CIE EXORDIO CERO MAYA LIBRO LIBRE HUATAPERA PROFESOR ESCRITOR
                          












 



 


     

 

 

 

 

 










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III

Cultivo y Producción del café en Michoacán

 

El inicio del cultivo del cafeto en Michoacán fue distinto al de otros lugares de México y del continente americano, pues no procede de semillas aclimatadas en los invernáculos de los jardines botánicos europeos ni de los frutos de los árboles de plantaciones de las islas del Caribe y Centroamérica. Llegó en forma directa de Arabia: tal vez a eso se debe la fama que en las últimas décadas del siglo XIX alcanzó en diversas partes del mundo. Su introducción la debemos al general Mariano Michelena, aquel célebre miembro de la conspiración criolla de Valladolid, ocurrida a finales de 1809, que planteaba la separación del virreinato novohispano de la metrópoli y el mismo que con la investidura diplomática representó por primera vez a México ante la corona británica y con la cual gestionó el reconocimiento de la independencia nacional y la llegada de las primeras inversiones inglesas al país, con las que se pretendía la reactivación de la actividad minera.[1]

 

 

Cafetos asociados a huertas de aguacate en Uruapan. Fotografía de Carlos Blanco.

 

En 1824, después de realizar varias gestiones diplomáticas, el general Michelena hizo un viaje al Medio Oriente para visitar los santos lugares y a su regreso por el puerto de Moka, en Arabia, consiguió semillas de café, que sembró por primera vez en el jardín de su casa, en la capital michoacana.[2] Cuando las plantas habían adquirido una determinada altura, las mandó plantar en terrenos de su hacienda de La Parota, situada en el valle de Urecho, mismas que por la fertilidad del suelo y de la feracidad del clima, a decir del Lic. Eduardo Ruiz: “se reprodujeron extraordinariamente, hasta convertirse en maleza. Nadie por entonces se preocupó de su cultivo y creo que hasta se ignoraba que el café fuera una fuente de riqueza. Empero como los árboles son tan hermosos, tan elegantes, de algunas poblaciones enviaron por cafetos para adorno de los patios y aun de las mismas huertas. Así, se les transportó a Tacámbaro, Taretan, Los Reyes y Colima”.[3]

 

 

General Mariano Michelena, militar, político y diplomático introductor del cultivo del café en Michoacán.

Grabado de Fabroni, siglo XIX, Museo Michoacano.

 

A Uruapan llevó las primeras plantas el señor Manuel Farías por 1840 y de esta población se distribuyeron en otros lugares cercanos, como Jicalán, Jucutacato, Ziracuaretiro, Tingambato y Tancítaro. Acerca del inicio del cultivo del café en Uruapan, en una carta del señor Ramón Farías al Lic. Matías Romero, fechada el 3 de febrero de 1877 le comentaba lo siguiente: “Por el año de 1840, mi padre D. Manuel Farías, trajo de la Zanja, hacienda que está en plan de Urecho, Distrito de Ario, unas tres o cuatrocientas plantas de cafeto que plantó en sus huertas, de las cuales sólo se lograron treinta, poco más o menos, de ellas existen aún unos tres o cuatro arbustos, ya entonces había en una huerta de esta ciudad dos o tres arbolitos que a poco comenzaron a producir planta que nacía al pie de ellos y de la que del mismo modo se creaban en las que crecieron en mi casa, comenzaron a hacer pequeñas plantaciones de modo que entre 1863 y 1864 que estuvieron aquí los emigrantes de México y otros puntos de la República, con motivo de la intervención francesa, ya había una cosecha de cosa de cien arrobas”.[4] De los primeros plantíos de Uruapan, el señor Ignacio Ochoa llevó las primeras semillas que se sembraron en Colima y a partir de ellas, se propagó el cultivo a varios lugares de ese estado y del sur de Jalisco. De los cafetales que se formaron en el valle de Urecho, los plantíos se extendieron más tarde a Ario, Tacámbaro, Aguililla y Coalcomán.[5]

A pesar de la rápida propagación de los cafetales por diversos lugares del sur y suroeste de Michoacán, la producción de grano empezó a tener importancia hasta el último tercio del siglo XIX. Para entonces, ya había plantíos considerables en los alrededores de Apatzingán, Arantepacua, Ario de Rosales, La Huacana, Nuevo Urecho, Santa Ana Amatlán, Uruapan, Jucutacato, Jicalán y las haciendas de San Pedro Jorullo, Los Laureles, La Encarnación, La Playa y La Parota.[6] En Uruapan, los primeros cafetos plantados en 1828 todavía sobrevivían a fines del siglo y por más de 40 años no habían dejado de dar fruto. Sobre estos árboles, en 1872 el ingeniero Antonio Linares comentaba lo siguiente: “Los cafetales plantados y cultivados por el inteligente agricultor Ramón Farías en Uruapan le produce entre 16 y 30 libras del mejor café conocido en el país”.[7]

 

 

Dispersión del cultivo del café en Michoacán a partir del Valle de Urecho

 

La década de los años setenta del siglo XIX marcó el despegue continuo del cultivo y la producción cafetalera en Michoacán, sobre todo a partir de que el gobierno del estado dictó varias disposiciones encaminadas a impulsar los cultivos tropicales de alta comercialización como el cacao, el algodón, el café, el tabaco y las especias, en una franja territorial ubicada entre Huetamo y Coalcomán, a cuyos propietarios que fomentaran estos cultivos las autoridades les ofrecían en forma gratuita asesoría técnica, semillas y condonación, hasta por 10 años, de impuestos prediales.[8] En el caso del cultivo del cafeto, pronto se empezaron a ver los primeros resultados, sobre todo en el municipio de Uruapan. Acerca de ello, un periódico moreliano reproducía el siguiente comentario, aparecido en El Federalista, que se editaba en la ciudad de México: “El cultivo del café va adquiriendo cada día más importancia en el distrito de Uruapan, cuya producción es actualmente de 8,000 arrobas al año y llegará a 15,000 en 1878, pues se han hecho últimamente muchos nuevos plantíos.., se han establecido varios morteros para majar el café y están movidos por ruedas hidráulicas… con motivo del estímulo que reina entre los plantadores, ha subido considerablemente el precio de los terrenos propios para el plantío de cafetos y en la actualidad se vende el solar de 40 varas por lado a razón de cien pesos”. [9]

