal vez fue propio de la sierra en Tarhékwatu [8] y pudo designar sólo a la gente de esa provincia.[9]

Por otra parte, resulta que algunos tarascos llamábanse (o les llamaron) en náhuatl cuaochpanme: "hombres [chichimecas] de cabe­za barrida, limpia, rapada o raída", porque antiguamente hombres y mujeres se la rapaban.[10] Es difícil saber si este nombre designaba a todos los tarascos o, más bien, a ciertos nahuas que convivían con ellos; o a quienes así traían la cabeza como distintivo por ser miem­bros de algún sector de la sociedad.

En los años ochenta del siglo xvi, había sido retocado el viejo relato sobre el origen del nombre "tarascos". Una versión insistía en que éste lo dieron los españoles invasores, pues al pedirles mujeres a los señores principales, éstos les daban a sus propias hijas y los llama­ban tarháskwelcha] ("yernos"). Tan reiteradamente usaban este vocablo que españoles y mexicas comenzaron a llamarlos tarascos. Y se soste­nía que esa era "...la verdadera y cierta razón [de] por qué se llaman así, aunque algunos digan otra cosa".[11] Por lo visto, desde el siglo xvi, este asunto fue controvertido.

En 1586, se decía que a los naturales de Michuacan (o Mechuacan) se les llamaba muy impropiamente tarascos, sólo porque uno de los españoles recién entrados a dicho territorio, quien desco­nocía su lengua, oyó a una mujer llamar a gritos:

¡T'arháskwe, t'arháskwe! ("¡Mi suegro o suegra, yerno o nue­ra!").

Y de ahí, él dijo que así se llamaban, corriéndose la voz entre sus paisanos. Pero los naturales se llamaban a sí mismos gente de Michuacan, o como hoy puede interpretarse: vasallos o tributarios de la ciudad de Michuacan o Ts'intsúntsa.[12]

Mucho más tarde, en el siglo xix, se volvió a reiterar que los natu­rales atribuían el nombre a los españoles, quienes en una refriega en Ts'intsúntsa oyeron a un hombre llamar a voces a su suegro:

—¡Tarasco, tarasco!

Lo cual quería decir: "¡Ah suegro, ah suegro!". Desde enton­ces, se decía, les llamaron así, aunque en la antigüedad ellos en realidad se llamaban purépechas.[13]

Ahora bien, ¿el nombre pudo ser dado por los propios tarascos? Sí, para llamar a quienes dieron sus hijas a los españoles.[14] De ser así, fue un apelativo que se dieron, pero para designar en particular al grupo de señores que entregaron sus hijas a los jefes militares españo­les (y quizás mexicas), aunque éstos y los mexicanos pudieron haberlo generalizado impropiamente a todo el pueblo.

Los señores y su familia de cada provincia tarasca se distin­guían con sus propios nombres: eneániicha ("los que habitan más allá"), tsakápu irétücha ("los que habitan en Tsakápu") y wanákaseecha ("los serranos").[15] Estos apellidos designaron a los gobernantes, aunque pudo hacerse extensivo a su gente avasallada. Y ciertamente, cada uno de éstos se refería a la gente de la provincia que aludía, pues fueron nombres de clanes o alguno de sus linajes; si bien -en tanto tuvieron dominios propios- podrían usarse además (pero no solamente) como gentilicios; en el entendido de que cada clan pudo tener su pro­pia filiación étnica.

En Mesoamérica como en otras partes del mundo, incluso en España, se nombraba a los señores, familiares, sirvientes y socios de una casa noble; por ejemplo, "los castellanos", para llamar a la casa reinante de Castilla, apelativo extensivo a sus tributarios y terrazgueros e incluso, a todos los habitantes de dicho reino. Pero en sentido estric­to, cuando un testimonio histórico habla de castellanos, considera como tales a los nobles, no a todos los habitantes del reino de Castilla.

