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El valor de la evaluación del aprendizaje

Luz María Vargas Purecko

 

Introducción

Indudablemente que el tema de la evaluación es hoy controvertido en su concepción socioeducativa, política y económica por la preponderancia que tiene para la vida universitaria. Es presencia y preocupación permanente en las acciones docentes de las escuelas y cada vez más lo es también de los gobiernos y de los sistemas. El desarrollo teórico y tecnológico de la evaluación educativa ha permitido establecer conceptos y principios para la comprensión de las actividades institucionales y la formación de los individuos.

La evaluación como tal tiene sus inicios en los procedimientos y conceptos de la evaluación del aprendizaje de principios del siglo XX, y a partir de los últimos 30 años se ha desarrollado como una disciplina social. Desde entonces se han desarrollado modelos de evaluación del aprendizaje, o aprovechamiento o rendimiento escolar, de programas y proyectos, de materiales educativos, de instituciones, de personal docente y administrativo de los centros escolares.

Algunos modelos tienen por objeto establecer procedimientos de certificación de conocimientos, otros procedimientos de acreditación de calidad. Se acepta la medición de indicadores como un procedimiento para identificar la calidad de una institución, o la aplicación de un estándar como equivalente a una medida de buen desempeño educativo, o bien se acepta que las políticas gubernamentales tengan un papel fundamental en la selección y aplicación de procedimientos evaluativos.

Concepto y definición

Para una mejor comprensión de la evolución conceptual se hace referencia a algunas de las definiciones más sobresalientes: En los diccionarios lexicológicos mas actuales de la lengua castellana se encuentra que el verbo “evaluar” significa señalar el valor de una cosa; estimar, apreciar y calcular el valor de algo. Actualmente tiene una connotación educativa mucho mas amplia” Estimar los conocimientos, las aptitudes y rendimiento de los alumnos”.

El término especializado, disciplinario que denota una actividad y procedimiento metodológico específico lo acuñó Ralph Tyler al referirse a la “evaluación educativa” para denominar el proceso de determinación del grado de cumplimiento de los objetivos educativos que previamente se especifican y se aplican. Para Tyler la evaluación es el proceso de medición del grado de aprendizaje de los estudiantes en relación con un programa educativo planeado.

La definición de Tyler, propuesta en los años cuarenta, fue revolucionaria en su momento pues responsabilizaba del éxito o el fracaso de los estudiantes no a su propia inteligencia, sino al contexto institucional y a la capacidad de los educadores de planificar los contenidos de acuerdo con las necesidades de conocimiento socialmente adecuado y con los niveles de asimilación de que eran capaces los estudiantes.

Cabe recordar que los primeros procedimientos del aprendizaje se desarrollaron durante la primera década del siglo XX sobre la base de los métodos de medición de la psicología individual, y se originaron en la idea de que los rendimientos de los estudiantes están correlacionados con su inteligencia.( Thorndike.) De aquí que la tecnología resultante de la propuesta Tyleriana transformara los procesos de evaluación propiamente educativa y propiciara lo que mas tarde se llamó la evaluación diagnóstica, la formativa y la de resultados, considerándose entonces como una fuente de retroalimentación para calificar la pertinencia y la adecuación de la planeación curricular a los niveles de aprendizaje de los alumnos.

A partir de esta primera aproximación, otros autores profundizaron en ella, un ejemplo es Benjamín Bloom, quién en la segunda mitad de los años cincuenta propone una complejización de la idea de los objetivos educativos con una concepción mas integral de la sicología del desarrollo humano, tomando en cuenta el tipo de los contenidos que los profesores enseñan comúnmente. Dividió estos contenidos en tres tipos de objetivos educativos que se corresponden con tres dominios de la personalidad. El primer dominio es la congnición o dimensión del conocimiento y como se manifiesta éste en la expresión memorística, la comprensión, la aplicación, el análisis, la síntesis y la evaluación del conocimiento por parte del alumno. El segundo es la dimensión afectiva o como logran los estudiantes desarrollar una cosmovisión propia y autónoma. El último es la dimensión psicomotora o desarrollo de habilidades instrumentales. De esta manera, la formulación del currículo, su aplicación y su evaluación de los alumnos debía tener como propósito la verificación del desarrollo y la aplicación curricular en toda su dimensión.

