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Historia de dos nombres: tarascos y
Purépechas

 

Juan Carlos Cortés Máximo
Instituto de Investigaciones Históricas
Universidad Michoacana

 

En varios estudios que se han realizado acerca de los indios de Michoacán, muchos autores han preferido utilizar el término tarasco, bajo el supuesto de que es el más utilizado por la literatura histórica. Otros, para evitar la discusión simplemente aclaran que usan las palabras purépecha y tarasco en forma indistinta.[1] Unos más es­tablecen que lo utilizan por convención, conscientes de que los indígenas de hoy prefieren llamarse purépecha.[2] Sin embargo, no sólo hoy, sino también ayer nos hemos llamado purépecha y no reciente­mente como algunos aseguran. El que ahora gustemos en llamarnos purépecha, si bien con mayor impulso producto de una reivindica­ción étnica, también tiene su peso en la tradición oral de los pueblos indios.

En general las preguntas sobre las que han debatido investigado­res y estudiosos, giran en torno a ¿cómo nombrar al pueblo indio mayoritario de Michoacán, purépecha o tarasco?, ¿cómo llamar a los antiguos habitantes antes del contacto con los españoles? y ¿cuál era el gentilicio que se daban los propios indios antes y después del arribo de los españoles?. La discusión estriba en cómo denominar a los in­dios de la época prehispánica y sus descendientes de hoy día.

Una primer crítica de utilizar el nombre purépecha para el periodo precortesiano, es que constituye un anacronismo referirse a los indios gobernantes como "purépecha" por su significado de "cam­pesino" o "gente común". Con base en esta traducción se llegó a establecer que dicho vocablo no debía aplicarse a los "michoaque" prehispánicos, en particular que era incorrecto decir "rey purhépecha", porque equivalía a "rey campesino". Sin embargo, la palabra purépecha posee varias connotaciones, entre ellas, "gente común" y "gente" sin el calificativo de "común".

Ante la consideración de que el nombre purépecha significaba "gente común", los investigadores optaron por llamarles "tarascos" argumentando que ha sido el más usado en los estudios michoacanos. Acerca de la etimología tarasco, unos aseguran que proviene de la deidad "Tharas".[3] En cambio, otros sostienen que viene de "taraskue", que significa "yerno" o "suegro". La discusión en torno a esto, obligó a los estudiosos del tema indígena de Michoacán a expresar sus co­mentarios acerca de cómo nombrarlos, si "tarascos" o "purépechas".

Es común leer en varios autores que el vocablo purépecha fue retomado recientemente como "nombre" de los indios de hoy, sin embargo, mi punto de vista es que la "autodenominación" tiene una amplia tradición oral e histórica, lo cual se muestra a lo largo del pre­sente texto, gracias a las declaraciones de los estudiosos de diferentes épocas que desinteresadamente recogieron testimonios orales de los indios.

El presente trabajo pretende mostrar cómo la mayoría de los indios en diferentes temporalidades históricas prefirieron que los nom­brasen purépecha. Asimismo, veremos cómo el nombre tarasco sirvió para distinguir a un sector de la población del siglo XVI que pretendió emparentarse con los españoles conquistadores. Cabe aclarar que no se trata de defender uno u otro nombre, sino ver el modo en que el nombre tarasco fue más utilizado en los estudios que se realizaron del Michoacán antiguo, novohispano, del siglo XIX y XX. Mientras que por su parte, los indios se llamaban entre sí "purépechas". El trabajo está dividido en dos partes, primero hago un seguimiento histórico de la denominación tarasca y luego del purépecha.

 

El nombre tarasco

 

El primer comentario acerca del origen del nombre tarasco, lo asentó fray Jerónimo de Alcalá, en su Relación de Michoacán, cuando relata que los españoles de regreso a México se llevaron dos indias, "y por el camino juntábanse". Los indios que los acompañaban, llamaron a los españoles tarascue y éstos por la dificultad en pronunciarlo, los llama­ron tarascos.[4] Al propio fraile no le consta que el nombre tarascos provenga de esa circunstancia porque afirma: "dicen que de allí les vino, de aquellas mujeres primeras que llevaron los españoles a Méxi­co, cuando vinieron nuevamente a esta provincia".[5] La frase: "dicen que de allí les vino" indica cierta duda del fraile en torno a si el nom­bre tarasco tiene su origen en la voz tarascue, ya que confiere a otros la verosimilitud de la versión que quedó plasmada en la Relación de Michoacán.

