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LA GRANJA DE SAN PEDRO DEL MONTE PARA ENFERMOS MENTALES: LOS PRIMEROS AÑOS DE UNA INSTITUCIÓN MODELO,

1945-1948*

Ma. Cristina Sacristán

INSTITUTO MORA

 

La gestión de un proyecto

 

Cuando en 1941 la Secretaría de Salubridad y Asistencia compró la antigua Hacienda de San Pedro del Monte, en el estado de Guanajuato, para edificar en sus 92 hectáreas la primera Granja de Recuperación para Enfermos Mentales Pacíficos de México, los psiquiatras mexicanos llevaban al menos una década expresando su preocupación por el agotamiento de un modelo terapéutico como el del manicomio y elaborando propuestas que hicieran más eficiente la asistencia psiquiátrica, entre ellas, el establecimiento de este tipo de explotaciones agrícolas situadas fuera de las ciudades.[1]

La imperiosa necesidad de desahogar el Manicomio General de la Ciudad de México, que para entonces albergaba a más de 3,000 pacientes cuando su capacidad real era de 1,500, [2] fue atendida por el Estado mexicano en 1945 con la fundación de la Granja de San Pedro del Monte, pues se pensó que los primeros 400 internos procedieran de La Castañeda, nombre con el que también era conocido dicho manicomio. Posteriormente, el modelo asistencial de la Granja se extendió por todo el país, fundándose este tipo de establecimientos en numerosos estados de la república. Así, entre 1945 y 1968 -cuando se demolió el Manicomio de La Castañeda-, se construyeron once Granjas inspiradas en la de San Pedro del Monte.[3]

Conocer las características del proyecto que llevó al establecimiento de dicha Granja y su funcionamiento durante los primeros cuatro años de vida de esta institución (1945-1948), permitirá empezar a vislumbrar por qué la alternativa terapéutica ofrecida por las Granjas-hospitales fue tan bien acogida e impulsada por el Estado mexicano.

Esta pregunta posiblemente ha quedado en el olvido porque actualmente los hospitales campestres, herederos directos de las Granjas, son quizás el dispositivo de atención psiquiátrica con menos recursos financieros, terapéuticos y humanos. Hoy en día nos puede parecer extraño que la Granja de San Pedro del Monte fuera en algún momento de su historia una institución modelo, pues la imagen que hemos conservado de ella y de las restantes, con frecuencia denunciadas en la prensa, nos impide imaginarlas bajo un estado de prosperidad como en algún momento lo hubo.[4]

Los años iniciales debieron ser cruciales en la vida de la Granja Concebida ésta como una extensión del Manicomio General tanto porque el proyecto terapéutico se ideó ahí como porque una parte considerable de los primeros pacientes serían remitidos desde éste, el intento de La Castañeda por ejercer algún tipo de control sobre la nueva institución comenzó a naufragar desde el primer momento. La ley que autorizó su construcción no dejaba la menor duda sobre la instancia encargada de supervisar tanto los aspectos médicos como los administrativos, en concreto, un Patronato dependiente de la Secretaría de Salubridad y Asistencia donde el Manicomio no tenía la menor intervención.[5] De hecho, los miembros del Consejo Psiquiátrico de Toxicomanías e Higiene Mental de La Castañeda mostraron su preocupación al conocer esta disposición jurídica, pues para ellos la Granja era "un mera prolongación del manicomio" cuya supervisión debía encomendarse precisamente a dicho Consejo.[6] A nuestro juicio, estos primeros cuatro años pueden ser considerados como un momento de transición caracterizados por un intenso forcejeo entre ambas instituciones, pues al tiempo que la Granja adquiría vida propia se iba diluyendo la capacidad de control de La Castañeda sobre ella.

Como ya dijimos, en la vida del Manicomio los años treinta vieron florecer una serie de propuestas que buscaban transformarlo en un auténtico hospital psiquiátrico. Entre ellas, destacaba la idea de crear hospitales o departamentos especializados en ciertas patologías para hacer más eficiente la atención a los enfermos. Fue entonces cuando se pensó que la Granja de San Pedro del Monte podía recibir a todos aquellos pacientes cuyos trastornos se consideraran crónicos, para que en La Castañeda permanecieran los enfermos "con padecimientos de evolución aguda" por tener más posibilidades de curación.[7]

Con esta decisión, la psiquiatría mexicana procuraba hacer suyas opciones terapéuticas que habían sido ensayadas en otros países. Este tipo de colonias agrícolas fueron propuestas desde fines del siglo XIX en Francia en el marco de los debates por reformar el modelo manicomial. En ese tiempo, la masificación de los manicomios y los magros resultados obtenidos, palpables en la cronificación de los enfermos, llevaron al cuestionamiento del encierro como única forma de tratamiento. Se pensó entonces, en estrategias terapéuticas diferenciadas según la enfermedad, que favorecieran la reinserción social, laboral y familiar, disminuyeran los altos costos de estas instituciones y brindaran al enfermo un régimen de mayor libertad. Como en este proceso las pretensiones de curabilidad fueron determinantes, la diversificación de las estrategias favoreció a los pacientes con más posibilidades de recuperación, mientras que para los incurables o curables a muy largo plazo se pensó en el asilo-colonia situado en el campo sin muros ni rejas.[8]