Por otra parte, un pueblo con el que los tarascos migraron del Norte transmitió una interesante versión mítica y onomatopéyica so­bre el origen externo del nombre: En cierto estrecho de mar o río, los tarascos se adelantaron pasando con troncos y balsas que hicieron usando sus bragueros y maxtles como amarras, quedando desnudos. Al encontrarlos así los mexicanos tecpanecas, cuando los alcanzaron en alguna provincia de Michuacan, los llamaron tarascos porque "traían los miembros genitales de pierna en pierna y sonando, especialm[en]te cuando corrían".[16] Eso disgustó a los tarascos, por lo que ahí se quedaron y cambiaron su lengua por la que luego se llama­ría purépecha. Y ese nombre de tarascos fue el que adoptaron los españoles, tomándolo de los mexicanos. Sin embargo, es enigmático pues no existe tal palabra en náhuatl, lengua que carece del sonido de la ere; aunque ciertamente, la sílaba ta es reduplicativa de los frecuentativos o iterativos.[17] Por lo demás, los tarascos y su clase go­bernante debieron ser nombrados de diversas maneras por pueblos de otras lenguas.

Ahora bien, el clan uacúsecha gobernante se calificaba a sí mismo de chichimeca, designación que tenían también otomíes y otros pueblos,[18] cuyo sentido en la lengua purépecha era: "hombre alzado o asombrado", refiriéndose a chichimecas no tarascos.[19] También quiere decir "caminante, nómada".[20] Por tanto, el estrato dominante fue un tipo de tarasco específico: un tarascochichimeca (hubo otro que pue­de llamarse tarasco viejo, el cual fue el primero en llegar a la cuenca de P'áskwarhu, estableciéndose ahí y en la sierra circundante, ade­lantándose al tarascochichimeca del cual se desprendió varias generaciones antes).[21] Se trataba de un adjetivo y era usado con mu­cho orgullo por el clan dominante de la última migración tarasca que llegó a la cuenca de P'áskwarhu, diferenciándose así de los tarascos viejos.

Hay que recordar siempre que los tarascos eran chichimecas, por tanto, un pueblo de origen nómada, cazador y guerrero. De ahí que, como otros chichimecas, mantenían culto a una piedra sagrada, la cual envolvían en mantas para guardarla en un templo o cargarla sobre las espaldas al mudarse. Y justa­mente, una traducción que los lenguatarios españoles dieron a t'arhé fue la de "ídolo", lo cual hoy en día podemos traducir mejor como "piedra sagrada", tanto para deshacernos de la deformación ideológica del término "ídolo", como para acercar­nos a su significado chichimeca del siglo xvi (pues no se trataba de una escultura, sino de un gran núcleo pétreo del cual solían, incluso, sacarse lascas para repartir simbólicamente). Los tarascos serían entonces: "adoradores de su piedra sagrada".[22]

En efecto, la palabra tarhési -usada para llamar a esa sagrada piedra- tuvo el sentido de "anciano venerable" (quizás porque lo re­presentaba o contenía).[23] Por ello, el nombre "tarasco" pudo tener sentido de "cabeza de familia o procreador" pues Taré (Tarasí, T'aréspeme o Tarési Úpeme) fue deidad engendradora, procreadora: El Anciano Engendrador.[24] Por tanto, los tarháskweecha fueron "los engendradores", lo cual los hizo "respetables señores".[25] Y a partir del siglo xvi, sólo nombró a ciertos señores gobernantes, lo que debió hacerse con respeto.

En el siglo xx, t'arhési todavía era "cosa imponente, viejo, an­ciano". En Charapan, significaba "grande" (en sentido reverencial, respetuoso) o "macho, varón" (por tanto, engendrador). Asimismo, en la sierra t'aré era el nombre de la máscara con la que se personifica­ba al viejo en una conocida danza y se traducía como "viejo, anciano, antiguo", dicho con respeto.[26]

De todos los probables sentidos que pudo tener la palabra tarasco hasta aquí enumerados, ninguno es seguro, debido a la difi­cultad para identificar exactamente el vocablo y su raíz purépecha en el siglo xvi. Así, por ejemplo, t'arhé ("grande de edad o tamaño, ma­cho, varón, hechura perfecta") no es lo mismo que tárha ("suegro ¿dicho por la mujer?") o t'arhá ("meter algún palo o cosa semejante por la parte señalada").[27] Por lo cual, es casi seguro que la discusión de las acepciones conocidas corresponden en realidad a palabras distintas, lo cual seguirá siendo un problema mientras quede sin identifi­carse correctamente la original.