Con base en algunos estudios y la observación directa, tanto de las autoridades como por algunos agricultores, se pudo llegar a la conclusión de que los mejores terrenos para el establecimiento de cafetales se encontraban en las laderas de la sierra con inclinación hacia la Tierra Caliente, sobre todo en el Distrito de Uruapan. Sobre ello. Matías Romero comentaba: “El terreno de casi toda la región cafetalera de Michoacán, era por lo general de un barro colorado, al que los antiguos moradores de estas comarcas llamaron en lengua tarasca charanda, nombre con el que todavía se le designa. En algunos lugares ese barro tiene mezcla de tierra roja que le da un color amarillento y se llama topure. El topure se considera superior a la charanda. El terreno de Michoacán es por lo general reseco necesita por lo mismo indispensablemente del riego. La abundancia de ríos y manantiales hace que sea relativamente grande el área de terreno utilizable para el café. Generalmente se considera aquí que el café necesita de sombra, aún sembrado a las mayores alturas y los mismos que la creen innecesaria, la ponen a los plantíos a su principio, pues juzgan que a lo menos mientras el cafeto desarrolla y empieza a dar fruto, le es indispensable y después se le debe disminuir o quitar del todo. Generalmente se prefiere el plátano para la sombra, porque tiene, entre otras ventajas la que con sus frutos se obtienen recursos que ayudan en mucho a los gastos del cafetal. La distancia a que se ponen los cafetos, es, por lo general, de tres varas por cada lado. La calidad del café es excelente en toda esta región, aunque en algunas de sus localidades consideran a su café superior al de otros puntos”.[10]

Durante la década de los setenta, del siglo XIX, se dio un gran impulso a los plantíos de cafetos en diversos lugares de la Tierra Caliente y la costa michoacana. En el Distrito de Ario, el prefecto Jesús Garibay fue uno de sus grandes impulsores, él mismo inició una plantación de 1,000 árboles en las huertas situadas a las orillas de la cabecera distrital. Pronto lo secundaron otros agricultores como Eduardo Alcázar. Feliciano González y Bernardino Macías, quienes sembraron cafetos en las huertas de su propiedad. En la hacienda de El Valle se plantaron 80 cafetos, mismos que pronto alcanzaron un extraordinario desarrollo debido a la feracidad de los terrenos con que contaba esa finca cañera. Por otro lado, para 1878, en el rancho de La Chachalaca, perteneciente a la hacienda de Araparícuaro, propiedad de Francisco Menocal, había una plantación de 40,000 árboles de cafeto, de diversas edades.

Para entonces, el primitivo cafetal de la hacienda de La Parota, en donde se inició el cultivo por 1826, se encontraba muy descuidado, se había convertido en un espeso bosque de cafetos y era ahí a donde concurrían los agricultores a abastecerse de plantas y semillas para iniciar nuevos plantíos.[11]

 

 

Balanza, Café La lucha. Fotografía de Salvador Ochoa Ascencio.

 

El inicio del cultivo del café en Tacámbaro tuvo lugar en 1838, cuando el general Ángel Guzmán plantó los primeros árboles de semillas procedentes de Acapulco.[12] Sin embargo, fue hasta veinte años después cuando el señor Antonio Gutiérrez llevó plantas suficientes de la hacienda La Parota, con la que formalmente se iniciaron los primeros cafetales en esa jurisdicción hasta alcanzar en 1878, unos 25,000 árboles en producción dentro de las huertas y un poco más de 75,000, en los ranchos de la jurisdicción municipal. En ese año, el cafetal de Ignacio Cornejo contaba con los árboles más robustos y productivos, en tanto que: “en el patio de la casa de don Ignacio Zarco, hay una mata que ha producido diez y ocho libras de fruto al año; tiene tres tallos y el más grueso de ellos es de cinco pulgadas inglesas de diámetro. Los árboles de café se consideran de término medio de dos libras por mata, pues, es en verdad muy fuerte y que no parece exagerada visto lo cargado que están los arbustos, después de pasada la cosecha principal”.[13]

Fuera de la cabecera distrital de Tacámbaro había plantíos de importancia en el rancho de San Miguel, propiedad del señor Jesús Rubio, que tenía en 1878 unos 500 árboles en producción, además de

3,500 en periodo de crecimiento. En el rancho Las Joyas, que pertenecía a la señora Antonia Padilla, había un cafetal con 8,000 árboles; en tanto que en terrenos de la hacienda de Puruarán ya fructificaban alrededor de 30,000 y en la hacienda de Pedernales, propiedad del empresario español Pío Bermejillo, se iniciaban los trabajos de preparación de terrenos para sembrar 200,000 cafetos. Por su parte, el señor Ignacio Juárez, dueño del rancho de Las Cuatas, ubicado en las cercanías del pueblo de Tecario, tenía un plantío de 300 árboles, “extraordinariamente cargadas de frutos”. Años después, aparte del grano cosechado, algunos plantíos de cafetos también empezaban a ser comercializados como verdaderas unidades productivas. En 1889, la prensa michoacana daba cuenta que se tenían en venta varias huertas de cafetos en los alrededores de Tacámbaro; una con 1,500 árboles en buen estado, pudiendo extenderse la operación a otras dos; además de otra huerta con 2,000 cafetos y una segunda con 600 en crecimiento y producción.[14]

Por lo que se refiere al Distrito de Coalcomán, el cultivo también inició a mediados del siglo XIX, mediante semillas y plantas que fueron llevadas de la hacienda de La Parota, en el valle de Urecho. Al principio, sólo fueron pequeños sembradíos asociados a huertas de árboles frutales en los solares de la cabecera distrital y años más tarde, la siembra de cafetos se trasladó a tierras de ranchos y haciendas, especialmente las situadas en la municipalidad de Coahuayana. Para 1877, el cafeto ya se cultivaba con buenos resultados en la hacienda de Bellavista Achotán, situada al noreste del pueblo de Coahuayana. Esta finca que era manejada en forma empresarial por el ingeniero Arturo Le Harrivel, de nacionalidad francesa, quien en poco tiempo logró poner en producción un cafetal de 120,000 plantas y se disponía a ampliarlo hasta 200,000. Sobre ello, la prensa michoacana comentaba: “terminado este cafetal, será por ahora el más grande del estado”.[15] Pronto se vieron los resultados, cuando se levantó una cosecha de más de 260 arrobas, equivalentes a unas tres toneladas de grano de buena calidad, que se remitieron a Colima para su envío al puerto de Manzanillo, de donde se embarcaría rumbo a San Francisco, California. Dicha producción se mantuvo estable hasta 1895 cuando, debido a la aparición de la plaga del pulgón, los cafetales empezaron a decaer, de tal forma que en los últimos años del siglo sólo se cosechaba un poco más de 100 arrobas.[16]

 

 

Municipios cafetaleros, a fines sel siglo XIX.

