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índice                                                       

1.- Contexto de la Educación Superior.

1.1.- La Transición de fin de Siglo.                                           

1.2.- La Sociedad del Conocimiento.                                            

1.3.- Globalización e Interdependencia Mundial.                            

1.4.- El Contexto Nacional.                                                

                        1.4.1.- Los Ámbitos demográficos y educativo.                                

                        1.4.2.- El ámbito urbano.                                        

                        1.4.3.- El ámbito económico.                              

                        1.4.4.- Población económicamente activa y empleo.                            

1.4.5.- Desarrollo regional y mercado mundial.                           

1.4.6.- Planeación educativa y planeación

           del desarrollo económico.                         

1.4.7.- El ámbito social.                              


1.- Contexto de la Educación superior.

 

En la última década del siglo veinte, el debate sobre el futuro de la educación superior ha estado presente en todo el mundo. Entre los temas abordados destaca el del carácter de los sistemas educativos y la necesidad de revisarlos y transformarlos para enfrentar demandas de una nueva naturaleza asociadas a un mundo globalizado en el que se encuentran insertas las sociedades nacionales.

 

Voces autorizadas en todos los países coinciden en señalar la importancia estratégica de la educación como medio fundamental para generar el desarrollo sostenible de las sociedades. Los debates y resultados de las múltiples reuniones internacionales, regionales y nacionales que en estos años han reunido a expertos, investigadores, académicos y directivos de las instituciones educativas y de los gobiernos, nos permiten advertir una preocupación por realizar las reformas educativas que requieren nuestras sociedades y superar oposiciones al cambio sustentadas en inercias y tradiciones.

 

Las comunidades académicas de las instituciones de educación superior, las asociaciones de universidades de carácter nacional e internacional, los ministerios de educación y los organismos internacionales han analizado y generado una amplísima información sobre las tendencias de los sistemas de educación terciaria y de las instituciones que los conforman; han identificado con mayor precisión sus problemas; han señalado lineamientos estratégicos para su desarrollo futuro y, de manera muy importante, han abierto sus reflexiones al ámbito de la sociedad, rompiendo con la visión parcial y limitada del acontecer escolar y académico.

 

La visión 2020 del sistema de educación superior, que en este documento se presenta, supone que para entonces habrá un compromiso efectivo del gobierno en todos los niveles (federal, estatal, municipal), de los poderes legislativos y de la sociedad civil, con la educación superior. Considera la existencia de un sistema de educación superior vigoroso, que realizará sus tareas sustantivas de formación de profesionales e investigadores, de generación y aplicación del conocimiento, y de extensión y preservación de la cultura, en condiciones de calidad, pertinencia, cobertura y equidad equiparables con los indicadores internacionales. Finalmente, establece que la educación, y la educación superior en particular, contribuye de manera fundamental a que los mexicanos disfruten de paz y prosperidad en un marco de libertad, democracia, justicia y solidaridad.

 

El diseñar la visión y plantear las opciones para el futuro, requiere de un alto grado de creatividad y objetividad, porque presupone, por un lado, cualidades de imaginación con respecto al futuro, pero, por otra parte, implica un conocimiento adecuado de la realidad, tanto contextual como de la educación superior.

 

Se realizó buscando identificar en el presente aquellos elementos portadores de futuro que pudieran servir como hilos conductores de las fuerzas que habrán de impulsar el desarrollo de las instituciones y del sistema de educación superior, tarea en la que resultó fundamental unir la imaginación creadora con la voluntad para la acción.  

La propuesta de la ANUIES que en este documento se presenta para coadyuvar al desarrollo y consolidación del actual sistema de educación superior, parte del convencimiento de que éste necesita transformarse radicalmente para poder responder con oportunidad, equidad, eficiencia y calidad, al conjunto de demandas que le plantean tanto la sociedad mexicana como las transformaciones de los entornos nacional e internacional. Nos ubicamos en el contexto de una sociedad del conocimiento en pleno proceso de desarrollo, en la cual las exigencias educativas serán cada vez mayores no sólo en términos de los niveles de educación formal de la población sino de su educación durante toda la vida. Así, nuestro sistema de educación superior deberá realizar un esfuerzo extraordinario para proporcionar una formación de la mejor calidad que deberá combinar en todas las carreras elementos de índole humanista, científica y técnica. Ello requerirá hacer uso extraordinariamente eficiente de los recursos sociales dedicados a este nivel educativo para atender una demanda de educación terciaria de jóvenes en la cohorte de edad 20 – 24 años que mínimamente habrá de duplicarse en los próximos veinte años. Será necesario construir un sistema de educación superior de carácter abierto en el que todas las instituciones y sectores participantes puedan aportar, a la vez que recibir elementos valiosos para un funcionamiento más homogéneo del conjunto. Así, las características más notables de este sistema serán la cooperación intensa entre las instituciones, la movilidad de académicos y la educación centrada en el proceso de aprendizaje.

 

Aunque la tarea de consolidar un verdadero sistema de educación superior abierto podría tomar los próximos veinte años, resulta extremadamente importante lo que pueda realizarse en los próximos seis años durante los cuales deberán construirse los cimientos de dicho sistema.

 

Busca también, en cambio, provocar la reflexión y el debate más allá de los ámbitos de la Asociación para incorporar las opiniones y propuestas de los demás actores relacionados directa o indirectamente con las funciones y tareas educativas.

 

Propone que las instituciones académicas y sus comunidades se integren en un sistema de educación superior abierto y que, desde ahí, se vinculen con los demás ámbitos de la sociedad.

 

Este documento fue aprobado por la Asamblea General de la ANUIES en su XXX Sesión Ordinaria celebrada los días 12 y 13 de noviembre de 1999 en la Universidad Veracruzana y el Instituto Tecnológico de Veracruz.

1.1.- la transición de fin de siglo.

 

Nuestra época se caracteriza por profundas transformaciones en prácticamente todos los órdenes de la vida humana. Como ha sido señalado en diversos foros, el cambio –y el reclamo del cambio- ha sido característica y exigencia del fin del siglo veinte. Las transformaciones sociales, económicas, políticas, culturales y educativas, de tan intensas y cotidianas, tienen alcances que apenas se vislumbran.

 

Los cambios se están gestando en múltiples campos de la vida humana: en el desarrollo de la ciencia y la tecnología, que ha revolucionado la organización de los procesos productivos como nunca antes se había visto en la historia; en el acceso y la distribución de la información a través del uso de los medios informáticos; en las formas de organización de las economías de los países que se han agrupado en bloques regionales para obtener mayor ventaja en la competencia internacional, y dentro de una economía cada vez más globalizada pero segmentada entre países pobres y ricos; en las dinámicas sociales con efectos paradójicos, como es la coexistencia de la aldea global con la reaparición de los etnocentrismos, racismos y actitudes de intolerancia que han producido guerras devastadoras y conflictos en distintas regiones del planeta; en la geopolítica mundial con el derrumbe del bloque socialista y la conformación de un nuevo orden incierto en la comunidad internacional; en las formas de gobierno, resultantes del reclamo por la extensión cada vez mayor de la democracia, la libertad y la pluralidad; y en la que millones de personas han pasado, en los últimos años, a engrosar el segmento de la población en pobreza extrema.

