CIE EXORDIO CERO MAYA LIBRO LIBRE HUATAPERA PROFESOR ESCRITOR
                          












 



 


     

 

 

 

 

 










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EL DICCIONARIO GRANDE DE LA LENGUA DE MICHOACÁN[1]

 

El diccionario que publicamos, hasta ahora casi desconocido, es de la lengua del grupo indígena dominante del Michoacán prehispánico, al cual por más de cuatro siglos se le ha conocido con el nombre "tarasco" pero desde mediados del siglo veinte prefiere llamarse "purépecha." Como con las otras obras en la Colección "Fuentes de la Lengua" Tarasca o Purépecha" presentamos esta como un documento histórico-lingüístico, y no tratamos de hacer un análisis lingüístico, el cual dejamos a los especialistas. La introducción es propiamente de índole histórico, dando una descripción de los ma­nuscritos, un análisis de los problemas de la autoría y la época de compilación, y las normas editoriales que seguimos en la preparación del texto.

Ninguno de los dos manuscritos del diccionario trae título, pero como la obra es mucho más extensa que los diccionarios ya conocidos, lo hemos llamado "El Diccionario Grande de la Lengua de Michoacán." Pero podemos preguntar, ¿hasta qué grado es posi­ble decir que tal diccionario, aunque grande," sea completo? Parece que nunca sería posible hacer un diccionario completo de la lengua tarasca por razón del modo en que se acumulan sufijos a las raíces. Como escribió Mauricio Swadesh, "Si uno intentara hacerlo, podría construir una palabra casi infinita, pero normalmente hay algún límite práctico a la extensibilidad formativa."[2] Si en teoría es posible hacer una palabra casi infinitamente larga con diferente sentido según cada sufijo que se agrega, cuanto más casi infinitamente largo pudiera ser un diccionario de tales palabras. Por eso, un diccionario de la lengua tarasca no será más que una ejemplificación de posibles com­binaciones de raíces con sufijos para hacer palabras. A lo largo del diccionario, al final de varias series de palabras que desarrollan los sentidos de una raíz, encontramos expresiones como: "En cada rraiz ay modos de 'tener' que si los pusiera era nunca acabar. Alli los verán" (I, 669). "Y assi de lo demás que queda dicho y se puede dezir" (II, 555). O lo más frecuente: "Y assi de lo demás."

 

Los manuscritos

 

En el otoño de 1965, encontré en la Biblioteca John Carter Brown de Providence, Rhode Island, EE. UU., un manuscrito muy incom­pleto de un diccionario de la lengua tarasca. En el catálogo de los manuscritos de la mencionada biblioteca lo tenían registrado como obra del franciscano francés Maturino Gilberti, quien fue el primero en publicar una gramática (1558) y un diccionario (1559) de dicha lengua.[3] Pero de lo que quedó del diccionario manuscrito constó que el concepto de la organización era muy diferente al expresado en el diccionario publicado por Gilberti. Consideré la posibilidad de publi­carlo y aún comencé a hacer una copia a máquina, pero me desanimé debido a lo incompleto y a la mala condición física del manuscrito.

En 1977, cuando empecé a investigar más a fondo la vida y los escritos de fray Maturino Gilberti, hallé en un directorio bibliográfico la cita de un manuscrito en la Biblioteca Latinoamericana de la Uni­versidad Tulane de New Orleans, Louisiana, indicando que era un "Vocabulario Castellano-Tarasco y Tarasco-Castellano" escrito por fray Maturino Gilberti.[4] Cuando pregunté sobre el contenido del manuscrito, me aseguraron que era el manuscrito del Vocabulario publicado de Gilberti. Conseguí un microfilm y encontré que no sólo era en muchos aspectos distinto del Vocabulario publicado de Gilberti sino que era una versión completa del diccionario del cual el manus­crito de la Bilblioteca John Carter Brown contenía sólo la última par­te. Dado que el manuscrito de Tulane estaba completo, de letra clara, y sin fallas grandes, era posible comenzar en serio el trabajo editorial.