 

A pesar de los problemas que enfrentaba el cultivo del cafeto en el Distrito de Coalcomán, debido a la plaga del pulgón, otros hacendados se aprestaban a ampliar las áreas cultivadas. En 1900, se anunciaba que una empresa de capital norteamericano había iniciado en la región una plantación de 100,000 árboles de café, además de matas de vainilla y árboles de hule y que planeaba expandirse en buena parte de la costa.[17]

 

El de Uruapan, “el mejor café del mundo”

 

Por lo que se refiere al cultivo del cafeto en el Distrito de Uruapan, se sabe que los primeros árboles, que procedían del valle de Urecho, se plantaron al finalizar la tercera década del siglo XIX. Pero el primer cafetal en forma, se debió al señor Manuel Farías, quien por el año de 1840, plantó alrededor de 400 árboles en sus huertas, de los que sólo se lograron unos 80.[18] De la huerta del señor Farías, al poco tiempo se recogió semilla para formar nuevos cafetales en los alrededores de la cabecera municipal y en los pueblos vecinos de Jucutacato y Jicalán. Para 1863, en los cafetales de Uruapan se cosechaban unas 100 arrobas de buen café, que servían para el consumo regional. En ese mismo año, al trasladarse los poderes del estado de Morelia a Uruapan, en esta ciudad que había sido declarada capital de la entidad por el gobierno republicano, la demanda de café aumentó, lo que alentó a los agricultores a formar nuevos sembradíos. El precio se incrementó, llegando a venderse a 11 pesos y 25 centavos la arroba. Poco a poco se hicieron nuevos plantíos, llegando a calcularse en 200,000 árboles, distribuidos en varias huertas en la periferia del área urbana. Francisco Farías era dueño de 20,000 árboles, sembrados en varias huertas entre Uruapan y Jicalán. A mediados de la década de los setenta, Espiridión Coria se encontraba en preparativos para sembrar unos 50,000 árboles, en un terreno ubicado a las orillas de la ciudad. Por su parte, Toribio Ruiz beneficiaba un mediano cafetal con 800 árboles, de los que obtenía una cosecha anual de 120 arrobas.[19]

De Uruapan, el cultivo del cafeto pasó a los municipios de Taretan, Ziracuaretiro, Los Reyes, Peribán, Tancítaro y Tingüindín, cuya producción se concentraba en la cabecera distrital, para su distribución en los mercados regional y nacional. En el municipio de Los Reyes, el establecimiento del primer cafetal se debió a José Oseguera, quien en 1838 sembró las primeras matas. Años más tarde, Jesús Valladares y Onofre González, empezaron a sembrar cafetos en sus propiedades. Por otro lado, el licenciado Ramón Cano también se distinguía como agricultor cafetalero, y en 1877 ya tenía aclimatados unos 12,000 cafetos en su rancho de La Joya. Para ese año, el diplomático mexicano Matías Romero calculaba que en las huertas y solares de Uruapan había ya unos 100,000 árboles en producción y probablemente unos 400,000 en los alrededores.[20]

 

 

Lic. Eduardo Ruiz, notable escritor y político michoacano, en varios de sus escritos difundió la fama del café de Uruapan.

Retrato litográfico publicado por Ireneo Paz Hombres Prominentes de México.

 

Desde mediados del siglo XIX, el café de Uruapan empezó a figurar entre los de mejor calidad que se producían en ese tiempo en México. En 1869, al hacer un balance del estado que guardaba la agricultura en el Distrito de Uruapan, el Lic. Eduardo Ruiz comentaba: “El ramo especial de la agricultura es el de las plantaciones de café, a cuyo cultivo se dedica con esmero y constancia una gran parte de los habitantes, cosechando su magnífico grano que es conocido en casi toda la república y comienza a exportarse por el Puerto de Manzanillo”.[21]

En 1876, el café de Uruapan. por su calidad y buen sabor, obtuvo un premio internacional en la Exposición de Filadelfia, motivó a varios uruapenses a dedicar- se a su cultivo: al año siguiente. Matías Romero comentaba al respecto: “los habitantes de esa ciudad consideran asegurado el porvenir de su café, y tienen positivo empeño en aumentar sus plantíos y hacer otros nuevos. Puede asegurarse que no hay población en el Estado de Michoacán en donde sea tan decidido el entusiasmo por el cultivo del café. Merced a ese entusiasmo, la ciudad de Uruapan está en progreso: su población va en aumento rápido y la propiedad raíz ha subido considerablemente de precio”.[22]

Debido a las condiciones climáticas favorables y a lo apropiado de los suelos, la región de Uruapan se convirtió en la más propicia para el cultivo del cafeto en Michoacán durante la segunda mitad del siglo XIX. El café producido en sus alrededores, poco a poco se fue ganando gran fama, tanto en México como en el extranjero. No se sabe con exactitud a partir de cuándo empezó a ocurrir esto. pero sobre ello, es ilustrativo el testimonio del licenciado Eduardo Ruiz, incluido en su conocida Historia de la guerra de Intervención en Michoacán, en donde apunta: “El general Contreras Medellín, que una vez que estuvo en esta ciudad, en la época de la guerra de Reforma, se alojó en la casa de la palma y mandó que le preparasen un poco de café que era de tan buena clase como el del Platanarillo de Colima, que pasaba entonces como el mejor de la República. Por aquellos días, el sabio Luis González Gutiérrez, que pasaba aquí una temporada de vacaciones, con sus propias manos cortó el fruto de un cafeto que había en el patio de mi casa; desde el fondo de sus ojos lo vigiló mientras se secaba; él personalmente lo tostó, con aquel gran entusiasmo, con la viveza de expresión que le conocemos exclamó: ¡Pero, señor, esto es soberbio! ¡Sí, este es el mejor café del mundo![23]

Sin embargo, el primer juicio escrito acerca de la calidad y el sabor del café producido en Uruapan, se debe al general José María Pérez Hernández, de origen cubano, que militó en las tropas republicanas durante la guerra contra la intervención francesa, quien en su Compendio de la geografía del Estado de Michoacán, publicado en 1872, se refirió a “los preciosos arbustos del café, de calidad tan suprema, como los que hay en el centro de Arabia”.[24] Al parecer, el premio obtenido en Filadelfia en 1876, fue uno de los elementos que contribuyeron a que el café uruapense consolidara su fama como “el mejor del mundo”. En 1877, después de un recorrido por las principales zonas cafetaleras de Michoacán, Matías Romero escribió: “El café de Uruapan que es verdaderamente conocido en el mundo, a causa de haber obtenido un premio en Filadelfia el año pasado, y por su excelente calidad, igual al de Colima, rivaliza con el de Moca, ha dado gran importancia, que es de creerse aumenta cada día la pintoresca ciudad de Uruapan”.[25]

 

 

Plaza de Pátzcuaro. Fotografía de Hugo Brehme.