¿Quién indicó al fraile sobre el inicio del uso del nombre tarasco para referirse a los indígenas mayoritarios?, ¿Acaso fueron los ancia­nos indígenas, o bien, los españoles?. Obvio que el fraile obtuvo dicha información producto de su contacto con la población, el asunto es si provino de gente española o indígena, o bien, de ambos sectores. Cabe la posibilidad de que los castellanos hayan narrado ese suceso al frai­le, quien después lo puso por escrito en la Relación de Michoacán. Por tanto, los indios no enteraron al fraile del origen de la denominación tarasca. En otras palabras, Alcalá no obtuvo dicha información pro­ducto de que algún informante de la "nobleza" se lo haya manifestado así, sino que el relato fue recabado por el mismo franciscano entre los castellanos.

Por otro lado, se puede pensar que la élite indígena fue la que empezó a nombrar a los españoles tarascue, con el fin de emparentar y así conseguir acomodo en el orden político instituido por los espa­ñoles. Seguramente los españoles comenzaron a designar tarascos a un sector indígena de la "provincia de Michoacán", mientras "el co­mún", que constituía la mayoría de los indios, se denominaba purépecha.

Juan Baptista de Lagunas hacia el último cuarto del siglo XVI (1574), nuevamente hace el comentario de que los indios recibieron el nombre tarasco por parte de los españoles, luego que éstos escucha­ron a un indio que buscando afanosamente a su yerno decía: tharascue. [6] Algunos años después, en 1579, Pedro Gutiérrez de Cuevas, autor de la Relación de Cuitzeo, también establece que la designación tarascos provenía del término tharascue. El autor añade que la denominación surgió de un enfrentamiento en Tzintzuntzan entre indios y españo­les. De este pasaje la variante es que el indio no busca a su "yerno", sino a su suegro que perdió durante un enfrentamiento. Dos años después, Juan Martínez, autor de la Relación de Pátzcuaro, (1581), tam­bién repite la narración de que los españoles comenzaron a designar a los indios con el nombre tarascos.[7]

Así, la versión de Alcalá, Baptista de Lagunas, Gutiérrez de Cuevas y Martínez, consiste en que los españoles empezaron a lla­marles tarascos, derivado de la palabra tarascue. En particular, Martínez para apoyar que los "españoles e indios mexicanos los comenzaron a llamar tarascos afirma: "Y ésta es la verdadera y cierta razón porque se llaman así, aunque algunos digan otra cosa".[8] La frase "aunque algunos digan otra cosa" puede indicar que había otra opinión acer­ca del origen del vocablo tarasco en su acepción de tarhascue, que estribaba más bien en el hecho por el cual empezaron a denominar a los indios como tarascos.

De este modo los cronistas y estudiosos de la época no pusie­ron en duda la denominación tarascos y lo que más bien se discutió fue el modo en que se originó el nombre, esto es, si venía del hecho de que los españoles al "juntarse" con las hijas de los caciques y princi­pales los empezaron a llamar "tarascue", o bien, que la designación se había originado luego de haberse enfrentado los indios contra los españoles en Tzintzuntzan durante el proceso de conquista de la "pro­vincia de Michoacán".

Ciertamente como dice Rodrigo Martínez, la información de "La memoria de los viejos de Cuiseo aporta la variante de que el nom­bre de tarascos, aplicado a los indios michoacanos, no nació en la pacífica donación de mujeres de los tarascos a los españoles, sino en los primeros reencuentros violentos entre los conquistadores españo­les y los habitantes de Tzintzuntzan. La conquista de Michoacán no fue tan pacífica como se piensa comúnmente, bajo la influencia de la versión que transmitió la nobleza tarasca en el siglo XVI, interesada en minimizar la resistencia india en la conquista para obtener privile­gios por parte de la Corona Española".[9]

Además, como lo sugiere Luis Vázquez, el nombre tarasco debe entenderse en el contexto socio-histórico de la élite uacusi que conce­dió a los españoles sus mujeres para emparentarse y constituirse como sus aliados. Recordemos que en la época prehispánica las alianzas entre grupos se realizaban concediendo a sus mujeres. Por ejemplo, el "señor" de Curinguaro a fin de aliarse con el cazonci Tariacuri le cedió su hermana. Cuando esta mujer cayó en adulterio fue suficien­te para que se rompiera la alianza, luego de lo cual vino la guerra entre Tariacuri y el señor de Curinguaro.[10] Esta idea se complementa con el estudio de Eduard Seler, quien afirma que la palabra tarascue, se compone de "tara", como primer partícula, "scu" como segunda y "e" como último sufijo, equivalente a "mi suegro".[11] Seler expuso que este tipo de sufijos posesivos existen en nombres de parentesco, de modo que la traducción del vocablo tarascue como "mi suegro" o " mi yerno" nos permite enunciar que la élite indígena, con el fin de empa­rentar, cedió a los españoles sus "mujeres", haciéndolos sus "yernos" para asegurar su permanencia en la organización política española.