Considero el manuscrito de Tulane como el básico, porque es completo y, por razones que expondré abajo, consta que el manuscrito de John Carter Brown es copia del de Tulane. Por eso aquí llamamos el manuscrito de Tulane el Texto A. Consta de dos partes: la parte español-tarasco tiene 130 hojas; la parte tarasco-español 150 hojas. Al principio se encuentra un apunte del famoso bibliófilo mexicano doctor Nicolás León que nos indica algo de la procedencia del manuscrito, aunque no aceptamos como seguro que sea obra de Maturino Gilberti.

Este MS. es autógrafo inédito del Padre Fr. Matutino Gilberti, francis­cano, el escritor más autorizado en la lengua tarasca o de Michoacán. Creo que este Bocabulario es posterior al que imprimió en México el año 1559 y por lo mismo más copioso y corregido. Lo encontré entre los libros que pertenecieron al Lic. D. Eufemio Mendoza, en Guadalajara, el año 1913, y lo compré en el Arzobispado.

Por el sello que tiene en la primera página se ve fue de la "Sociedad [Mexicana] de Geografía y Estadística"; mas es de creerse que de la misma lo recibiría en donación el Sr. Mendoza, pues no aparece en los archivos de la misma recibo alguno que lo acredite como prestado.

México, Mayo de 1913.

N. León

Después de haber así satisfecho su conciencia, León al parecer vendió el manuscrito a William Gates, bibliófilo norteamericano quien por ese entonces vivía en Point Loma, California. Gates por su parte vendió o regaló varias copias fotográficas, que se citan en la Biblioteca Newberry de Chicago, Illinois, la Biblioteca Peabody de la Universidad Harvard en Boston, Massachusetts, y la Biblioteca del Congreso en Washington, D. C.[5] En 1924 la Universidad Tulane compró la Colección Gates, que formó la base de la Biblioteca Latinoamericana de la universidad.[6] La encuademación del manuscrito tiene un sello del "Gates Collection" en el verso de la portada.

El manuscrito original está escrito todo con la misma mano, pero tiene correcciones y adiciones entre líneas. Muchas de ellas son del amanuense original, pero además hay muchas adiciones de otra mano, especialmente al principio de la parte español-tarasco, las cuales a veces discrepan bruscamente con el original. También hay algunas adiciones en letras obviamente más tardías. Sería posible establecer la época de la preparación del manuscrito del Texto A si uno conociera en qué tiempo actuaron el escribano Luis Alfonso Morejón y el testigo Agustín de Mora cuyos nombres aparecen en la primera página, pero no he encontrado sus nombres en otras fuentes.

El manuscrito de la Biblioteca John Carter Brown, que aquí llamamos el Texto B, consta de 148 hojas. La primera entrada com­pleta que encontramos es "Pumbacata. Agi desmenuzado” y el manuscrito continua con el resto de las entradas del tarasco-español, terminando con Tz después de X. Falta la última hoja completa­mente, y de la penúltima no queda más que un pedacito. La última entrada completa es "Esta rraiz, thzurih-, significa poner, o ponerse cosa caliente." Se ha perdido también la hoja que tenía las entradas entre "Xoratengari cuxareti" y "Tzacapeparatani" ambos inclusive. Las signaturas están en cuatro hojas, y la primera hoja de cada signatura tiene letra o letras al pie de página. La segunda hoja del tomo tiene la letra "z" y siguen "aa", "bb", etc., hasta "III", pero faltan las letras "w" y "ww". Comenzando con "Vanan-gahchucuni" y continuando 28 hojas hasta "Visirengaritamani", el manuscrito está en muy malas condiciones por la reacción acida de la tinta con el papel, que ocasionó agujeros pequeños o grandes en las hojas y la pérdida de gran parte del texto. Se repiten las siguientes

series de palabras: "Esta rraiz, thomboh," hasta "Tucueecha"; "Tzapamnni" hasta "Tzapani" y "Tzinguuin tzinguninarani" hasta "Tzin tzinahcuquareni."