 

Inmersa en una comunidad mundial cada vez más interdependiente, la sociedad mexicana vive, a su vez, un proceso de transición en todos los órdenes: económico, político, social, cultural y transición educativa. El cambio debe implicar necesariamente a todos, pero aún no se ha dado de manera homogénea en los distintos ámbitos de la sociedad. En lo económico, se han puesto  en operación en los últimos tres lustros estrategias que buscan la incorporación de México a los mercados mundiales, el aumento de la competitividad de la planta productiva y la modernización de las unidades económicas. En lo político, el país ha venido ampliando su vida democrática con la consolidación de la estructura de partidos y asociaciones políticas, la alternancia en el poder y la emergencia de nuevos actores en el seno de la sociedad civil. En lo social, han aparecido nuevos procesos y estructuras que apuntan a la conformación de una sociedad más urbana y moderna, pero al mismo tiempo se tienen amplias regiones del país, sectores y grupos sociales que todavía no participan de los beneficios del crecimiento económico. En el ámbito cultural, están apareciendo nuevos fenómenos como son el avance acelerado de los conocimientos científicos, humanísticos y tecnológicos, la creciente escolaridad de la población en los niveles de la educación básica y los avances en las tecnologías de la información y la comunicación.

 

Sin embargo, la transición que vive el país se da en un contexto de crisis recurrentes, no solamente de dimensión nacional, sino también internacional, pues los procesos de globalización de las economías nacionales hacen ahora interdependientes a todos los países. Al principio de la presente década, México se enfrenta a un panorama mundial y nacional de crisis económica global de tal magnitud que ha llevado a los organismos internacionales a plantear correcciones a las estrategias económicas que depositaron un excesivo optimismo en la regulación de los mercados sin intervención de los estados nacionales. Hoy tenemos un mundo más polarizado entre países ricos y países pobres y sociedades con una profunda inequidad social.

 

Una sociedad, sea mundial o nacional, inmersa en un proceso de cambio acelerado en todas las esferas de la vida humana –con todas sus paradojas y contradicciones- exige transformaciones profundas en la organización y operación de la educación terciaria en lo particular. El cambio es constante, acelerado y afecta a toda la vida de la sociedad; se da en la actividad económica, en las formas de organización del trabajo y en las bases técnicas de la producción, surgiendo nuevas necesidades y exigencias relativas a las competencias y conocimientos de los hombres y mujeres para insertarse activamente en el mundo laboral. Con el cambio se extienden las actividades que requieren de innovaciones continuas y de una mayor participación de la dimensión intelectual del trabajo; se modifican las costumbres, los patrones de conducta y los modos de vida de los individuos y de los grupos sociales; se extienden los ámbitos de acción de la sociedad civil; se redefinen los campos de intervención del Estado y se va conformando una sociedad más democrática y más participativa.

 

Un ámbito que particularmente incide en el desarrollo de la educación superior es el relativo a la revolución científica y tecnológica que se vive en el planeta. La progresión geométrica de los acervos de conocimientos científicos y tecnológicos y de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, presentan múltiples oportunidades para el desarrollo de la educación superior (Internet, acceso a bases de datos, enseñanza a distancia, redes virtuales de intercambio, flexibilidad en el proceso de formación, etc.). El fácil acceso a la información y a su distribución por medios electrónicos multiplica el impacto formativo de las IES. Asimismo, la mayor interacción  entre las comunidades académicas permite un proceso continuo de mejoramiento de la calidad educativa; la apertura a la interacción mundial potencia los procesos de transformación de las instituciones educativas, y el surgimiento de nuevos valores en la sociedad permite la construcción de espacios académicos más consolidados. Sin embargo, México enfrenta la amenaza, al igual que otros países, de quedar rezagado en el desarrollo  científico y tecnológico. En el ámbito planetario, la revolución científica, tecnológica e informática se da en un contexto polarizado.[1] El gran reto –como fue reconocido en la Conferencia Mundial sobre Educación Superior organizada por la UNESCO en 1998- es disminuir la brecha existente entre países ricos y países pobres, disminución que exige de una nueva distribución del conocimiento a nivel mundial.

 

De este modo, no puede entenderse a la educación superior sin tener como referente este contexto de transición mundial y nacional. Las instituciones educativas actúan hoy en contextos cualitativamente distintos a aquellos en que, las más de ellas, iniciaron operaciones tan sólo apenas hace algunas décadas. Ante situaciones, problemas y necesidades emergentes, las respuestas a los nuevos retos tendrán que darse bajo paradigmas novedosos puesto que ya no son viables las respuestas pensadas para condiciones de épocas pasadas.

 

Como se verá, son múltiples y muy diversos los desafíos que la educación superior tiene ante sí. Su contexto social no es siempre favorable para el óptimo desempeño de sus funciones y en ocasiones le presenta amenazas que tiene que sortear con estrategias creativas; pero el contexto social cambiante también le abre nuevas oportunidades de acción. La crisis económica genera retos a la imaginación de las instituciones educativas y les exige buscar nuevas formas en el cumplimiento de sus funciones sustantivas.

 

Como fue reconocido en la Conferencia Mundial sobre educación superior, en una sociedad basada cada vez más en el conocimiento, “la educación superior y la investigación forman hoy en día la parte fundamental del desarrollo cultural, socioeconómico y ecológicamente sostenible de los individuos, las comunidades y las naciones. Por consiguiente, y dado que tiene que hacer frente a imponentes desafíos, la propia educación superior ha de emprender la transformación y la renovación más radicales que jamás haya tenido por delante.”[2]

1.2.- La sociedad del conocimiento.-

  El siglo XXI se caracterizará por ser la era de la sociedad del conocimiento, que hoy apenas se vislumbra con todo y sus impactos de los que todos somos testigos. El conocimiento científico técnico constituirá el valor agregado fundamental en todos los procesos de producción de bienes y servicios de un país, haciendo que el dominio del saber sea el principal factor de su desarrollo autosostenido.

 

Una sociedad basada en el conocimiento científico técnico  sólo puede darse en un contexto mundial abierto e interdependiente, toda vez que el conocimiento no tiene fronteras.

 

La sociedad del conocimiento, sin embargo, no se reduce a su dimensión económica.  Será una sociedad con capacidad para construir y retener su propia historia, sistematizar sus experiencias, enfrentar los desafíos de los mercados y de los cambios tecnológicos y, al mismo tiempo, de incorporar los puntos de vista de sus miembros y fundamentar el sentido de sus acciones.

 

En el nuevo orden mundial los países que destaquen serán aquellos que –además de dominar y aplicar productivamente el conocimiento logren aprovechar las fuerzas del cambio y se adapten crítica y productivamente al entorno cambiante. El desarrollo de las naciones dependerá, fundamentalmente, de la capacidad de generación y aplicación del conocimiento científico técnico  por su sociedad.

 

El valor estratégico para la educación del conocimiento científico técnico y de la información para las sociedades contemporáneas, refuerza el rol que desempeñan las instituciones de educación superior. El dominio del saber, al constituir el principal factor de desarrollo, fortalece la importancia de la educación; ella constituye el principal valor de las naciones. Una sociedad que transita hacia una etapa basada en el conocimiento, ofrece nuevos horizontes a las instituciones educativas, tanto en sus tareas de formación de profesionales, investigadores y técnicos, como en la generación, aplicación y transferencia del conocimiento para atender los problemas del país.