Además de las Granjas, los psiquiatras mexicanos propusieron otras alternativas terapéuticas encaminadas a preservar los vínculos familiares del enfermo, que en un régimen de aislamiento como el del manicomio se perdían fácilmente. De hecho, la inquietud por crear formas de atención que tendieran puentes entre la psiquiatría y la sociedad demandante de sus servicios, presidió la reflexión de los médicos mexicanos durante los años treinta y cuarenta del siglo pasado, pues la falta de este vínculo fue vista como uno de los factores que contribuyó a los pobres resultados de la atención psiquiátrica, cuya más visible consecuencia era la sobrepoblación de La Castañeda.

Para ejemplificar este proceso, que sería muy largo detallar aquí, mencionaremos la valoración que hizo en 1944 uno de los miembros de la Junta del Consejo Psiquiátrico al que aludimos anteriormente, la Dra. Mathilde Rodríguez Cabo. En dicho informe, escrito tan sólo un año antes de que se fundara la Granja, el Manicomio fue objeto de un juicio muy severo, posiblemente inexacto, pero no totalmente falso, según el cual durante muchos años "se limitó a ser un almacén de enfermos mentales, con reducidas o nulas posibilidades de acción terapéutica, preventiva y de higiene social frente a los asilados, a sus familiares y a la comunidad". Una de las razones del custodialismo característico de la institución era precisamente la ausencia de lazos entre la psiquiatría y la sociedad:          

se admitían los enfermos a solicitud de ellos mismos o de sus familiares, realizándose en el momento mismo de su ingreso una desvinculación con el medio familiar y social del que procedían, careciendo los médicos en la mayoría de los casos, de antecedentes de toda índole que pudieran servirles para establecer un diagnóstico correcto y orientar un tratamiento adecuado, y menos aún para poder actuar en beneficio de los enfermos sobre el medio social de procedencia, que quizá en muchas ocasiones había sido el factor incubador o determinante del padecimiento motivo de estudio y tratamiento. En otras palabras, los médicos se veían obligados a considerar y a tratar a sus enfermos, como sujetos aislados del mundo exterior, privados de un pasado...

A discreción también de los familiares del enfermo se extendían los permisos de salida o alta, ya que el médico, ignorante de las condiciones ambientales no podía juzgar de la conveniencia o inconveniencia de la vuelta del enfermo al hogar y mucho menos podía pensar en la posibilidad de continuar el tratamiento en el medio familiar. Las recaídas o agravaciones del padecimiento muy frecuentemente se debían a esa incapacidad de los médicos para continuar su obra terapéutica o para realizar una labor social adecuada, en el momento de ser externados los enfermos.[9]

 

La necesidad de terminar con un modelo asistencial como el del manicomio, cuya segregación dificultaba la mejoría del paciente, condujo a los psiquiatras mexicanos a proponer alternativas terapéuticas como los dispensarios que ofrecían consulta externa, los anexos psiquiátricos en los hospitales generales o los hospitales abiertos. Además de buscar la creación de nuevos dispositivos de atención psiquiátrica, intentaron reformar los ya existentes estableciendo medidas que favorecieran el contacto entre el medio familiar y la institución. Por ejemplo, en La Castañeda las áreas de servicio social se encargarían de hacer participar a la familia, de dar seguimiento a los enfermos dados de alta para constatar la continuidad del tratamiento y en labores de prevención. Con el mismo espíritu, se crearían patronatos que contaran con una bolsa de trabajo para los pacientes a fin de facilitar su reinserción en la sociedad.[10] Aunado a todo ello, los psiquiatras también procuraron ganarse la confianza de la población para desterrar los prejuicios populares en torno al estigma de la reclusión mediante una campaña periodística donde dieron a conocer a la opinión pública los avances logrados en el Manicomio.[11]

Con el tiempo algunas de estas ideas se materializaron y otras quedaron en el olvido, pero el proyecto que mayor acogida tuvo por parte del Estado mexicano fue, como ya dijimos, el de las Granjas. No deja de ser curioso que este modelo terapéutico, el cual parecía alejar aún más a la psiquiatría de sus potenciales usuarios, triunfara finalmente. Estas explotaciones agrícolas, situadas en el campo, al margen de la vida urbana, industrial y comercial, suponían la creación de un microcosmos social cerrado en sí mismo, con muy poco contacto con el exterior y relativamente autosuficiente, pues en ellas se producían gran parte de los insumos necesarios para su funcionamiento.[12] Ante este hecho, es inevitable analizar dicha institución en el marco más general del momento por el que pasaba la psiquiatría mexicana, cuando tuvo ante sí el reto de innovar su oferta terapéutica para no quedar a la zaga del resto de las especialidades médicas.[13]