El manuscrito llegó a la Biblioteca John Carter Brown junto con otros manuscritos y libros raros que la biblioteca compró al doctor Nicolás León. Tiene el ex libris del doctor León y su número 77. León mismo había publicado una descripción del manuscrito en los Anales del Museo Michoacano, atribuyéndolo a Maturino Gilberti sin dar ningu­na explicación, reconociendo al mismo tiempo que su estructura era muy diferente de la del Vocabulario de Gilberti. [7]

Al parecer el Texto B se preparó como copia fina; la forma de la letra es más elegante, más de un estilo caligráfico, que la del Texto A. Pero parece que nunca se terminó completamente. Hay varios espa­cios en que se pintó de blanco sobre las letras para hacer correcciones que nunca se hicieron.

Una comparación de los dos textos muestra claramente que el Texto B es una copia del Texto A, hecha después de que el autor de las correcciones de la segunda mano en el Texto A escribiera sus anotaciones. Un ejemplo que primero me indicó la dependencia del Texto B es la entrada que en el Texto A aparece como: "Quepengaricuni. Quebrar en la pared," después de la cual había una pequeña mancha redonda. En el Texto B se Ice: "Quepengaricuni. Quebrar en la paredo." Pero la dependencia se hace mucho más evi­dente del modo en que el copista del Texto B incorpora algunas de las correcciones de la segunda mano del Texto A. Por ejemplo, el primer copista del Texto A escribió: "Teruuanstani. Estar consolado" El anotador tachó "Estar consolado" y escribió "No es estar consolado sino satisfecho." Después tachó su primera corrección y puso "Satisfacer". De todo esto, el Texto B salió con una completa contradicción: "Teruuanstani Estar consolado no es estar con­solado sino satisfecho." En otro ejemplo semejante, después de la entrada, "Vanambeni. Ser tonto, o tonta." el anotador escri­bió,"No, sino loco." Texto B lo copió: "Vanambeni. Ser tonto, o tonta no sino loco." Otra vez, después de "Thocxcucata. Majorca assada," el anotador escribió "Tostada, porque asada se dize viricata," pero por falta de espacio tenía que escribir "se dize viricata," atrás de la siguiente línea, "Thocxcutspeni. Asarla para otros." En el Texto B salió en dos entradas:

"Thoxsicucata.  Majorca assada.   Tostada poruesada.

''Thoxsicutspeni.     Asarla para otros  se  dize  virita, vanita,

vanicata."

Por tales y otros ejemplos parece que el copista del Texto B o no entendía muy bien el español o copió el texto de un modo muy mecánico. Hay otras razones para juzgar que entendía la lengua tarasca mejor que la española. A lo largo de toda la obra hace muchos cambios en la parte tarasca en comparación con el Texto A, cambiando las letras de un modo consistente. Por ejemplo el sufijo verbal que aparece en el Texto A como "-nstani", siempre lo escribe "-ntstani". Además incorpora sinónimos adicionales de las palabras tarascas. Pero, en contraste, copia muy al pie las traducciones espa­ñolas, aún conservando muchos pequeños errores de escritura que aparecen en el Texto A.

El Texto B, aunque bonito, no es buena copia. A veces por omisión o cambio de una letra o letras, introduce errores muy feos en el texto. Por ejemplo:

Texto A: "Sipiati hayacharutatspeni.    Ponerle y aplicarles la medezina a las puntas y estremos de los dedo[s]."

Texto B: "Sipyati hayachamtatspeni.    Ponerle y aplicarles la medezina a las putas y estimos de los dedo[s],"

Texto A: "Xeparatamani. Arremeter con los cuernos el toro.

                 Xeparutataramani. Hazer arremeta assi."

Texto B: "Xeparatamani. Hazer aire meta assi."