 

La educación superior del futuro será una puerta de acceso a la sociedad del conocimiento, quizá la puerta más importante por su situación privilegiada para la generación y transmisión del saber humano. En la sociedad del conocimiento, la universidad tradicional coexistirá con universidades virtuales y con otras formas de universidad, como son las “universidades corporativas” de las empresas, creadas para satisfacer la demanda de educación permanente de su fuerza de trabajo en diferentes niveles ocupacionales. Estas universidades poseen una fuerte base tecnológica y se caracterizan por una estructura y un funcionamiento reticulado, bajo el principio de llevar la educación al individuo y no el individuo a la educación. Las universidades tradicionales se enfrentarán cada vez más a una fuerte competencia por parte de estas organizaciones educativas de las empresas y el reto salta a la vista.

 

En la sociedad del conocimiento, la educación se concibe como un proceso integral sin limitaciones temporales de edad, de nivel escolar o económico. El acceso a la formación y a la creación, se desarrolla a lo largo de la vida, puesto que la sociedad de la información ofrece nuevos horizontes a la educación. Las instituciones de nivel superior no deberán concebirse más en una perspectiva de educación terminal, ni restringir su misión educativa al otorgamiento de títulos y grados.  Ellas están llamadas a desempeñar un papel estratégico para la actualización de los conocimientos de los hombres y mujeres, sea con propósitos de actualización profesional y técnica, o bien por el simple deseo de acceso a nuevos saberes. “La educación superior deberá, así, incorporar el paradigma de la educación permanente, que implica dotar a los estudiantes de una disciplina intelectual bien cimentada para la autogestión del conocimiento en las diversas situaciones en que se encuentre.  La educación permanente plantea a la educación superior una nueva exigencia de mayor magnitud que la formación básica, pues para desempeñarse con éxito en el tipo de sociedad en la cual se está desenvolviendo, necesitará cambiar sus concepciones y paradigmas de trabajo en la materia de enseñanza y de aprendizaje. Al mismo tiempo, deberá buscar nuevos socios y nuevas alianzas y trabajar de manera preactiva en un ambiente reticulado y pluralista, lo cual requerirá de cambios estructurales y funcionales profundos”.[3]

 

La sociedad del conocimiento no puede florecer en contextos autoritarios. Solamente con ciudadanos informados, formados y con posibilidad de expresar sus ideas, podrán superarse los retos a los que se enfrenta la sociedad. La formación tendrá que incorporar valores acordes a la sociedad que se desea construir en el futuro, fincada en la democracia, la libertad y la justicia social.

 

Para que la educación en general y la educación superior en particular puedan cumplir con los nuevos roles que demanda la sociedad del conocimiento, éstas deben constituirse en la inversión prioritaria del país. Sociedad y gobiernos tendrán que elevar significativamente la inversión a este sector estratégico para el desarrollo de todos los sectores de la sociedad. Un nuevo pacto social entre gobiernos, sociedad e instituciones de educación superior deberá llevar a la definición de una política de Estado que haga viable las transformaciones estructurales que se demandan con una visión de largo alcance.

 

1.3.- Globalización e interdependencia mundial.

 

El proceso de globalización económico, la interdependencia mundial y la conformación de bloques regionales constituye el nuevo contexto internacional en el que deben operar las instituciones de educación superior, con todos sus desafíos y oportunidades.

 

La mayor interdependencia mundial conlleva riesgos para los países. Aquellos que sean más competitivos en la escena mundial serán los que sobresalgan y el mundo enfrenta el riesgo de una polarización aún mayor a la que hoy se vive. Los efectos de la globalización y la liberalización tal como se dieron en el último cuarto del siglo XX refuerzan la desigualdad: un segmento social reducido, moderno y abierto al mundo y una mayoría circunscrita a las preocupaciones de la supervivencia cotidiana y marginada del desarrollo económico. Como se ha visto, la educación constituirá un factor fundamental para una mejor inserción de México en el contexto mundial. La sociedad en su conjunto tendrá que seguir realizando un gran esfuerzo para incrementar el nivel educativo de su fuerza de trabajo.

 

Una sociedad polarizada con un reducido segmento moderno y una mayoría marginada del desarrollo, difícilmente puede enfrentar con éxito los desafíos que se le plantean. Desde la educación básica hasta la superior, se requieren programas emergentes para la necesaria formación de las personas calificadas que protagonizarán el desarrollo económico, social y político del país.

 

El nuevo contexto de interdependencia mundial presenta, sin embargo, nuevas oportunidades a la IES del país para establecer alianzas estratégicas en el terreno cultural y educativo, por medio del fortalecimiento de programas de intercambio y movilidad electrónica de estudiantes y de profesores, la realización de proyectos de investigación y programas académicos conjuntos en los niveles de profesional asociado, licenciatura y postgrado y el establecimiento de redes de colaboración en los distintos campos del conocimiento, aprovechando las ventajas comparativas de las instituciones del extranjero.

 

La educación superior mexicana opera en un nuevo escenario de competencia mundial, que es más visible en el marco de los tratados comerciales como el de Libre Comercio de Norteamérica y la incorporación a organismos internacionales como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).  La competencia entre universidades mexicanas y de otros países conlleva la necesidad de plantear programas de desarrollo de nuestras IES, con base en indicadores y estándares internacionales.

 

Un aspecto que merece especial atención es el relativo a la relación que se establece entre el mundo laboral y la educación superior en el ámbito mundial. Los expertos, en su mayoría, coinciden en señalar que en los años noventa las perspectivas de trabajo han sido sombrías para los egresados de los sistemas educativos.  Las actuales perspectivas de empleo suelen interpretarse bajo tres panoramas contrastantes: el negativo, si se considera  el agravamiento de la “crisis de la sociedad del trabajo”; el ambivalente, si se trata de equilibrar las consecuencias de la “globalización”; y el positivo, cuando surgen expectativas del desarrollo de “la sociedad del conocimiento”.

 

La educación superior enfrenta el desafío de fortalecer sus objetivos fundamentales y de encontrar un equilibrio entre la tarea que implica la inserción en la comunidad internacional y la atención a las circunstancias propias; entre la búsqueda del conocimiento por sí mismo y la atención a necesidades sociales; entre fomentar capacidades genéricas o desarrollar conocimientos específicos; entre responder a demandas del empleador o adelantarse y descubrir anticipadamente el mundo futuro del trabajo que probablemente se sustentará más en el autoempleo.

 

En muchos países relativamente ricos, así como en las naciones en desarrollo, existe un desempleo considerable de los graduados. Sin embargo, sigue siendo un hecho constatable que a mayor escolaridad de las personas las posibilidades de empleo aumentan, y que la cuota de desempleo entre los egresados de educación superior es evidentemente más pequeña que la del total de la fuerza de trabajo en la mayor parte de los países. Numerosos egresados terminan en empleos considerados inapropiados para los graduados del nivel terciario, ya que éstos sólo ofrecen oportunidades limitadas de aplicar los conocimientos y la formación recibida en la IES, así como pocas perspectivas de mejorar el nivel socioeconómico.