En cambio, el común de indios y por qué no, ciertas personas de la élite que no se vieron favorecidos en el sistema instaurado por los españoles, rechazaron el nombre tarasco, en su acepción de "sue­gro" y "yerno" y optaron por denominarse "purépecha", con la variante significativa de "soldados" y "guerreros", mismos que mos­traron resistencia a la invasión española y no como la nobleza uacusi, que como "tarascos" se constituyeron en sus aliados persiguiendo in­tereses políticos particulares.

En la Relación de Cuitzeo (1579) se recoge que la lengua que hablaban los indios en la época prehispánica era la purépecha, con la indicación de que este vocablo también hacía referencia al grupo in­dígena antes del contacto con los españoles, ya que Gutiérrez de Cuevas, al comentar que los españoles empezaron a llamarlos tarascos, advierte: "más en efecto, ellos, en su gentilidad, se llamaban purépechas".[12] Esto último es difícil comprobarlo, ya que no se cuen­ta con otras fuentes que mencionen la palabra en el sentido de que así se llamaban antes de la llegada de los españoles. En un documento, al parecer de mediados del siglo XVI, que expuso el compañero Torres de la comunidad de San Jerónimo Purenchecuaro, -en la reunión del grupo "Kuanis"[13]- notó que un karari indígena empleó más la pala­bra purhépecha y no el tarasco en un pleito por tierras.

En resumen, desde fines del siglo XVI las autoridades españo­las, llámense tenientes de alcalde mayor y corregidores, autores de las Relaciones geográficas enunciadas, usaron el término tarasco. En cam­bio, el nombre purépecha fue utilizado por los kararicha indígenas y por los t'arecha -ancianos- informantes de Pedro Gutiérrez de Cue­vas.

La idea de que los españoles otorgaron el nombre tarascos lue­go de haberlo escuchado a los propios indios, fue retomada por los cronistas y demás estudiosos que escribieron sobre los indios de Michoacán. Sin embargo debo señalar que los castellanos no impusie­ron el apelativo tarascos, sino que con ellos se difundió y popularizó producto de la necesidad de nombrar al grupo indígena que conquis­taban.[14] Quizás con el arribo de los españoles el vocablo tarasco se entendió más en el sentido de "yerno" y "suegro". Y a lo mejor el significado más antiguo, derivado del dios Taras se olvidó, pues recor­demos que el objetivo de los castellanos y misioneros era borrar la cosmovisión religiosa de la sociedad purépecha. Los conquistadores no quisieron mantener la imagen de la deidad Taras, [15] pues recorda­ba a uno de sus principales dioses, por lo cual los misioneros se impusieron como tarea: borrar la etimología más antigua del nombre tarascos, que bien podría significar "los descendientes o adoradores de Taras".

En este respecto, Alfredo López Austin reconoció, en un artí­culo publicado en 1991, que el tarasco "ha sonado extraño a los designados; pero que es muy posible que, al menos un grupo de ellos, tuviera como dios patrono a Taras, que de allí hayan tomado el nom­bre, y que los mexicas lo hayan generalizado indebidamente, como se generalizó el topónimo Michhuacan a todo el territorio dominado por el cazonci".[16] Es clara la idea de López Austin de que probablemente algún pueblo tenía como dios patrono a Taras, del que derivó el nom­bre tarascos que los mexicas generalizaron.

Así en el siglo XVI, los estudiosos que escribieron gramáticas, diccionarios, relaciones, informes, entre otros géneros, se encargaron de difundir el término tarasco para referirse a los indios de los perio­dos prehispánico y colonial. Como ejemplo: el jesuita Francisco Ramírez en su Relación sobre la residencia de Pátzcuaro (Michoacán), escrita en 1584, retomó el vocablo tarasco afirmando que la manera común de referirse a la gente y su lengua era con la palabra tarasca.[17] Así tam­bién Juan de Palafox y Mendoza escribió un texto a mediados del siglo XVII con el título: De la naturaleza del indio [18] En este documento el autor también utilizó el nombre tarasco para referirse a los indios de Michoacán.[19] De este modo el vocablo tarasco fue el más difundi­do y usado para designar a los indios precortesianos y novohispanos. Pero ¿por qué los estudiosos retomaron el término tarasco y no el purépecha?. De seguro en ese entonces no causaba problema alguno la denominación tarascos, o mejor dicho, a los españoles no les causa­ba ningún problema.