Texto A: "Xepandequa, apantzequa. Pelota qualquiera."

Texto B: "Xepandequa, apantzequa. Pela qualquiera."

Texto A: "Xororatahpenstani. Hazer deuanar hilo."

Texto B: "Xororatahpentstani. Hazer deuanar hijo."

 Texto A: "Tzetarengueni. Tenerlo [elpecho] assi magullado."

 Texto B: "Tzetarengueni. Tenerlo [elpecho] assi mallado."

Texto A: "Esta rraiz, tzihqua-, significa poner pontos, o echar gotas, etc."

Texto B: "Esta rraiz, tziqua-, significa poner putos, o echar o gotas, etc."

Texto A: "Tzáquimunstani. Brotar las yemas de la vid."

Texto B: "Tnquimuntstani, pacnmantstani.   Brotar las yemas de la vida."

Si el Texto B tiene tantas fallas, ¿qué valor puede tener? Su valor en sí mismo no viene de su carácter de copia, sino de revisión del Texto A. El valor de los sinónimos adicionales es evidente. Además muchas veces el copista cambió el modo de escribir las palabras, en especial insertando "h", o cambiando su posición, para indicar la aspiración. Los expertos en lingüística tendrán que evaluar tales cambios.

 

La paternidad literaria

 

El problema de identificar el autor del diccionario queda sin solución, porque ninguno de los dos manuscritos trae nombre de autor. Como ya hemos anotado, el doctor León atribuyó los dos al famoso lingüista franciscano Maturino Gilberti, pero en ningún caso da sus argumentos para tal atribución.

En apoyo de la atribución a Gilberti se encuentran dos evidencias internas. La primera consiste en que la palabra "color" está tratada muchas veces (pero no siempre) como nombre femenino, como se ve en los siguientes ejemplos:

"Amuhco atambarini.   Dar mal las colores,   no poner luenas [sic —buenas] colores."

"Amuhco atambarirahpeni.     Hazer que les den  mal las colores."

"Chemarangarinstani.     Perder la color de miedo  [demu­darse]."

"Chemarangarirahpenstani.    Hazerles perder la color con miedo."

"Men engarinstani. Perder la color [o demudar]."

"Men engaritahpenstani. Hazerles perder la color."

"Charapequa. Color colorada."

"Niniqua.. Grana, cochinilla, o la color de la grana." Si esto pasara una vez, sería posible considerarlo como un error de inadvertencia. Pero por haber ocurrido tantas veces, uno puede juzgar que era uso habitual del autor. Lo significativo de esto es que en francés, el idioma materno de Gilberti, "couleur" (color) es sustantivo femenino.

A veces hay otras irregularidades en cuanto al género, por ejemplo:

"Reberuerar, la calor. Tahcuitahcuingarini.''

“Andamucurahpeyarani.   Hazer que lleguen al puerta..."

"Andandicuyarani.  Llegar a el esquina."

"Andandicurayarani.  Hazerle llegar a el esquina."

"Vahtza   vahtzahcupani,   vahtza   vahtzaquarepani.   Yr haziendo muncha calor, o rresplandor." Pero en ningún otro caso hay tanta frecuencia como en el de "color".

Otro argumento puede fundarse en que, entre los muy pocos nombres de pila que se encuentran en el diccionario, aparecen los siguientes:

"Matu.  Maturino nombre."

"Matuche.  Maturinillo."

Pero por otro lado, la verdad es que, aunque León escribió en su apunte sobre el Texto A que es autógrafo de Gilberti, la letra es distinta de la de Gilberti como aparece en otros manuscritos suyos, sea letra cursiva o sea al estilo de molde.[8] Porque las letras de los dos textos son casi letra de molde, es difícil fijar su período, pero son semejantes a otras letras de la segunda mitad del siglo XVI o primera del XVII.