 

Algunas de las características de los mercados de trabajo globales que han sido señaladas en diversos estudios, tanto de la UNESCO como del Banco Mundial, son: un ritmo creciente de cambios en la estructura de puestos y la exigencia de una mayor cualificación en casi cualquier ocupación, contracción del empleo en el sector público y crecimiento relativo en el sector privado, disminución de las oportunidades de empleo en las grandes compañías, un aumento de oportunidades en el sector de empleo “no estructurado”, pérdida de estabilidad y seguridad en el trabajo, una demanda creciente de conocimientos básicos de informática y capacidades en las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, todo lo cual plantea nuevas exigencias de formación en los sistemas educativos. Será necesario entonces asumir que la educación superior no está restringida únicamente a la formación de empleados, sino que su función se ampliará cada vez más a la formación de profesionales emprendedores que inicien y desarrollen sus propias empresas.

 

1.4.- El contexto nacional.

 

1.4.1.-LOS ÁMBITOS DEMOGRÁFICO Y EDUCATIVO.

 

Si bien la presión demográfica se ha atenuado en nuestro país en términos globales al reducirse la tasa de crecimiento población, la quinta parte de la población todavía está en edad de escolarización obligatoria (primaria y secundaria) y más de 50 millones de mexicanos tienen menos de 25 años. En las dos primeras décadas del nuevo siglo continuará la presión sobre el sistema de educación superior y ésta no empezará a disminuir sino hasta entrada la tercera década.

 

La demografía constituye una de las variables altamente influyentes en el comportamiento de la matrícula del sistema educativo en todos sus niveles. La nueva composición demográfica y la mayor escolaridad de la población exigen una reflexión profunda sobre las grandes orientaciones del desarrollo futuro de las instituciones de educación superior.

 

México, como el resto del mundo, ha venido ampliando los niveles de escolaridad de su población, tendencia que seguramente se reforzará en el futuro. Actualmente se tiene un promedio de escolaridad de poco más de siete años.

 

Sin embargo, es importante reconocer que México se ubica en una situación desfavorable ante sus socios comerciales de América del Norte, en lo que se refiere al porcentaje de la población entre 25 y 64 años de edad con educación media y superior. Por otra parte, presentar enormes rezagos que se tienen que superar en el contexto de una sociedad del conocimiento y de una creciente interdependencia entre los países.

 

México es un país joven. Esta característica es una de sus mayores fortalezas y al mismo tiempo lo enfrenta a grandes retos: en 1996, tenía una población compuesta en un 54% por niños y jóvenes entre 5 y 29 años de edad, mientras que en Canadá era del 35%, en Estados Unidos del 36% y en todos los países de la OCDE del 36% en promedio. México tiene, por tanto,  que realizar un esfuerzo muy superior al de cualquiera de estos países en materia de educación en todos los niveles.[4]

 

La evolución demográfica planteará en esta y en las siguientes décadas retos adicionales a la educación superior, derivados principalmente del cambio en la estructura por edades de la población. En el próximo medio siglo la población mexicana seguirá creciendo, aunque a tasas menores a las observadas hasta el presente.[5] (CONAPO).

 

El CONAPO también ha formulado proyecciones con otras hipótesis de crecimiento mínimo y máximo para las próximas décadas, tomando en consideración la fecundidad, la mortalidad y la migración internacional.

 

De acuerdo con ellas, para el 2010 la población oscilaría en millones de habitantes entre 111.3 y 116; para el 2020 entre 119.7 y 130.5; para el 2030 entre 124.4 y 142.2 y para el 2050 entre 122 y 152.2. La reducción en la tasa de natalidad, una menor tasa de mortalidad y una mayor esperanza de vida al nacer, pueden generar que para el año 2020, aproximadamente, uno de cada cuatro mexicanos tenga entre 35 años. Este fenómeno de envejecimiento relativo tendrá profundas consecuencias en las esferas social, económica, política y cultural y particularmente en lo que se refiere a los servicios de educación, empleo, salud y vivienda.

 

Se requerirá de una enorme infraestructura en el país para la comunicación y la movilidad física de una creciente población; aumentará de manera acelerada la demanda de empleos (más de un millón por año) con una creciente incorporación de la mujer al mercado  laboral; la presión sobre los servicios de salud y de seguridad social (incluyendo las jubilaciones), que ya se advierte en la actualidad, se incrementará considerablemente, no sólo en el volumen de usuario sino en el costo de la atención (se estima que una persona de mayor edad cuesta 2.5 o más veces que el costo de atención de un niño o joven); se requerirán más médicos, enfermeras, hospitales y clínicas, así como programas de capacitación de personas dedicadas al cuidado de ancianos; aumentará la presión de la población en materia de vivienda (se pasará de 19.4 millones de viviendas en 1995 a 31.6 millones en el 2010), con el correspondiente aumento del suministro de agua potable y energía eléctrica; también se modificarán la cantidad y el tipo de alimentos que se consuman en el país como consecuencia de una población más numerosa y envejecida.[6]

 

El cambio demográfico y la consiguiente modificación en la estructura por edades, tendrán efectos relevantes en el sistema educativo en general y en la demanda de educación superior, tanto de la población tradicionalmente demandante (grupo 20-24 años), como de la población de mayor edad.

 

De acuerdo con estudio realizado por la Fundación Javier Barros Sierra,[7] la población del grupo de edad que demanda educación media superior y superior, de 16 a 22 años, crecerá lentamente hasta el año 2010 y luego descenderá hasta que en el año 2025 represente el 95% de la de 1995.

 

Por contraste, en el nivel de secundaria será necesario mejorar tanto la absorción como la eficiencia para cumplir con el propósito estipulado en el “Programa de Desarrollo Educativo 1995-2000”, de que en el año 2010 toda la población de 15 años tenga 9 años de escolaridad.

 

Así aunque la población de edad de asistir a la secundaria disminuya, la matrícula de este nivel se elevará en un 33%, con respecto a 1995, al incrementarse la cobertura, lo cual tendrá consecuencias sobre la educación media superior y superior.

 

El impulso a la educación secundaria tendrá consecuencias en los niveles subsecuentes y sus efectos sobre la educación media superior se prolongarán hasta el año 2010 en que se estabilizará para después disminuir, mientras que su influencia sobre la educación superior se extenderá un lustro más.

 

Los niveles de atención a la demanda potencial crecerán, pero aún así estarán por debajo de los niveles que otros países de mayor desarrollo relativo han alcanzado en la actualidad.

 

Uno de los retos fundamentales a enfrentar en los próximos años será el de desarrollar la infraestructura digital para atender a la creciente población escolar en los niveles de educación secundaria, media superior y superior. Un incremento de gran magnitud en la matrícula de los niveles mencionados, representa un reto a la imaginación y a la capacidad de innovación educativa de la sociedad mexicana del futuro.  Las formas tradicionales de concebir la educación no serán suficientes para responder exitosamente a este desafío ni en términos de número ni de calidad. El reto será diseñar sistemas pedagógicos sobre una plataforma tecnológica que hagan uso más eficiente de los recursos, los tiempos, los modos y los espacios para aprender.

 

1.4.2.- EL ÁMBITO URBANO.

 

México es un país en proceso acelerado de urbanización. En la segunda mitad del siglo veinte se dio la transición de una sociedad agraria a una sociedad urbana, cuyo desarrollo ha ido aparejado al proceso de industrialización del país y de sus regiones.