Según P.D. Lafourcade es “La etapa del proceso educativo que tiene como finalidad comprobar de manera sistemática, en que medida se han logrado los objetivos propuestos con antelación. Entendiendo la educación como un proceso sistémico, destinado a lograr cambios duraderos y positivos en la conducta de los sujetos, integrados a la misma, en base a objetivos definidos en forma concreta, precisa, social e individualmente aceptables”.

Según B. Macario “La evaluación es el acto que consiste en emitir un juicio de valor, a partir de un conjunto de informaciones sobre la evolución o los resultados de un alumno, con el fin de tomar una decisión. Según A. Pila Teleña” La evaluación es una operación sistemática, integrada en la actividad educativa con el objetivo de conseguir su mejoramiento continuo, mediante el conocimiento lo mas exacto posible del alumno en todos los aspectos de su personalidad, aportando una información ajustada sobre el proceso mismo y sobre todos los factores personales y ambientales que en esta inciden. Señala en que medida el proceso educativo logra sus objetivos fundamentales y confronta  los fijados con los realmente alcanzados.

Analizando estas expresiones, podríamos enmarcarlas en un plano que se puede denominar normativo, es decir, en el deber ser que define un modelo ideal y se constituye en el referente evaluativo.

En su aplicación práctica puede decirse que toda evaluación es un proceso que genera información e implica un esfuerzo sistemático de aproximación sucesiva al objeto de evaluación, y esa información que se produce a través de la evaluación genera conocimiento de carácter retroalimentador, es decir significa o representa el incremento progresivo de conocimiento sobre el objeto evaluado.

La evaluación por tanto, nos permite una aproximación a la naturaleza de los factores que en ella intervienen como por ejemplo las formas de organización, los efectos, las consecuencias, y atribuye valor a esos procesos y a esos resultados.

Para qué evaluamos.

Evaluamos para conocer, con el fin fundamental de asegurar el progreso formativo de cuantos participan en el proceso educativo, principal e inmediatamente de quienes aprenden y junto con ellos de quienes enseñan. En este procedimiento dialéctico, la evaluación se convierte en actividad continua de conocimiento. Queremos conocer y quienes con nosotros aprenden precisan conocer, necesitamos evaluar de forma educativa que es intención formativa. En esta dinámica la evaluación se convierte en actividad de aprendizaje estrechamente ligada a la práctica reflexiva y crítica actividad de la que todos salen beneficiados precisamente porque la evaluación es, debe ser, fuente de crecimiento e impulso para conocer.

La importancia de la evaluación, el artificio de la calificación.

Evaluamos para conocer, no evaluamos para calificar. La evaluación es una actividad natural mientras que la calificación es artificial y de mera conveniencia social, que solo por razones ideológicas, o de oportunidad burocrática o administrativa o por simple comodidad puede justificarse. Evaluamos en contextos naturales; examinamos en escenarios artificiales. El equilibrio entre extremos se puede conseguir convirtiendo el tiempo de clase en tiempos de aprendizaje, y a la evaluación en parte integrada en las tareas de aprendizaje.

Entender la enseñanza y el aprendizaje desde la evaluación.

Evaluar formativa y continuamente es un modo de entender la enseñanza y el aprendizaje, no solo una forma de evaluar ni tan siquiera de desempeñar otras funciones meramente calificadoras o relacionadas con la evaluación. Ahí radica el saber y el saber hacer reflexivo del profesor que implica tomar las decisiones adecuadas en el momento oportuno en función de las necesidades del sujeto que aprende en virtud de los contextos en los que se da el aprendizaje, saber científico de especialidades y saber didáctico de decisión y de aplicación constituidos ambos de carácter propio y pertinente de la profesionalidad docente, constructiva y justa en la forma de actuar. Será un quehacer didáctico situado en un aula, trabajando con sujetos singulares, atención a la diversidad, referencia para la diversificación curricular con un contexto curricular de aula específico.

Aprender de la evaluación.

Quién enseña necesita seguir aprendiendo de y sobre su práctica de enseñanza. La única seguridad que le queda al profesor es la inseguridad en la que se mueve. La docencia no es un estado al que se llega, sino un camino que se hace. Si algo debe distinguir la profesión docente es su estado de apertura permanente para el aprendizaje continuo. Por eso la evaluación educativa debe ser formativa, continua, individual, procesual, participativa y compartida.

Dar a conocer a través de la evaluación.