       Otro problema con la atribución a Gilberti es que la organización básica de la parte tarasco-español es muy distinta de la del Vocabulario de Gilberti. En especial encontramos que el autor trató Tz como letra separada e independiente, y puso las palabras que empiezan con Tz al final del alfabeto después de las de X. Gilberti trató Tz como forma especial de f y puso las palabras que comienzan con Iza- des-pués de las que comienzan con la-, los con Tze- después de las con Te-, etc. Además, en su Arte Gilberti usa la expresión "verbos frecuen­tativos" para indicar los verbos que "se componen con la partícula sira, anteponiendo ys".[9] El presente diccionario usa la misma expresión sólo para los verbos que duplican la raíz. También debemos notar que hay un número bastante grande de discrepancias entre el Vocabulario de Gilberti y el presente diccionario en las traduc­ciones de la mismas palabras. Sería posible argumentar que Gilberti cambiaba su sistema de organización y su terminología, pues vivió más de veinticinco años después de haber publicado su Vocabulario. Pero como en ninguno de sus escritos encontramos referencias acerca de que haya seguido con su obra lexicográfica, y no hay otro indicio positivo de que él sea el autor, tenemos que buscar otras evidencias que indiquen a quien atribuirlo.

El contenido más básico de la parte español-tarasco obviamente depende mucho del Vocabulario de Gilberti y por eso es posible decir que él es uno de los autores. Pero del mismo modo, uno puede decir que Elio Antonio de Nebrija era co-autor del Vocabulario de Gilberti porque Gilberti dependió del Vocabulario español-latino de Nebrija, en gran parte por su lista de palabras españolas.[10] En una notoria diver­gencia de Nebrija, Gilberti siguió la ortografía latina de las palabras españolas que ahora se inician con Cua- y escogió escribirlas con Qua-. Las mismas palabras aparecen aquí escritas con Qua-, pero también hay otro grupo semejante de palabras escritas con Cua-.

Hay indicios fuertes de que la elaboración de este diccionario se inició en el siglo XVI, antes de 1587. En unos pocos lugares del diccionario hay nombres de pueblos con los nombres de los encomen­deros, como los siguientes:

           "Pueblo de pantoxa [Pantoja]. Vacanani [La Huacana]."

"Yndaparapeo. Vm pueblo de morzilli [Morcillo]."

"Siuinan [Sevina]. El pueblo de joan ynfante [Juan Infante]."

 "Vrapichu [Urapicho]. Vn pueblo de joan ynfante."

Los nombres de encomenderos, Pantoja, Morcillo, y Juan Infante, son de gente que recibieron sus encomiendas en la década de 1520.[11] Había dos Juan Infante, padre e hijo, pero estamos seguros de que el hijo había muerto ya en 1587.[12] Por eso consta que las entradas que nombran las encomiendas de Juan Infante se escribieron antes de esta fecha o poco después.

Otro argumento en favor del origen temprano del diccionario puede basarse en unas entradas relacionadas con la religión prehispánica, como son los siguientes:

"Curihtsitari. El que atizaua el fuego de los ydolos."

"Hauiri parantsiqua.    Los cabellos de los cacerdotes de los ydolos."

"Vingahcuririecha. Los ocultos y poderosos dioses." Se supone que tales conceptos, especialmente los dos primeros, ya habrían desaparecido del uso antes del fin del siglo XVI.

Parece que en la versión del diccionario que tenemos, la prepa­ración de la parte español-tarasca se hizo con base en la parte tarasca-español. Hay algunas series largas de expresiones, como las que empiezan con "Dar", "Estar", "Tener", que en lugar de estar alfabe­tizadas por las palabras españolas, están ordenadas siguiendo el orden alfabético de las palabras tarascas. Además hay evidencias de que el copista del Texto A estaba más acostumbrado a escribir en tarasco que en español, porque a veces escribió las palabras españolas con una influencia evidente de la ortografía tarasca, como se ve en los siguientes ejemplos:

"Cheparari himbo vtatspeni.  Condenarlos a grauets penas o tormentas."