 

La educación superior es un fenómeno eminentemente urbano. No es de extrañar que sus desequilibrios correspondan en gran medida a los desequilibrios del crecimiento y distribución de la población del país. La concentración de la población en las grandes urbes ha determinado la concentración de la matrícula de educación superior, por lo que el desarrollo futuro de las ciudades será determinante en la evolución de la educación superior en las próximas décadas.

 

El panorama a finales del siglo veinte se caracterizó por un crecimiento poco planificado de las ciudades; desequilibrios regionales muy fuertes; inexistencia de polos consolidados de ciudades medias; hacinamiento de la población en las grandes ciudades, principalmente en la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey; continuación de la migración del campo a la ciudad; afectación del medio ambiente por las emisiones de gases industriales y de automotores; insuficiencia en la dotación de los servicios básicos urbanos, principalmente de agua, y aumento de la violencia urbana.

 

Es necesario reconocer que la brecha existente entre los estados del norte y del sur de la República se ha venido ampliando de manera alarmante. Esta brecha se manifiesta en el coeficiente del número de habitantes por cada empleo manufacturero, así como en el PIB manufacturero per cápita.[8] Uno de los principales retos es disminuir las distancias que separan a las regiones del país.

 

En materia de urbanización pueden ocurrir distintos escenarios que se asocian a la evolución demográfica y a la evolución de la economía del país. Desde una perspectiva del sistema nacional de educación superior y de los correspondientes sistemas estatales, es necesario estudiar de cerca las tendencias y proponer medidas hacia un mejor reordenamiento de la población en el territorio nacional.

 

Un primer escenario se deriva de los objetivos que sustentan los programas de reordenamiento urbano, ya en operación, contenidos en el Programa Nacional de Desarrollo Urbano 1995-2000, tanto en lo concerniente al ordenamiento territorial de los asentamientos humanos, como al desarrollo urbano ordenado y sustentable. De lograrse los propósitos de los programas, se conseguirá inducir el crecimiento de las ciudades de forma ordenada, de acuerdo a los principios del equilibrio ambiental de los centros de población.

 

La desconcentración y descentralización habrán fortalecido la consolidación de ciudades medias y polos de desarrollo regional y el crecimiento de las grandes ciudades se habrá estabilizado como resultado del crecimiento natural y no del social, derivado de los procesos de inmigración. Esta descentralización exigirá del sistema de educación superior la continuación de acciones de desconcentración. Para el 2010, 100 ciudades demandarán servicios educativos de aún mayor calidad, lo que requerirá de planes y programas ambiciosos, viables y adecuados a las necesidades de las regiones del país.

 

Un segundo escenario que está muy asociado a la continuación de los ciclos de crisis económica en el país, apunta a la continuación del proceso de concentración de la población en las grandes ciudades, con los desequilibrios correspondientes a las amenazas para el desarrollo sustentable del país. En esta hipótesis, las zonas metropolitanas de la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey seguirán creciendo como resultado de las migraciones. Algunas estimaciones arrojan las siguientes cifras: 33, 10 y 9 millones de habitantes en ellas, respectivamente, para el año 2020.  Ante la carencia de expectativas en el campo y en las ciudades medias con pocas oportunidades de desarrollo, continuarán las expectativas de emigrar a estas grandes ciudades en búsqueda de oportunidades de empleo, la mayor de las veces informal, así como de servicios básicos de salud, vivienda y educación. Las ciudades de la frontera norte, ante las avalanchas migratorias a los Estados Unidos y la mayor vigilancia de ese país para evitar la inmigración ilegal, resultarán poco atractivas.

 

En suma, el crecimiento urbano continuará de manera desordenada y repercutirá negativamente en el desarrollo de DES.

 

1.4.3.- EL ÁMBITO ECONÓMICO.

 

La evolución de la economía mexicana –inmersa en mercados regionales y abierta al mundo desde su incorporación al Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT) a principios de la década de los ochenta y más recientemente con el establecimiento de acuerdos de libre comercio- será determinante para la conformación de la sociedad mexicana del siglo XXI. Uno de los temas de la agenda que congrega a todos los actores de la política, de la economía y de la educación, es el modelo económico que se desea para el futuro.

 

Las crisis económicas recurrentes y la dificultad de contar con escenarios estables de crecimiento económico a mediano y largo plazos, representa uno de los mayores retos para los procesos de planeación del sistema de educación superior. A la incertidumbre del comportamiento que tendrá la economía mexicana –cada vez más dependiente de variables internacionales- se suma la falta de precisión de algunas políticas de Estado,[9] particularmente para el desarrollo industrial. Las restricciones financieras, además, inciden en los apoyos que la sociedad y el Estado otorgan a la educación superior, lo que dificulta la realización de procesos de transformación de largo plazo y el desarrollo de los programas y proyectos sustantivos. Las IES públicas viven año con año la amenaza constante de no contar con un presupuesto suficiente, mientras que las particulares resienten la disminución de los ingresos de los sectores sociales que son usuarios de ellas.

 

La construcción de escenarios futuros es compleja dada la incertidumbre que se vive, tanto a nivel mundial como nacional. La globalización económica llevó a cambiar muchos paradigmas; sus alcances y consecuencias de largo alcance aún se desconocen y las limitaciones de la economía de mercado están obligando a hacer importantes ajustes a las políticas económicas de los diferentes países de todo el mundo. Sin embargo, con todas las salvedades del caso, es conveniente y necesario introducir estos escenarios como referencia y contexto para lo que se puede esperar y desear para la educación superior mexicana.

 

El crecimiento de la economía mexicana estará altamente influenciado por factores externos. Los impactos crecientes que los procesos de interdependencia internacional tendrán en las economías nacionales, hacen difícil prever el comportamiento que en los próximos años tendrá la economía mexicana. La evolución de los mercados de los países desarrollados y de los principales bloques económicos (Norteamérica, Europa y Asia) incidirá en nuestro país, con mayor fuerza de la que hoy se observa. Sin duda, la característica central de la economía del futuro será su aún mayor interdependencia mundial.

 

De este modo, la evolución de la economía nacional constituye uno de los ámbitos del entorno de la educación superior más difíciles de prever. El comportamiento de las variables macroeconómicas de los próximos años será determinante para la ocurrencia de alguno de los escenarios que puedan elaborarse, que sirvan de marco de referencia para la visión de la educación superior mexicana y para la visión de la educación superior mexicana en el año 2020 y si bien condicionan la educación no la determinan en forma absoluta y definitiva.

1.4.4.-POBLACIÓN ECONÓMICAMENTE ACTIVA Y EMPLEO.

 

En cuanto a la estructura de la Población Económicamente Activa (PEA), ocupada, es muy factible que México se aproxime más a la distribución sectorial que guardan los países desarrollados. Proyecciones para el año 2010 indican que el sector que más crecerá será el de los servicios, que absorberá alrededor del 59% de la población ocupada, mientras que el industrial llegará al 24% y el primario disminuirá al dar ocupación al 17%.