El proyecto original contemplaba habilitar una antigua hacienda, ubicada a 12 kilómetros de León donde se pensó construir 16 pabellones con capacidad para 25 enfermos cada uno de ellos, haciendo un total de 400 internos. Con el fin de mantener bajo un régimen de terapia ocupacional a los enfermos, éstos serían escogidos entre quienes pudieran realizar trabajos agrícolas y manufactureros aunque presentaran "trastornos mentales clasificados como crónicos" o "incurables".[14] Además de realizar estas "tareas socialmente útiles", los enfermos podrían alimentar su espíritu en la biblioteca, escuchar música, practicar deportes, jugar damas o dominó, e incluso asistir al cine.[15]

 

La realidad de ese proyecto

 

Los tres elementos que posiblemente hicieron tan exitosa a esta primera Granja fueron la terapia ocupacional, la posibilidad de seleccionar a los pacientes y la centralización de las tareas médicas y administrativas en la figura del director, el doctor Ángel Ortiz Escudero.

Aunque la terapia ocupacional no era realmente una novedad, en su momento el proyecto de las Granjas se presentó como innovador precisamente por ofrecer esta opción terapéutica. De hecho, se podría afirmar que la idea de mantener ocupado al enfermo en diversas actividades constituye uno de los grandes tópicos en la historia de la psiquiatría. Se practicó en los primeros hospitales árabes de los que tenemos noticia, los cuales se fundaron en el siglo VIII, donde se emplearon métodos a cual más diversos para devolver la razón a los enajenados, como la musicoterapia, la hidroterapia o la ergoterapia.[16]

Después, la expansión del mundo islámico por el norte de África y España se vio acompañada también de sus conocimientos médicos, de ahí que en los hospitales españoles se practicara la terapia por medio del trabajo.[17]

 

La psiquiatría a principios del siglo XIX también valoró la importancia de mantener ocupado al enfermo mediante el trabajo pues su efecto distractor permitía al paciente entregarse a pensamientos que lo alejaran de su locura.[18]

De hecho, desde su fundación La Castañeda dispuso de campos de cultivo para siembra de árboles frutales, hortalizas y alfalfa.19 [19]Tuvo talleres donde los hombres hacían sombreros de paja y las mujeres tejían rebozos, mientras que los pacientes con más resistencia física cuidaban los jardines o realizaban labores domésticas. El Manicomio organizó también actividades musicales, cinematográficas y deportivas con fines terapéuticos, sobre todo durante la gestión del doctor Samuel Ramírez Moreno.[20]

 

En la Granja el trabajo agrícola comprendía la preparación de la tierra, el abono, la siembra, el riego, la recolección de la cosecha y el almacenamiento de ella, ya fuera para el consumo interno o para la venta de los excedentes, trabajo realizado por los enfermos "día a día, sin faltar uno solo, ni aun los festivos y los domingos".[21]

En las tierras de regadío se sembraba maíz, papa, trigo, fríjol, garbanzo, hortalizas y plantas de forraje, y en las de temporal -cuyos campos se rotaban para evitar el desgaste de la tierra- maíz, fríjol, hortalizas y alfalfa, quedando destinadas unas cuantas hectáreas a árboles frutales. Para estas tareas se disponía de maquinaria agrícola, además de una bomba para el abastecimiento de agua y una planta de energía eléctrica, de manera que la agricultura estaba bastante mecanizada.[22]

Con el tiempo se introdujeron la crianza de cerdos, caballos para el trabajo en el campo y algunas cabezas de ganado caprino y bovino. Los talleres de manufacturas beneficiaban también a la microeconomía de la Granja ya que en la herrería se fabricaban hoces, azadas, cadenas y todo tipo de utensilios para desempeñar las distintas labores agrícolas, además de abastecer a las rancherías vecinas.[23]

Lo propio ocurría en la carpintería donde se hacían puertas, rejas, mesas, u otro tipo de muebles, así como la reparación de los mismos, reforzando aún más la autarquía de esta pequeña comunidad.[24]

Para estimular al enfermo se remuneraba su esfuerzo por medio de una tarjeta donde se le anotaban las jornadas realizadas, las cuales tenían un valor de 5 centavos, cantidad realmente insignificante.[25]Dichas jornadas podían ser canjeadas en la tienda, que se llamaba "El Trabajo", por "golosinas", cigarros, prendas de vestir y artículos de aseo.[26]

 

En otros países donde se establecieron este tipo de instituciones basadas en la explotación agrícola, la alta productividad alcanzada por el trabajo de los enfermos representó un ahorro tan considerable para el Estado que los criterios de rentabilidad terminaron por anteponerse a las consideraciones terapéuticas, tergiversando de esta manera los fines originales de la terapia ocupacional.[27] No disponemos de información detallada para valorar el caso de San Pedro del Monte, pero podemos dar cuenta de algunos indicadores significativos.