"Coi cairaxeni. Ser centzeño."

"Sipiati tzometi ynchazcuni. Hazer que penetre la medezini."

"Tsiparani. Hatzer cacalote, tostar mahiz."

También habrá que considerar la posibilidad de que sea obra de los religiosos agustinos. Los agustinos, que llegaron a Michoacán una década después de los franciscanos, construyeron sus grandes conven­tos en Tiripetío, Tacámbaro, Cuitzeo y Yuriria. También, como los franciscanos, se interesaron en la lengua de la región, y fray Juan de Medina Plaza publicó dos tomos de doctrina cristiana en la lengua tarasca.[13] El único indicio que he encontrado de que este diccionario pudiera ser obra agustina es que entre las palabras españolas se incluye el título "Prior", que los agustinos usan para sus superiores, que no se usó entre los franciscanos y no se encuentra en el Vocabulario de Gilberti. El texto no da traducción de la palabra; simplemente indica que se usó la misma palabra en tarasco. Pero también incluye "Cordón de fraile" , que pertenece solamente a los franciscanos.

En resumen, sobre la cuestión de la autoría es imposible hacer una determinación definitiva. Hay evidencias internas de que el autor pudo ser del mismo origen lingüístico y período que Gilberti, pero la letra es distinta de la de Gilberti, y el arreglo del diccionario, espe­cialmente de la parte tarasco-español, es muy diferente al que presenta el diccionario publicado de Gilberti. A mi parecer, era una obra acumulativa, una obra viva que siguió creciendo en cada copia, como se ve también en las anotaciones de la segunda mano del Texto A, incorporadas en el Texto B, y en las adiciones que hizo el copista del Texto B.

 

Normas editoriales

 

En la preparación de la copia del diccionario para la publicación, tuve que establecer algunas normas para seguir en relación con la paleografía. Por lo pronto se hizo claro que era necesario seguir la ortografía del original en lugar de modernizarlo porque la alfabeti­zación de las palabras se había hecho sobre la base de la ortografía antigua. Pero para que el diccionario sea más útil, en la parte español-tarasco he puesto referencias cruzadas en los lugares donde se busca­rán las palabras escritas con la ortografía moderna. En general he dejado las entradas en el orden alfabético erróneo en que aparecen en los manuscritos, pero a veces en el mismo Texto A hay señales de que se debe corregir el orden y en tales casos he hecho el ajuste.

Hay que notar que en la alfabetización de este diccionario, como también en la del Vocabulario de Gilberti, no se toma en cuenta la "h" cuando se usa para indicar una aspiración. 1-os manuscritos muchas veces usan la "R" mayúscula, aun en medio de las palabras, para la "rr". He sustituido la "rr" en tales casos excepto cuando es mayúscula en el uso moderno. Hay que notar que la letra "v" no se usa para indicar el sonido equivalente al que tiene en la escritura moderna. La lengua tarasca no tenía tal sonido y la "v" se usa aquí por una "u" inicial. En las palabras españolas la "v" puede representar en escritura moderna una inicial "hu", "u" o "v" según la palabra. "Y" se usa muchas veces en lugar de "i", en especial al principio de las palabras o cuando la "i" se acentúa o cuando se escribe sobre otra vocal para cambiarla al sonido de "i". Por razón del tal uso de 'V e "y" como vocales, a veces se acentúan en el manuscrito. Para indicar esto, hemos puesto el acento después de la letra, por ejemplo "v'" e "y "

Respecto a la puntuación, en general la he puesto en los mismos lugares en que aparece en el manuscrito, aunque he cambiado los tipos de signos para concordar más con el uso moderno. En los casos en que la puntuación original pudiera causar confusión, la he cam­biado. Por ejemplo, en algunas series de verbos el manuscrito tiene comas entre el verbo y el elemento distintivo, separando a veces el verbo del pronombre, como "Dar, se pellizcos." En tales casos he suprimido la coma. Las cruces que aparecen al principio de algunas entradas, especialmente en la parte español-tarasco, se pusieron allí antes de que el manuscrito se encuadernara como está ahora y es posible que sean de la escritura original.