Pero sea como haya sido, lo cierto es que, en cualquier caso, tarasco fue un término sin sentido peyorativo. Esta voz tiene varios siglos de emplearse sin intención despectiva.[28] Si alguna vez implicó burla o escarnio fue, más que por sí mismo, por ser un apelativo dado por chichimecas nahuas, un equívoco histórico o un tratamiento so­cial inadecuado.

Con el tiempo, el término adquirió otros significados. En el Charapan del siglo xx, se entendía por tarasco: "el que no habla el purépecha aun siendo del pueblo"; además, ahí era "palabra sana".[29] Identificaba a quien, aunque fuera moreno y nativo, había dejado de hablar la lengua regional:

 

Tarasco es el que no habla el purépecha aun siendo del pueblo [de Charapan]; así, [contradictoriamente] se diría de un purépecha que no habla tarasco [o purépecha]: —Ese no es purépecha, es tarasco.[30]

 

Es decir, el gentilicio propio era p'urhépecha y el usado en espa­ñol era tarasco, pero para llamar al congénere que no hablaba su lengua usaron el segundo nombre —para ellos español— asignándole otra acepción.

Así, si bien los purépechas consideraban que la palabra para llamar a un miembro de su pueblo era p'urhépecha, entendían que tarasco era la usada en la lengua española. Por tanto, esta segunda palabra era la que usaban al hablar con español hablantes. A un antropólogo turhísi que preguntara, le responderían en español que eran tarascos, pero hablando en purépecha entre purépechas se lla­maban p'urhépecha.

Otra variante, en el Angahuan del siglo xx, entendía por tarasco la manera de hablar el purépecha en pueblos donde "lo pronuncia­ban" diferente.[31]

Entonces, el término tarasco ha tenido varias acepciones y, por tanto, en vez de negarle validez y conferírselo a otro, es necesario precisar sus diferentes significados y su uso específico en cada caso.

Por lo pronto, el nombre puede conservarse para designar a la sociedad antigua, pues fue el que, en la lengua española, se le dio por varios siglos sin ninguna carga peyorativa, a falta de un etnónimo antiguo o haciendo extensivo un nombre cuyo significado original se perdió.

Difícilmente pueden usarse gentilicios antiguos, ya sea por su desconocimiento, por sus significados muy específicos y, sobre todo, por su naturaleza diferente a lo que ahora se entiende por etnia. En efecto, aunque para llamar al conjunto territorial donde vivían los purépecha hablantes y otros pueblos por ellos conquistados de otras lenguas, los mexicas y españoles hayan generalizado el nombre "tarasco", éste sirvió -a falta de otro- para designar a la sociedad y poder dominantes del siglo xvi y a sus varios segmentos sociales (uno de los cuales fue el de los p'urhépecha). De hecho, lo tarasco incluyó a todos los estratos sociales, señoríos, linajes, clanes y etnias: kzvaochponme, p'urhépecha, wakúsecha, acháecha, etc.

Esto es, aunque el nombre fuera una adaptación mexica-es-pañola, en su defecto tiene su virtud: la de servir como concepto englobante, mientras que p'urhépecha es más restringido, pues sólo puede usarse para aludir a la antigüedad en un sentido específico: para nombrar a cierto estrato sociocultural. Justamente por haber sido un nombre nuevo o por habérsele dado otro sentido al que pudo ha­ber tenido en la antigüedad, el de tarasco bautizó al conjunto del "reino, gente y lengua de Ts'intsúntsa" (manera antigua de llamar a la confe­deración tarasca o a su principal señorío y su sociedad, cultura, pobladores, etnia y lengua dominantes). Y sobre todo, porque deno­mina a una sociedad con sustratos policulturales de varias etnias americanas, además de la tarasca chichimeca.