Según la ley que autorizó su creación "los trabajos a que se someta a dichos enfermos, no tendrán como finalidad el lucro, sino su curación y tratamiento".[28] En el mismo sentido el proyecto elaborado por Ortiz Escudero señalaba que la ergoterapia sólo"secundariamente deberá ser considerada como fuente de riqueza material",[29] pero contemplaba "hacer posible el sostenimiento de los enfermos mediante el propio esfuerzo que realicen".[30]

Aunque Ortiz Escudero siempre destacó la importancia de las labores realizadas por los enfermos por ser "el medio de curación", y "en segundo lugar porque resultan fuente de producción económica", debido a la productividad observada entre los pacientes recomendó a las futuras Granjas tomar en cuenta "el número de empleados que pueden ser sustituidos por los propios enfermos" para disminuir los costos de operación.[31]

           

De hecho, una de las ideas no consideradas en el proyecto original fue que los pacientes realizaran labores correspondientes al personal contratado y acondicionaran la Granja para hacerla más habitable, pues a su llegada la antigua Hacienda de San Pedro del Monte no había sido completamente habilitada para sus nuevas funciones.[32] En efecto, seis meses después de su apertura, cuando ya contaba con 300 internos, éstos se habían encargado de adoquinar las calles, construir bancas, arreglar los jardines, nivelar el terreno, llevar a cabo el tendido de la línea telefónica, empedrar cinco kilómetros de la carretera que unía la Granja con la ciudad de León y otros de ese tipo.[33]Las labores donde los pacientes sustituían a los empleados eran en la limpieza de los comedores, pabellones, baños y enfermería, lavando platos, en el picado, pelado y lavado de verduras, limpieza de pisos, lavado y cosido de ropa, doblado, almacenamiento y distribución de dicha ropa, en la limpieza de patios y calzadas, arreglo de prados, en el molido del nixtamal y aseo del molino, haciendo tortillas de maíz, encargándose de tirar la basura, e incluso asistiendo al médico en la sala de electro-shock.

Así las cosas, durante el primer año el trabajo de 437 enfermos había sustituido al de 1 enfermero, 30 empleados y 52 albañiles, el cual, incluyendo las utilidades de las 80 hectáreas que eran cultivadas, equivalía a 121,492.50 pesos, casi la mitad del subsidio que recibía la Granja por parte del Estado mexicano, tareas realizadas, como decía Ortiz Escudero con mucho orgullo, por "enfermos mentales, que se han considerado generalmente como parasociales" y que están reponiendo una parte muy importante de "las partidas erogadas como subsidios para el sostenimiento" de la institución.[34]

El director también documentó en sus informes los casos de algunos pacientes tan productivos que con la remuneración obtenida cubrían "las necesidades más ingentes de su familia",[35]al grado de que el número de altas aumentó no sólo por curación sino "por la circunstancia de que, resultando preparados por este sistema de tratamiento para el desempeño de actividades socialmente útiles, son solicitados por sus propios responsables legales para que cooperen al sostenimiento económico de la familia". En otros casos, habiendo sido dados de alta, trabajaban de manera independiente en la ciudad de León, pero seguían viviendo dentro de la Granja.36[36]

En relación con el tipo de pacientes que ingresaron a la Granja, durante los primeros seis meses de existencia arribaron 283 internos procedentes de La Castañeda, remitidos en tres remesas. A partir de entonces siguieron llegando más enfermos, pero ya en cantidades muy inferiores, tanto porque todavía no se disponía de las instalaciones necesarias para la capacidad prevista de 400, como porque la Granja comenzó a admitir pacientes de las poblaciones aledañas, cuyas familias pagaban una cuota de acuerdo a sus posibilidades económicas, y a indigentes remitidos por las autoridades municipales, por las brigadas sanitarias o por la policía, en cuyo caso el pago debía ser cubierto en un 50% por los gobiernos de las entidades de origen y el otro 50% por la Granja.[37]Así, para mediados de 1948 habían ingresado 388 internos procedentes del Manicomio y 144 de la región, es decir, 63% de La Castañeda y 37% del estado de Guanajuato y aledaños.[38]

Aunque no tenemos los expedientes clínicos que nos permitan conocer los padecimientos de este 37% de enfermos procedentes de las ciudades y pueblos vecinos, contamos con un testimonio muy revelador del propio director de la Granja acerca de la curabilidad de los mismos. En 1946, Ortiz Escudero notaba que los pacientes donde mayores resultados estaba dando la combinación de la terapia ocupacional con otro tipo de tratamientos, -en esencia tratamientos de choque-,39[39] no era entre los remitidos por el Manicomio, sino entre aquéllos provenientes de las poblaciones vecinas, al grado de que algunos de ellos fueron dados de alta en poco tiempo y continuaron después su atención en consulta externa:

Se ha podido observar que en los enfermos con padecimientos recientes, los resultados positivos, orientados hacia su curación, resultan más frecuentes que los obtenidos en enfermos que provienen del Manicomio General, que se atribuye a la circunstancia de que los primeros no presentan procesos demenciales y signos irreversibles definitivamente instaurados, como ocurre con los enfermos crónicos que provienen del Manicomio General y además a la intervención inmediata y sostenida a que se someten los enfermos como aconseja la Terapia Ocupacional.[40]

 

Como puede apreciarse, el objetivo inicial de desahogar el Manicomio de los crónicos para convertirlo en un auténtico hospital psiquiátrico estaba siendo trastocado, hasta el punto de que en 1947 se suscitó un pequeño conflicto entre el director de La Castañeda, Leopoldo Sala zar Viniegra, y Ángel Ortiz Escudero donde hubo de intervenir el entonces Director Nacional de Asistencia Neuropsiquiátrica, Samuel Ramírez Moreno. La causa de la desavenencia fue el hecho de que la Granja se estaba llevando a los mejores pacientes y no precisamente a los incurables. Mientras Ortiz Escudero insistía en que sólo recibiría a los enfermos "con trastornos mentales o físicos que no los incapaciten para el aprendizaje y el desempeño de las labores agrícolas", Salazar Viniegra le recordaba que:

 

los propósitos de dicha Granja, según declaración escrita del doctor Guevara Oropeza, promotor de su fundación, fue asilar enfermos incurables, sin especificar la capacidad que tuvieran para las labores agrícolas.

Sin embargo, desde que empezó a funcionar la Granja, se llevaron justamente no a los enfermos incurables, sino aquéllos que se encontraban en mejores condiciones, dando por resultado que nuestro Manicomio se viene convirtiendo prácticamente en 'Asilo de incurables', no siendo ésta su función, sino precisamente la contraria.[41]

 

Ignoramos el fin de este conflicto donde Ortiz Escudero debió salir airoso, pues al año siguiente se hizo una nueva selección de pacientes para enviarlos a la Granja y entre sus características pidió las siguientes: no exceder de 40 años a menos que se encuentren en buenas condiciones físicas, poseer una complexión que les permita ser resistentes al trabajo, no padecer enfermedades contagiosas, ser enfermos manejables en relación con su estado mental, y de preferencia haber adquirido en el Manicomio alguna práctica en la hortaliza o en los talleres.[42] Como puede notarse, no había en estos requisitos ninguna alusión al carácter crónico del padecimiento.

Desde esta perspectiva, la Granja de San Pedro del Monte contó con una ventaja respecto a otras instituciones psiquiátricas pues tuvo la facultad de seleccionar a sus propios pacientes, tanto los procedentes del Manicomio como los oriundos de las poblaciones vecinas. En este último caso, si La Granja consideraba que alguno de estos enfermos no podía destinarse al trabajo 10 mandaba por tren a La Castañeda. En tanto se preparaba la remesa correspondiente, estos pacientes eran internados en un Pabellón de Aislamiento, cuya construcción no aparece en el proyecto original. Aunque los testimonios no especifican cuáles eran los padecimientos de estos enfermos, resulta evidente que se trataba de individuos considerados peligrosos, de ahí la necesidad de separarlos del resto de la comunidad en celdas de aislamiento.[43]

Dado el tipo de pacientes internados, podemos suponer que los de reciente evolución alimentaban las estadísticas de las altas, además de significar un pequeño ingreso extra para la institución pues pagaban cuotas, mientras los provenientes del Manicomio que en este punto ya no tenemos la seguridad de que fueran crónicos-, engrosaban las filas de las cuadrillas de trabajadores que en grupos de 25 salían cada mañana al campo y en dirección a los talleres, los cuales justificaban el subsidio anual de 250,000.00 pesos recibido por la Granja, el cual fue aumentando cada año hasta llegar a 400,000.00 en 1949.44[44] De esta manera, percibía ingresos por dos vías distintas, una por parte del gobierno federal, quien se hacía responsable de los pacientes remitidos por el Manicomio, y otra, por parte de los gobiernos estatales y municipales, que aportaban el 50% del costo de los enfermos enviados por ellos.

En buena medida la organización de la Granja, que aquí apenas hemos esbozado, obedecía a la centralización de las tareas administrativas y médicas ya que la esposa de Ortiz Escudero recibió el nombramiento de administradora. Posiblemente esta mancuerna favoreció la gestión del director, pues evitó los seculares conflictos documentados en muchas instituciones entre el administrador y el director médico, los cuales solían entorpecer la labor de este último. Por otro lado, el hecho de que Ortiz Escudero viviera en la Granja -como desde el nacimiento mismo de la psiquiatría 10 habían hecho Pine1 en La Sa1petriere y Esquirol en Charenton, y en México, precisamente en la época aquí estudiada, Leopo1do Sa1azar Viniegra, Mario Fuentes, Manuel Guevara Oropeza y Alfonso Mi11án en La Castañeda-, debió contribuir, aunque fuera simbólicamente, a una simbiosis mayor entre los enfermos y sus cuidadores.