Entre otros investigadores que prefirieron utilizar el nombre tarasco sobresalen: Diego Basalenque, Alonso de la Rea, Pablo Beaumont y Juan Joseph Moreno. Particularmente éste último retoma el relato del siglo XVI en el sentido de que un indio se refirió a otro con el vocablo tarascue, voz que los españoles pudieron fácilmente articu­lar, de ahí la denominación tarascos. Moreno dice: "El nombre de Tarasco que se da vulgarmente a la Gente y a la Lengua, viene de que la primera palabra que oyeron los españoles, o la primera que pudie­ron articular de los que oyeron a estos indios fue esta: Tarascue, que en su lengua quiere decir yerno, con cuyo apelativo llamaba un indio a otro y de aquí vino (como sucedió en la Europa con los suizos) que llamaron a toda la nación Tarasca".[20] Esta cita nos permite afirmar que varios estudiosos del siglo XVIII, como después en el siglo XIX y XX, retomaron el postulado manejado desde el siglo XVI que el genti­licio tarasco venía de tarascue, -yerno, suegro- y que además había sido "impuesto" por los españoles, para más tarde añadirse que el nombre tarascos era "denigrante".

Otros estudiosos que escribieron sobre el idioma de los indios, simplemente se refirieron a ella como la "lengua de Michoacán". Esto particularmente sucedió con Maturino Gilberti que tituló una de sus obras del modo siguiente: Vocabulario en lengua de Michoacán [21] Igual­mente pasó con el bachiller Iván Martínez de Araujo que publicó su Manual de los santos sacramentos en el idioma de Michoacán en 1690.[22] Se nota pues que en los estudios que se realizaron sobre la etnia y la lengua de Michoacán durante los siglos XVII, XVIII y el XIX, se utilizó con más acento el vocablo tarasco y fue hasta principios de la década de los treinta del siglo XX, que Rafael Ferreira León, médico y profe­sor normalista, lo utilizó por primera vez en una investigación que tituló: Los Purépecha. Cuadro sintético que servirá de ayuda para la histo­ria de Michoacán.[23]

 

El nombre purépecha

 

La traducción al español de la palabra purépecha en los diccionarios del siglo XVI, como por ejemplo, el vocabulario de Maturino Gilberti: "maceguales, la gente común"[24] y el Diccionario Grande, "gente ple­beya, villanos",[25] recogen sólo un sentido de su significado. En primer lugar porque los frailes buscaron un equivalente en idioma michoacano a la palabra náhuatl, "macehualli", que en el centro de México, fue traducida como "gente común".

Cabe añadir que a partir de esta traducción se ha formulado que el vocablo purépecha se aplicó solo para designar a un sector social, el más bajo de los grupos de la época prehispánica. Y siguiendo esta misma idea, ciertos autores consideran que es un anacronis­mo referirse al "señorío" michuaque, como "señorío purépecha".[26] Ciertamente en el Vocabulario y Diccionario grande, en las entradas tarasco-español la palabra "purépecha" se traduce como "gente co­mún o plebeya". Sin embargo, ésta es tan sólo una vertiente de su significado, ya que también puede ser "gente", o bien, en forma más general, "la especie humana". Por tanto, el término purhépecha no siempre y necesariamente aludía a un sector social, sino a la "gente" en sentido amplio, tanto la gente agricultora, como la gente gober­nante. Esto se confirma en las entradas español-tarasco del Vocabulario de Gilberti y del Diccionario Grande, en los que respectivamente la pala­bra "gente" se traduce como: "purépecha hangamariqua y Purépecha; cuiripuecha hangamariqua". Incluso en la sección que Gilberti titula: "Siguense algunos vocablos que después de la impresión de este Vo­cabulario se me han ofrecido" la traducción de la frase: "Gente recogida de diversas tierras y naciones" es "vapauapas purépecha". Por tanto, uno de los significados de la palabra purépecha es sencilla­mente "gente".[27]

El señalamiento en la Relación geográfica de Cuitzeo de que en su gentilidad los indios hablaban y se llamaban purépecha y que era como decir "lengua de hombres trabajadores", denota claramente la significación de gente, de hombres, de humanos y no forzosamente un sector "común" de trabajadores. De esta Relación también se obtie­ne, en voz de los propios naturales, que el gentilicio tarascos se lo pusieron los españoles en una refriega que tuvo lugar en Tzintzuntzan durante el proceso de conquista,[28] no obstante que los t'arecha asegu­raban que antes de la llegada de los españoles "se llamaban purépechas" ,[29]

Luego entonces, el nombre tarascos no es que haya sido im­puesto por los conquistadores, sino que quizá éstos dieron otro giro al sentido original del vocablo taras, permaneciendo así en la tradición historiográfica. Posiblemente por la etimología que los españoles dieron al vocablo tarascos, la mayoría de los indios prefirieron el nombre purhépecha, el cual permaneció en la memoria de los viejos y trasmiti­da de generación tras generación por vía de la tradición oral. Pero aún cuando los indios no simpatizaban con el apelativo tarascos, de todos modos entró en el vocabulario de los indios a tal grado que cuando se presentaban ante los oidores de la audiencia, los procura­dores de indios o el mismo virrey para presentar una denuncia o queja, simplemente mencionaban que venían de la provincia de Michoacán, donde se hablaba la lengua tarasca.