En efecto, la formación de pueblos compuestos en la civiliza­ción mesoamericana fue característico, y resultado de que dos o más de ellos entablaran relaciones de convivencia o fusión. Tal fue el caso de Michuacan, donde "la masa de la población era de vieja cepa mesoamericana, es decir, tolteca, pero el grupo políticamente domi­nante era de origen chichimeca".[32]

Actualmente, en la lengua española, se llama por convención tarascos a los pobladores de la poliétnica confederación gobernada por la alianza del clan uacúsecha con otros clanes de habla purépecha y náhuatl, y su respectiva gente avasallada. Debido a la concepción que éstos tenían de sus unidades políticas, no le dieron en conjunto un nombre en lengua purépecha. De la misma manera que a los habi­tantes del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte no les es posible llamarlo con un solo apelativo, también estuvo fuera de la concepción tarasca llamar con uno a lo que ahora nos empeñamos en ver como una unidad política o, peor aún, étnica. Por tanto, en vista del interés actual de conocer integralmente la formación histórico so­cial de las diversas unidades gobernadas por los clanes dominantes en lo que los españoles conocieron como provincia de Michuacan, ha resultado ser una solución adecuada llamarla "tarasca", adoptando este término con el sentido que los españoles le dieron para abarcar a todos los señoríos antiguos y los pueblos (o etnias) y sus respectivas clases sociales que los integraban.

Se ha criticado muy duramente a José Corona Núñez por cali­ficar de ignorantes a quienes rechazaban el término tarasco. Se olvida que, en su época, fue profesor rural en Michoacán entre 1920 y 1935 y pudo interesarle dignificar el nombre de un pueblo que entonces aún era hecho menos por la secuelas clasistas de la ideología porfirista. Corona Núñez no vivió en 2005, él inició su carrera magisterial en los años veinte del siglo vigesimónico, cuando estructuralmente el agro mexicano todavía seguía bajo el antiguo régimen, a pesar de la re­vuelta maderista de 1910. Por tanto, las clases que dominaban el mundo rural michoacano mantenían las formas de relacionarse so­cial y culturalmente con el campesinado, al cual seguían viendo como una masa informe de peones morenos. La pista la da Francisco J. Santamaría quien, en 1959, todavía conoció la acepción de purépecha como "ilota, paria, esclavo o clase vil del pueblo" y, en el español vul­gar, era sinónimo de pechero o desheredado[33] algo comprensible hasta los años treinta del siglo XX, cuando la reforma agraria apenas estaba por beneficiarlo. Corona Núñez quiso despojar de tal sentido al nom­bre de un pueblo. Eso y no otra cosa, significó históricamente su defensa del nombre "tarasco".

 Notas


 

[1]Eduard Seler: "Los antiguos habitantes de Michuacan", trad. Erika Kriegger, rev., introd. y ns. Francisco Miranda [Godínez], en Jerónimo de Alcalá: Relación de las cerimonias y rictos y población y gobernación de los indios de la provincia de Mechuacán [de varios autores, comp. y trad...], coord. Moisés Franco Mendoza, Zamora, El Colegio de Michoacán-Gobierno del Esta­do de Michoacán, p. 171, col. 2.

[2]Reprod. en: "¿Cuál era el nombre gentilicio de los tarascos y el origen de este último?". Anales del Museo Michoacano, 3a. época, Morelia, Instituto Nacional de Antropología e Historia, Cen­tro Regional INAH Michoacán, 1989, núm. 1, pp. 96-98.

[3]Como se verá más adelante.