 

La Fundación Javier Barros Sierra plantea dos escenarios para el año 2025. Uno a partir de un ajuste logístico de los datos históricos del período 1950-1996 y el segundo, resultado de ajustar los datos del período 1980-1996. En el primero, el descenso de la PEA del sector primario y el ascenso del sector terciario es más acusado. Para ese año el sector primario absorbe el 6.6%, el secundario el 24% y el terciario el 69.4%. En el segundo escenario las proporciones son 12.7%, 23.9% y 63.4%, respectivamente.

 

La terciarización de la economía tendrá un impacto en los perfiles de formación de técnicos y profesionales. La forma de organización económica y la evolución de los indicadores macroeconómicos se reflejarán no sólo en el crecimiento del sector de los servicios, sino en lo que está implícito en ello: la creciente importancia productiva del conocimiento y de la información no solamente en este sector, sino en el conjunto de las actividades económicas.

 

De acuerdo con las tendencias del empleo, para el año 2020 el 90% de la mano de obra estará ocupada en la micro, pequeña y mediana empresa, tanto en el sector industrial como en el de servicios. En ambos casos, es muy posible que los establecimientos de menor tamaño se integren en cadenas de producción relacionadas con las grandes empresas. En los escenarios económicos más factibles a futuro, los mercados de trabajo tendrán un comportamiento distinto al actual. No se requerirá formar profesionales o técnicos para puestos fijos, sino para la continua cualificación profesional con vistas a la movilidad en el trabajo. Las instituciones educativas deberán formar técnicos y profesionales con una fuerte orientación para el autoempleo y la creación de microempresas.

 

Algunas de las posibles características del empleo y del trabajo serán las siguientes:

 

-         Contracción del empleo  en el sector público y crecimiento relativo en el sector privado.

 

-         Disminución de las oportunidades de empleo en grandes empresas.

  -         Aumento de oportunidades en el empleo no estructurado y de la economía informal.

  -         Ritmo creciente de cambio en la estructura de puestos y la exigencia de una mayor cualificación en casi cualquier ocupación.

  -         Pérdida de estabilidad y seguridad en el trabajo y creciente “informalización” en las relaciones entre empleador y  empleado.

  -         Tendencia a la racionalización y disminución de los puestos que requieren bajos niveles de educación.

  -         Demanda creciente de conocimientos de informática, idiomas extranjeros y capacidad para el manejo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

-         Aumento en las funciones laborales que exigen altos niveles de conocimiento en diversas esferas.

 

Los graduados de la educación superior deberán caracterizarse por los siguientes elementos para enfrentar los retos del mundo del trabajo:

  -         Ser polifacéticos en capacidades genéricas que abarquen diferentes disciplinas.

  -         Ser flexibles ante la diversificación y evolución del mundo laboral.

  -         Estar preparados para la internacionalización del mercado laboral mediante una comprensión de diversas culturas y el dominio de otros idiomas.  

-         Ser capaces de contribuir a la innovación y ser creativos.

  -         Contar con una actitud positiva para emprender sus propios negocios y empresas.  

-         Estar interesados en el aprendizaje durante toda la vida y preparados para ello.

  -         Ser capaces de trabajar en equipo.

  -         Contar con capacidades de comunicación y sensibilidad social.

  -         Ser capaces de hacer frente a las incertidumbres.

  -         Estar animados de un espíritu de empresa.

  -         Estar dispuestos a asumir responsabilidades.

  -         Contar con una formación sólida en los conocimientos y capacidades generales.

  -         Desarrollar aptitudes para resolver problemas.

  Una característica de las nuevas exigencias de cualificación para el trabajo será el cambio en las nuevas formas de certificación de los conocimientos y habilidades. El esquema vigente de certificación de los estudios y para la práctica profesional a cargo de las instituciones educativas seguramente se transformará por otro en el que las IES sólo certifiquen los estudios, y sean otros organismos los que certifiquen para el ejercicio de la práctica profesional o las competencias laborales. Para el año 2020 no bastará el título o grado otorgado por una institución de educación superior para el ejercicio de la profesión. Probablemente estará operando un sistema nacional de certificación de competencia profesional ligado con los campos profesionales y con los sectores productivos de bienes y servicios.

 

En otro orden, las nuevas formas de vinculación educación-sociedad, así como las nuevas modalidades de la producción y difusión del conocimiento que están surgiendo a nivel mundial, abrirán nuevas oportunidades de acción a las IES en sus actividades de enseñanza, investigación y extensión. La generación y divulgación del conocimiento “ya no son actividades autónomas, que se llevan a cabo en instituciones relativamente aisladas. Ahora implican una interacción con otros diversos productores del conocimiento”.[10] La modalidad emergente en este terreno se centra en atributos como el conocimiento producido en el contexto de la aplicación; el carácter interdisciplinario del mismo; el reconocimiento a la heterogeneidad y diversidad organizacional; la mayor responsabilidad social y el desarrollo de sistemas para el control de la calidad.

1.4.5.- DESARROLLO REGIONAL Y MERCADO MUNDIAL.

  En cualquiera de los escenarios económicos planteados se espera tener para el año 2020 una política clara para el desarrollo de las distintas regiones del país con sustento en su vocación productiva y en los nichos de oportunidad que ofrece el mercado mundial. Las instituciones de educación superior habrán establecido alianzas estratégicas con las empresas de la región, dentro de un esquema no solamente trilateral entre México, Canadá y Estados Unidos, sino a nivel americano y en relación con la Unión Europea y los países de la cuenca del pacífico, toda vez que existirá en el continente americano una zona de libre comercio. México,  mantendrá tratados de libre comercio con la Unión Europea y con los países asiáticos de la cuenca del pacífico.

 

Sin embargo, las instituciones de educación superior, si bien con distintos matices en función de los escenarios económicos planteados, continuarán operando en un contexto de desigualdades regionales. De acuerdo con la tendencia, se espera que la frontera norte esté más articulada con las economías norteamericana y mundial y se fortalezca como polo de desarrollo industrial con el establecimiento de industrias principalmente en la rama electrónica y de computación, y la ampliación de la industria maquiladora. Por otra parte, la región sur del país no habrá superado del todo los rezagos económicos y sociales acumulados históricamente. Empero, en la fase de recuperación económica estable, los gobiernos federales y estatales deberán poner en marcha programas económicos y sociales de largo aliento que permitan disminuir las brechas interregionales. Esta desigualdad regional exigirá de las instituciones de educación superior la elaboración de programas de atención a las necesidades y problemas específicos de cada región, en estrecha coordinación con los programas sociales que gobiernos y sociedad civil impulsen en las distintas regiones, estados y municipios del país.

   

1.4.6.- PLANEACIÓN EDUCATIVA Y PLANEACIÓN DEL DESARROLLO ECONÓMICO.

 

Una de las dificultades para la planeación efectiva del desarrollo y consolidación del SES, de los sistemas estatales y de las IES en particular, es la desvinculación que actualmente existe con la planeación económica del país y sus regiones.

 

A futuro, se espera que la vinculación entre educación y sector productivo se inscriba en el marco de la complementación de las políticas y programas de desarrollo social y económico en los sectores agropecuario, industrial y de servicios, y las políticas y programas de desarrollo educativo. En un escenario deseable, para el año 2020 estarán en operación mecanismos más adecuados para lograr esta coordinación, resultado de la revisión del Sistema Nacional para la Planeación Permanente de la Educación Superior, y se habrán realizado los cambios necesarios para que los procesos de concentración entre las IES, los gobiernos y los sectores sociales y productivos se den de manera eficiente en el nuevo esquema de descentralización de la vida del país en los terrenos político, fiscal y educativo, procesos que estarán consolidados. Las instancias de planeación y coordinación ocuparán un lugar importante en los esquemas de regulación de la educación superior al interior de su respectiva entidad federativa.