Hoy día esto es particularmente frecuente con los comercian­tes de Santa Fe de la Laguna que recorren varios puntos de la república mexicana para expender sus artesanías de barro. A un comerciante indígena que se encontraba fuera de la geografía michoacana le pre­guntaron sobre el origen de su procedencia, a lo cual contestó que provenía "de Michoacán, donde se habla tarasco". Obviamente el individuo que le formuló la pregunta no era indígena, lo que hace pensar que cuando estamos frente a un no indígena o fuera de Michoacán, tendemos a utilizar el nombre tarasco, seguramente con la idea de que con este gentilicio es más fácil que se nos ubique, o bien, pensamos que los "turisicha" están más familiarizados con el término tarasco que con el purhépecha.[30] En resumen, lo que hasta aquí se ha expuesto, es por un lado, que los estudiosos de la cultura Michoaque de diferentes épocas usaron el término tarasco. Y por el otro, que los hablantes del idioma se llamaban preferentemente entre sí como purépechas.

Nicolás León en el último decenio del siglo XIX señaló que los indios de su época preferían llamarse purépecha y no tarascos, al decir: "los indios de Michoacán pues más de una vez nos han dicho con airado gesto no nos llamamos tarascos, sino Purépechas" [31] También Cari Lumholtz a principios del siglo XX decía que los tarascos nunca se aplicaban ese nombre, sino el de purépecha.[32] Así también, en los cuarenta de éste último siglo, Francisco Rojas autor del artículo "Los Tarascos en la época precolonial", hace notar que los indios de esa época se sentían ofendidos cuando los nombraban tarascos, prefiriendo el de purépechas [33] George M. Foster decía en 1948 que: "En su propia lengua los tarascos se refieren a sí mismos como 'purépecha'". [34]

Hasta aquí vemos dos cosas: primero, la idea de los "p'uréhablantes" de llamarse purhépecha y por el otro, la constante de los académicos por usar el nombre tarascos en sus estudios. Aquí cabe preguntarse de acuerdo a la literatura, ¿por qué los indígenas se sentían agraviados?, ¿acaso sabían de la connotación del término tarasco en su sentido de suegro, además del origen de tal denominación? ¿sí es que era así, lo sabían por sí solos, o bien, les fue comunicado por alguien externo a ellos?. Con base en información que nos proporcionan los propios académicos se obtiene que el nombre purépecha estuvo presente en la tradición oral de los pueblos indios, al igual que el tarasco, sin embargo, los indios optaron por denominarse purépecha porque el gentilicio tarasco no lo veían cercano, ni familiar y porque quizá en los pueblos prevalecía la tradición de que había sido impuesto por los españoles y más aún, por su significado de "suegro y yerno" que consideraron era "insultante".

Mientras esto sucedía con los "purhehablantes", en los círculos académicos tenía más eco la necesidad de desplazar el nombre tarascos por purépecha. Así, la idea de no designar a los indios como tarascos surgió entre los estudiosos que consideraron, a partir de referencias del siglo XVI, que el término tarasco era peyorativo y ofensivo, por lo cual buscaron otro significado a la palabra purépecha. Uno de ellos fue Eduardo Ruiz, quién en el último decenio del siglo XIX, en su obra Michoacán. Paisajes, tradiciones y leyendas, tradujo la voz purépecha como "los que hacen visitas".[35]

Esta idea fue bien recibida por Félix C. Ramírez, Joaquín Estrada Cisneros y José Fabián Ruiz. El profesor Ramírez propuso que purépecha provenía de purembeni, dándole el significado de "visitar". También algunos "puréhablantes" aseguraban que purépecha viene de p'uretnpeni que "porque antes la gente se visitaba mucho". Si esto es así, ¿por qué el plural permaneció como purépecha y no como purembecha, "los visitantes"?. ¿Podemos pensar que dada la dificultad de pronunciar purembecha derivó en purépecha?. Preguntemos a los lingüistas purépecha y no purépecha si es posible pluralizar p'urempe añadiendo la partícula cha, o bien, es más correcto construir el plural, a partir de p'urempeti, "el visitante" y entonces agregar la parte cha, lo que resultaría: p'urempeticha "los que visitan o visitantes". Me inclino más a pensar que la pluralización de p'urempe es p'urempeticha y no p'urempecha.