 

El 16 de septiembre de 1877, fue inaugurada en Morelia la Primera Exposición del Estado de Michoacán, que reunió un amplio muestrario de las riquezas naturales, comerciales y culturales de la entidad. Entre los productos agrícolas expuestos, destacaron algunas muestras de café enviadas por agricultores de haciendas como Puacuaro, Araparícuaro, Tomendán y ranchos ubicados en los alrededores de Tacámbaro, Ario de Rosales, Tecario, Uruapan, Nuevo Urecho y Taretan. En la Memoria de la exposición, redactada por el ex gobernador Justo Mendoza, se puede leer: “Entre los productos enumerados, figura el café tan conocido ya en toda la República, y aún en el extranjero, puesto que últimamente el de Uruapan mereció el primer premio en la exposición de Filadelfia. Mucho se ha dicho y escrito sobre este valioso producto, que a no dudarlo, constituirá la riqueza de todas las comarcas donde se cultive. Poco por lo mismo podemos decir ahora en su abono, pues ya los cultivadores y cosecheros del Distrito de Uruapan, perciben los frutos de sus afanes, porque esta ciudad merced a la exportación de café está en progreso y tiene un movimiento mercantil como pocas poblaciones del estado. Mucho le ayudan es verdad, lo agradable de su clima, lo exquisito y variado de sus frutas, su posición geográfica que le pone en contacto con los estados de Jalisco, Guanajuato y la parte más extensa y poblada de Michoacán; pero no puede negarse que al café se debe su actual prosperidad, la que irá en aumento a medida que se multipliquen los plantíos, esperanza muy realizable por la conocida laboriosidad de los habitantes de aquel privilegiado distrito”.[26]

Durante el último tercio del siglo XIX y primeros años del presente, fueron muchos los viajeros que dejaron escritas las impresiones que les había dejado tomar una taza recién preparada con el famoso café caracolillo que se producía en Uruapan. En 1865, William Bullock, después de una larga jornada entre Morelia y Pátzcuaro, por el viejo camino de las diligencias, cruzando llanos, subiendo y bajando lomeríos, guiado por la curiosidad de admirar un atardecer en la zona lacustre, con hambre y sed acumuladas, al fin logró llegar a una fonda en la ciudad del lago, en donde después de las cuatro de la tarde, todavía pudo encontrar comida y tomar una taza de café caliente, dice: “Después de mucho tiempo, logramos tomar una taza de excelente café que con su aliento nos dio fuerzas para subir a una colina fuera del pueblo llamada Los Balcones, de donde tuvimos una magnífica vista del lago y las montañas”.[27]

 

 

José Martí, célebre poeta y periodista cubano, quien en sus escritos difundió la fama del café de Uruapan.

Retrato al óleo del artista sueco Hernán Norman, pintado en Nueva York en 1891. Tomado de Iconografía martiana.

 

Años más tarde, el pintor newyorkino F. Hopkinson Smit, en su obra A white umbrella in Mexico, dedicó elogiosos comentarios al café de Uruapan, al que calificó como “el mejor del mundo”.[28]  El texto de Hopkinson dio pie para que, desde Nueva York, el poeta cubano José Martí se sumara a las ponderaciones del grano cosechado en Uruapan en una extensa crónica publicada a mediados de 1889, en el periódico La Nación, de Buenos Aires. En esa ocasión, al glosar el libro de Hopkinson Smit, José Martí comenta: “Llegan a Morelia y el amigo mío pide ‘una buena comida, ¡magnífica!’: pescado asado en hoja de maíz, pimientos rellenos con tomate y chile, higos y una taza de café de Uruapan, el mejor café del mundo... ahí se pasaría el pintor la vida si no tuviera que ir a Pátzcuaro, la ciudad dormida, la del lago a sus pies y su cinta de colinas de verdor espeso, y sus islas de indios pescadores. De la estación de Pátzcuaro, lo lleva al hotel una diligencia fragorosa con rodaje de artillería y barandas y sedas en el interior, como una biblioteca. Café, tortilla de pimientos, fruta... - en Pátzcuaro- compra café, loza laqueada, trabajos de pluma y se embarca con el amigo en la más curiosa nave que vio en el lago de Pátzcuaro, que era a la vez balsa y canoa”.[29]

Por otro lado, José Martí, en más de una ocasión, personalmente ya había comprobado la calidad y el sabor del café uruapense por envíos que le hacían a Nueva York sus amigos michoacanos Manuel Mercado y el pintor Manuel Ocaranza.[30] En una de sus cartas, Martí le expresaba lo siguiente a su amigo Manuel Mercado: “Siempre cuando oigo decir Uruapan, me parece que oigo hablar de un país en que estuve o de cosa que fue mía. Y daría algo que valiese la pena por tener cerca de mi un paisaje de Uruapan: un río cargado de frutas, monte espeso como esmeraldas húmedas, una taza de café, cielo puro”.[31] En otra carta, se puede leer: “Día ha de llegar en que pueda yo dar un salto a México y con una taza de café de Uruapan quedará sometida la mala fortuna”.[32]

En varios de sus escritos, Martí escribió elogiosamente acerca del grano y el café como bebida. En nuestra América, llegó a comentar: “Oh, si! El rico grano, que enardece la sangre, anima la pasión, aleja el sueño, inquietísimo salta en las venas, hace llama y aroma en el cerebro; el que afama a Uruapan, mantiene a Colima y realza a Java; el haschich de América, que hace soñar y no embrutece; el vencedor del té; el caliente néctar; el perfumado cafeto, crece como la ilusión con los amores, como la marcha de la nube con el impulso de los vientos…”.[33]

En 1892 un viajero inglés, que escribía con el seudónimo de A. Gringo y que ha sido identificado como Henry Wise, llegó a Michoacán sólo para conocer y aspirar el aroma de los cafetales que crecían en los alrededores de Uruapan. De su paso por Morelia escribió: “un encanto adicional de esta ciudad son sus agradables jardines, llenos de flores semi tropicales que crecen en pintoresca confusión, haciendo el aire dulce con su perfume y formando un cuadro admirable para las viejas iglesias, que invariablemente llenan un lado de la plaza. El aire es deliciosamente reparador, el clima es casi semitropical y la vegetación exuberante. Fue aquí en donde por primera vez probé el celebrado café de Uruapan. Nadie acostumbrado a las mezclas de chicoria que se venden en Inglaterra puede tener una idea de la delicia de una taza recién hecha de café no adulterado traído de Uruapan”.[34]

 

 

Taza de café de Uruapan. Oleo sobre tela de Manuel Ocaranza.