 

Complementariamente, se contará con un modelo de concentración y coordinación flexible y descentralizado que permita el desarrollo económico y social de las regiones basada en el conocimiento, con atribuciones y responsabilidades específicas de los gobiernos, las instituciones de educación superior y las empresas. El modelo se sustentará en sistemas estatales y funcionales de innovación y en redes entre gobiernos, academia y empresas, dando atención a las necesidades del desarrollo económico y social de las diferentes regiones del país.  Se habrá pasado que en las relaciones bilaterales (universidad-empresa, gobierno-empresa, universidad-gobierno) a las relaciones trilaterales basadas en redes establecidos para potenciar la interacción.[11]

 

El nuevo modelo aprovechará las ventajas comparativas de los distintos agentes económicos y educativos y se sustentará en una política industrial que explícitamente valore el factor tecnológico y la capacitación del personal como variables centrales de la competitividad. Un escenario deseable es, que tras un largo período de indefinición de una política de desarrollo industrial clara y de largo plazo, para el año 2020 el país cuente con ella como resultado del acuerdo de una política de Estado para el crecimiento económico, entre los distintos actores económicos y políticos. Esa política dará certidumbre a las inversiones productivas, que paulatinamente habrán ido desplazando a las de corte especulativo y de corto plazo. Las instituciones de educación superior tendrán una enorme responsabilidad para sustentar esa política industrial, particularmente en lo que se refiere a la formación, capacitación y actualización de recursos humanos de alto nivel y al desarrollo de líneas para la generación y aplicación del conocimiento. Los procesos de formación e investigación en aquellas áreas que tienen una aplicación productiva, estarán estrechamente vinculados con las empresas, bajo un nuevo paradigma que propicie la formación tanto en el establecimiento educativo como en la unidad productiva.

 

1.4.7.- EL ÁMBITO SOCIAL.

 

La vulnerabilidad de México es la desigualdad. El contexto de gran parte de la crisis que se ha vivido en los años recientes se caracteriza, entre otros aspectos, por los niveles excesivos de desigualdad que arrastra el país. Sin una solución a la desigualdad crónica, a la pobreza y a la pobreza extrema de amplios grupos de la población, no se podrá garantizar el desarrollo armónico de la Nación a largo plazo.

 

La sociedad actual condensa y manifiesta los problemas no resueltos a lo largo de las décadas pasadas en los terrenos económico, político y educativo-cultural, con la agudización de algunos de ellos. Los habitantes de la sociedad mexicana hoy tienen que hacer frente a problemas que ponen en juego el tejido social, mismo y las perspectivas de un futuro más promisorio para todos. Entre ellos, destaca la irresolución del conflicto de Chiapas y la situación de la marginación de los pueblos indígenas del país; la carencia de satisfactores y condiciones dignas de vida (alimentación, educación, salud y vivienda) para amplios segmentos de la población; la inseguridad pública resultado del incremento de la criminalidad y la violencia; el desempleo y subempleo que afectan los grupos sociales más desprotegidos y con menores comodidades; el incremento de la economía informal y una economía de subsistencia;  el abandono del campo y la continuación de las emigraciones a las ciudades y a los Estados Unidos de Norte América; la brecha social que separa a regiones, grupos sociales y personas en el país; el incremento de la drogadicción y el narcotráfico; y la incertidumbre de las nuevas generaciones en su futuro personal y colectivo.

 

La sociedad mexicana muestra una profunda crisis axiológica. La situación arriba descrita conforma un contexto que amenaza tanto a la construcción de un proyecto de país fincado en valores compartidos por todos, como al desarrollo estable de sus instituciones. Las actitudes de intolerancia y de violencia contravienen el espíritu plural de las IES y de libre discusión de las ideas; la cultura predominante en la sociedad urbana, que privilegia el consumo sobre la producción, contraviene la ética de responsabilidad social que las IES buscan promover entre sus miembros. Por su parte, las crecientes tensiones en las regiones más pobres del país ante la polarización social y la coexistencia de la mayor pobreza y la más excesiva riqueza contribuyen a la inestabilidad de la vida social. Todo esto implica un reto de enormes dimensiones para la educación superior del futuro.

 

Sin embargo, la sociedad mexicana de nuestros días se caracteriza también por el establecimiento de nuevos patrones de relaciones sociales que sin duda representan avances de enorme importancia: la mayor escolaridad de la población; las crecientes manifestaciones culturales y el fortalecimiento de una comunidad intelectual de nivel internacional; la creciente apertura  a otras sociedades y culturas del mundo; la mayor participación de la mujer; el respeto a las manifestaciones culturales diversas; el fortalecimiento de la sociedad civil; la mayor fuerza de su población joven; el surgimiento de nuevos actores sociales agrupados en organismos no gubernamentales, y la mayor descentralización del país. Un avance es la nueva relación que existe entre Estado y sociedad, con mayor vigilancia de la actuación del primero.

 

A lo anterior se acompaña el surgimiento de nuevos valores y actitudes más constructivas y autónomas de los mexicanos, que refuerzan el clima cultural e intelectual de las instituciones educativas. En el país van ganando espacio los valores de la libertad, responsabilidad, solidaridad, justicia social, respeto y tolerancia  a las diferencias, búsqueda de la verdad, respeto a los derechos humanos, conservación del medio ambiente y una cultura de paz.

Las IES, como parte de su  misión contribuyen a la solución de los problemas sociales del país y de su entorno inmediato. Educación superior-sociedad constituye un binomio inseparable, donde las prácticas educativas son a su vez prácticas sociales. El actual panorama social, con toda su conflictividad, presenta oportunidades a las IES; éstas tienen la tarea de aportar a la construcción de una sociedad que brinde oportunidades de desarrollo a todos los mexicanos, para lo cual es necesaria una visión compartida de país.

 

En un escenario deseable, se espera que durante los primeros años se fortalezcan el diseño y la aparición de políticas y programas sociales de largo alcance, firmemente consolidadas en el ámbito federal, estatal y municipal para atender a los grupos sociales y las comunidades indígenas del país que viven en condiciones desfavorables.

 

Como resultado de ello, en el año 2020 habrá disminuido la brecha que separa a los grupos sociales del país. La sociedad mexicana dará oportunidades equitativas para el desarrollo de sus comunidades, grupos y ciudadanos. Se ampliará el acceso de la población a los servicios de educación, salud y vivienda, como consecuencia de mayores oportunidades de empleo, del crecimiento sostenido de la economía y de la operación de políticas sociales acordadas entre los partidos y actores políticos del país.

 

En una sociedad fortalecida se habrá modificado de manera gradual el panorama de conflictividad social. Luego de algunos años de recrudecimiento de los problemas sociales que se han vivido en los años recientes, se habrá iniciado un proceso gradual de mejoramiento del tejido social. Se contará con programas gubernamentales y de la sociedad civil fortalecidos, de combate a la marginación, a la impunidad, a la violencia y a la corrupción

 

La sociedad civil se fortalecerá y organizará en todo el territorio nacional, lo cual abrirá oportunidades de participación social a todos los mexicanos y se convertirá en un interlocutor efectivo del Estado. La educación, por su parte, jugará un papel de primer orden en la conformación de una cultura de solidaridad social.