En cuanto a los verbos tarascos que duplican la raíz, los cuales Lagunas llama "verbos continuativos" y el diccionario mismo llama "verbos   frecuentativos",   hemos   seguido   la   práctica   general   del manuscrito, separando las partes duplicadas con un espacio, como en "tzapa tzapameni," excepto si la raí/ constaba de una sola sílaba, como en el caso de "yoyorneni".

Porque publicamos el diccionario corno fuente, hemos tratado de reproducir, en cuanto fue posible, todos los aspectos del texto, incluidas las tachaduras, correcciones y errores, porque tales cosas nos indican a veces cambios de sentido por parte del escritor y a veces nos revelan algo del escritor mismo, como cuando pone terminaciones tarascas a palabras españolas, por ejemplo: "Casarse el uaroni." Para indicar los cambios que se hicieron en el manuscrito, he usado los siguientes señalamientos:

Letras o palabras que se tacharon en el original, se indican en la copia con una raya en las letras: "A alguna, o a alguno.    Noteri Nema."

Letras o palabras que se intercalaron en el texto original, están subrayadas: "Abertura de ojo. Phiirangariqua, mitangariqua."

Palabras que se añadieron entre renglones o al margen del texto original de la misma mano del original, se ponen entre corchetes:

"[Ahirmar sobre ellos. Tenexahchatani, teczahchatani.]" Palabras que se añadieron entre renglones o al margen del texto original de otra mano,  se  ponen   subrayadas  entre  corchetes:

"Abellanarse. Vahtzani, carinstani  [Por secarse o enjugarse]." Correcciones simples dentro de las palabras se indican con las letras originales    tachadas    seguidas    por    la   corrección    subrayada:

"Bonetie"; "Casar la bija. Tembuchatahpenini.." Letras o palabras que hemos añadido como editor, se ponen entre corchetes en letra itálica: "[Abrazar, abrazo.    Véanse: Abracar, abraco.]";

"Casamiento de varón. Tembuchaqua."

Para la segunda mitad de la parte tarasco-español hemos tenido que señalar las diferencias entre los Textos A y B. El Texto A ha servido como texto básico. Las letras y palabras que se agregaron en el Texto B están escritas aquí con letras voladas y más pequeñas, por ejemplo "Qhuanitenpeni." Las letras y palabras que aparecen en el Texto A pero que no están contenidas en el Texto B aparecen con una línea ondulada abajo, por ejemplo "Qhuehchani, quenchani yuriri. Querendorierani. Querendorierani"; o "Siriuacurani, siri sirirupani sin sirihcupani. Echar Andar largas rramas." Refe­rente a la ortografía de las palabras españolas en esta parte, donde hay diferencias que no cambian el significado de las palabras, por ejemplo, mui, muy; ropa, rropa, hemos conservado la ortografía del Texto A.

 

NOTAS


 

[1]Apareció como "Introducción" a El diccionario grande de la lengua de Michoacán. (2 tomos. Morelia: Fimax Publicistas, 1991. Colección "Fuentes de la Lengua Tarasca o Purépecha," IV-V.)

[2] Mauricio Swadesh, Elementos del tarasco antiguo (México, 1969), p. 36.

[3]Arte de la lengua de Michuacan copilada por el muy Reuerendo padre fray Maturino Gylberti, de la orden del Seraphico padre sant Francisco, de regular obseruancia. Año de 1558. Hecha en casa de Juan Pablos Impressor. [Edición facsimilar, ed. J. Benedict Warren. Morelia: Fimax Publicistas Editores, 1987.]