 

Café de Uruapan: una taza diez y seis pesos

 

Me adelanté al dar un apretón de manos al artista. Tropecé con una mesa, y entonces Manuel se dirigió al balcón y entreabrió la vidriera. La luz comenzó a penetrar en el aposento, luchando con el humo que vencido se precipitaba a la calle. Lo primero que pudieron distinguir mis ojos fue una taza de café. Maquinalmente extendí el brazo para saborear la predilecta bebida.

Aguarda. Ese café es de Uruapan, v la taza vale diez y seis pesos. ¡Una onza de oro!

La luz acababa de inundar la estancia, y lo que había visto, engañando mis sentimientos, era un pequeño cuadro con una de aquellas inesperadas ideas que apenas concebidas por el genio eran inmediatamente trasladadas al lienzo.

En rica taza de porcelana humeaba el aromático café. ¡Café de Uruapan! se le conocía en el acto; creía uno percibir el perfume, se adivinaban el sabor y la calidad del Néctar. Un puro de la costa, depositado en el plato, dejaba escapar una tenue espiral de humo. En la superficie del líquido, multitud de burbujas indicaban que el azúcar se estaba deshaciendo. ¡Daban ganas de coger con impaciencia la cuchara y gustar de la celestial bebida!

Eduardo Ruiz

 

Durante su estancia de tres días en la ciudad de Uruapan, Wise se dio tiempo para visitar algunos cafetales. Sobre ello anotó en su crónica de viaje: “un caballero español, que hacía un considerable negocio con café, además de poseer una gran plantación de caña de azúcar. Después de la acostumbrada taza de café, cortésmente nos ofreció enseñamos su huerta y llevarnos a ver el trabajo del laqueado de los indígenas por el cual Uruapan es conocido. Montamos nuestros caballos, lo acompañamos a la huerta donde nos enseñó el café maduro y con un agradable sabor.., continuamos por el camino que pasa a través de pequeñas plantaciones de café, nuestro guía nos explicó que todos eran propiedad de los indios, que hacían dinero con sus pequeñas parcelas debido a la alta estima que se tiene en todas partes al café de Uruapan”.[35]

 

 

Huerta de plátano y cafeto a las orillas de Ziracuaretiro. Fotografía de Hugo Brehme.

 

Unos años más tarde, a su llegada a Uruapan en 1895, después de un largo recorrido entre los tarascos serranos de San Juan Parangaricutiro, Paracho y Cherán, el etnólogo noruego Carl Lumholtz, luego de valorar la limpieza de las calles de Uruapan, lo agradable del clima y la variada comida que encontró en una de las fondas, escribió: “el café que allí se da goza de fama de ser el mejor del inundo”.[36] Opiniones semejantes fueron expresadas, más adelante, por viajeros como Thomas Janvier, en su libro The mexican guide: Adolfo Dollero, en México al día: Wallace Gilpatrick, en The man who likes Mexico y Manan Storm, en su Prologue to Mexico y más adelante en Enjoving Uruapan, en donde se habla con amplitud de la producción cafetalera, la calidad y el exquisito sabor del café caracolillo, cosechado en los alrededores de Uruapan.[37]

En 1897, la periodista y escritora norteamericana Marie Robinson Wright, dedicó el siguiente comentario al café uruapense. “En esta región se cultiva el mejor café del mundo. El de Uruapan es reconocido en todas partes como el mejor de las marcas”.[38] Otro personaje que comprobó la calidad del café uruapense fue el antropólogo físico estadounidense Frederick Stara. En los años en que se ocupaba como profesor asociado en la Universidad de Chicago y curador del Museo de Historia Natural visitó Uruapan, a principios de 1898. Una década más tarde, al dar a conocer sus vivencias en el libro In indian Mexico, se refiere así a Uruapan y a su renombrado café: “No hay pueblo más bello en México que Uruapan. Es el lugar de la eterna primavera. Aunque se encuentra a miles de pies sobre el nivel del mar, está situado de tal manera, con referencia a las pendientes de las montañas y los valles, en forma de túneles, que su clima es templado, y florecen plantas características de menor altitud. Sus frutos y el mejor café del mundo han dado fama a este pueblo”.[39] También, en la famosa guía de viajeros de Thomas Philip Terry, editada por primera vez en 1908 y reeditada en varias ocasiones, aparecen comentarios halagadores al café de Uruapan del que se dice “goza de fama en toda América. Ocupa un alto lugar de preferencia del público y hay quien lo considera igual en calidad al de moka árabe... el mejor se conoce como caracolillo”.[40] Así, poco a poco, se fue tejiendo la tradición de que en Uruapan se producía el mejor café del mundo y ello sirvió sin duda para mantener asegurada una amplia clientela.[41]

 

La producción estatal de café en la

 última década del siglo XIX

 

En las últimas décadas del siglo XIX, el cultivo del cafeto se extendió a vanos municipios del oriente de Michoacán, comprendidos dentro del Distrito de Zitácuaro. En 1893, al hacer un balance de la producción cafetalera registrada en Michoacán. en 1889. el licenciado Rafael Herrera comentaba: “En este Estado, uno de los que en la Unión Mexicana tiene los mejores y más extensos terrenos para el cultivo de frutos exportables, se produce el afamado café de Uruapan. La abundancia de agua para el riego y sus bosques tupidos y seculares lo harán figurar luego que tenga buenas vías de comunicación entre los ricos estados de la República. 

 

Café tostado. Fotografía de Carlos Blanco.