[4]Versión modernizada de un frag. del más antiguo testimonio disponible escrito —entre 1539 y 1541—: "[...] y los españoles antes q se fuesen llebaron dos yndias consigo q le pidieron al cazoncí de sus parietas y por el canyno juntábanse con ellas y llamaban los yndios q yban con ellos a los españoles tarascue que quyere dezir en su lengua yernos y de alli ellos después enpesaronles a poner este nonbre a los yndios y en lugar llámales tarascue llamáronlos tarascos el qual nonbre tienen agora y las mugeres tarascas y córranse mucho destos nónbres dizen que de ally les bino de aquellas mugeres primeras q llebaron los españoles a mexíco quando nuebámete vynieron a esta provyncia [...]" (en Biblioteca del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial: Relación délas cerimonias y rrictos y población y governacion délos yndios déla provincia de méchuacan hecha al yllustrisimo s.'" don antonio de mendoca. virrey y governador desta nueva españa por su mg. etc., [de Fr. Jerónimo de Alcalá], clave: c. IV. 5, 1541, f. 44 r.

[5]Fernando Nava y Felipe Chávez 2002, coms. orales. Según Fr. Juan Bautista Lagunas 1890, Arte y diccionario tarascos por el P.... impresos en México el año 1574, ed. Nicolás León, Morelia, Imp. y Lit. en la Escuela de Artes, p. 155 (Biblioteca Histórico-Filológica Michoacana, 1).

[6]t'arhési. De t'arhé, macho, el hombre fuerte, y -si, infijo que denota vejez: "El hombre viejo". Por lo menos después de la era tarasca, se nombró también t'arhési a cierta escultura religiosa tarasca, no necesariamente de piedra pues la de este material se llamaba xarhákua en el siglo xx. Véase Velásquez 1978: 57. Los frailes del siglo xvi tradujeron "ídolo" (Maturino Gilberti: Diccionario de la lengua tarasca, n. prel. José Corona Núñez, prol. Joaquín García Icazbalceta, Morelia, Balsal Editores, 1983, p. 106), lo cual impide conocer el sentido de la palabra que hoy podría dársele sin prejuicios ideológicos.

[7]Trad. del siguiente testimonio náhuatl de 1565: "¡ñique y in inteouh catea itoca Taras, ic axcan ic notzalo tarascos. Inin Taras iéhoatl in naoatlatolpan mitoa Michchoácatl [sic por Mixcóatl], in chichimeca inteouh; cóatl tótoll tochi imiixpan quimictiaia, amo ñaca mictiaia, in inmalhoan can quinme- I I cuitiaia, inihquinma intlacaoan catea". Este testimonio náhua fue recogido en "Michoaque, quaochpanme; in ca ce michoa, quaochpa" ["Michhuaque, cuachpanme; si es uno, michhua, cuaochpan"] y "De los Michoaca y por otro nombre quaochpanme", ed. por Fr. Bernardino de Sahagún: Códice Florentino de varios autores, ed. facs., Florencia, Gobierno de México, Secretaría de Goberna-ción-Giunti Barbera, 1979, vol. III, libro X, cap. XXIX, ff. 140 r-141 v, § 13. Trad. del náhuatl de Rafael Tena Martínez, quien amablemente transcribió de la edición facsímil esta cita en náhuatl y la que sigue en español, agregando puntuación, mayúsculas, acentos y aclaraciones entre corchetes (excepto la i' purépecha agregada por el autor).

O según versión española:

"Su dios que tenían se llamava Taras[i], del qual tomando su nonbre los michoaques ["los que tienen pescados"] también se dizen tarascos. Y este Taras[í] en la lengua mexicana se dize Mixcóatl, que era dios de los chichimecas; ante el qual sacrificavan culebras, conejos, y no los hombres, aunque I I fuesen captivos, porque se servían dellos como de esclavos", (Sahagún, op. cit., 1979, ff. 140 r-141 r). Este párrafo, tanto en náhuatl como en español, se basó en los apuntes de Sahagún conocidos como "Memoriales en tres columnas" (f. 190 v), escritos en 1565 e incluidos en el Códice Matritense de la Real Academia de la Historia. El contenido es casi idéntico en ambas versiones, de manera que el dato es el mismo de la obra final. Véase Bernardino de Sahagún: "Códice Matritense de la Real Academia de la Historia". Fray Bernardino de Sahagún: Historia de los cosas de Nueva España, ed. facs., ed. Francisco del Paso y Troncoso, Madrid, Hauser y Menet, 1905-1907, vol. 6.