 

Se desea una sociedad que cuide la conservación del medio ambiente; ofrezca igualdad de oportunidades a mujeres y hombres; fomente la tolerancia a las diferencias en lo político, lo ideológico y lo religioso; promueva la convivencia pacífica y solidaria entre los mexicanos y con los ciudadanos de todo el mundo.

 

La educación superior tendrá que cumplir un papel de enorme importancia para la solución de los problemas sociales en los ámbitos nacional y local. Su contribución por medio de la investigación del más alto nivel y de la formación de científicos, profesionales y técnicos, será crucial no sólo en términos de los conocimientos calificados que proporcione, sino también en relación con la formación de valores para la convivencia social armónica. Por supuesto, esto es una tarea que rebasa con mucho al ámbito de la educación superior, pues en la formación de valores participa el conjunto de la sociedad. Pero si desde el espacio educativo formal se quiere incidir en este ámbito de manera importante, habrá que tener en cuenta que los niños que en 1998 ingresaron a la primaria, en el 2015 estarán ingresando a la educación superior y en el 2020 formarán parte de la fuerza laboral. El sistema educativo en su conjunto y los espacios de educación informal, deberán emprender una cruzada nacional para la formación de estos niños y jóvenes en los valores de la libertad, democracia, solidaridad y justicia social; respeto y tolerancia a las diferencias, búsqueda de la verdad, respeto pleno a los derechos humanos, conservación del medio ambiente, y una cultura de paz.

 

Los procesos de descentralización económica, social y cultural, abrirán nuevos espacios de vinculación entre la IES y los actores locales de su medio. Estos procesos propician una mayor adecuación entre lo que la sociedad de cada región, estado y municipio espera de las instituciones educativas y lo que éstas hacen. El fortalecimiento de la federalización del país permitirá  una mejor coordinación entre las IES de un estado. La descentralización implica una revalorización de la diversidad socioeconómica y de las culturas locales coexistentes en el país. Con ella se presentarán nuevas oportunidades a las IES para el desarrollo de muy diversos programas de formación, actualización, investigación, creación cultural y servicio en atención a condiciones y necesidades propias, permitiendo reforzar su identidad institucional, la pertinencia de sus programas académicos y a identificación de sus nichos de oportunidad. La redistribución de la población en el territorio nacional y la creación de redes de ciudades medias exigirá de las IES mayores y mejores servicios y de acuerdo con las necesidades de cada región y polo urbano, la apertura de nuevos campos de actuación.

 

Las IES están llamadas a ser un factor activo en la promoción de los cambios deseables; tienen un papel importante qué jugar en la conformación de una sociedad con mayor justicia y equidad; más descentralizada y equilibrada, más abierta al mundo, a la vez que diligente en la satisfacción de las necesidades de sus habitantes.

 

Sin embargo, no hay que olvidar, según lo muestra la experiencia histórica, que un proceso de descentralización social puede contribuir a la disminución de las desigualdades geográficas y sociales, pero también puede aumentarlas si no se da bajo criterios de equidad social y bajo programas compensatorios, dada la existencia de grandes diferencias en los niveles de desarrollo en diversas regiones, clases y grupos sociales del país. Se requerirá de una estrategia que tienda efectivamente a una menor desigualdad. Este es el principal reto que México tiene para el futuro inmediato y ello se aplica para el diseño de las políticas educativas.

 

En el futuro, la sociedad será más vigilante del desempeño de las IES y los usuarios de sus servicios serán cada vez más exigentes en recibir una educación de calidad. La transición del país, indicada al principio de este capítulo, reforzará más el papel de la sociedad civil; ella pedirá cuentas a los gobiernos y a las instituciones de servicio, entre las que se encuentran las educativas. La rendición pública de cuentas de las IES es ya una exigencia de los nuevos actores sociales más informados y mejor formados. De ahí que la información pública y transparente sobre los  procesos y resultados educativos, el ejercicio de los recursos públicos, así como la evaluación y la acreditación social de programas académicos, sean asuntos que requieren de una mayor atención por parte de gobiernos, de instituciones y de la sociedad.

 

La transición de la sociedad mexicana de inicio de siglo, y lo que se espera para el futuro, tiene entre sus elementos definitorios la apertura al exterior y la creciente movilidad electrónica de personas. Ello presenta oportunidades inéditas a las IES para establecer programas de cooperación e intercambio académico que permitan la movilidad de estudiantes y de profesores, junto con la formación de redes académicas que rebasen las fronteras institucionales y nacionales. La importante e impostergable transición de un sistema de educación superior cerrado a uno abierto, será el eje central de las propuestas que se formulen para dicho sistema.



[1] “La segunda mitad de nuestro siglo pasará a la historia de la educación superior como la época de expansión más espectacular... Pero también es la época en la que se ha agudizado aún más la disparidad, que ya era enorme, entre los países industrialmente desarrollados, los países en desarrollo y en particular, los países menos adelantados  en lo que respecta al acceso a la educación superior y la investigación y los recursos de que disponen”, Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el siglo XXI: Visión y Acción. Documento aprobado en la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior, convocada por la UNESCO, París, 5-9 de octubre de 1998, publicada en Revista de la Educación Superior, No. 107, julio septiembre de 1998, ANUIES, México, p.56

 

[2] Ibid

[3] Silvio José: “La virtualización de la educación superior: alcances, posibilidades y limitaciones”, en Educación Superior y Sociedad, vol. 9, No. 1, Instituto Internacional de la UNESCO para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC), 1998, p. 46.

[4] Organización para la cooperación y el Desarrollo Económicos. Education at a Glance, OCDE, París, 1997.

[5] Consejo Nacional de Población. La situación demográfica de México, CONAPO, México, 1999.

[6] Ibid., pp. 57-61

[7]  Modelo de Simulación de Flujos Educativos, CD-ROM, SEP, ANUIES, Fundación Javier Barros Sierra, 1999.

[8] Dávila Flores, Alejandro: “globalización económica y diferencias regionales en la industria manufacturera en México”, Dirección del Instituto de Economía Regional, Universidad Autónoma de Coahuila. 1998,

[9] Por políticas de Estado se entienden las políticas públicas que cumplen al menos cuatro condiciones: 1) tienen una visión de largo plazo y por tanto son transexenales; 2) su diseño es resultado de amplios consensos entre los distintos niveles de gobierno, grupos sociales y fuerzas políticas del país; 3) obligan a los gobiernos a considerarlas en sus planes y programas de desarrollo y  4) la sociedad se compromete a impulsar en las distintas esferas de acción.

 

[10] Gibbons, Michael, “Pertinencia de la educación superior”, Banco Mundial, 1998, p.1.

[11] Casas, Rosalba y Luna, Matilde, “Nuevos Paradigmas y Escenarios en las Relaciones Universidad, Empresa y Gobierno”, en Escenarios de la Educación Superior al 2005, Axel Didriksson (Coordinador) CESU-UNAM, México, 1998, pp. 126-128.