 

Su decadencia actual depende precisamente de la falta de esos elementos secundarios, tan necesarios para la productividad agrícola, como la buena calidad de sus tierras”.[42] En su estudio, el licenciado Herrera registró una producción de 24,833 arrobas en 8 demarcaciones distritales, como se puede ver a continuación: 

 

Para 1892, de acuerdo con la información proporcionada por los presidentes municipales, al contestar un cuestionario de la Secretaría de Fomento, en el Distrito de Zitácuaro había 54.000 árboles de café en producción, distribuidos de la siguiente forma: en el municipio de Zitácuaro. 3,000: en el de Tuxpan, 8,000: en el de Jungapeo, 13,000 y 30,000 en la municipalidad de Angangueo, que en conjunto generaban una producción de 1,710 arrobas de café al año, que eran consumían en el mercado regional, vendiéndose a 7 pesos y 75 centavos la arroba. Para ese mismo año, en toda la región cafetalera de Michoacán había 865,380 árboles que producían anualmente 4 1,043 arrobas, equivalentes a casi 410 toneladas. Estas cifras nos indican que la producción se había duplicado en tan sólo tres años. En el municipio de Uruapan se concentraba la mayor parte de la producción con 32,000 arrobas y lo seguían Taretan con 2,640; Tacámbaro con 2.000 y en menor escala Jungapeo y Angangueo, con 800: Tingüindín con 600; Peribán y Coahuayana con 400. La distribución y consumo del café producido en Michoacán, al iniciarse la última década del siglo XIX, guardaba tres niveles: uno que sólo tenía como escenario el mercado regional: otro que se integraba a los circuitos comerciales del centro y norte del país: y un tercero, que se unía al comercio internacional, a través de los Estados Unidos, especialmente por los puertos de San Francisco California y Nueva York.

 

Vista del mineral de Angangueo en 1900. Col. Gerardo Sánchez Díaz.

 

Por lo que respecta al café que sólo se consumía en poblaciones michoacanas, éste procedía básicamente de los distritos de Tacámbaro, Ario de Rosales y Zitácuaro, cuyos excedentes, después de satisfacer las necesidades locales de un circuito formado por Apatzingán, La Huacana, Carácuaro, Huetamo, Tuzantla, Tuxpan. Zitácuaro, Angangueo, Tlalpujahua y Maravatío. se concentraban en Morelia, de donde se enviaba con destino a Guanajuato. Querétaro y la ciudad de México. El café que se cosechaba en los municipios de Los Reyes, Peribán, Tancítaro, Tingüindín. Uruapan y Taretan, después de que una parte se destinaba al mercado de esa región y a poblaciones como Colija, Zamora, Jiquilpan. Pátzcuaro y La Piedad: el resto se enviaba a Morelia. la ciudad de México y los Estados Unidos. Por lo que se refiere al grano que se producía en las haciendas y ranchos cafetaleros del valle de Coahuayana, después de la cosecha el grano se conducía a Colima y luego al puerto de Manzanillo, en donde se embarcaba con destino a los puertos de Mazatlán y San Francisco California.[43]

La distribución municipal, por número de cafetos y producción de café cosechado en Michoacán en 1892, puede verse en el siguiente cuadro:

  

 

La última década del siglo XIX, se caracterizó por el interés que mostraron algunos agricultores michoacanos para establecer nuevos cafetales en sus propiedades. A pesar de la amenaza que representaba la plaga del pulgón. los resultados estuvieron a la vista, ya que en sólo tres años se logró duplicar la producción cafetalera, misma que pasó de las 41,043 arrobas que se cosecharon en 1892, a 80,521 arrobas que se recogieron en l895.[44] Sin embargo, los agricultores no corrieron con la misma suerte en los últimos años del siglo, cuando, debido a la expansión de la plaga del pulgón y a la aparición de algunas enfermedades propias del cafeto, la producción se desplomó en 1898, al recogerse solamente 3 1,600 arrobas en todo el estado. La desilusión que sobrevino para los agricultores, se reflejó en el abandono del cultivo y en la búsqueda de otros de menor riesgo. Sólo en el Distrito de Uruapan, formado por las municipalidades de Uruapan, Taretan, Tingambato, Peribán, Tancítaro y Los Reyes, siguieron en pie los cafetales, que en ese año produjeron una cosecha de 26,200 arrobas, cantidad que representaba 6,780 arrobas menos de las que se habían cosechado en 1892.[45]

 

Huertas cafetales a la entrada de Uruapan. Fotografía Hugo Brehme.

 

Como hemos podido apreciar hasta aquí, el cafeto fue uno de los cultivos principales de una amplia región constituida por las zonas cálidas y templadas de Michoacán en el último tercio del siglo XIX. La rápida expansión de los cafetales se debió, entre otras causas, a la creciente demanda del grano en el mercado internacional y a las facilidades que el gobierno dio a los agricultores que quisieran producir café en sus terrenos. Los cafetales fueron plantados preferencialmente en terrenos inclinados, provistos de suelo vegetal y en casi todos se utilizó el riego. El cafeto fue cultivado tanto por rancheros y hacendados, como por comunidades indígenas. Las plagas y enfermedades que afectaron al cafeto en los últimos años del siglo XIX hicieron decaer el cultivo en algunos lugares.

 

La producción cafetalera del siglo XX

 

La información sobre el cultivo y la producción de café en Michoacán en el siglo XX, es escasa y fragmentaria. Sólo se dispone de cifras para 1930 y 1940. Para entonces, la geografía cafetalera había variado significativamente en relación a los espacios que había ocupado antes. Algunos municipios en los que se registraba producción para fines del siglo XIX ya no aparecen. En cambio, en las estadísticas se incluyen otros municipios como Tocumbo, Cotija, Aguililla, Tingambato, Aquila y Chinicuila, aunque con una producción casi insignificante y de consumo local.