[8]Lo que para algunos descarta la afirmación de Sahagún es que, en la copia de la "Breve relación de los dioses y ritos de la gentilidad" de Pedro Ponce ("Breve relación de los Dioses y Ritos de la Gentilidad por Don Pedro Ponce, beneficiado que fue del Partido de Tzumpahuacan". Anales del Museo Nacional de México. Tomo ¡v. Idolatrías y superstisiones de los indios, Ia ép., Ia entrega, México, Imprenta del Museo Nacional, 1892-1900, p. 5), un docu­mento supuestamente escrito en 1569 y cuyo original se extravió, el autor igualó a Huitzilopochtli con Tarasí, el dios de los de Michuacan, pues dice enumerando los dioses celebres entre los naturales, a los cuales ellos seguían invocando todavía bajo la administración novohispana: "Huitzilopochtli. Taras. Dios de los de mechuacan". Sin embargo, tal relación fue escrita en realidad entre 1610 y 1628, mucho después de que la crónica de Sahagún fuera escrita (John Bierhorst: History and Mythology of the Aztecs. The Codex Chimalpopoca, Tucson, The University of Arizona Press, 1992, p. 12).

[9]Véase Fabián Ruiz, en María Ireri Muñoz Leco y otros: "La discusión del patronímico purépechas o tarascos". Tribuna histórica michoacana. Siglo xvi, Morelia, ed. de autor, Linotipográfica Omega, 1986, pp. 13-14. La afirmación de que Tarasí fue deidad en Tarhékuatu se apoya en su etimología precisamente: t'arhési o Tarasí y juáta ("cerro"); y en la afirmación de Larrea según la cual ahí se adoraba a un dios muy venerado (cit. en Nicolás León: "Etimología de algunos nombres tarascos de los pueblos de Michoacán y otros Estados". Anales del Museo Michoacano, Ia ép., Morelia, Imp. y Lit. del Gobierno en la Escuela de Artes, año 1,1888, p. 25).

[10]Fr. Bernardino de Sahagún: "De los michuaca, y por otro nombre cuaochpanme", Historia general..., libro X, cap. XXIX, § 13°; trans. en Historia general de las cosas de Nueva España. Primera versión íntegra del texto castellano del manuscrito conocido como Códice Florentino, coord. Fr. Bernardino de Sahagún, introd., paleo, glosario y n. Josefina García Quintana y Alfredo López Austin, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes-Alianza Editorial Mexicana, 1989, vol. 2, pp. 669-670 (Cien de México). Según Rafael Tena Martínez, cuaochpan se traduce como: "cabeza barrida, limpia o rapada" (plural: cuaochpanme o cuaochpamme).

[11]"Y ésta es la verdadera y cierta razón [de] por qué se llaman así, aunque algunos digan otra cosa" (Br. Juan Martínez 1581, trans. en: "Relación de la Ciudad de Patzcuaro". Relaciones geográficas del siglo XVI: Michoacán de varios autores, ed. Rene Acuña, México, UNAM, Institu­to de Investigaciones Antropológicas, 1987, p. 198 [Serie antropológica, Etnohistoria, 74]; y "Descripciones geográficas de indias. Siglo XVI. Pasquaro". Anales del Museo Michoacano, ed. Joaquín García Icazbalceta, reprod. facs., 3a ép., Morelia, INAH, Centro Regional Michoacán, diciembre de 1991, suplemento del núm. 3, 1992, p. 44 del facs.).