 

Conclusiones

Aunque este trabajo intenta una primera aproximación, podemos concluir que el proyecto de las Granjas para enfermos mentales fue acogido por el Estado mexicano, hasta el punto de convertirse en política de salud mental entre 1945 y 1968, gracias a varios factores que singularizaron a la Granja de San Pedro del Monte durante sus primeros años de vida, los cuales posiblemente no se volvieron a repetir. En primer lugar, el proyecto original de destinar una explotación agrícola y manufacturera para enfermos crónicos con el fin de comenzar a disminuir la población de La Castañeda se fue transformando hasta llegar a constituir un hibrido que se caracterizó por recibir pacientes provenientes del Manicomio, no necesariamente los de más difícil pronóstico, pero también enfermos de reciente evolución oriundos de las poblaciones aledañas. En segundo término, el director nunca desdeñó los avances médicos, de ahí que hiciera uso tanto de la terapia ocupacional como de los tratamientos conocidos en la época, sobre todo entre los enfermos originarios de la región, quienes de esta manera evitaron que la institución perdiera su carácter médico, pues la mayoría de las altas se daba entre ellos. Finalmente, aunque el director rendía informes periódicos ante las autoridades de salud y recibía visitas de inspección, se desprendió progresivamente de la tutela de La Castañeda bajo cuyos designios había nacido y alcanzó una independencia que pocas instituciones psiquiátricas mexicanas tuvieron en su tiempo.

Posiblemente, en la conjunción de estos tres factores esté la razón de los continuos elogios prodigados a la Granja de San Pedro del Monte durante más de dos décadas.[45]


 

* Una versión modificada de esta ponencia apareció publicada bajo el título "Reformando la asistencia psiquiátrica en México. La Granja de San

Pedro del Monte: los primeros años de una institución modelo, 1945-1948" en

el número 3 del volumen 26 de la revista Salud Mental, órgano oficial del

Instituto Nacional de Psiquiatría "Ramón de la Fuente". Se publica con la

autorización del editor.

[1] Archivo Histórico de la Secretaría de Salud (en adelante AHSS), Fondo Manicomio General (en adelante F-MG), Sección Administrativa (en adelante S-Administrativa), Leg. 48, Exp. 5, Informe del director de la Granja sobre los resultados obtenidos en dicho establecimiento (1946); "Noble misión en

Guanajuato de los Servicios Coordinados", El Nacional, 1 de diciembre de

1945; Sacristán, Ma. Cristina, "Una valoración sobre el fracaso del manicomio de La Castañeda como institución terapéutica, 1910-1944", Secuencia. Revista de historia y ciencias sociales, No. 51, 2001, pp. 91-120.

 

[2] Rivera-Garza, Cristina, "Por la salud mental de la nación: vida cotidiana

y Estado en el Manicomio General de La Castañeda, México 1910-1930",

Secuencia. Revista de historia y ciencias sociales, No. 51, 2001, pp. 57-89.

[3]Calderón Narváez, Guillermo, "La asistencia psiquiátrica en México", Neurología, Neurocirugía, Psiquiatría, Vol. 11, No. 2, 1970, pp. 146-151.

 

[4] Uno de los primeros reportajes denunciando el abandono y el deterioro

apareció en El Día, entre el 16 y el 24 de agosto de 1978.

[5] Ramos de Viesca, Mari Blanca y Carlos Viesca, "El proyecto y la construcción del Manicomio General de La Castañeda", Salud Mental, Vol. 21, No. 3,

1998, pp. 19-25.

[6] AHSS, Fondo Secretaría de Salubridad y Asistencia (en adelante F-SSA),

Sección Subsecretaría de Salubridad y Asistencia (en adelante S-Subsecretaría), Leg. 3, Exp. 14, Proyecto de organización de un servicio social en el Manicomio General (1944).

[7] En palabras del director de la Granja: "Desde hace muchos años existía en el espíritu de los psiquiatras el deseo de crear nuevas instituciones que permitiesen  desahogar al Manicomio General, en donde resultaba materialmente imposible internar a la cada vez más extensa población frenocomial",

AHSS, F-.MG, S-Administrativa, Leg, 48, Exp. 5, Proyecto de organización de la Granja de León, Guanajuato (1944), Informe del director..., (1946).

..