Por otra parte, a mediados del siglo XX, José Corona Núñez en su libro Mitología Tarasca, defendió que los antiguos michuaque recibie­ron el nombre tarascos derivados del dios taras. Además criticó a los "aficionados a la historia antigua de Michoacán" por el supuesto tono insultante del término tarasco [36] De esta forma Corona volvió a revi­vir la vieja polémica de cómo designar a los antiguos habitantes de Michoacán y junto con ello a los herederos de la cultura "Michuaque". Y llegó a tal grado la discusión que Corona afirmó: "Hay que quitar, aunque sea poco a poco, el nombre purépecha".[37] No obstante, cabe aclarar que lo que Corona defendía era lo inadecuado de llamar a los primitivos habitantes de Michoacán como purépechas, que con el sig­nificado: "gente común", personas como Félix C. Ramírez y Jesús Romero Flores lo habían usado en sus investigaciones. Además, Coro­na expuso que esta palabra era más denigrante porque significaba "vasallos". Romero Flores, considerando que el vocablo tarasco había sido aplicado después de la llegada de los españoles "como un apodo irónico y un tanto ofensivo", optó por titular un artículo suyo de la siguiente forma: "Los antiguos purépecha o michihuacanos".[38]

También en 1965 Delfina López Sarrelangue afirmaba que la palabra purépecha había sido recientemente adoptada como nombre propio, aún cuando significaba "gente común". [39]A lo cual agrego que la palabra purépecha no fue incorporada por los indios, ni a fines del sigo XIX, ni en la década de los treinta, ni sesenta del siglo XX, como han señalado algunos investigadores, sino que ésta ya existía en la tradición oral de los pueblos indígenas. Para los académicos resulta incomprensible que los herederos del gran señorío michuaque, que ja­más pudo ser conquistado por los mexicas, adopten un nombre que simplemente signifique "gente". Como decía antes, la voz purépecha denota no sólo la "gente común", sino los hombres en general, es de­cir, la especie humana. Decir que a mediados del siglo XX, el nombre purépecha fue adoptado por los indios en lugar de tarascos, es dejar en el olvido la tradición local de los pueblos de indios de que se denominaban purépecha. Con esto no quiero decir que el vocablo tarasco haya sido ignorado por los indios, sino que coexistían, sólo que el nom­bre purépecha con más aceptación.[40]

Para finalizar debo precisar que fueron los académicos como los propios "p'uréhablantes", quienes rescataron e impulsaron la de­nominación purépecha. Como ya se indicó, desde el siglo XVI se tiene noticia de que los indios sentían más cercano el nombre purhépecha que el tarasco. Por tanto existe la tradición histórica de nombrarnos purhépecha. Luego entonces ¿por qué no utilizar el término purhépecha para referirse a los "naturales" del pasado, como en su momento así lo expresaron los indios y como lo asentaron y rescataron los acadé­micos? Cada vez es más frecuente que los investigadores se refieran a la entidad política que surgió en el "occidente de México", durante el posclásico tardío, como el poderoso "estado purépecha", al decir: "En el occidente de México ocurrió un proceso semejante al que llevó a la formación del Estado mexica; un grupo, el de los purépechas, se im­puso a todos sus vecinos mediante importantes victorias militares, con lo que se constituyó una familia de gobernantes que condujo a su pueblo al dominio de una extensa región".[41]

Hoy día el nombre purépecha lo utilizamos al interior, al igual que el gentilicio tarasco. Este puede ser utilizado por los "purhehablantes" para distinguir a personas de otro pueblo indígena. Es decir, a individuos que no son de su comunidad, pero que son indios.[42] Aunque también es frecuente que el nombre tarasco lo usemos cuando estamos con individuos no purépecha. De ahí que tenga validez la traducción de Pablo Velásquez de "phorhé" como "indígena tarasco",[43] o bien la frase que se dijo en la anterior discusión del Grupo K'uaniskuiarani de Estudiosos del Pueblo Purépecha: "Somos tarascos porque hablamos purépecha".

 

Notas


 

[1]Me incluyo en la crítica, pues en mi etapa de estudiante evadí la discusión y simplemente aclaré: "No quiero extenderme en la polémica que se ha suscitado en torno a la designación que se daban los antiguos michoacanos y que enfrenta a los actuales indígenas hablantes del idioma de la zona central de Michoacán, simplemente quiero dejar asentado que hablaré indistintamente de los purhepechas o tarascos", véase: Juan Carlos Cortés Máximo, "Anda'ntze: algunas consideraciones en torno al significado", en Anda'ntze, Año 3, núm. 5, mayo-agosto de 1994, p. 16.

[2]Claudia Espejel, Elementos para comprender la Relación de Michoacán, Tesis para optar el grado de maestro en Historia, Zamora, El Colegio de Michoacán, 2001.

[3]José Corona Núñez, Mitología Tarasca, Morelia, Instituto Michoacano de Cultura, 1999, 5° edición, (primera edición en 1957), pp. 16 y 23.