[12]Versión modernizada de Fr. Antonio de Ciudad Real: Tratado curioso y docto de las grandezas de la Nueva España. Relación breve y verdadera de algunas cosas de las muchas que sucedieron al padre fray Alonso Ponce en las provincias de la Nueva España siendo comisario general de aquellas partes, ed., est. prel., glosarios, mps. e índ. Josefina García Quintana y Víctor M. Castillo Farreras, pról. Jorge Gurría Lacroix, 2 ts., México, unam, Instituto de Investigaciones Históricas, 1976-7, vol. 2, pp. 65-66 (Serie de historiadores y cronistas de Indias, 6). Subrayado del autor.

[13]Versión modernizada de Pedro Gutiérrez de Cuevas: "Relación de Cuiseo de La Laguna". Relaciones geográficas del siglo XVI: Michoacán de varios autores, ed. Rene Acuña, México, UNAM, Instituto de Investigaciones Antropológicas, 1987, p. 82 (Serie antropológica, Etnohistoria, 74).

[14]Antonio Peñafiel, cit. en Irma Contreras García: Bibliografía sobre la castellanizarían de los grupos indígenas de la República Mexicana (siglos XVI al XX), 2 vols., México, UNAM, Instituto de Investigaciones Bibliográficas, 1985-6 (Serie Bibliografías, 11).

[15]Fray Jerónimo de Alcalá 1541, reprod. en Relación de las ceremonias y ritos y población y gobierno de los indios de la provincia de Michoacán (1541). Reproducción facsímil del Ms. c. IV. 5 de El Escorial [de varios autores, comp. y trad...], ed. facs., transcr. José Tudela, est. prel. José Corona Núñez, Morelia/San Luis Potosí, Balsal Editores, 1977, pp. 155, 193 y 221; y Eduardo Ruiz [Álvarez]: Michoacán, tradiciones y leyendas, ed. facs., México, Editorial Innovación, 1979, pp. 29-30, núm. 3.

[16]Tradición de la segunda mitad del siglo XVI sobre la causa y razón que hubo de la división y apartamiento de los "tarascos mechuacanenses", recogida en la crónica terminada de escri­bir alrededor de 1584 por Diego Muñoz Camargo: Relaciones geográficas de Tlaxcala, present. Boris Berenzon Gorn, ed. pról., introd. y nts. Rene Acuña, 2a ed., San Luis Potosí, El Colegio de San Luis-Gobierno del Estado de Tlaxcala (Biblioteca Tlaxcalteca), 1999, pp. 134-137 (la cita textual viene en la p. 137). En el siglo XVIII, esta tradición fue retomada por Mariano Fernández de Echeverría y Veytia: Historia antigua de México, reed., México, Editorial del Valle de México, 1979, T. I, libro 2o, cap. XIII, p. 328.

[17]Remi Simeón: Diccionario de la lengua náhuatl o mexicana. Redactado según los documentos impresos y manuscritos más auténticos y precedido de una introducción, trad. Josefina Olivia de Coll, México, Siglo Veintiuno Editores, 1977, pp. 436, Ia col. (Col. América nuestra, 1).

[18]Así se nombraron siempre los informantes uacúsechas de la Relación de Michoacán (Jerónimo de Alcalá 1541, ed. en: Relación de las cerimonias y rictos y población y gobernación de los indios de la provincia de Mechuacán [de varios autores, comp. y trad...], coord. Moisés Franco Mendoza, estudios introds. Moisés Franco Mendoza, J. Benedict Warren, Miguel León Portilla, Herón Pérez Martínez, Jean Marie G. Le Clézio, Agustín Jacinto Zavala, Eduard Seler, Feo. Miranda, Hans Roskamp, Ma. Isabel Terán Elizondo y Claudia Espejel Carbajal, apéndices Pedro Márquez Joaquín, Eloy Gómez Bravo, Salvador Pérez Ramírez, C. M. I. Y C. M. R., M. F. M., paleo. Clotilde Martínez Ibáñez y Carmen Molina Ruiz, supervisión editorial Patricia Delgado González, present. Víctor Manuel Tinoco Rubí, Zamora, El Colegio de Michoacán-Gobierno del Estado de Michoacán, 2000, pp. 356, 361, 365, 389, 400, 473, 523 y 585), nunca tarascos ni p'urépecha.