 

 

[8] Lanteri-Laura, Georges, "La ch.ronicité dans la psychiatrie française moderne", Annales, E.S.C., 1972, Vol. XXVII, No. 3, pp. 565-568; Comelles, Josep Ma., La razón y la sinrazón. Asistencia psiquiátrica y desarrollo del Estado en la España contemporánea, Barcelona, Promociones y Publicaciones Universitarias, 1988, pp. 79-80; Dowbiggin, Ian R., Inheriting Madness. Professionalization and Psychiatric Knowledge in Nineteenth Century France, Berkeley, California University Press, 1991, pp. 110-111; Campos Marín, Ricardo, "Higiene mental y peligrosidad social en España", Asclepio, Vol. 49, No. 1, 1997, pp. 40-43; Campos Marín, Ricardo, "De la higiene del aislamiento a la higiene de la libertad. La reforma de la institución manicomial en Francia", Frenia. Revista de historia de la psiquiatría, Vol. 1, No. 1, 2001, pp. 40-42 Y Huertas, Rafael, Organizar y persuadir. Estrategias profesionales y retóricas de legitimación de la medicina mental española (1875-1936), Madrid, Frenia, 2002, pp. 194 -199.

 

 

[9] AHSS, F-SSA, S-Subsecretaría, Leg. 3, Exp. 14, Proyecto de organiza¬ción... (1944).

 

[10] La mayor parte de estas propuestas se exponen en detalle en Sacristán, 2001, Op. Cit. Véase también Ramírez Moreno, Samuel, "Anexos psiquiátricos en los hospitales generales", Revista Mexicana de Psiquiatría, Neurología y Medicina legal, Vol. XIII, Nos. 75-76, diciembre de 1946, pp. 15-29.

 

[11] Sacristán, Ma. Cristina, "Opinión pública y reforma psiquiátrica en 'La locópolis de Mixcoac', 1929-1933", Del calpultin al zócalo. Ensayos sobre la historia de la esfera pública en México, México, Instituto Mora/UNAM, en prensa.

.

[12]  Esta interpretación fue sostenida hace ya muchos años por Lanterilaura, 1972, Op. Cit.

[13] Al señalar que la tendencia general de las propuestas de los psiquiatras

fuera buscar este acercamiento entre la psiquiatría y la sociedad, no estamos sosteniendo que el proyecto de las Granjas fuera marginal. De hecho, sus

principales portavoces, Manuel Guevara Oropeza y Leopoldo Salazar Viniegra,

fueron directores del Manicomio de La Castañeda y connotados médicos cuyas voces eran escuchadas en numerosos foros. Véase Alvarez Amézquita, José, Miguel E. Bustamante, Antonio López Picazos y Francisco Fernández del Castillo, Historia de la salubridad y de la asistencia en México, México, Secretaría de Salubridad y Asistencia, 1960, tomo III, p. 704.

[14] AHSS, F-MG, S-Administrativa, Leg. 48, Exp. 5, Proyecto de organización... (1944).

 

[15] Ibidem. En ese mismo expediente véase Informe del director... (1946) Y AHSS, F-SSA, S-Subsecretaría, Leg. 19, Exp. 1, Informe sobre las actividades técnicas comprendidas entre los días 15 de enero de 1945 y 30 de junio de 1948 en la Granja de Recuperación para Enfermos Mentales Pacíficos en San Pedro del Monte, León, Guanajuato (1948).I

 

[16] Viesca Treviño, Carlos e Ignacio de la Peña Páez, "Los hospitales árabes. Prensa Médica de México, 1977, Vol. XLII, Nos. 1-2, pp. 8-13; González Duro, Enrique, Historia de la locura en España. Siglos XIII al XVII, Ediciones Temas de Hoy, Madrid, 1994, pp. 17-19, 107-133.

 

[17] Viqueira, Carmen, "Los hospitales para locos e 'inocentes' en Hispanoamérica y sus antecedentes españoles", Revista de Medicina y Ciencias Afines, 1965, Vol. XXII, No. 270, pp. 1-34.

 

[18] Nos referimos al tratamiento moral desarrollado por Pinel en Francia en

1811.

[19] Ramos Viesca, Mari Blanca y Carlos Viesca, 1998, Op. Cit.

 

[20] Rivera Garza, Cristina, 2001, Op. Cit.

[21] AHSS, F-MG, S-Administrativa, Leg. 48, Exp. 5, Informe del director...

(1946) y AHSS, F-SSA, S-Subsecretaría, Leg. 19, Exp. 1, Informe sobre las actividades técnicas... (1948).

[22] Memoria 1947-1959, México, Secretaría de Salubridad y Asistencia, 1961,

pp. 397-401. Entre la maquinaria se contaba con trilladora, picadora, empacadora de pastura, un tractor, una compresora, un molino, una rastra, una máquina niveladora, e incluso un trailer.

[23] A los 22 meses de estar funcionando la Granja contaba con 124 cerdos, 18 vacas, 16 caballos y 9 cabras. AHSS, F-MG, S-Administrativa, Leg. 48, Exp. 5, .Informe del director... (1946); AHSS, 11-SSA, S-Subsecretaría, Leg. 19, Exp. 1, Informe sobre las actividades técnicas... (1948).

 

[24] AHSS, F-SSA, S-Subsecretaría, Leg. 19, Exp. 1, Informe sobre las actividades técnicas... (1948).