Vocabulario en lengua de Mechuacan, compvesto por el reuerendo padre Fray Maturino Gilberti de la orden del seraphico Padre sant Francisco. Fue visto y examinado y con licencia impresso. Dirigido al mvy Illustre y reuerendissimo Señor Don Vasco de Quiroga Obispo de Mechuacan. Año de 1559. (México: Juan Pablos). [Edición facsimilar, ed. J. Benedict Warren. Morelia: Fimax Publicistas Editores, 1989.]

[4]The National Unión Catalog, Pre-1956 Imprints, t. 199 (London: Mansell, 1972), p. 535

[5]National Unión Catalog, t.  199, pp. 534-535. Cuando pedí la copia de la Biblioteca del Congreso hace varios años, no lo podían encontrar.

[6]Carta de Thomas Niehaus, Director, Latín American library, Tulane University, a J. Benedict Warren, 29 abril 1978.

[7]Nicolás León, "Fr. Maturino Gilberti y sus escritos inéditos," Anales del Museo Michoacano, 2 (1889?): 133-134 (reedición facsimilar, Guadalajara, 1968, pp. 209-210):

[8]La Biblioteca John Carter Brown tiene dos tomos manuscritos de sermones de Gilberti: "Síguense unos breves sermones en la lengua de Mechoacán para cada domingo del año fundados sobre un thema aunque por diversas materias, ordenados por el padre fray Maturino Gilberti, fraile menor de la dicha provincia," y "Evangelios de los sanctos." En la Colección Ayer de la Newberry Iibrary, Chicago, Illinois, está la traducción manuscrita que Gilberti hizo del libro Luz del (tima cristiana de Pedro de Meneses. Los tres están escritos en una letra muy clara, como de imprenta. Es más parecida a la letra del Texto B que del Texto A, pero no es la misma. En los documentos de la Inquisición relacionados con los problemas que Gilberti tenía sobre su Diálogo de doctrina christiana hay algunos autógrafos de Gilberti: Petición de Maturino Gilberti ante la Inquisición de México, 11 agosto 1575; AGN, Inquisición, vol. 43, no. 6. Véase: Maturino Gilberti, Arte de la lengua de Michoacan. (Morelia: Fimax Publicistas, 1987), p. LXXXV, con reproducción fotográfica del documento entre páginas.

[9]Gilberti, Arte, p. 163.

[10]Su dependencia de la obra de Nebrija por su lista de palabras españolas en la parte Español-tarasco de su Vocabulario es grande y obvia. Elio Antonio de Nebrija publicó su Voca­bulario espanol-latino, primer diccionario de la lengua española, probablemente en 1495. En la obra de Gilberti hay algunas adiciones a la lista, y algunos cambios en el orden, pero básicamente la lista se deriva de la obra de Nebrija Elio Antonio de Nebrija, Vocabulario español-latino (Madrid, 1951; reproducción facsimilar de la edición de Salamanca, 1495 [?]).

[11]J. Benedict Warren, La conquista á Michoacán, 1521-1530, traducido por Agustín García Alcaraz (Morelia: Fimax Publicistas, 1977),pp. 224-225, 250-258.

[12]M. Irais Piñón Flores, "La tenencia de la tierra en la región de Tlazazalca-Zacapu-Huaniqueo," en: Carlos S. Paredes M., et al., Michoacán en el siglo XVI (Morelia: Fimax Publicistas, 1984), pp. 148,404.

[13]Juan de Medina Raza, Doctrináis fídei in Michuacanensium Linguam editus.... Tomus secundus. Accessit & compendium metheorologicarum impressionum ab ipso auctore recognitum (México: In aedíbus Antonii de Spinosa, 1575). Medina Plaza, Doctrinalis fídei in Mechoacanensium Indorum Lingua: aeditus.... Tomus primus. Accessere sermones quattuor, scilicet in festo Sancti Ioannis Baptístae, in festivitate Apostolorum Petri & Pauli, in festo magni Patris Augustini Ecclesiae Doctoris, in festo Sancti Francisci ordinis fundatore (México: In aedibus Antonii Ricardi, 1578).