[19]"Chichimeca, en esta lengua tarasca, quiere decir 'hombre alzado' o 'asombrado', y así lo andan ellos siempre: alzados y asombrados. En lengua mexicana, este nombre, chichimeca[t]l, quiere decir 'soga [linaje] de perro'". (Pedro Montes de Oca 1580, ed. en: "Tiripitio y Mechoacan". Relaciones geográficas del siglo XVI: Michoacán de varios autores, ed., introd. y nts. Rene Acuña, México, UNAM, Instituto de Investigaciones Antropológicas, 1987, p. 347 [Serie antropológica, Etnohistoria, 74]).

[20]José Corona Núñez, Origen histórico de los tarascos, Morelia, UMSNH, Secretaría de Difusión Cultural e Intercambio Universitario, Editorial Universitaria, 1994, pp. 55-56.

[21]Jerónimo de Alcalá 1541, op. cit.

[22]Párrafo elaborado a partir de una interpretación de Johanna Broda, 2002, com. oral, México. Véase láms. de Alcalá 1541, op. cit., donde tal piedra sagrada es representada. La idea podría reforzarse si se comprueba que una traducción del nombre náhuatl Michuacan puede ser: "lugar de piedras preciosas", según especuló Corona Núñez alguna vez.

[23]Véase núm. 9.

[24]Véase Yólotl González Torres: Diccionario de Mitología y Religión de Mesoamérica, México, Ediciones Larousse, 1991, p. 164, Ia col. (Referencias Larousse).

[25]Como en el siglo XIX lo registró Karl Lumholtz: El México Desconocido. Cinco años de explora­ción entre las tribus de la Sierra Madre Occidental; en la Tierra Caliente de Tepic y Jalisco, y entre los Tarascos de Michoacán, 2 ts., Nueva York, Charles Scribner's Sons, 1904.

[26]Janet Brody Esser: Máscaras ceremoniales de los tarascos de la sierra de Michoacán, México, Instituto Nacional Indigenista, 1984, pp. 58-59.

[27]Fernando Nava: com. oral, 2002; Fr. Juan Bautista Lagunas 1890, op. cit., p. 158.

[28]José Corona Núñez: Mitología tarasca, 3a ed., Morelia, Balsal Editores, p. 12 (Documentos y testimonios, 6). En su juventud, este autor atestiguó que los purépechas se decían tarascos, lo que tenían a bien (1996, com. oral, Morelia).

[29]"Es palabra sana", declaró el sastre charapense don Tomás Salvador, com. oral, Tepepan, Xochimilco, 25 de noviembre de 1995.

[30]Tomás Salvador 1995, com. oral, Tepepan, Xochimilco.

[31]Testimonio de un purépecha hablante, 21 de abril de 2000, Angahuan, Mich.

[32]Paúl Kirchhoff, "Dos tipos de relaciones entre pueblos en el México antiguo". A Pedro Bosch-Gimpera en el septuagésimo aniversario de su nacimiento, ed. Santiago Genovés, present. Pablo Martínez del Río, México, INAH, UNAM, 1963, p. 256. Por supuesto, el lector debe advertir que los términos tolteca y chichimeca no son etnónimos sino manera de referirse a tipos diferentes de pueblos.

[33]Francisco J. Santamaría, Diccionario de mejicanismos. Razonado; comprobado con citas de autori­dades; comparado con el de americanismos y con los vocabularios provinciales de los más distinguidos hispanoamericanos, 2a Ed., México, Editorial Porrúa, 1974, p. 897, Col. 2. Ilota: siervo del Estado, hombre reducido al último grado de abyección. Vil: despreciable, bajo. Pechero: que paga tributo; plebeyo, villano.