 

[25] Ibidem. Véase también AHSS, F-MG, S-Administrativa, Leg. 47, Exp. 5,

Granja de Recuperación para Enfermos Mentales Crónicos (1945). De acuerdo

con el reglamento de La Castañeda de 1913 la jornada diaria de un enfermero era de 1 peso con 50 centavos, es decir, 30 veces superior a la de un interno en La Granja, Rivera-Garza, Cristina, 2001, Op. Cit.

[26] AHSS, F-SSA, S-Subsecretaría, Leg. 19, Exp. 1, Informe sobre las activi¬dades técnicas... (1948); F-MG, S-Administrativa, Leg. 47, Exp. 5, Granja de Recuperación para Enfermos Mentales Crónicos (1945).

 

[27] Lanteri-Laura, Georges, 1972, Op. Cit., pp. 565-568 Y Comelles, Josep María, "Ideología asistencial y práctica económica", Actas del 1 Congreso Español de Antropología, Barcelona, Universidad de Barcelona, 1980, Vol. I, pp. 360¬

373.

[28] "Ley que autoriza la creación de la Granja para Alienados Pacíficos en San Pedro del Monte, León, Guanajuato", Diario Oficial de la Federación, 27 de abril de 1945.

 

[29] AHSS, F-MG, S-Administrativa, Leg. 48, Exp. 5, Proyecto de organización de la Granja de León, Guanajuato, para enfermos mentales (1944).

 

[30] Ibidem.

[31] AHSS, F-SSA, S-Subsecretaría, Leg. 19, Exp. 1, Informe sobre las actividades técnicas... (1948).

 

 

[32] Ibidem.

[33] Ibidem. Véase también AHSS, F-MG, S-Administrativa, Leg. 48, Exp. 5,

Informe del director... (1946).

.

[34] AHSS, F-MG, S-Administrativa, Leg. 48, Exp. 5, Informe del director...

(1946).

[35] Ibidem.

[36] AHSS, F-SSA, S-Subsecretaría, Leg. 19, Exp. 1, Informe sobre las actividades técnicas... (1948).

 

[37] AHSS, F-MG, S-Administrativa, Leg. 47, Exp. 3, Documentos relativos al traslado de enfermos del Manicomio General a la Granja de San Pedro del Monte; AHSS, F-MG, S-Administrativa, Leg. 48, Exp. 5, Informe del director... (1946), F-SSA S-Subsecretaría, Leg. 19, Exp. 1, Reglamento interno de la Granja de Recuperación para Enfermos Mentales Pacíficos (1948).

 

[38] AHSS, F-SSA, S-Subsecretaría, Leg. 19, Exp. 1, Informe sobre las actividades técnicas... (1948).

 

[39] La descripción detallada de los tratamientos puede verse en Ibidem; se trataba del choque con insulina, el choque cardiazólico, el electrochoque, la inoculación de enfermedades que presentaran procesos febriles como el paludismo, la viruela, y la aplicación de "fiebre artificial", mismos que también se prescribían en La Castañeda durante esos años, véase, Calderón Narváez, Guillermo, "Notas para la historia del Manicomio General de México, década de los 40's", Archivos de Neurociencias, Vol. 1, No. 3, 1996, pp. 202-204.

 

 

[40] AHSS, F-MG, S-Administrativa, Leg. 48, Exp. 5, Informe del director... (1946). El informe presenta casos clínicos concretos donde se puede apreciar la evolución de algunos pacientes.

 

 

[41] AHSS, F-MG, S-Administrativa, Leg. 47, Exp. 3, Documentos relativos al traslado de enfermos del Manicomio General a la Granja de San Pedro del Monte.

 

[42] Ibidem.

[43] En los documentos sólo se anota que presentaban "signos de violencia"; la Granja contaba con cuatro celdas de aislamiento. AHSS, F-MG, S-Administrativa, Leg. 48, Exp. 5, Informe del director... (1946). También se reenviaban al manicomio los pacientes procedentes del mismo si no se consideraban a propósito para la Granja.

[44] El primer año recibió dicha cantidad que aparece consignada en la ley de

creación de la Granja, pero los demás años percibió cantidades más importantes, por ejemplo en 1946 fue de 350,000.00 pesos y en 1947, 1948 Y 1949 de 400,000.00 pesos anuales, véase "Ley que autoriza...", 1945, Op. Cit., AHSS, F-SSA, S-Subsecretaría, Leg. 19, Exp. 1, Informe sobre las actividades técnicas... (1948) y Memoria, 1961, Op. Cit., pp. 397-401.

 

 

[45] AHSS, F-SSA, S-Subsecretaría, Leg. 37, Exp. 11, Informe sobre la Granja de Recuperación para Enfermos Mentales de León (1955), Álvarez Amézquita, José, 1960, Op. Cit., Vol. 3, p. 704, Calderón, Guillermo, 1970, Op. Cit., De la Fuente, 1999, Op. Cit.

 

 

 

 


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