Por otro lado, las cifras de producción anual registradas para 1930, nos indican que la tendencia era a la baja, ya que las cosechas de ese año no llegaron ni al 50% de las que se obtuvieron en 1898, cuando se inició la decadencia motivada por la plaga del pulgón. En 1930, el cultivo del café se extendía en 428 hectáreas, en 23 municipios y se registraba una producción anual de 18,329 arrobas, como puede verse a continuación: 

 

 

Una década después, la superficie ocupada por los cafetales había descendido de 428 a 367 hectáreas y la producción de 18,329 a 15,211 arrobas en 16 municipios, como se puede observar en el siguiente cuadro: 

 

 

Para las dos décadas siguientes se carece de datos estadísticos, pero al parecer la producción cafetalera ya había experimentado un ligero repunte. Según un reporte de la Secretaría de Agricultura, elaborado en 1960, el cultivo del café en Michoacán se encontraba disperso en unas 1,230 hectáreas ocupabas por plantaciones de aguacate, cítrico y otros frutales. Para entonces, la cosecha anual se calculaba en 32,086 arrobas, equivalentes a 369 toneladas. [46]

En la actualidad, la poca producción de café se restringe a los municipios de Uruapan, Tingambato, Ziracuaretiro, Tancítaro, Tingüindín, Peribán y Tacámbaro y su cultivo es complementario a las huertas de aguacate. La producción que se genera en estos lugares se concentra básicamente en Uruapan, de donde se distribuye a través de la empresa denominada La Lucha. El café procesado en esta negociación se distribuye en establecimientos ubicados en Uruapan, Pátzcuaro y Morelia, y sigue manteniendo el aprecio por su calidad de buen café, como se hacía en el pasado.


 


[1] El general José Mariano Michelena nació en Valladolid de Michoacán en 1772 y murió en 1852. Miembro de una familia acomodada, dueña de varias haciendas en la tierra caliente. Se graduó corno licenciado en Derecho en la Universidad de México. Fue uno de los miembros prominentes de la conspiración de Valladolid en 1809, por lo que fue detenido y más tarde trasladado a España para servir en el ejército peninsular. Volvió a México en 1822 y participó en diverso movimientos en contra del Imperio de Iturbide. Fue miembro del primer Congreso Constituyente. A principios de enero de 1824 recibió el nombramiento de Ministro Plenipotenciario de México ante el gobierno de Inglaterra. Más tarde, acudió como delegado de México al Congreso convocado por simón Bolívar en Panamá. Retirado de la política residió sus últimos años de vida en Morelia. Enciclopedia de México. México. Rogelio Álvarez editor. 1987. Torno IX. pp. 10-11: José Maña Miquel I Vergés. Diccionario de insurgentes. México, Editorial Porrúa. 1980. pp. 378-380.

[2] Pablo González Cid. El café en México. México. Café Punta del Ciclo. 2004. p. 22.

[3] Eduardo Ruiz. Historia de la guerra de intervención en Michoacán. México. Oficina Tipográfica de la Secretaría de Fomento. 1896. p. 30 Gerardo Sánchez Díaz. “De cómo en Uruapan nació el mito del mejor café del mundo”. José Napoleón Guzmán Ávila. Editor. Uruapan. Tradición, disidencia y signos de modernidad. Morelia. Grupo Cultural Uruapan Visto por los Uruapenses,  Morevallado Editores, 2000. pp. 39-54.

[4] Carta de Ramón Farías al Lic. Matías Romero, fechada en Uruapan el 3 de febrero de 1877, Boletín de la Sociedad Agrícola Mexicana. Tomo 1, No. 29, México, 24 de julio de 1880, PP. 474-475.

[5] Secretos del café. México, Instituto Mexicano del Café, 1966, p. II, del apéndice; Elisa Ramírez Castañeda. Op. Cit., pp. 13-19.

[6] José María Pérez Hernández. Op. Cit., pp. 58-59. Del mismo autor véase el Compendio de la geografía del Estado de Michoacán de Ocampo. México, Imprenta del Comercio de Nabor Chávez, 1872, pp. 79 y 89. Al referirse al valle de Urecho, Pérez Hernández dice que ahí se producía “el más exquisito café”. Véase también Salvador Novo. Op. Cit., p. 85.

[7] Antonio Linares. Cuadro sinóptico del Estado de Michoacán en el año de 1872. Morelia, Imprenta de Octaviano Ortiz, 1873, p. 35.

[8] Amador Coromina. Recopilación de leves, decretos, reglamentos y circulares expedidos en el Estado de Michoacán,  formada y anotada por... Morelia. Imprenta de los hijos de Arango, 1887. Tomo XIX. pp. 128-129.

[9] El Progresista. Año IV, N9 502, Morelia, 27 de abril de 1876, p. 2. Las cursivas son nuestras. Por su parte, el periódico moreliano La Paz, recogió a fines de 1877 la siguiente nota que se había publicado en el periódico El Siglo XIX: “La exportación de café en el estado de Michoacán ha tomado grande incremento en los últimos cuatro años: facilidad con la que se desarrolla en aquellos terrenos, su excelente calidad y el alto precio que tiene en Europa, abren a este importante ramo de la agricultura un próspero porvenir”. La Paz. Año 1, N9 33, Morelia, 9 de noviembre de 1877, p. 3.

[10] Matías Romero. “Cultivo del café en Michoacán”. El Regenerador. Año 1, N0 36, Morelia. l de mayo de 1877, p. 2. Véase también Manuel González. Memoria presentada por el ciudadano general de división.., al Ejecutivo de la Unión, al del Estado de Michoacán y a la legislatura del mismo. Morelia, Imprenta del Gobierno en Palacio, 1877. documentos anexos N0 31. Por su parte, el señor Ramón Farías, en la mencionada carta al Lic. Matías Romero le comentaba: Los terrenos más a propósito para los plantíos son los planos, que aprovechan mejor el abono que se les pone o el que naturalmente tienen: los que tienen arboleda corpulenta que aquí abunda, como aguacates, huajinicuiles y otros que guarecen a los plantíos del viento y de los rigores del sol; y en fin los que tienen riego, que es indispensable para criar cafetos”. Boletín de la Sociedad Agrícola Mexicana. Tomo 1. No. 29, México, 29 de julio de 1880. p. 275.

[11] El Regenerador. Año 1. Nº 3b. Morelia. l de mayo de 1877, p. 2.

[12] Carta de Antonio Gutiérrez al Lic. Matías Romero, techada en Tacámbaro el 25 de febrero de 1877. Boletín de la Sociedad Agrícola Mexicana. Tomo 1. No. 29. México. 24 de julio de 1880, p. 475.

[13] El Regenerador. Año 1, N 36, Morelia, 3 de mayo de 1877, p. 2.

[14] Gaceta Oficial. Tomo 3, N 403, Morelia, 1 de septiembre de 1889, p. 3.