[4]Fray Jerónimo de Alcalá, Relación de las ceremonias y ritos y población y gobernación de los indios de la provincia de Mechuacán (Moisés Franco Mendoza, coordinador de edición y estudios), México, El Colegio de Michoacán, Gobierno del Estado de Michoacán, 2000, p. 660.

[5]ídem.

[6]J. Benedict Warren, La conquista de Michoacán, 1521-1530, (Traducido por Agustín García Alcaraz), Morelia, Fimax Publicistas, 1989, (segunda edición), Colección Estudios Michoacanos VI, p. 7.

[7]Relaciones Geográficas del siglo XVI: Michoacán, (Edición de Rene Acuña), México, UNAM, 1987, p. 198.

[8]ídem.

[9]Rodrigo Martínez Baracs, "Etimologías políticas michoacanas" en Carlos Paredes Martínez y Marta Terán (Coordinadores), Autoridad y Gobierno Indígena en Michoacán: Ensayos a través de su Historia, México, INAH, CIESAS, UMSNH, El Colegio de Michoacán, 2003, V. I, pp. 61-90.

[10]Véase: Relación de Michoacán, el apartado titulado: "Como se casó Tariacuri con una hija del señor de Curinguaro y fue mala mujer".

[11]Ver el texto de Seler, "Los antiguos habitantes de Michoacán", en Fray Jerónimo de Alcalá, Relación de Mechuacán, coordinado por Moisés Franco Mendoza, pp. 139-234.

[12]Relaciones Geográficas del siglo XVI: Michoacán, (1987), p. 82.

[13]La reunión del Grupo Kw'anískuyarhani a fines de enero de 2002.

[14]A Hans Roskamp debo esta idea que nació de una charla que sostuvimos en su casa, en Zamora, Michoacán. Aunque se debe señalar, según los t'arecha, que el nombre tarascos, "se lo pusieron los españoles que los conquistaron, en una refriega que tuvieron con ellos en el pueblo de Tsintsontsa...", en "Relación de Cuiseo de la Laguna", pp. 81-82.

[15]De ahí la traducción que hace Gilberti de tares como ídolo, y no propiamente como "deidad".

[16]Alfredo López Austin, "El nombre de los Tarascos" en Hojarasca, México, octubre de 1991, núm. 1, pp. 25-27. Este texto lo conocimos gracias a la siempre amabilidad de Carlos García Mora con motivo de la primera discusión de los conceptos que nos ocupan, en la reunión del Grupo K'uanískuyarhani de Estudiosos del Pueblo Purépecha que tuvo lugar en el Ex-colegio Jesuíta, en Pátzcuaro, Michoacán, el 26 de enero de 2002.

[17]Francisco Ramírez, "Relación sobre la residencia de Michoacán (Pátzcuaro)" en Zambrano, Francisco, Diccionario Bio-Bibliográfico de la Compañía de Jesús en México, (Preparado por S. J. José Gutiérrez Casillas), México, Editorial Tradición, 1973, Tomo II, p. 278. Cuando Francisco Ramírez se refiere a lengua de los indios dice: "Casi en toda ella corre una misma lengua, que es la que llama el vulgo tarasca, que se dice de Michoacán", p. 278.

[18]Juan de Palafox y Mendoza, "De la naturaleza del indio", en Genaro García, Documentos inéditos o muy raros para la historia de México, México, Editorial Porrúa, 1974, (Segunda edición), pp. 631-663. Palafox al hablar de la industria del indio afirma que a México fue "un indio de nación tarasca, que son muy hábiles... a aprender hacer órganos...".

[19]Para mayor información de las obras que siguieron utilizando el nombre tarascos para designar a los antiguos habitantes de Michoacán, véase: Gerardo Sánchez Díaz, Fuentes para una vieja discusión: Tarascos o purépechas, texto presentado en el Grupo K'uaniskuarani el 26 de enero de 2002.

[20]Juan Joseph Moreno, Fragmentos de la vida y virtudes del V. limo y Rvmo. Sr. Dr. Don Vasco de Quiroga, Morelia, Balsal Editores, 1989, p. 27. Véase también la edición facsimilar de la impresa en 1766; Juan José Moreno, Fragmentos de la vida y virtudes de don Vasco de Quiroga, (Estudio introductorio de Ricardo León Alanís), Morelia, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 1998.

[21]Fray Maturino Gilberti, Vocabulario en lengua en Mechuacan, (Transcripción paleográfica de Agustín Jacinto), Zamora, Fideicomiso Texidor-El Colegio de Michoacán, 1997.

[22]Alberto Carrillo Cazares, La primera historia de La Piedad: "El fénix del amor", Zamora, El Colegio de Michoacán, 1991, p. 155.