Porque la evaluación responde a una necesidad de conocer, es decir es propia de la intencionalidad formativa que la caracteriza, los agentes sociales necesitan de la evaluación para saber de un modo claro y transparente como funciona el sistema educativo social, y por el derecho a conocer que ampara a la ciudadanía en una sociedad democrática.

Con qué herramientas.

Centrando la atención en la evaluación de la enseñanza y el aprendizaje, una preocupación importante se ubica en la selección de las herramientas, las técnicas y los instrumentos mas adecuados para llevar a cabo la tarea de evaluación en la etapa de la búsqueda de la información.

En la selección de los instrumentos es necesario tener presentes algunos aspectos fundamentales:

a. Una de las principales responsabilidades del evaluador es la implementación del instrumento donde se manifiesta la pericia (de quién evalúa)

b. Ningún objeto de evaluación puede ser comprendido como absolutamente abarcativo.

c. Cada uno de los diferentes tipos de instrumentos y técnicas de recolección y registro de la información posee ventajas y desventajas, la ponderación de ambos aspectos y la idea de la complementariedad deben orientar su selección.

Conclusiones

Un proceso tan importante como el hemos venido desarrollando y que pretenda ser exitoso necesariamente debe observar ciertas premisas. En principio debe entender que toda acción evaluativa es una forma particular de intervención de la realidad. Cualquiera que sea la estrategia metodológica empleada, los objetivos y los ámbitos de evaluación sufren algún tipo de modificación como  consecuencia de esta intervención.

Toda evaluación, por su naturaleza, requiere de criterios establecidos respecto de los cuales se formulen los juicios valorativos. En tercer lugar, dado que toda acción evaluativa se sustenta en la producción de información y en la búsqueda de indicios sobre aquellos fenómenos o procesos no visible en forma simple, es imposible plantear una evaluación que abarque todos los aspectos a considerar, que incluya todos los componentes de un programa o proyecto.

La información constituye el insumo básico sobre el que se producen los procesos de evaluación, por lo tanto, el rigor técnico dirigido hacia la selección de las fuentes, las formas de  recolección, registro procesamiento y análisis así como la confiabilidad y la validez resultan exigencias insoslayables en el momento de llevar a cabo cualquier tipo de evaluación.  Igualmente deben tomarse en cuenta la credibilidad y la pertinencia, porque de otro modo de nada sirven las primeras si los alumnos, padres, sociedad no ven la coherencia, la oportunidad y la legitimidad de la evaluación.

No debemos subestimar la evaluación reduciéndola a una simple tarea de hacer exámenes para poner calificaciones y determinar quiénes aprueban y quienes no aprueban, con fundamento en criterios previamente establecidos y convenidos debe emplearse para juzgar, retroalimentar y al calificar el aprendizaje nutrirnos de sus resultados con objeto de utilizarla como otra estrategia de enseñanza.

Recomendaciones

Entre los profesores universitarios se habla con frecuencia de “elevar la calidad académica” o “conseguir la excelencia académica” sin profundizar en la seriedad que ello implica, sin considerar que es por demás evidente que la manera de lograrlo es a través de la corrección conjunta de la evaluación, del diseño curricular y de la interacción didáctica.

Debemos hacer esfuerzos para tomar en consideración que la mejor manera de conseguir el máximo nivel de aprendizaje en nuestros alumnos al final del proceso, supone tomar en cuenta su punto de partida y comprobar de manera continua que los aprendizajes se van logrando en forma racionalizada y eficaz. Se debe potenciar la coordinación entre los departamentos, áreas y profesores que imparten las mismas asignaturas y unificar criterios y objetivos. Debemos considerar que la evaluación que verdaderamente sirve para mejorar la calidad de la educación es la que se realiza en función de la Planeación Educativa, porque de otra manera se convierte en un ritual sin sentido.

 

Referencias

Salas Perea RS.- Evaluación del Aprendizaje. Documento de la Maestría en Educación Médica. La Habana,Cuba 2003

González Pérez M.- La evaluación del Aprendizaje, Tendencias y Reflexión Crítica. Revista Cubana de Educación Médica

Salas Perea RS.- Evaluación de la Competencia Profesional. La evaluación de la Educación Superior Contemporánea. Biblioteca de Medicina .La Paz Bolivia.

Nowlaski.- Guzmán R. Evaluación y Exclusión en la Enseñanza Universitaria., Ed. Paidós Educador. México 2001.

Carrión Carranza C. Valores y Principios para evaluar la Educación. Ed. Paidós Educador. México. 2001.

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