[15] El Regenerador. Año 1, N’ 36. Morelia. 1º de mayo de 1877. p. 2. En un informe enviado por el propietario de la tinca a la Secretaría de Hacienda, informaba que el cafetal que había iniciado estaba produciendo grano de una clase superior”, en terrenos de riego. El plantío del cafeto, que ya tenía más de tres años para 1877, en sus labores daba ocupación a 25 personas. Véase: Emiliano Bustos. Estadística de la República Mexicana. Estado que guardan la Agricultura. Industria. Minería y Comercio. México, Imprenta de Ignacio Cumplido. 1880. Tomo III. pp. 128-129.

[16] Gerardo Sánchez Díaz. El Suroeste de Michoacán: Economía y sociedad. 1852-1910. Morelia. Universidad Michoacana. 1988. pp. 206-207.

[17] Archivo del Poder Ejecutivo del Estado de Michoacán. Hijuelas, Distrito de Coalcomán. Comunicación del prefecto J. Merced García al Secretario de gobierno, 17 de enero de 1900.

[18] Otra versión sobre la introducción del café a Uruapan la da el licenciado Eduardo Ruiz, quien Sostiene que el primero que lo cultivó fue Miguel Treviño, hombre de ideas liberales, de quien dice: “Ha sido un apóstol... en la propaganda de este cultivo no sólo con el ejemplo, con la palabra persuasiva, con la promesa de una buena ganancia, sino también regalando lotes de almácigas y dando instrucciones para su trasplante y el cuidado de la huerta”. Véase: Álbum de Uruapan. Recopilación por el Sr. Lic. Eduardo Ruiz. Morelia, Talleres de la Escuela Industrial Militar, 1912, p. 31; Gerardo Sánchez Díaz. “De cómo en Uruapan nació el mito el mejor café del mundo”... Op. Cit., pp. 46-47.

[19] Matías Romero. “El café de Uruapan”. El Regenerador. Año 1, N 46, Morelia, 5 de junio de 1877, pp. 34.

[20] Matías Romero. “El café en Michoacán”. El Regenerador. Año 1. N’36. Morelia. 1’de mayo de 1877. pp.

[21] Eduardo Ruiz.’”Uruapan”. El Renacimiento. Periódico Literario. Tomo II. México. 1869. p. 120.

[22] Ibid.. p. 2: Matías Romero. El café de Uruapan. Introducción y selección de textos de Gerardo Sánchez Díaz p. 26.

[23] Eduardo Ruiz. Op. Cit., p. 81.

[24] José María Pérez Hernández. Compendio de la geografía... p. 12.

[25] Matías Romero. “El café de Uruapan”. El Regenerador. Año 1, N 46, Morelia, 5 de junio de 1877, p. 3.

[26] Justo Mendoza. Memoria de la exposición del Estado de Michoacán de Ocampo. Morelia. Imprenta del Gobierno en Palacio a cargo de José Rosario Bravo. 1877, p. 16.

[27] W.H. Bullock. Across Mexico in 1864-1865. Londres y Cambridge, Macmillan and Company, 1866, p208.

[28] F. Smit Hopkinson. A white umbrella in Mexico. Boston y Nueva York, Houghton Mifflin Company, 1889, p. 183.

[29] José Martí. Obras Completas. Viajes, diarios. crónicas, juicios. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1975, tomo 19, pp. 345-346.

[30] Gerardo Sánchez Díaz. “El café, del Puerto de Moka a la taza de los michoacanos”... p. 118.

[31] José Martí. Obras completas. Epistolario. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1975, tomo 20, p. 70.

[32] Ibid., p. 160.

[33] José Martí. Obras completas. ¡Vuestra América. La Habana. Editorial de Ciencias Sociales, 1975, tomo 7, p. 133; Viajes, diarios, crónicas. Tomo 19, pp. 137-148; Cartas a Manuel Mercado. Prólogo de Francisco Monter de. México, Ediciones de la Universidad Nacional Autónoma de México, 1946.

[34] A. Gringo. Through the land of the aztecs. Life and travel in Mexico. London, Sampson Low, Marston and Company, 1892, p. 132.

[35] Ibid., pp. 137-138.

[36] Carl Lurnholtz. El México desconocido. Cinco años de exploración entre las tribus de la Sierra Madre Occidental: la tierra caliente de Tepic y Jalisco y entre los tarascos de Michoacán,,. Nueva York. Charles Scribner’s Sons. 1904. Torno II. p. 429.

[37] Véase Thomas Janvier. The mexican guide. New York. Charles Scribner’s Sons. 1889. p455: Adalberto (le Cardona. De México a Chicago y Nueva York. New York. Imprenta de Mons Engraving Company. 1893. p.3l6: Wallace Gillpatrick. The man who likes Mexico. Nueva York, The Century Company. 1911. pp. 145-146: Manan Storm. Prologue to Mexico. The history of search for a place. Nueva York. Alfred A. Knopf. 1931. p. 274. De la misma autora Enjoying Uruapan. A book for travelers in Michoacán. México. s/e, 1945. pp. 671-672.

[38] Wright Robinson. Picturesque Mexico. Philadelphia. J. B. Lippicou Conipany. 1897. p.326.

[39] Frederick Starr. In Indian Mexico. Chicago. Forbes and Company. 190%. Se ha publicado en español en fecha reciente como El México Indio. Traducción de Gloria Benazillo Revah. Prólogo de Beatriz Scharrer Tamm. México. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. 1995. p. 98.

[40] Thomas Phillip Terry, Terry’s guide lo México. Boston and New York. Houghton Mifflin Cornpany. 1931. p. 228.

[41] Para mayor información véase: Gerardo Sánchez Díaz. De cómo en Uruapan nació el mito del mejor café del mundo pp. 39-54.

[42] Rafael Herrera. Op. Cit.. pp. 61-62.

[43] Boletín de Agricultura, Minería e Industrias. Año II. N 6, México. Secretaría de Fomento, Colonización e Industria, diciembre de 1892. pp. ¡16.128. Acerca de los precios del café en el Distrito de Zitácuaro véase la página 217 de dicha publicación.

[44] Alfonso Luis Velasco. Geografía y estadística del Estado de Michoacán. México. Tipografía de T. González Sucesores. 1895. p. 55.

[45] Figueroa Doménech. Guía general descriptiva de la República Mexicana. Historia, geografía y estadística. Estados y territorios federales. México-Barcelona, Ramón de S. N. Araluce Editor, 1899, Tomo II, p. 343.

[46] Ernesto Hernández Llamas. Michoacán. México, Sistema Bancos de Comercio, 1969, p. 61.