[23]Al iniciar su texto llama la atención al lector, diciendo: "¿Sabías que en Michoacán existió el poderío de una raza que se llamo purépecha?". Citado por Gerardo Sánchez Díaz, "En torno a una discusión centenaria: el origen sudamericano de los tarascos prehispánicos", en Gerardo Sánchez Díaz y Ricardo León Alanís, coordinadores, Historiografía Michoacana, Acercamientos y balances, Morelia, Universidad Michoacana, 2000, p. 40.

[24]Vocabulario en lengua en Mechuacan, 1997, p. 137.

[25]Diccionario grande de la lengua de Michoacán, Introducción, paleografía y notas de J. Benedict Warren, Morelia, Fimax publicistas, 1991, Vol. I, p. 457.

[26]Véase: José Corona Núñez, Estudios de Antropología e Historia, Morelia, Universidad Michoacana, 1992, p. 73; Carlos García Mora, "Etnias y lenguas en Charapan. Consideraciones purepechistas" en Lengua y etnohistoria Purépecha. Homenaje a Benedict Warren, Morelia, Universidad Michoacana, 1997, pp. 40-41; Diccionario grande de la lengua de Michoacán, 1991, Vol. I, vea la primer cita.

[27]Pedro Márquez enumera varios significados, entre ellos, "trabajadores", "campesinos", "seguidores", "visitantes", "guerreros" y "soldados". Véase: "El uso social del término purépecha en el Thesoro Spiritual en Lengua de Mechuacán (1558)", que aparece en este libro.

[28]Gutiérrez de Cuevas asentó: Este nombre que ahora se les da de tarascos, dicen los naturales que se los pusieron los españoles que los conquistaron, en una refriega que tuvieron con ellos sobre el pueblo de Tsintsontsa". Véase: Relaciones geográficas... (1987), pp. 82-83.

[29]Relaciones Geográficas.., (1987), p. 82.

[30]Conversación que mantuve con Salvador Lucas Ramírez, en Zamora Michoacán el 2 de junio de 2002.

[31]Nicolás León, "Cuál era el nombre gentilicio de los tarascos y el origen de éste último?" en Anales del Museo Michoacano, (Edición facsimilar, Morelia, 1888-1891), Guadalajara, Edmundo Aviña Levy, 1968, p. 31; del mismo autor, Familias lingüísticas de México. Carta lingüística de México y sinopsis de sus familias, idiomas y dialectos, México, Imprenta del Museo Nacional, p. 3.

[32]Carl Lumholtz, El México Desconocido, México, Publicaciones Herrerías, 1945, p. 393.

[33]Francisco Rojas González, "Los Tarascos en la época precolonial" en Lucio Mendieta y Núñez, Los Tarascos. Monografía Histórica, Etnográfica y Económica, México, Imprenta Universitaria, 1940, p. 6.

[34]George M. Foster, Los hijos del Imperio, ha gente de Tzintzuntzan, México, El Colegio de Michoacán, 2000, 2° edición, (primera edición en inglés en 1948), p. 30.

[35]Eduardo Ruiz, Michoacán. Paisajes, tradiciones y leyendas, Morelia, Balsal editores, 1984, p. 32.

[36]Corona Núñez, (1999).

[37] Corona Núñez, (1992).

[38]Jesús Romero Flores, "Los antiguos p'urhépecha o michuacanos" en Estudios Históricos, México, B. Costa-Amic, Editor, 1966, tomo III, p. 10.

[39]Delfina López Sarrelangue, La nobleza indígena de Pátzcuaro en la época colonial, Morelia, Morevallado Editores, 1999, p. 26.

[40]En la actualidad un importante sector de indios prefiere llamarse "puré" o "purépecha". En 1991 cuando mi tía estudiaba en la tele secundaria de Santa Fe de la Laguna -que por cierto no logró terminar su instrucción secundaria-, en cierto día uno de sus maestros la abordó para preguntarle si era tarasco o purépecha. La respuesta de ella fue que era purépecha y no tarasca, porque esta última denominación correspondía a "otros, que los tarascos eran otros".

[41]Felipe Solís, "Posclásico Tardío (1200/1300 - 1521 d. C.)" en Arqueología Mexicana, Tiempo mesoamericano (2500 A. C. - 1521 D. O), edición especial, 11, p. 73.

[42]Por ejemplo: si un indígena de la zona lacustre se encuentra por alguna comunidad de la sierra, el habitante de esta porción puede que utilice el nombre "tarasco" para identificar al indio proveniente de otro pueblo y región distinta.

[43]Pablo Velásquez Gallardo, Diccionario de la lengua phorhépecha, México, Fondo de Cultura Económica, 1988, (Io edición: 1978), p. 180.